miércoles, 14 de enero de 2004

EL CUENTO DE NAVIDAD DE AUGGIE WREN

por Paul Auster. Ilustraciones: Isol. Edición y traducción de Mariana Vera. Buenos Aires, Sudamericana, 2003.

“Paul Auster nació en Nueva Jersey en 1947. Estudió en la Universidad de Columbia y luego vivió unos años en Francia. En 1974 regresó a los Estados Unidos y desde entonces ha publicado libros de poesía, ensayos, novelas y traducciones. Entre sus títulos se destacan La trilogía de Nueva York, El palacio de la luna, El país de las últimas cosas, Creí que mi padre era Dios. Su última novela es El libro de las ilusiones”.
“Isol nació en Buenos Aires en 1972. Reconocida ilustradora, ha incursionado en el comic, la poesía y la pintura, y también escribe sus propios textos. Por sus maravillosas ilustraciones recibió numerosas distinciones internacionales, entre ellas el premio Golden Apple (Bienal de Bratislava, 2003). Su libro El Globo integra la lista White Ravens 2003.
En este libro, destinado a lectores a partir de los doce años, Auster relata un cuento que le contaron: “Este cuento me lo contó Auggie Wren -afirma. Como Auggie no queda muy bien, o por lo menos no tan bien como él quisiera, me pidió que no usara su nombre verdadero. Más allá de eso, todo el asunto de la billetera extraviada y la mujer ciega y la cena de Navidad es tal cual él me lo contó”.
“Así comienza este relato, publicado en The New York Times el 25 de diciembre de 1990. Al leerlo, el director de cine Wayne Wang le propuso a Auster que escribiera el guión de una película. De esta experiencia surgió Cigarros, cuyo final es precisamente ‘El cuento de Navidad de Auggie Wren’ “.
El arte es un tema fundamental en este libro, el arte y su capacidad de capturar el tiempo, y también el arte como ficción. No importa –para Auster- si el relato de Auggie Wren es verdadero, o si lo inventó para contárselo al narrador; tampoco importa –para nosotros- si existe Auggie Wren, o si es un personaje creado por Auster. Lo que importa es que alguien escuchó ese relato que lo entretuvo y lo dejó pensando. El artista como demiurgo, como hacedor de mundos que ofrece a los espectadores o a los lectores, es el personaje principal de este texto que invita a los destinatarios a crear, a proponer nuevos mundos en los que rigen leyes distintas, que tienen como principal atractivo el haber emanado de una personalidad deseosa de expresarse.

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