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Inmigración en la Argentina: estadounidenses

  1. Maestras
  2. Músicos
  3. Pintores
  4. Pioneros
  5. Bandidos
  6. En memorias
  7. En biografías
  8. En novelas
  9. En poemas
  10. Notas
En este trabajo me refiero a algunos de los inmigrantes estadounidenses que llegaron a la Argentina, y a algunas de las obras literarias en las que se los evoca.
"William Wheelwright, en 1823 llegó de Estados Unidos a Sudamérica. En Chile y en nuestro país contribuyó con su espíritu emprendedor a tejer la red de ferrocarriles por la que circuló la riqueza agropecuaria e industrial. Hubo otros norteamericanos en nuestro campo; algunos, colonos en Santa Fe; otros vinculados a la introducción de maquinaria agrícola que perfeccionó la explotación" (1). Y hubo, también, norteamericanos que se destacaron en la culturala ciencia y las artes.
En enciclopedias, diccionariosinvestigaciones, artículos periodísticos y obras literarias, encontramos inmigrantes procedentes de los Estados Unidos. Transcribo párrafos de algunos de estos trabajos.

Maestras

El historiador Exequiel César Ortega se refiere a la labor cultural de Sarmiento, quien propició la llegada al país de docentes norteamericanas. Sarmiento, "el nuevo titular del Poder Ejecutivo era bastante conocido: posición antirrosista, evidenciada en el largo exilio y concretada como saliente en ‘Facundo, o civilización y barbarie’; Boletines de la ‘Campaña en el Ejército Grande’, enfrentado a Urquiza y colaborador de Mitre en la guerra contra el Chacho y montoneros.
Todo ello había revelado gradualmente sus facetas, ubicadas entre lo original y lo contundente; entremezcladas en dosis imprevisibles de gran pasionismo y genialidad, dotes de hombre de Estado constructor y con parcialidad de concepciones y tratos. Lo cual contribuía a que su misma máxima ‘porteño en las provincias y provinciano en Buenos Aires’, diese lugar a interpretaciones disímiles, e incógnitas sobre su real aplicación en el poder. Resultaban igualmente patentes su programa y principios; sus tintes liberales y positivistas, impulsados por el temperamento batallador, constante e incansable. Cualidades que llevaban al hacer y al realizar a todo trance, a perseguir inmediatos logros para tratar de cambiarlo todo. El nuevo presidente anhelaba vivir aquí el clima característico europeo-norteamericano, y miraba a la civilización y al progreso como consecuencia de hombres y grupos raciales superiores.
Fue así evidente que comenzaba un nuevo estilo, perspectivas más amplias por sobre el criterio simple e imperante entonces, de sujetar hechos y realidades bajo una fuerte dirección central política y un dejar hacer en lo económico. (...) Entre sus anhelos y logros principales figuró la educación (gracias también a iniciativas decisivas de Avellaneda, su ministro del ramo, como éste lo indicó). Impulso real, traducido en centenares de escuelas y colegios, entre comunes y especializados, número de alumnos, maestros y profesores, establecimientos educativos civiles y militares, facultades, observatorio astronómico y bibliotecas" (2).
Para Sarmiento –afirma Tulio Halperín Donghi- la educación era fundamental, tanto para asegurar la cohesión de la comunidad nacional como para el progreso económico y político. Mediante la Ley de Subvenciones de 1871 procuró garantizar los fondos para la creación de nuevas escuelas y la compra de materiales y libros. En 1872 ya funcionaban en el país 1644 escuelas primarias, con 97.500 estudiantes. La Escuela Normal de Paraná fue el modelo para los institutos de formación de maestros y el ‘normalismo’ se convirtió en sinónimo de excelencia. Sarmiento también promovió la difusión del libro. (...) Las altas tasas de analfabetismo reveladas por el censo de 1869 incitaron a Sarmiento a lanzar un verdadero ‘tratamiento de shock’ educativo. Entre muchas otras medidas, levantó diversos tipos de colegios –hasta nocturnos y ambulantes-, creó bibliotecas populares en todo el país y trajo maestras estadounidenses (...). ‘Odisea laica’ se llamó a la acción de las 67 maestras estadounidenses traídas al país por Sarmiento. Ellas impulsaron la transformación de la Argentina en uno de los países con menos analfabetismo (...).
Durante su estadía en Estados Unidos como ministro plenipotenciario de la República Argentina, Sarmiento mantuvo una estrecha amistad con Mary Mann, la esposa de Horace Mann, gran educador estadounidense. Mary tradujo el Facundo al inglés y ayudó a Sarmiento a difundir su obra. Una vez que éste ocupó la presidencia, Mary Mann reclutó a 67 maestros de distintos lugares de Estados Unidos, quienes se trasladaron a la Argentina. Esta forma de promover la educación, mediante la incorporación de extranjeros a la enseñanza local, se reprodujo en otras áreas de la ciencia y de la cultura. La Escuela Normal de Paraná fue puesta bajo la supervisión del estadounidense George Stearns y el Observatorio Astronómico Argentino, en Córdoba, bajo la dirección de Benjamín Gould. El primer responsable de la Academia de Ciencias fue el alemán Germán Burmeister. Los instructores extranjeros también se destacaron en los institutos de educación militar. La dirección del Colegio Militar, creado en 1869, fue confiada al militar húngaro Juan Czetz, quien tanto había servido en la guerra contra el indio" (3).
A algunas de las docentes que llegaron durante la presidencia de Sarmiento, y a otras que arribaron más tarde, nos referimos seguidamente:
Sara Chambelain de Eccleston fue una "educadora norteamericana contratada por el gobierno para la organización de la enseñanza normal. Nacida en Lewisburg, Pennsylvania, el 8 de abril de 1840, se graduó en el instituto para mujeres anexo a la Universidad de Bucknell en 1858. Durante la Guerra de Secesión prestó servicios en un organismo semejante a la Cruz Roja y en 1866 se casó con Charles Frederick Eccleston, militar, del que enviudó. Se especializó en jardines de infantes y en 1883 vino a la Argentina. Poco después de su llegada, en compañía de un grupo de colegas, se trasladó a Paraná, en cuya Escuela Normal organizó, por iniciativa de José María Torres, el Departamento Infantil, que empezó a funcionar el 4 de agosto de 1884. Regresó a su patria por la enfermedad del hijo, y a su vuelta a la Argentina, en 1887, organizó el jardín de infantes de la Escuela Normal de Concepción del Uruguay. En 1889, de nuevo en Paraná, se desempeñó en la Escuela hasta 1897. Pocos años antes, en 1893, hbía representado al país en los Estados Unidos con motivo de la celebración de la Conferencia Mundial de Educación de Chicago. En 1897, al crearse la escuela de profesoras de jardín de infantes, se hizo cargo de la dirección. Posteriormente fue designada inspectora de jardines de infantes hasta su jubilación, en 1903. Estableció entonces un jardín de infantes y escuela primaria, y más tarde adquirió el American College, en los que tuvo un alumnado constituido por hijos de residentes norteamericanos. En 1910 fue requerida desde Mendoza para fundar el jardín de infantes de la Escuela Normal, que se destacó por su vanzada concepción. Tradujo algunas obras de la especialidad. Falleció el 10 de octubre de 1916" (4).
Mary Olstine Graham fue una "educadora norteamericana llegada al país para la organización de la escuelas normales. Nació en Saint Louis, Missouri, el 13 de agosto de 1842 y cursó allí el magisterio. Se embarcó para Buenos Aires en 1879 con un grupo de maestras y, a su llegada, fue enviada a la Escuela Normal de Paraná para familiarizarse con el idioma. Tras seis meses de práctica se la designó vicedirectora de la Escuela Normal de San Juan, en la que dictó varias asignaturas, ascendiendo a directora tres años más tarde. En 1883, bajo su dirección, se graduó el primer grupo de maestras. Luego de ocho años de labor constructiva en San Juan se le confió la misión de organizar la Escuela Normal de La Plata, que quedó fundada el 13 de agosto de 1888 y en la que dejó recuerdos imborrables. La primera promoción egresó en 1891 y estaba formada por ocho maestras. La acompañaba su hermana Martha, profesora de la escuela. El 10 de marzo de 1902, primer día de clases, falleció Mary O. Graham, que habitaba el psio superior del edificio. Por iniciativa de sus alumnas, en 1906 fue fundado un centro cultural al que se le dio el nombre de la prestigiosa educadora, como se hizo más tarde con la propia escuela normal" (5).
Jennie E. Howard fue "una educadora venida a la Argentina para la organización de las escuelas normales. Nació en Boston, E.U.A., el 25 de julio de 1844 y realizó sus estudios en la escuela normal de profesores de Framingham, dirigida por Horace Mann, graduándose en 1866. Cuando llevaba dieciséis años de ejercicio de la docencia fue contratada por el gobierno argentino, con un grupo de colegas, y llegó a Buenos Aires en 1883. Ella y su compañera Edith Howe fueron enviadas a Paraná y posteriormente a Corrientes, para fundar la escuela normal, cuya regencia ocupó. Tras dieciséis años de tarea, la pérdida de la voz la obligó a pedir su retiro, que se le concedió, con una pensión extraordinaria, en 1908, en recompensa por su ‘inteligente y abnegada colaboración para el progreso de la enseñanza en nuestro país’. La escasez de la jubilación determinó que tuviese que dar lecciones particulares, pero un grupo de exalumnos, enterados de su situación, obtuvo del Congreso una pensión que permitió a la maestra vivir dignamente sus últimos años. En 1931 apareció su libroen inglés In distant climes and other years, traducido veinte años más tarde con el título de En otros años y climas distantes, y que condensaba su experiencia argentina. Murió en Buenos Aires el 29 de julio de 1933" (6).
Isabel King integró el "grupo contratado por el gobierno, que llegó a Buenos Aires en 1883 para la organización de la enseñanza normal para mujeres. Se había graduado en ciencias de la educación y actuó en Indianápolis hasta su viaje a la Argentina. Enviada a la Escuela Normal de Concepción del Uruguay, Entre Ríos, colaboró con la directora, Clementina Comte de Alió, dando a su tarea un sentido humanista y espiritual. Después de tres años, pasó a la escuela de Goya, Corrientes, sostenida por la Asociación de Amigos de la Educación, con categoría de normal de maestras y título válido para la provincia. En 1898 volvió a la escuela de Concepción del Uruguay, cuya dirección ejerció hasta 1904, cuando enfermó, muriendo en el curso del mismo año en Buenos Aires" (7).
Jeannette Stevens fue "una de las educadoras venidas a la Argentina por iniciativa de Sarmiento. Había nacido el 13 de noviembre de 1845 en Moira, estado de Nueva York. Llegó el 12 de septiembre de 1883 en compañía de otras trece maestras y la enviaron a la Escuela Normal de Catamarca, fundada cinco años antes por su compatriota Clara Armstrong. Allí permaneció un año, hasta que fue a Jujuy a fundar el establecimiento del que se la designó directora y profesora. La inauguración tuvo lugar el 4 de julio de 1884, en homenaje a los Estados Unidos. Cuando la primera promoción de maestras salió de la escuela, Miss Stevens obtuvo licencia para visitar su país, pero regresó a la Argentina con renovado entusiasmo, que la impulsó a fundar un jardín de infantes anexo a la escuela. En 1890 solicitó autorización para implantar la enseñanza religiosa en la escuela, que le fue concedida, pero las autoridades que regían el país en 1903 consideraron que esa medida contrariaba el espíritu de la ley 1420 y la enfrentaron con la opción entre su carrera y la obediencia a las leyes, o su retiro de la escuela. Ella eligió lo segundo y dejó su escuela para dedicarse a la enseñanza de las niñas recluidas en el Asilo del Buen Pastor de Jujuy, donde continuó hasta su muerte, ocurrida en esa ciudad el 28 de septiembre de 1929. Una escuela de Jujuy fue bautizada con su nombre" (8).
Clara Jeannette Armstrong nació en West Alden, Nueva York, el 22 de enero de 1847. "Vino a la Argentina en 1877, contratada por el gobierno para colaborar en la organización de las escuelas normales para mujeres. Fue destinada a Catamarca en 1878, y allí dirigió la Escuela Normal de Maestras. En 1881 fue a su patria con licencia, y el gobierno la comisionó para contratar maestras. Regresó con catorce, que se incorporaron al quehacer docente del país. Pasó a desempeñarse en la Escuela Normal de San Nicolás, donde dictó cátedras, y fue trasladada a San Juan para dirigir la escuela en reemplazo de Mary O. Graham. En 1894 se retiró de la enseñanza oficial y dirigió una escuela particular en Buenos Aires. En 1896 fue a Cuba para desempeñar tareas similares. En 1901 el gobierno argentino la comisionó para dirigir la muestra argentina de educación en Buffalo, Estados Unidos, y presidió la delegación de mujeres cubanas. Quedó en su país e instaló en Nueva York una escuela normal para mujeres cubanas, destinadas al magisterio en su patria. Ejerció la docencia en institutos norteamericanos hsta que la parálisis le impidió concurrir a las clases, no obstante lo cual continuó enseñando latín y griego desde el lecho. Falleció en Los Angeles, California, el 13 de septiembre de 1917. Por decreto del 16 de octubre de 1928, la Escuela Normal de Catamarca lleva su nombre" (9).
Mary E. Conway nació en Boston en 1848. "Era hija de James Conway y prima del escritor Hugo Conway y vino a la Argentina durante la presidencia de Domingo Faustino Sarmiento, para cooperar en su obra en el campo del normalismo. Luego de estudiar castellano cuatro meses en Paraná, fue destinada a la Escuela Normal de Tucumán y realizó allí una meritoria labor, respaldada por su ilustración. Cuando la escuela se afianzó, hizo renuncia de su cargo y se instaló en Buenos Aires, donde fundó el prestigioso Colegio Americano. Allí dictó cátedras y pronunció numerosas conferencias, en las que desarrollaba los temas más diversos con gran facilidad de palabra. Este colegio estuvo instalado en tres edificios distintos, el último de los cuales se encontraba en Carlos Pellegrini y Juncal. Allí murió su fundadora el 3 de agosto de 1903" (10).
Frances Armstrong de Bessler nació en Elma, Estado de Nueva York, en 1862. Llegó a la Argentina en 1879. "Había cursado estudios en la escuela secundaria de Buffalo y se graduó como profesora en la escuela normal de Winona. Fue destinada a la Escuela Normal de Catamarca, donde actuó como secretaria y profesora. Luego de seis años de eficazdesempeño, en 1884 el gobierno le encargó la organización de la Escuela Normal de Córdoba, de donde pasó a San Nicolás para cumplir igual cometido. Permaneció veinticinco años al frente de este establecimiento, hasta que se retiró. Había contraido enlace con el doctor John Alfred Bessler y durante su permanencia en San Nicolás conquistó el cariño de discípulos y amistades. Lo mismo que su hermana Minnie, poseía condiciones naturales para la música. Cantó y tocó el órgano en una iglesia de Buenos Aires hasta que la parálisis atacó sus manos. Falleció en esta ciudad el 6 de mayo de 1928" (11).
Minnie Armstrong de Ridley fue" una educadora norteamericana que vino con sus hermanas Clara y Frances para actuar en la organización de las escuelas normales. Había nacido en el Estado de Nueva York el e de junio de 1866. Clara la llevó a Catamarca para que colaborase con ella. Cumplió funciones destacadas, especialmente en la enseñanza de música ygimnasia. Luego acompañó a su hermana mayor a la escuela de San Nicolás, y allí contrajo matrimonio con William Robinson Ridley. Falleció en Buenos Aires el 22 de junio de 1896, a la edad de treinta años" (12).

Científicos

El astrónomo Juan M. Thome nació en Pennsilvania en 1843; falleció en Córdoba en 1908. "Llegó al país al ser contratado para trabajar en el Observatorio de Córdoba, establecimiento que dirigió desde 1885 hasta su muerte. Tuvo un papel importante en el desarrollo de esta disciplina en el país, ya que participó en las observaciones de la Uranometría Argentina y en el Catálogo General Argentino" (13).
El astrónomo Carlos Dillon Perrine nació en 1867; falleció en Córdoba en 1951. "Radicado en la Argentina hacia fines del siglo XIX, fue designado director del Observatorio Astronómico de Córdoba en 1909, en reemplazo de su compatriota Juan M. Thome. Considerado como uno de los mayores impulsores del desarrollo de la astroísica en nuestro país, descubrió nueve cometas, determinó la posición de los satélites sexto y séptimo de Júpiter, y obtuvo el espectro de la Nova Aurigae. Especialista de fama mundial en fotografía astronómica, tuvo participación activa en la interpretación de la naturaleza de la variación luminosa de las cefaidas, binarias espectroscópicas y estrellas Algol. En 1918, desde el Observatorio de Córdoba, se dedicó a estudiar galaxias espirales. Retirado en 1936, su gran obra, el reflector de Bosque Alegre, recién pudo ser inaugurado y puesto en funcionamiento en 1942" (14).
Bailey Willis es el autor de Un yanqui en la Patagonia. "Bailey Willis, geólogo de profesión y aventurero de alma, viajó a la Argentina en 1910 con el objetivo de investigar un supuesto hallazgo geológico y se quedó, atrapado por los sueños de un visionario y la belleza de la Patagonia. Con calidez, humor y certera capacidad de observación, no sólo da vida a un paisaje único, sino a una época de la historia nacional marcada por los grandes sueños de progreso" (15).
Transcribimos parcialmente un texto de Guillermo Saccomanno acerca de esta obra: "Entre los libros editados recientemente hay algunos materiales atractivos que, aún cuando aspiran a satisfacer las apetencias de los editores, tienen un valor que excede las reglas de la mercadotecnia. Así, merece ser destacado el imprescindible Un yanqui en la Patagonia de Bailey Willis (1857-1949), notable geólogo norteamericano, estudioso de la hidrología, a cargo de una comisión especializada en el análisis del suelo, quien fue admirador del Perito Francisco Moreno y de Ramos Mejía. Willis supo enfrentarse a la burocracia para concretar sus ideas de progreso.
Su libro, juzgado en ocasiones como una ‘biblia’ patagónica, alterna las memorias con la descripción de paisajes y costumbres. Con un tono que en ocasiones bordea la poesía y suele incursionar en el humor, Willis narra su experiencia en la Patagonia entre 1911 y 1915. Publicado por primera vez en 1947 por la Stanford University Press y agotado desde hace décadas, el texto de Willis fue rescatado por un especialista en su obra, el ingeniero y escritor Sergio Sepiurka, autor a su vez del ensayo ‘Sueños de Cordillera’ (1997). Si un interés presenta Un yanki en la Patagonia no se debe únicamente a su carácter testimonial, sino al sesgo entre épico y pionero de este científico que no le temió ni a los rigores climáticos ni a los peligros de la zona. Willis, hombre de ciencia y acción, tal como lo define Sepiurka, puede ser leído con la motivación de conocer la historia, pero a esta intención se le impone el registro típico de la crónica aventurera" (16).

Fotógrafos

El fotógrafo Harry Grant Olds nació en Ohio en 1869 y falleció en Buenos Aires en 1943. "Comenzó su trabajo en su tierra natal. En 1897 recibió una carta de un tío radicado en Buenos Aires, que conocía, también, Valparaíso y Santiago. En 1899 se embarcó hacia la Argentina con su cámara de 4 x 5 pulgadas y 200 placas secas. Luego se instaló en Valparaíso. Comenzó tomando fotos de estudio y realizó una serie sobre el puerto y la ciudad. En 1900 volvió a Buenos Aires. Fue reportero gráfico y proveedor de imágenes para Roberto Rosauer, primera casa editora de tarjetas postales" (17).
Varias de sus fotos pudieron verse en la muestra "Buenos Aires 1910. Memoria del porvenir", que se expuso en Buenos Aires y fue llevada luego al extranjero.

Músicos

El músico y director de orquesta Don Dean nació en Oklahoma Estados Unidos, en 1905 y falleció en Buenos Aires en 1982. "Llegó a la Argentina en 1932 y ganó popularidad a través de diversas audiciones radiofónicas y tocando en el Alvear Palace Hotel. Precisamente su pieza Bailando en el Alvear lo consagró, al servir de fondo musical para los créditos de la película Crónica de una señora (1971). Cuatro de sus hijos también se dedicaron a la música: dos en el conjunto Los Mac Ke Mac’s y Donald y Patricia Dean, como solistas" (18).

Pintores

La pintora y profesora de historia del arte Blanca Pastor de Landesberger nació en Filadelfia. Transcribimos información publicada en 1986: "Comenzó sus estudios en Génova, Italia, y los continuó en nuestro país en la Escuela Superior de Bellas Artes Ernesto de la Cárcova, de donde egresó en 1943 con el título de profesora superior de pintura. Viajó por Francia, Italia, Alemania y España para perfeccionarse. Desde 1946 fue profesora de metodología de la enseñanza del dibujo en la Escuela Nacional de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón, y de composición plástica, materias que en 1957 cambió por historia del arte. En 1962 fue designada profesora titular de igual asignatura en la UCA (Facultad de Letras y Ciencias Musicales), así como en el Instituto del Profesorado del Sagrado Corazón. Desde 1948 trabaja en historia del arte y crítica de arte junto al profesor Jorge Romero Brest, y es socia fundadora de la Sociedad Ver y Estimar, en la que dicta cursos y dirige seminarios de investigación. Igual actividad docente y de difusión artística cumple en salas de la Capital y del interior.
En 1970 fue invitada al Primer Encuentro Nacional de Comunicación Social, celebrado en Salta. Ha realizado numerosas exhibiciones individuales en las principales galerías de la Capital, Mar del Plata y Lima, y ha participado en muestras colectivas como el Salón Nacional de 1957, 150 años de Pintura Argentina en el Museo Nacional de Bellas Artes, 1960; Muestra de literatura y plástica en el Ministerio de Cultura y Educación, 1972, y ‘100 años de pintura argentina’ en las Salas Nacionales de Exposición en 1978. En 1976 presentó la ‘Serie del espacio’, en 1978 la ‘Serie del fútbol’, y en 1981 ‘Serie de las flores’. En 1976 fue designada vicerrectora de la Escuela Nacional de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón. Es autora de murales y vitrales en edificios religiosos. Ha dado ciclos de conferencias en organismos oficiales, museos, universidades y televisión y ha participado en jornadas" (19).

Pioneros

En "Historia de Bariloche", Helena Aizen y Claudio Tam Muro evocan a los pioneros norteamericanos Jarred Jones y Enrique Neil:
"Desde Estados Unidos llegó Jarred Jones para instalarse en las cercanías del Fortín Chacabuco (...). Jarred Jones, llegado desde Texas, se instaló en 1889 en las cercanías del Fortín Chacabuco. Después de dedicarse un tiempo al tráfico de ganado en pie a Chile, decidió establecer una explotación ganadera en tierras que antes habían pertenecido a Modesto Inacayal (hasta que el cacique fuera tomado prisionero en 1884 y su gente desalojada). Junto con Enrique Neil, un compatriota, puso un almacén de Ramos Generales en el nacimiento del Limay. El Perito F. Moreno, que gozó de la hospitalidad y colaboración del norteamericano en sus campañas, intercedió en retribución para que el gobierno concediera a Jones las 10.000 hectáreas que este había solicitado en compra. En 1908, con el titulo en mano, Jones tendió el primer alambrado. George Newbery y su esposa Fanny Taylor se establecieron hacia 1894 al este del lago Traful donde fundaron la estancia La Primavera dedicándose a la ganadería y a la explotación maderera" (20).

Bandidos

Por medio de una carta, Butch Cassidy comunica su paradero a sus amigos ilegales estadounidenses. Ese manuscrito "permitió certificar su estancia en la región décadas después de su muerte". Lo relata Francisco N. Juárez en el trabajo titulado "Una carta de Butch Cassidy" (21), del cual transcribimos algunos pasajes:
"Hace exactamente un siglo atrás, la carta aún no estaba embarcada hacia el país del Norte, pero llegaría a destino. La escribió desde su rancho en Cholila, Chubut, el 10 de agosto de 1902 a la señora Davies de Ashley, de Utah, el mormón Robert Leroy Parker; el más conocido y buscado asaltante de bancos y trenes en los Estados Unidos como Butch Cassidy. Con ese nombre quedó eternizado en una reiterada película. La carta fue un mensaje –en parte en clave- para dar noticias de su paradero a las amistades fuera de la ley en los Estados Unidos: la señora Davies era la suegra de Elsa Lay, quizá del mejor amigo de Butch".
"La carta era importante para identificar al célebre bandido con el personaje que había habitado en Cholila, y demostrar con otros documentos gráficos su identidad: uno oficil con su firma, seguido de la comparación que oportunamente publiqué en la revista española Co & Co. A ello hubo que sumarle lo acumulado en la indagación en demanda de documentos sobre el rancho de Cholila. El resultado fue determinar cuándo y por qué ocuparon el lugar; el abastecimiento que hicieron los bandidos, qué consumieron y qué criaron, y hasta el costo y detalles minuciosos de dos puertas que encargaron para aquel rancho aún en pie".
"Aunque la carta de Cholila ahora carece de la última carilla con su rúbrica (firmaría Bob, como las demás, pero es su caligrafía) resulta una maravillosa síntesis de la nueva vida del bandido. Elegantemente alude a ‘un tío (que) murió y dejó 30.000 dólares a nuestra pequeña familia de tres miembros. Tomé mis 10.000 y partí para ver un poco más del mundo’. En realidad, se refería al asalto de un banco de Winemuca en Nevada, el 10 de septiembre de 1900. Ahora estaba solo, es cierto, pero por pocos meses, de manera que mentía ese dato. Daba cuenta de su patrimonio ganadero: ‘300 cabezas de vacunos, 1500 ovinos, 28 caballos de silla’, además de dos peones y la alusión al rancho como ‘una buena casa de cuatro habitaciones’, galpones, establo y gallinero. Se quejaba de su soledad, la falta de una cocinera y su ‘estado de amarga soltería’. Luego, agregaba otras quejas. Se hablaba español, ‘pero el país, en cambio, es excelente’. Daba cuenta de la extensa y fértil región, la distancia con Buenos Aires y esperaba fortificar las ventas de ganado a Chile, ‘nuestro gran comprador de carne vacuna’, porque de allá habían abierto un camino cordillerano (se refería al sendero de Cochamó, el que denunció Clemente Onelli como contrario al laudo arbitral que expediría la corona británica ese mismo año)".
En "El cura y el cowboy" se recuerda a "El Norteamericano", que vivió en Santa Cruz:
"La Patagonia tuvo en aquellos lejanos tiempos muchos aventureros. (…) recordemos que en el año 1904 el padre Ludovico Dabrowski, polaco de nacionalidad y salesiano de religión comenzó sus correrías apostólicas. Con su valentía, sus chifladuras y con conocimientos de medicina se dirigió hacia el Sur. Anduvo por las comarcas tehuelches, recorriendo siempre a lomo de caballo los toldos de los aborígenes y los ranchos de los puesteros para llevar a todos la luz del Evangelio".
"Él no se manejaba con armas, aunque siempre le habían advertido que la zona era peligrosa porque andaban muchos bandoleros... pero solo decidió llevar consigo un crucifijo bendecido porque no le preocupaban esta clase de hombres. Tampoco le preocupaban las inclemencias del tiempo... al curita no lo detenía nada".
"Por la zona había un malvado y muy conocido bandolero... era ‘El Norteamericano’, el cual hablaba inglés y un poco de castellano bastante mal, por cierto. Este era de esos que donde ponía el ojo ponía la bala y hasta la policía le tenía terror a enfrentársele. Era "yankee" en serio. Era común que cuando eran buscados por la justicia del país del norte y ya no había muchas chances por allá; se subían a algún barco en la zona de California para bajar en Punta Arenas... y seguir "ejerciendo" en la Patagonia. Tal era el caso de este auténtico cowboy. (…)" (22).

En memorias

Guillermo Enrique Hudson escribió Allá lejos y hace tiempo, obra en la que expresa "No tuve nunca la intención de hacer una autobiografía. Desde que empecé a escribir, en mi madurez, he relatado de tiempo en tiempo algunos incidentes de la infancia, contenidos en varios capítulos de El naturalista del Plata, de Pájaros y hombres, de Aventuras entre los pájaros y de otras obras, así como también en artículos de revistas. Tal material lo habría conservado si me hubiese propuesto hacer un libro como éste. Cuando, en los últimos años, mis amigos me preguntaban por qué no escribía la historia de mi niñez en las pampas, les respondía siempre que ya había relatado, en los libros antes mencionados, todo lo que valía la pena de contarse. Y realmente así lo creía, pues, cuando una persona trata de recordar enteramente su infancia, se encuentra con que no le es posible. Le pasa como a quien, colocado en una altura para observar el panorama que le rodea, en un día de espesas nubes y sombras, divisa a la distancia, aquí o allá, alguna figura que surge en el paisaje-colina, bosque, torre o cúspide acariciada y reconocible, merced a un transitorio rayo de sol, mientras lo demás queda en la obscuridad".
En sus memorias -escritas en inglés-, Hudson recuerda a sus padres, los norteamericanos Daniel Hudson y Carolina Augusta Kimble, radicados en la Argentina en 1828 (23). A la inmigración del matrimonio, se refiere Alicia Viladoms: "Carolina Augusta Kimble se había casado con Daniel Hudson contra la voluntad de los padres de ambos (quizás fuera éste uno de los motivos de su emigración)" (24).

En biografías

En Soy Rocabiografía escrita por Félix Luna, el protagonista se refiere a una institutriz norteamericana: "Joaquina Arana de Torres, hija de Felipe Arana, el antiguo ministro de Rosas, era una mujer inteligente y divertida, muy mandona y muy buena, por cuya casa ha pasado –y sigue pasando- el tout Buenos Aires. Ella me cedió una de sus institutrices norteamericanas, Miss Fanny Smith, que tuvo a su cargo el manejo de mis chicas, pero además asumió como un deber indeclinable supervisarlas permanentemente" (25).

En novelas

Eugenio Juan Zappietro es el autor de De aquì hasta el albanovela en la que narra lo acontecido a colonos, soldados e indios durante la Conquista del Desierto, en el año 1879. En la obra, varios inmigrantes comparten con los criollos y los indios un destino aciago. Se trata de hombres que se alejaron de la civilizaciòn, por su voluntad o por causas ajenas a ella, y se ven envueltos en una historia que les permitirà mostrar su grandeza o su cobardìa.
El desierto alberga los restos de un estadounidense: "Un hombre delgado y macilento que era ingeniero del ejèrcito, habìa llegado para estudiar la posibilidad de trasladar el asiento de las tropas un poco màs hacia el mar. Se habìa llamado Jewison y era un americano de Tejas, muy golpeado por la enfermedad que habìa contraido al atravesar la Florida. Jewison tenìa treinta y cinco años y un Colt Forntier a la cintura; vestìa levitòn Prìncipe Alberto y fumaba cigarrillos muy suaves, ambarinos, de Virginia".
Una noche, "quedò con los ojos abiertos, mirando el techo de paja trenzada, inmòvil como una piedra. Habìa muerto sonriendo, cara a un cielo extraño, tal vez muy semejante al de las interminables noches de su Tejas natal" (26).
En 1999 apareció Moira Sullivan (27), de Juan José Delaney, cuya protagonista emigra desde los Estados Unidos a la Argentina. La historia de esta mujer -que se inicia con su nacimiento en los primeros años del siglo XX o al finalizar el anterior- es una historia en sí, desarrollada hábilmente, pero permite también al novelista explayarse acerca de las circunstancias en que esta historia se desenvuelve. Al hablar de los primeros años de la anciana, nos ilustra acerca de la vida en Estados Unidos, no sólo de los irlandeses, sino también de emigrantes de otras nacionalidades que se dirigieron allí en busca de la fuente laboral que significaban las minas carboníferas.
Muestra a la protagonista como una mujer decidida a trabajar en lo que eligió, a no cejar ante los mandatos de la vocación, la que, empero, flaquea cuando las circunstancias se vuelven adversas, y llega a abandonar aquello que alguna vez le dio sentido a su existir. Abandona el cine, sí, pero el recuerdo de los años vinculados a él la acompaña y también la agobia, y los filmes que vio o aquellos en los que participó son evocados con la precisión con la que se dice que las personas mayores recuerdan hechos de sus años de juventud.
Tiempo y espacio tienen gran importancia en la novela y son descriptos minuciosamente. El tiempo de la narración abarca alrededor de ochenta años, y permite al escritor deslizar críticas acerca de la realidad argentina. El espacio abarca desde la primera visión que el inmigrante tiene de la nueva tierra, hasta lugares precisos como el Barrio Norte, Villa Urquiza, Arrecifes, Areco, General Pinto y Junín. Distinta será la forma de vivir la inmigración en cada lugar, y distinta, también, la añoranza que los extranjeros sienten por su lejana Irlanda.
Delaney se adentra en la vida de esta anciana luchadora, ya vencida, que encuentra en un niño de siete años una última razón para existir. Junto a ella, presenta a otros inmigrantes, algunos de los cuales resaltan como paradigmas de un modo de entender el destino; Cornelius Geraghty y Abraham Mullins son personajes que permiten al novelista mostrar otras opciones en el vasto mundo que se abre ante los recién llegados. Ellos se destacan en el panorama de la obra, que presenta no sólo a irlandeses, sino también a hombres y mujeres de diversas nacionalidades que llegaron a nuestra tierra en busca de un futuro mejor.
La casa de Myra, de Aurora Alonso de Rocha, fue distinguida en 2001 con el Segundo Premio para Autores Inéditos, en el "Concurso organizado por la Fundación El Libro, en el marco de la 27ª Exposición Feria Internacional de Buenos Aires ‘El libro del Autor al Lector’ ". En esa obra, la protagonista, una gallega cautiva, es atendida por un médico norteamericano: "Myra yacía sobre las mantas y los pelleros al modo de la csa, envuelta en un lienzo blanco que después supe que lo humedecen de cocciones balsámicas. No se le notaba delirio alguno. Me dijo que tenía ‘susto’. Saltaba del camastro presa de pesadillas y allí corrían todos creyendo que ya comenzaban las visiones. A mí no me pareció que tuviera mal la razón ni los miembros duros o la lengua trabada o los ojos virados para atrás, todo lo que el Dr. Cross me había indicado como síntomas desgraciados. El cacique se puso de uñas para arriba cuando mencioné al doctor. Es doctor y es norteamericano pero lo que le molesta es que sea mitrista y arrogante en el trato cuando en otro tiempo había sido Juez de Paz. Es, además, un hombre grande, tanto como el cacique, que se inclina a ser condescendiente sólo cuando mira al otro desde arriba (eso me parece)" (28)

En poemas

En su poema "En el día de la recolección de los frutos" Alfredo Bufano desea saluda a los hombres "de la tierra de los rascacielos, que dio a Whitman y a Poe a la inmortalidad" (29).
.....
Los norteamericanos "vinieron a nuestro suelo, echaron raíces y se hicieron argentinos por igual; cultivaron el suelo, sirvieron a la Patria y agrandaron nuestro patrimonio espiritual" (30).

Notas

  1. S/F: Para todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino. Buenos Aires, Clarín.
  2. Ortega, Exequiel Cèsar: Còmo fue la Argentina (1516-1972). Buenos Aires, Plus Ultra, 1972.
  3. Halperín Donghi, Tulio: "La presidencia de Sarmiento", en Historia Visual de la Argentina. Buenos Aires, Clarín.
  4. Sosa de Newton, Lily: Diccionario Biográfico de Mujeres Argentinas. Buenos Aires, Plus Ultra, 1986.
  5. ibídem
  6. ibídem
  7. ibídem
  8. ibídem
  9. ibídem
  10. ibídem
  11. ibídem
  12. ibídem
  13. Varios autores: Enciclopedia Visual de la Argentina. Buenos Aires, Clarín, 2002.
  14. ibídem
  15. S/F: Gacetilla de prensa acerca de Willis, Bailey: Un yanqui en la Patagonia. Buenos Aires, Sudamericana, 208 Páginas.
  16. Saccomanno, Guillermo: "Nada que ver", en Página/12, 1º de julio de 2001.
  17. Varios autores: Enciclopedia Visual de la Argentina. Buenos Aires, Clarín, 2002.
  18. ibídem
  19. Sosa de Newton, Lily: Diccionario Biográfico de Mujeres Argentinas. Buenos Aires, Plus Ultra, 1986.
  20. Aizen, Helena y Tam Muro, Claudio: "Historia de Bariloche", en www.bariloche.com.ar, 1992.
  21. Juárez, Francisco N.: "Una carta de Butch Cassidy", en La Nación, Buenos Aires, 25 de agosto de 2002.
  22. S/F: "El cura y el cowboy", en www.misionrg.com.ar.
  23. Hudson, Guillermo Enrique: Allá lejos y hace tiempo. Versión en lengua española, estudio preliminar y notas de Alicia Hebe Viladoms. Buenos Aires, Kapelusz Editora, 1994.
  24. Viladoms, Alicia H. : "Estudio preliminar", en Hudson, Guillermo Enrique: Allá lejos y hace tiempo. Versión en lengua española, estudio preliminar y notas de Alicia Hebe Viladoms. Buenos Aires, Kapelusz Editora, 1994.
  25. Luna, Félix: Soy Roca. Buenos Aires, Sudamericana, 1989, p. 260.
  26. Zappietro, Eugenio Juan: De aquì hasta el alba. Barcelona, Hyspamèrica, 1971.
  27. Delaney, Juan José: Moira Sullivan, Buenos Aires, 1999.
  28. Alonso de Rocha, Aurora: La casa de Myra. Buenos Aires, Fundación El Libro, 2001.
  29. Bufano, Alfredo: "En el día de la recolección de los frutos", en S/F: Para todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino. Buenos Aires, Clarín.
  30. ibídem


Leer más: http://www.monografias.com/trabajos47/inmigracion-estadounidenses/inmigracion-estadounidenses2.shtml#ixzz3TC6U4VOB


Leer más: http://www.monografias.com/trabajos47/inmigracion-estadounidenses/inmigracion-estadounidenses.shtml#ixzz3TC6NwaY7

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