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Inmigracion y literatura: literatura infantil y juvenil

  1. Introducción
  2. Divulgación
  3. Memorias
  4. Novelas
  5. Cuentos
  6. Notas

1. Introducción

En esta monografía me refiero a algunos de los libros escritos para niños y jóvenes en los que aparece la inmigración a la Argentina, y a otros que, sin haber sido escritos especialmente para ese público, se utilizan en la enseñanza primaria y media, en los que también se alude a la inmigración. Entre los autores figuran personalidades de nuestro pasado, ganadores de Premios Nacionales y Municipales de Literatura e integrantes del jurado de prestigiosos concursos, lo cual da una idea de la relevancia de los creadores que abordaron esa temática. La edición de estas obras -y la utilización de algunas de ellas en la enseñanza- nos habla de la voluntad de transmitir a las nuevas generaciones testimonios valiosos acerca de ese aspecto de la historia de nuestro país.

2. Divulgación

Graciela Montes resume su biografía: "Nací en Buenos Aires en 1947. Me crié en el Gran Buenos Aires, en el barrio de Florida. Me hice lectora (ése fue el primer "grado" que alcancé), y en 1971 me recibí de profesora en Letras por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Trabajé más de veinte años en el Centro Editor, donde completé mi formación profesional y humana. Estoy casada con Ricardo Figueira, tenemos dos hijos. Lo que más hice fue escribir. Escribí muchos libros de ficción para niños, cuentos y novelas como Nicolodo viaja al País de la Cocina (que fue el primero), Doña Clementina Queridita, la Achicadora, Historia de un amor exagerado, Y el Árbol siguió creciendo, Tengo un monstruo en el bolsillo, La verdadera historia del Ratón Feroz, Clarita se volvió invisible, La guerra de los panes, El Club de los Perfectos, Otroso, A la sombra de la Inmensa Cuchara, Amadeo y otra gente extraordinaria, Uña de dragón, Aventuras y desventuras de Casiperro del Hambre, Venancio vuela bajito, La batalla de los monstruos y las hadas, La venganza de la trenza y muchos otros (suman creo, más de treinta); dos novelas para adultos: El umbral y Elísabet, y muchos libros de reelaboración de cuentos criollos y viejos ciclos de relatos que me pareció que había que rescatar y volver a poner en circulación (...). Algunos de mis cuentos y novelas fueron traducidos al italiano, al portugués y al alemán, uno al catalán y uno al griego (...) y varios recibieron premios (...). También me interesó la divulgación (algo que aprendí a hacer en el Centro Editor, donde se pensaba que el conocimiento era un bien social, que debía extenderse a todos), en especial la divulgación de temas o de puntos de vista poco habituales en los libros para niños, como sucede con El golpe y los chicos. Mis otros dos oficios han sido el de traductora (traduje los dos Alicias de Lewis Carroll, los Cuentos de Perrault, el Huckleberry Finn y la obra de Marc Soriano Literatura para niños y jóvenes, guía de exploración de sus grandes temas) y el de editora (además del trabajo en el Centro Editor, trabajé en Kapelusz y armé el proyecto editorial de libros del Quirquincho). Dediqué bastante tiempo y energía a la reflexión y a la lectura de la reflexión de otros. Di muchas charlas y conferencias y me encontré con miles de lectores (maestros, bibliotecarios y niños) para charlar acerca de literatura, libros y la vida en general. Esos diálogos me ayudaron a seguir pensando. Tengo dos libros, El corral de la infancia y La frontera indómita, donde se recoge buena parte de esa reflexión. Traté de contribuir, siempre que pude, a la formación de grupos y redes solidarios alrededor de la literatura para niños. Fui miembro fundador de ALIJA, la Asociación de Literatura Infantil y Juvenil de la Argentina, y cofundadora, junto con otros compañeros escritores, de la revista La Mancha" (1). En 2000, fue distinguida con el Segundo Premio Nacional de Literatura Infantil, en el certamen organizado por la Secretaría de Cultura de la Nación correspondiente a la producción 1994/1997, por su libro Aventuras y desventuras de Casiperro del Hambre (Buenos Aires, Colihue, 1995). El jurado estuvo integrado por los escritores María Granata, Perla Suez, Ana María Shua y Antonio Requeni (2).
En 1990, se publicó Los tiempos de los inmigrantes (3), obra escrita por Graciela Montes en coautoría con Luis Alberto Romero y Lilia Ana Bertoni. Integró la serie "Una Historia Argentina para los que quieren saber de qué se trata", que incluía entre sus títulos, además del que mencionamos, Así empezó nuestra historia, Llegaron los españoles, Cuando fuimos Virreinato, ¿Qué pasó el 25 de mayo?, Los tiempos de San Martín, Los tiempos de Rivadavia, Los tiempos de Rosas, La Argentina se organiza, Los tiempos de Yrigoyen, Los tiempos de Perón y Entre dictaduras y democracias. Esa obra fue reeditada en 1995 por Odo/Gramón-Colihue, con ilustraciones de Carlos Schlaen, y en 1997, por Página 12, 1997, con ilustraciones de Daniel Paz.
Graciela Montes se refiere a este libro: "El modelo del Centro Editor como polo cultural me hacía fantasear con la posibilidad de construir algo semejante pero para los chicos, con buena divulgación y buena literatura, ambas cosas, pero bien diferenciadas. A Entender y Participar, donde escribíamos sobre todo Graciela Cabal y yo, siguió Vida y Salud con María Inés Bogomoly y Julieta Imberti, luego Una Historia Argentina (para los que quieren saber de qué se trata), en la que yo hacía el relato pero los historiadores Lilia Ana Bertoni y Luis Alberto Romero se ocupaban de elaborar el informe y supervisar académicamente" (4).
Ema Wolf "nació en Carapachay, provincia de Buenos Aires (Argentina), el 4 de mayo de 1948. Es licenciada en Lenguas y Literaturas Modernas por la Universidad Nacional de Buenos Aires. En 1974 realizó una investigación sobre el kitsch en los medios masivos de comunicación para el Instituto de Literatura Argentina de la Facultad de Filosofía y Letras, trabajo que se completó con un curso dictado en la Universidad de Bahía Blanca y un fascículo sobre la novela de folletín para el Centro Editor de América Latina. En 1977 realizó investigaciones para el libro Ortiz, la Argentina opulenta, de Félix Luna. Ya desde 1975 trabajó en forma continuada para distintos medios periodísticos y revistas infantiles. En la década del 80, a partir de su vinculación con la revista Humi, comenzaron a publicarse sus primeros títulos en el campo de la literatura para chicos. En 1996 inició sus colaboraciones en la revista del diario La Nación e integró el comité de redacción de la revista La Mancha" (5). En 2000, obtiene el Primer Premio Nacional de Literatura Infantil, en el certamen organizado por la Secretaría deCultura de la Nación correspondiente a la producción 1994/1997. La obra galardonada fue Historias a Fernández (Buenos Aires, Sudamericana, 1994). El jurado estuvo integrado por los escritores María Granata, Perla Suez, Ana María Shua y Antonio Requeni (6).
En 1991 Sudamericana publicó La gran inmigración, con texto de Ema Wolf, investigación histórica de Cristina Patriarca e ilustraciones de Daniel Rabanal. Canela es la directora editorial, y la asesoría histórica estuvo a cargo de Félix Luna. Este ensayo -que fue reeditado varias veces; la última, en 1997- integró la serie "Vida cotidiana", acerca de la que afirma Luna, en las "Palabras liminares": "Los volúmenes de esta serie, pues, son auténticos libros de historia. Pero historia de la gente común en sus vicisitudes cotidianas: hombres y mujeres que en su anónima humildad elaboraron día a día la compleja urdimbre del país que tenemos. Que estas realizaciones sirvan para entender mejor nuestras propias raíces y, consecuentemente, a quererlas más y serles más fieles".
La editorial expresa la motivación que dio origen a la obra: "En la segunda mitad del siglo pasado, los nacidos en esta tierra asisten, sorprendidos, al desembarco de miles de inmigrantes. Son suizos, turcos, alemanes, irlandeses, judíos, italianos, españoles, galeses, que han de modificar definitivamente nuestra identidad. Cada grupo protagoniza un capítulo poblado de historias trágicas y cómicas, mitos resucitados, sueños, prejuicios, chifladura, poesía y lucha por el duro sobrevivir de cada día. Este libro, que abarca aproximadamente el período 1830-1910, nace con el propósito de acercar a los jóvenes la épica fantástica de aquellos años –injustamente domesticada por los manuales escolares- que tuvo por actores, esta vez, a sus propios abuelos" (7).
Notas
  • 1. Montes, Graciela: "Datos biográficos", en www.gracielamontes.com Noviembre de 2001
  • 2. S/F: "Argentina: Ema Wolf obtiene el Premio Nacional de Literatura Infantil", en Imaginaria, N° 19, Buenos Aires, 23 de febrero de 2000.
  • 3. Montes, Graciela; Romero, Luis y Bertoni, Hilda: Los tiempos de los inmigrantes. Buenos Aires, Libros del Quirquincho, 1990
  • 4. Montes, Graciela: "Literatura y sociedad", en www.gracielamontes.com Noviembre de 2001
  • 5. S/F: "Datos biográficos", en Imaginaria, N° 9, Buenos Aires, 6 de octubre de 1999.
  • 6. S/F: "Argentina: Ema Wolf obtiene el Premio Nacional de Literatura Infantil", en Imaginaria, N° 19, Buenos Aires, 23 de febrero de 2000.
  • 7. Wolf, Ema y Patriarca, Cristina: La gran inmigración. Buenos Aires, Sudamericana, 1991.

3. Memorias

El historiador Exequiel César Ortega sostiene que "La inmigración jugó importante papel ya a mediados de esta etapa del "80 al "30. En ciudad y campaña, en oficios diversos que abarcaron la agricultura y la naciente industria; e incluso se dieron lugares como ejemplos de cuánto podía una colonización bien planeada...". Comenta qué sucedió con los inmigrantes llegados a nuestra tierra: "El medio nuestro los asimiló bien pronto y sus descendientes inmediatos se sintieron integrantes "de la tierra". A menudo ascendieron de Status, integraron profesiones, comercio e industria; impulsaron los nuevos partidos políticos mayoritarios".
El gobierno de esa época "En lo social favorecería cada vez más la inmigración, sobre todo la europea en general, perdidas bastante las esperanzas de la anglosajona y francesa en particular. Inmigración que cubriese las necesidades crecientes de mano de obra ciudadana y sobre todo rural, mediante la colonización y la ocupación de dependencia o elarrendamiento y la mediería (1)".
En el 80, la autobiografìa surge como el "lugar donde se expresa lo particular, lo curioso, lo diferenciador, lo propio de un sector social" (2); este sector es el de la clase dirigente, grupo que se caracteriza por haber sido educado con una gran influencia de la cultura europea, particularmente francesa (3). Cobra gran importancia la evocaciòn de la vida "vulgar", calificativo que abarca tanto la vida cotidiana, real, como los comportamientos censurados por la moral corriente (4).
La autobiografìa se caracteriza, en este perìodo, por asumir el aspecto de la charla social (causserie), de la anècdota, y por la frecuente utilizaciòn de citas que remiten a lecturas extranjeras. En las obras autobiogràficas de los hombres del 80 aparece como modelo el "hombre de mundo", que conjuga en sì mismo muy diversas facetas. Como consecuencia del impacto de la inmigraciòn, aparecen "evocaciones nostàlgicas de tiempos màs austeros" y "descripciones costumbristas con toques moralizantes".
Miguel Cané fue un "escritor argentino nacido en Montevideo en 1851. Licenciado en derecho y periodista político, desempeñó distintos cargos públicos y, como diplomático (Ministro de Asuntos Exteriores), estuvo en Europa en varias ocasiones. Fue decano de la facultad de Filosofía y Letras. Entres su obras, fragmentada y testimonial, se distinguen Juvenilia (1884),novela en que evoca recuerdos infantiles y de adolescencia; En Viaje 1881-1882 (1884), impresiones de Venezuela y Colombia; Prosa Ligera (1903), Charlas literarias, etc. Póstumamente aparecieron recapitulados sus Discursos y Conferencias (1909). Es una de las figuras del grupo de prosistas llamado "hombres del 80", influidos por el parnasianismo y el naturalismo. Murió en Buenos Aires en 1905" (5).
Susana Zanetti destaca que "la actitud de nostalgia, de reminiscencia, de regreso al pasado, es una constante del 80"; Juvenilia presenta -a su criterio- "un melancòlico contrapunto entre la adolescencia despreocupada de ayer y el hombre maduro de hoy. Aùn asì, la evocaciòn tiende generalmente a las anècdotas festivas, alegres". En la obra advierte ciertas semejanzas con David Copperfield, de Charles Dickens, pero la diferencia de la obra inglesa el hecho de no entrañar denuncia ni afàn testimonial.
El tema del fracaso generacional està encarnado en la suerte corrida por los condiscìpulos; algunos han muerto, otros se encuentran empleados con sueldos de hambre, sòlo unos pocos se destacan. Esta actitud surge de lo que la ensayista denomina "doble melancolìa" frente al pasado y frente al povenir (6).
Miguel Canè nos ha dejado en Juvenilia (7) testimonio de su visiòn de los inmigrantes. A las figuras del grotesco enfermero italiano y los temibles quinteros vascos, contrapone la grandiosidad del profesor Amadeo Jacques, sìmbolo de la inmigraciòn anhelada por los hombres del 80.
En su autobiografìa, Canè evoca este personaje con rasgos despectivos. "La enfermerìa era, como es natural, econòmicamente regida por el enfermero. Acabo de dejar la pluma para meditar y traer su nombre a la memoria sin conseguirlo; pero tengo presente su aspecto, su modo, su fisonomìa, como si hubiera cruzado hoy ante mis ojos. Habìa sido primero sirviente de la despensa; luego, segundo portero, y, en fin, por una de esas aberraciones que jamàs alcanzarè a explicarme, enfermero. "Para esa plaza se necesitaba un calculador, dice Beaumarchais; la obtuvo un bailarìn" ".
Se refiere al aspecto fìsico del inmigrante: "Era italiano y su aspecto hacìa imposible un càlculo aproximativo de su edad. Podìa tener treinta años, pero nada impedìa elevar la cifra a veinte unidades màs. Fue siempre para nosotros una grave cuestiòn decir si era gordo o flaco. (...) Empezaba su individuo por una mata de pelo formidable que nos traìa a la idea la confusa y entremezclada vegetaciòn de los bosques primitivos del Paraguay, de que habla Azara; veìamos su frente, estrecha y deprimida, en raras ocasiones y a largos intervalos, como suele entreverse el vago fondo del mar, cuando una ola violenta absorbe en un instante un enorme caudal de agua para levantarlo en espacio. Las cejas formaban un cuerpo unido y compacto con las pestañas ralas y gruesas como si hubieran sido afeitadas desde la infancia. La palabra mejilla era un ser de razòn para el infeliz, que estoy seguro jamàs conociò aquella secciòn de su cara, oculta bajo una barba, cuyo tupido, florescencia y frutos nos traìa a la memoria un ombù frondoso".
"El cuerpo, como he dicho, era enjuto; pero un vientre enorme despertaba compasiòn hacia las dèbiles piernas por las que se hacìa conducir sin piedad. El equilibrio se conservaba gracias a la previsiòn materna que lo habìa dotado de dos andenes de ferrocarril, a guisa de pies, cuyo envoltorio, a no dudarlo, consumìa un cuero de baqueta entero. Un dìa, nos confiò en un momento de abandono, que nunca encontraba alpargatas hechas y que las que obtenìa, fabricadas a medida, excedìan siempre los precios corrientes".
Recuerda el personal castellano del enfermero: "Debìa haber servido en la legiòn italiana durante el sitio de Montevideo o haber vivido en comunidad con algùn soldado de Garibaldi en aquellos tiempos, porque en la època en que fue portero, cuando le tocaba despertar a domicilio, por algùn corte inesperado de la cuerda de la campana, entraba siempre en nuestros cuartos cantando a voz en cuello, con el aire de una diana militar, este verso (!) que tengo grabado en la memoria de una manera inseparable a su pronunciaciòn especial: Levàntasi, muchachi,/ que la cuatro sun/ e lo federali/ sun venì a Cordun. Perdiò el gorjeo matinal a consecuencia de un reto del señor Torres que, hacièndole parar el pelo, le puso a una pulgada de la puerta de calle".
Sobre sus aptitudes para el trabajo, afirma: "Como prototipo de torpeza, nunca he encontrado un spècimen màs completo que nuestro enfermero. Su escasa cantidad de sesos se petrificaba con la presencia del doctor, a quien habìa tomado un miedo feroz y de cuya conciencia mèdica hablaba pestes en sus ratos de confidencia".
Los estudiantes encontraban diversas distracciones en la quinta de Colegiales; una de ellas, vinculada a otros inmigrantes. "En la Chacarita estudiàbamos poco, como era natural; podìamos leer novelas libremente, dormir la siesta, salir en busca de camuatìs y sobre todo, organizar con una estrategia cientìfica, las expediciones contra los "vascos" ".
Describe el escenario y las virtudes de la fruta de esos quinteros: "Los "vascos" eran nuestros vecinos hacia el norte, precisamente en la direcciòn en que los dominios colegiales eran màs limitados. Separaba las jurisdicciones respectivas un ancho foso, siempre lleno de agua, y de bordes cubiertos de una espesa planta baja y bravìa. Pasada la zanja, se extendìa un alfalfar de una media cuadra de ancho, pintorescamente manchado por dos o tres pequeñas parvas de pasto seco. Màs allà (...) en pasmosa abundancia, crecìan las sandìas, robustas, enormes, (...) allì doraba el sol esos melones de origen exòtico (...) No tenìan rivales en la comarca, y es de esperar que nuestra autoridad sea reconocida en esa materia. Las excursiones a otras chacras nos habìan siempre producido desengaños, la nostalgia de la fruta de los "vascos" nos perseguìa a todo momento, y jamàs vibrò en oìdo humano en sentido menos figurado, el famoso verso de Garcilaso de la Vega".
Se refiere a la disposiciòn anìmica de esos inmigrantes: "Pero debo confesar que los "vascos" no eran lo que en el lenguaje del mundo se llama personajes de trato agradable. Robustos los tres, àgiles, vigorosos y de una musculatura capaz de ablandar el coraje màs probado, eternamente armados con sus horquillas de lucientes puntas, levantando una tonelada de pasto en cada movimiento de sus brazos ciclòpeos, aquellos hombres, como todos los mortales, tenìan una debilidad suprema: ¡amaban sus sandìas, adoraban sus melones!"
Dos veces hurtaron fruta los adolescentes sin ser vistos. La tercera, "detràs de una parva, un vasco horrible, inflamado, sale en mi direcciòn, mientras otro pone la proa sobre mi compañero, armados ambos del pastoril instrumento cuyo solo aspecto comunica la ingrata impresiòn de encontrarse en los aires, sentado incòmodamente sobre dos puntas aceradas que penetran... (...) ¡cuàn veloz me parecìa aquel vasco, cuyo respirar de fuelle de herrerìa creìa sentir rozarme los cabellos! (...) aquel hombre terrible meyado en su tridente, empezò a injuriarme de una manera que revelaba su educaciòn sumamente descuidada. (...) Me tendì en la cama y, mientras el cuerpo reposaba con delicia, reflexionè profundamente en la velocidadinicial que se adquiere cuando se tiene un vasco irritado a retaguardia, armado de una horquilla".
En otro pasaje se refiere a Amadeo Jacques -quien naciò en 1813 y muriò en 1865-, destacando su loable acciòn dentro del Colegio: "El estado de los estudios en el Colegio era deplorable, hasta que tomò su direcciòn el hombre màs sabio que hasta el dìa haya pisado tierra argentina. Sin documentos a la vista para rehacer su biografìa de una manera exacta me veo forzado a acudir simplemente a mis recuerdos que, por otra parte, bastan a mi objeto".
"Amedèe Jacques pertenecìa a la generaciòn que al llegar a la juventud encontrò a la Francia en plena reacciòn filosòfica, cientìfica y literaria". (...) habìa crecido bajo esa atmòsfera intelectual, y la curiosidad de su espìritu lo llevaba al enciclopedismo. A los treinta y cinco años era profesor de filosofìa en la Escuela Normal, y habìa escrito, bajo el molde eclèctico, la psicologìa màs admirable que se haya publicado en Europa. El estilo es claro, vigoroso, de una marcha viva y elegante; el pensamiento sereno, la lògica inflexible y el mètodo perfecto. Hay en ese manual, que corre en todas las manos de los estudiantes, pàginas de una belleza literaria de primer orden y aùn hoy, quince años despuès de haberlo leìdo, recuerdo con emociòn los capìtulos sobre el mètodo y la asociaciòn de ideas. Al mismo tiempo, el joven profesor se ocupaba en las ediciones de las obras filosòficas de Fenelòn, Clarke, etc., ùnicas que hoy tienen curso en elmundo cientìfico".
Evoca el exilio del francès: "Pero Jacques no era uno de esos espìritus frìos, estèriles para la acciòn, que viven metidos en la especulaciòn pura, sin prestar oìdo a los ruidos del mundo, y sin apartar su pensamiento del problema, (...) El 2 de diciembre, como a Tocqueville, como a Quinet, como a Hugo, lo arrojò al extranjero, pobre, con el alma herida de muerte, y con la visiòn horrible de su porvenir abismado para siempre en aquella bacanal".
"Tomò el camino del destierro y llegò a Montevideo, desconocido y sin ningùn recurso mecànico de profesiòn; lo sabìa todo, pero le faltaba un diploma de abogado o de mèdico para poder subsistir. Abriò una clae libre de fìsica experimental, dàndole el atractivo del fenòmeno producido en el acto; aquello llamò un momento la atenciòn. Pero se necesitaba un gabinete de fìsica completo y los instrumentos son caros".
"Un momento Jacques fue retratista, (...) Pero ni la fotografìa, que màs tarde perfeccionaron, ni la daguerrotipia, que le cedìa el paso, como el telègrafo de señales a la electricidad, daban medios de vivir".
"Jacques se dirigiò a la Repùblica Argentina, se hundiò en el interior, casòse en Santiago del Estero, emprendiò veinte oficios diferentes, llegando hasta fabricar pan, y por fin, tuvo el Colegio Nacional de Tucumàn el honor de contarlo entre sus profesores. Fueron sus discìpulos los doctores Gallo, Uriburu, Nouguès y tantos otros hombres distinguidos hoy, que han conservado por èl una veneraciòn profunda, como todos los que hemos gozado de la luz de su espìritu".
"Llamado a Buenos Aires por el gobierno del general Mitre, tomò la direcciòn de los estudios en el Colegio Nacional, al mismo tiempo que dictaba una càtedra de fìsica en la Universidad. Su influencia se hizo sentir inmediatamente entre nosotros. Formulò un programa completo de bachillerato en ciencias y letras, defectuoso tal vez en un solo punto, su demasiada extensiòn. Pero M.Jacques, habituado a los estudios fuertes, sostenìa que la inteligencia delos jòvenes argentinos es màs viva que entre los franceses de la misma edad y que, por consiguiente, podìamos aprender con menor esfuerzo".
Tres nacionalidades, tres ocupaciones bien distintas, son evocadas por Miguel Canè en esta obra. Los pàrrafos transcriptos, sin embargo, no alcanzan para brindar una visiòn acabada de la postura del autor acerca de la inmigraciòn. Para lograrla, se debe recurrir a todos sus textos –algunos de ellos no literarios, como la Ley de Residencia, de 1904-, los cuales, junto a Juvenilia, nos proporcionaràn una cabal idea del sentimiento de este hombre del 80 frente al aluviòn inmigratorio.
Notas
  • 1. Ortega, Exequiel Cèsar: Còmo fue la Argentina (1516-1972). Buenos Aires, Plus Ultra, 1972.
  • 2. Stratta, Isabel: Pròlogo a Juvenilia. Buenos Aires, CEAL, 1980.
  • 3. Prieto, Adolfo: La literatura autobiogràfica argentina. Buenos Aires, CEAL, 1982.
  • 4. Ara, Guillermo: Pròlogo a Wilde, Eduardo: Aguas abajo. Buenos Aires, Huemul
  • 5. S/F: en Internet.
  • 6. Zanetti, Susana: op. cit.
  • 7. Canè, Miguel: Juvenilia. Buenos Aires, CEAL, 1980.

4. Novelas

El escritor y politico Lucio Vicente López nació en Montevideo, Uruguay, en 1848; falleció en Buenos Aires en 1894. "Hijo de Vicente Fidel López y nieto de Vicente López y Planes, llegó a Buenos Aires en 1863 y se graduó de abogado en 1872. Apoyó a Adolfo Alsina y fue diputado provincial y nacional. Tomó parte de la Revolución del 90. Fue ministro del Interior de Luis Sánez Peña. Colaboró con El Nacional, diario de Domingo Faustino Sarmiento, en La Nación y en Sud América, donde publicó, como folletín, La gran aldea, su obra más importante" (1).
Esa novela(2), que Lòpez dedica a Miguel Canè, su "amigo y camarada", aparece en 1884. "El subtìtulo de La gran aldea, "Costumbres bonaerenses", previene ya las caracterìsticas del realismo a que recurrirà su autor, Lucio Vicente Lòpez (1848-1894): una actitud crìtica, no disolvente sino reformista, encaminada a registrar tipos y hàbitos de una sociedad, y a poner de relieve algunos de entre ellos mediante el sarcasmo, la ironìa o la simple caricatura. (...) la propuesta fundamental de La gran aldea es la de demostrar que el Buenos Aires provinciano de 1860 pervive en el Buenos Aires cosmopolita de 1880, que la clase social que manejaba sus destinos en la època de Pavòn continuaba controlando los hilos de la polìtica y de lasfinanzas y dando el tono de la sociabilidad en la època del alumbrado a gas y de los tranvìas a caballo" (3).
"Aunque esperanzada con el potencial talento literario del autor, ya en el momento de su publicaciòn la crìtica fue en general adversa con la novela, pero ùtil, segùn Lòpez, porque "ha despertado la curiosidad y me ha favorecido la venta". En ella pesa màs la crònica que la densidad literaria -Rojas la ve "inferior a su fama"-, y asì parece haber sido desde que se publicò: en su època influyeron tanto su calidad de instrumento de lucha polìtica e ideològica como el hecho de ser una novela en "clave", por la que desfilaban las figuras del dìa (Mitre, Sarmiento, Avellaneda, etcètera); en nuestros dìas pesa el valor testimonial, intenciòn que ya proclama el autor desde el subtìtulo (Costumbres bonaerenses), que permite rastrear el pasaje de un Buenos Aires "patriota, semisencillo, semitendero, semicurial y semialdea", a la ciudad "con pretensiones europeas" en diversos registros: en lo urbano, con la transformaciòn de la ciudad que es màs modernizaciòn que ampliaciòn, con la incorporaciòn a la vida cotidiana del gas de alumbrado, el tranvìa, las nuevas formas de la arquitectura y la decoraciòn; en lo social, con el advenimiento de las nuevas burguesìas, el gallego sirviente al lado del mulaterìo, la desapariciòn del tendero criollo; en lo polìtico, con la consolidaciòn del roquismo, que impone la unificaciòn del paìs desde el poder central –y desde la ciudad capitalizada- y las tensiones que eso provoca; en lo econòmico, con el pasaje de los buenos tiempos del Estado de Buenos Aires al manejo financiero que culminarà con la crisis de 1890; en lo religioso, con el progresivo avance del laicismo estatal y la nueva religiòn de la burquesìa; en lo literario, con el pasaje del Romanticismo al Realismo y al teatro ligero francès..." (4).
En esta obra aparecen inmigrantes, vistos desde la perspectiva de un escritor que añora un pasado que no volverà.
Lòpez compara a los tenderos de antaño con los del presente: "¡Y què mozos! ¡Què vendedores los de las tiendas de entonces! Cuàn lejos estàn los tenderos franceses y españoles de hoy de tener la alcurnia y los mèritos sociales de aquella juventud dorada, hija de la tierra, ùltimo vàstago del aristocràtico comercio al menudeo de la colonia".
Recuerda a uno de aquellos tenderos criollos: "Entre los prìncipes del mostrador porteño, el màs cèlebre, sin disputa, era don Narciso Bringas: gran tendero, gran patriota, nacido en el barrio de San Telmo, pero adoptado por la calle del Perù como el rey del mostrador. No habìa mostrador como el de aquel porteño: todo el barrio junto no era capaz de desdoblar una pieza de madapolàn y de volverla a doblar como don Narciso; y si la piràmide misma le hubiera querido disputar su amor a Buenos Aires, a la piràmide misma le habrìa disputado ese derecho".
Describe la estrategia del tendero para dirigirse a su clientela: "Don Narciso subìa o bajaba el tono segùn la jerarquìa de la parroquiana: dominaba toda la escala; poseìa toda la preciosidad del lenguaje culto de la època y daba el do de pecho con una dama para dar el sì con una cocinera".
"Los tratamientos variaban para èl segùn las horas y las personas. Por la mañana se permitìa tutear sin pudor a la parda o china criolla que volvìa del mercado y entraba en su tienda. Si la clienta era hija del paìs, la trataba llanamente de hija; hija por arriba e hija por abajo. Si èl distinguìa que era vasca, francesa, italiana, extranjera, en fin, iniciaba la rebaja, el ùltimoprecio, el "se lo doy por lo que me cuesta", por el tratamiento de madamita. ¡Oh!, ese madamita lanzado entre 7 y 8 de la mañana, con algunas cuantas palabras de imitaciòn de francès que èl sabìa balbucir, era irresistible. Durante el dìa, los tratamientos variaban entre hija e hijita, entre tù y usted, entre madamita y madama, segùn la edad dela gringa, como èl la llamaba cuando la compradora no caìa en sus redes".
Los inmigrantes trabajaban junto a los criollos: "daban las cuatro y, no bien habìa entrado el gallego cotidiano con las viandas, don Narciso se engolfaba en los antros profundos de la trastienda". Lucio V. Lòpez menciona otro gallego relacionado con la tienda: "Caparrosa, el cadete de Bringas, un galleguito ladino y vivaracho".
En la adolescencia, el protagonista acude a la escuela de dos maestros, a los que describe con estas palabras: "Don Pîo Amado y don Josef Garat, mis maestros, eran dos personajes singulares; singular era su escuela, singular la enseñanza, singular todo lo que los rodeaba. Don Pìo era la bondad y la benevolencia personificadas; don Josef era la intransigencia, el mal humor y la ira misma. Reunidos, don Pìo era la nota còmica del colegio, don Josef era la nota èpica. Amàbamos a don Pìo y lo amàbamos con toda el alma; temblàbamos ante don Josef y lo respetàbamos a fuerza de malquererlo".
En otro pàrrafo se refiere al aspecto fìsico del segundo: "Don Josef, en cambio, era un Orestes. Alto, vigoroso, la cara roja como un pimiento, la nariz chica y encorvada, la cabeza mezquina pero bien puesta sobre los hombros. Don Josef pasaba la vida clamando contra todo lo que lo rodeaba: contra el paìs, contra sus hombres, contra las mujeres, contra los muchachos y contra don Pìo, a quien tenìa en poca cuenta en las situaciones normales".
Uno de estos maestros era inmigrante: "Don Josef era oriundo de Cataluña y se vanagloriaba de haber nacido en el castillo Monjuich, de haber salvado la vida a varias personas, de haber presenciado un naufragio y de haber sido casi vìctima del hambre de una tigra mansa; preciàbase de haber conocido a la reina de España, doña Cristina, de haberla visto comer una olla podrida en un dìa de toros. Hacìa sacrificio de confesarse descendiente de don Gonzalo de Còrdoba, pero no se prestaba a pregonar mucho el parentesco, y lo repudiaba con majestad, porque no querìa que nadie sospechase que èl aprobaba las rendiciones de cuentas de su poco escrupuloso antepasado. Vivìa crònicamente colèrico, sin que esto importe decir que no supiera interrumpir sus accesos para hablar con fruiciòn, de los tesoros de Potosì y de fortunas colosales como las de los cuentos de hadas, porque el buen viejo tenìa altamente desarrollada la nota de la codicia".
Pero, cuando èl levantaba la voz en la clase, o fuera de la clase, o con los tertulianos nocturnos que lo visitaban en el colegio, entonces temblaba la casa: buscaba la invectiva, la lanzaba al rostro del adversario y la sazonaba con vocablos de estofado acabando por dominar el debate con sus gritos estentòreos. Dentro de ese cuerpo vigoroso, de rica muscultura de atleta, en el fondo de ese caràcter atrabiliario, disputador y pendenciero que amenazaba tragarse la tierra, se escondìa un ser enteramente pusilànime. Don Josef era una liebre".
Recuerda con cariño a esos pedagogos: "Era un muchacho de quince años cuando entrè en el colegio y apenas sabìa leer y escribir, pero trabajè con tesòn y me abrì paso. Don Pìo me amaba y don Josef, que habìa empezado por expresarme el màs profundo desprecio, habìa pasado del indiferentismo al entusiasmo con una facilidad extraordinaria. Yo comenzaba a ser su ìdolo. De cuando en cuando pensaba que, siendo yo como era un pobre diablo, sin padre, sin fortuna, era demasiada generosidad de su parte interesarse por mì como se interesaba y me lo echaba en cara; pero cuando lo sorprendìa con un progreso inesperado para èl, o con un buen rasgo de conducta, entonces el buen viejo se exaltaba y pasaba los lìmites del entusiasmo en sus elogios".
Inmigrantes y criollos conviven en esta obra -que incluye pàginas de "larvada xenofobia"-, en la que "Lucio Lòpez anticipa una visiòn crìtica nostàlgica y casi desesperanzada del cariz que toma la vida polìtica y social de la Argentina".
La llegada de los inmigrantes a suelo argentino significò una transformaciòn de gran importancia. El porteño se encontrò conviviendo con extranjeros de diversas nacionalidades y esa realidad se vio reflejada en la literatura.
En algunos autores, el sentimiento de aversiòn no reviste tonos demasiado violentos; se limitan –como Miguel Canè, en Juvenilia- a presentar vascos temibles e italianos ridìculos. En Cambaceres, el inmigrante es presentado como un ser ignorante e inmoral; el escritor no disimula lo que siente ante quienes llegaron a tentar suerte en nuestro paìs.
Eugenio Cambaceres nació en Buenos Aires en 1843; falleció en París en 1888. "Cursó estudios en el Colegio Nacional de Buenos Aires y se graduó de abogado en la Facultad de Derecho. En 1870 fue elegido diputado de la Legislatura de la provincia de Buenos Aires, donde presentó un proyecto de separación de Iglesia y Estado, que produjo un gran revuelo. Electo diputado nacional en 1874, al poco tiempo abandonó la vida pública para dedicarse a la literatura. Siendo una de las figuras centrales de la Generación del 80, publicó cuatro novelas: Potpourrí: silbidos de un vago (1881), Música sentimental (1884), Sin rumbo (1885) y En la sangre (1887). Fue el principal escritor argentino adscripto a las técnicas del naturalismo, lo que le permitió incorporar diferentes temas urbanos a la narrativa nacional, como la fiebre especulativa y la inmigración. A pesar de que, en un comienzo, la crítica se mostró hostil con su obra, sus novelas obtuvieron gran éxito de público" (5).
En la novela En la sangre (6) alude al italiano, padre del protagonista, con estas palabras: "Arrojado a tierra desde la cubierta del vapor sin otro capital que su codicia y sus dos brazos, y ahorrando asì sobre el techo, el vestido, el alimento, viviendo apenas para no morirse de hambre, como esos perros sin dueño que merodean de puerta en puerta en las basuras de las casas, llegò el tachero a redondear una corta cantidad".
Andrès Avellaneda encuentra una explicaciòn para esta actitud: "Esos otros, responsables del peligro que ronda en la nueva ciudad, son para Cambaceres los inmigrantes y sus hijos, cuyas exigencias pugnan por modificar una realidad celosamente congelada" (7).
El desdèn por el extranjero se evidencia con gran claridad en este libro. La sangre es el medio por el que las lacras sociales se transmiten de generaciòn en generaciòn. No obstante haber nacido en la Argentina, el protagonista tiene las caracterìsticas del inmigrante, de acuerdo con los postulados del naturalismo, corriente en la que encontramos al autor.
Este movimiento, surgido en Francia en la segunda mitad del siglo XIX, sostiene tres principios bàsicos: la influencia de la raza, el medio y el momento; la importancia de la herencia y el caràcter fisiològico de las pasiones. "Con Eugenio Cambaceres –afirma Teresita Frugoni de Fritzsche- el naturalismo francès se incorpora a la novela argentina permitièndole asì alcanzar una dimensiòn realista que seguirìan todos los autores del siglo XIX y proncipios del XX, superando los esquemas simples y antitèticos de la època romàntica" (8).
La argumentaciòn naturalista lleva a un determinismo que permite, segùn la teorìa, predecir el rumbo que tomarà la vida de los descendientes. Genaro, aunque argentino, lleva en sus venas la marca hereditaria del napolitano; està signado por todos los defectos que el novelista atribuye a ese grupo social y, al igual que sus paisanos, parece no tener virtud alguna. Lejos de plantear la responsabilidad del individuo, el autor hace hincapiè en lo heredado, en lo fatal. No sòlo da por supuestas las cuestionables leyes de la herencia y la influencia de la raza, el medio y el momento, sino que se aferra ciegamente a ellas, llegando a una postura prejuiciosa y, por ende, injusta.
La novela apareciò publicada como folletìn en 1887, en el diario Sud-Amèrica. Fritzsche nos recuerda cuàl fue la acogida que tuvo la obra: "Paralelamente con su publicaciòn aparecen en el diario artìculos de ìndole diversa vinculados con la novela. Suponemos que parte del pùblico la considera inmoral, si nos atenemos a la defensa que J.A.A. (Juan Antonio Argerich) realiza en el nùmero del 13 de setiembre, observando que no es preciso atender a los asuntos que explota Cambaceres sino a su mèrito literario, pues es un hombre que conoce la vida y por lo tanto un escèptico".
Encontramos en Genaro dos momentos sucesivos: durante los primeros años, mortificado, trata de sobreponerse a su condiciòn; luego, con resentimiento y gran dolor, acepta su estigma. El muchacho culpa a sus progenitores por el desprecio de que lo hacen vìctima sus condiscìpulos; la vergûenza de su origen lo llena de odio, despecho y deseos de venganza, que consumarà en la persona de su esposa. "Estaba en su sangre eso, constitucional, inveterado –dice el novelista-, le venìa de casta como el color de la piel, le habìa sido transmitido por herencia, de padre a hijo".
Genaro desprecia a sus padres. Cambaceres muestra una vez màs la bajeza del joven, quien piensa: "¡Su padre... menos mal èse, se habìa muerto y de los muertos nadie se acordaba; pero su madre viva y a su lado, estando con èl, era una broma, un clavo, adònde irìa èl que no lo vieran, que no supieran, que no le hiciese caer la cara de vergûenza con la facha que tenìa, con sus caravanas de oro y su peinado de rodetes!". Para evitarse esa humillaciòn constante, Genaro hace que su madre vuelva a Italia. Queda en libertad para disponer a su antojo de los ahorros de sus padres y, a cambio, ni siquiera lee las cartas que la mujer le envìa.
Al describir a los inmigrantes, Cambaceres recurre siempre a la comparaciòn con animales; asì, habla de la cabeza de ave de rapiña del padre del protagonista, de la astucia felina de Genaro: "En un brusco manotòn de gato hambriento, alargò de instinto el brazo; crispados los dedos, como clavada la garra ya sobre el montòn de billetes". Estas imàgenes son empleadas por el escritor con el propòsito de degradar a los extranjeros, de mostrarlos lindando con lo irracional".
Ante la fuerza del instinto, nada puede hacer el protagonista: "Y si tal habìa nacido -se defiende-, si asì lo habìan fabricado y echado al mundo de sus padres, ¿era èl el responsable, tenìa èl la culpa por ventura? No, como no la tenìan las vìboras de que fuera venenoso su colmillo". Ni siquiera tiene valor para matarse: "ni de ese triste rasgo de nobleza, ni de esa ùltima, ni de esa ùnica prueba de valor y entereza era capaz". El "vivirìa, seguirìa prendido con dientes y uñas a la vida, como los perros a las osamentas!...".
Antonio Pagès Larraya opina sobre el tratamiento que Cambaceres da a sus personajes: "La herencia y el medio conforman a Genaro, criatura vacìa de ètica, casi infrahumana. Quizàs el afàn de apegarse a una conclusiòn que hoy nos parece arbitraria –la de que en los hijos del inmigrante perdura el inescrupuloso apetito de los padres- volviò estrecho el relato. Las aventuras del "parvenu", del trepador que se eleva sin elegir los medios, pierde vigor por su forzada limitaciòn a una tesis" (9).
Aparecen, a lo largo de la obra, otros inmigrantes retratados con la misma crueldad. Entre ellos, los amigos del napolitano, quienes "habìanse pasado la voz para el velorio. Poco a poco fueron llegando de a uno, de a dos, en completos de paño negro, con sombreros de panza de burro y botas gruesas recièn lustradas". El comportamiento de los paisanos, afligidos, le merece un comentario despiadado: "Zurdamente caminaban, iban y se acomodaban en fila a lo largo de la pared, en derredor del catafalco elevado en la trastienda. Uno que otro, cabizbajo, en puntas de pie, aproximàbase al muerto y durante un breve instante lo contemplaba. Algunos daban contra el umbral al entrar, levantaban la pierna y volvìan la cara".
El "tano" capataz del cementerio tenìa voz vinosa; el gallego portero de la universidad era ñato de nariz y cuadrado de cabeza; Bearnès, el dueño del cafè, era ronco, gordo, gritòn y gran bebedor de ajenjo. Y asì, podrìamos enumerar muchas oportunidades en las que los inmigrantes son vìctimas del escarnio del autor.
El testimonio de Cambaceres nos brinda la posibilidad de conocer la actitud de un hombre de esa època ante las profundas transformaciones que se estaban operando. El aluviòn inmigratorio cambiò para siempre la estructura de la sociedad y motivò pàginas como las del autor de En la sangre, las cuales, aunque resultan violentas a los lectores, son tambièn parte de nuestra literatura.
La atmòsfera de la Argentina de fines del siglo XIX es descripta por el historiador Exequiel Cèsar Ortega, quien escribe: "Las medidas econòmicas y financieras oficiales, de todo tipo, se encaminaron hacia las soluciones desesperadas. El esfuerzo por reducir desniveles se reflejò hasta en los cambios de los ministros de Hacienda, emisiones monetarias clandestinas, proyecto de nuevas ventas, concesiones y emprèstitos, circulaciòn de emisiones derogadas ya... Hasta que llegò el llamado presidencial de Juàrez Celman contra la fiebre especuladora y que exhortaba en cambio a la cordura en inversionesnegociosgastos y juego de Bolsa "a pase y diferencia" (10).
Algunas obras literarias reflejan la crisis de la Bolsa de Comercio y la revoluciòn de 1890. Son novelas que aparecieron como una manifestaciòn de los creadores frente a una situaciòn; ellos buscaron moralizar y demostrar los peligros que se corrìan si no se cambiaba el rumbo.
Andrès Avellaneda escribe al respecto: "Hacia el 90, como una consecuencia de la crisis que vive el paìs y uno de cuyos sìntomas màs agudos es probablemente el crack financiero que se produce en la Bolsa para esa fecha, este naturalismo se hace social, recoge la temàtica de esa crisis, y documenta el fenòmeno en una serie de novelas que, por ese mismo motivo, ha sido llamado "el ciclo de la Bolsa" " (11).
Irene Ferrari realiza una valoraciòn de las obras a las que nos referimos. Ella escribe: "Varios de nuestros escritores buscaron comprender lo ocurrido y dejar constancia de ello. Las once novelas de esta etapa, de escaso valor literario, fueron llamadas posteriormente "el ciclo de la Bolsa". Entre las màs representativas estàn Horas de fiebre, de Segundo Villafañe, y Quilito, de Carlos Marìa Ocantos. Pero la ùnica reconocida por la posteridad es la de Martel" (12).
Acerca de la revoluciòn y de la caìda de Juàrez Celman aparecieron La Bolsa y Horas de fiebre de Segundo Villafañe, y en Parìs Quilito, de Carlos Marìa Ocantos. Cinco años màs tarde Pedro Morante publica Grandezas. En las pàginas de estas cuatro novelas se suceden escenas de los lugares màs significativos en la vida porteña de ese momento: Palermo, el Hipòdromo, Florida, el Club del Progreso, pero particularmente describen el edificio y la actividad de la Bolsa. Todos coinciden en censurar las costumbres y la moral de ese momento tan convulsionado de nuestra historia. Los ecos de la revoluciòn y de los acontecimientos que la precedieron se prolongan en otra novela aparecida en 1898: La Maldonada, del periodista español Francisco Grandmontagne, incorporado a la vida argentina. Pero posiblemente el relato que pinta màs acabadamente ese momento històrico sea La Bolsa" (13).
Andrès Avellaneda señala que "dos grandes grupos de novelas filiadas en mayor o menor grado al naturalismo, se refieren a los temas decisivos en el momento ochentista: el inmigrante y la fiebre financiera". Entre las novelas protagonizadas por inmigrantes menciona En la sangre de Cambaceres, Inocentes o culpables de Argerich, Bianchetto de Adolfo Saldìas y Teodoro Foronda de Francisco Grandmontagne, ademàs de algunas de las Novelas argentinas de Carlos Marìa Ocantos.
El otro grupo de novelas –el que tiene que ver con la Bolsa- aparece con celeridad: "El mismo año de la crisis se publica Abismos de Manuel Bahamonde; al año siguiente aparecen La Bolsa, de Juliàn Martel (Josè Marìa Mirò) (14); Quilito, de Carlos M. Ocantos; y Horas de fiebre, de Segundo I. Villafañe".
No termina aquì la producciòn al respecto: "El tema sigue interesando a los novelistas a partir de 1891 –agrega-: Grandezas (1896), de Pedro G. Morante; Quimera (1899), de Josè Luis Cantilo, prolongan una lìnea temàtica que llega hasta Roberto J. Payrò, con Divertidas aventuras del nieto de Juan Moreira (1910)".
"Escasa informaciòn ha sido recogida acerca de la existencia de Josè Marìa Mirò, conocido literariamente como Juliàn Martel –escribe Noè Jitrik. Sin embargo, hay dos hechos relevantes que vinculan su vida con su obra: fue pariente pobre de una poderosa familia cuyo palacio se levantaba donde hoy està la Plaza Lavalle y, como consecuencia de ello, tuvo que trabajar en el periodismo, de cuyo anonimato emergiò por esta novela, la ùnica que escribiò. (...) Al parecer, cuando tenìa 20 años se acercò a la Bolsa para inicarse en las operaciones con la esperanza, muy comùn en esa època, de enriquecerse ràpidamente para poder conquistar asì el corazòn de una mujer. Es verosìmil que eso haya sucedido, asì como la pèrdida de todo su dinero. Posteriormente a esos episodios, es decir hacia 1888, entra al diario La Naciòn como cronista volante, episodio trascendental en primer lugar porque constituye un excelente puesto de observaciòn, luego porque siendo una tarea anònima no le concede el reconocimiento esperado".
"Durante 1890 escribiò La Bolsa; la ùltima frase fue redactada el 30 de diciembre. Dos hechos notables pueden observarse: el primero es que siendo una obra realista y de actualidad no ha incluido como tema la revoluciòn del mismo año; el segundo es que en el mismo año se publicò en Francia L'Argent, novela mediante la cual Zola investiga y condena el sistema financiero. (...) La Bolsa aparece en folletìn en La Naciòn desde el 24 de agosto hasta el 4 de octubre de 1891, con gran èxito de pùblico y de crìtica".
"La Bolsa es una obra literariamente poco importante, inmadura, pero que asì y todo expresa varias cosas de interès; en primer lugar hay, conscientemente o no, una tentativa por trascender la literatura del 80 en su fisonomìa màs exterior; en segundo lugar, muestra un escritor desclasado, emergente del periodismo y que anticipa, por esas razones, un nuevo tipo de escritor, el profesional; en tercer lugar, se trata de un libro inspirado en hechos contemporàneos, ubicado en una actualidad, comprometido polèmicamente con sus interpretaciones" (15).
El propòsito moralizante aparece en la obra de Martel, en la que una mujer observa còmo su marido, estudiante brillante de otros tiempos, se ve envuelto en la fiebre especuladora. Le advierte cuàles seràn las consecuencias de su actitud, pero "no logrò convencerlo ni aquel dìa en que con sus dos hijos en brazos (dos preciosuras, frutos de sus amores) le preguntò si correrìa el peligro de verlos expuestos al deshonor o a la miseria".
El narrador tambièn advierte al personaje que, enceguecido, no puede escucharlo: "¡Come, come, insigne doctor, saborea despacio los manjares que te presentan, porque los bolsistas como tù, sàbelo bien, no tienen nunca seguro el pan de mañana!...". El narrador le habla asimismo al lector, a quien hace partìcipe de sus funestos vaticinios: "Con su ancha cara bondadosa disfuminada en una expresiòn de insana codicia, oyèrais hablar a aquel ministro de emisiones clandestinas, de grandes negocios solapados que, al aumentar la fortuna de S. E., seràn màs tarde la ruina y el deshonor de la patria".
Escribe Martel: "la raza semita, arrastràndose siempre como culebra, vencerà, sin embargo, a la raza aria". Noè Jitrik analiza la visiòn del inmigrante en esta novela: "Hay dos razones aparentes de culpabilidad; una es polìtica, el règimen juarista, la otra es moral, la de los que medran con el sistema, Granulillo, Armel y los otros; pero los verdaderos culpables son otros, los agentes corruptores, los que frìamente traman apoderarse del paìs y destruir a sus hombres y, especialmente, su sentido moral: son los judìos y en ellos se detiene la mirada profunda, sagaz; hay una esencia en ellos a que debe remitirse toda comprensiòn del fenòmeno. Varias veces los judìos son atacados ya sea por personajes ya por el narrador; quien los defiende es el personaje màs corrompido, Granulillo. Glow los ataca con argumentos de Edouard Drumont, cuyo libro, La France juive (1886), cita. Sorprende sin embargo que en la novela no se haga actuar concretamente a un personaje judìo sino que todas las acusaciones sean de caràcter general. Los "culpables" estàn establecidos; se lo ha encontrado ya sea porque estaban en el ambiente, ya porque el argumento sirve para escamotear un anàlisis màs concreto de responsabilidades actuales".
"Segùn algunos crìticos, Bagù entre ellos, no existìa problema judìo en el paìs -agrega-; todas las referencias literarias anteriores son incidentales; las manifestaciones del propio Sarmiento (Condiciòn del extranjero en Amèrica) tienen un caràcter teòrico; en 1888 entraron al paìs 8 familias judìas, al año siguiente 136 y casi todos se fueron al interior. El judìo viene a ser lo extranjero por antonomasia y, en una concepciòn naturalista, un objeto privilegiado pues no ha mezclado su sangre. Lo màs probable es que el ataque sea contra los extranjeros en general, lo cual le restituye el alcance de alegato antirroquista que se va constituyendo a partir de la aplicaciòn del plan roquista, especialmente inmigratorio. En consecuencia, su profecìa de ruina cubre la moral de la naciòn entera, fiscaliza todo un sistema polìtico y canaliza el resentimiento de los que estàn fuera de èl; el prototipo de este alejamiento es el general Mitre, cuyo diario publica este folletìn".
"La lectura màs superficial e ingenua de La Bolsa de Juliàn Martel sorprende por la enorme carga de xenofobia y antisemitismo –afirma Gladys Onega. (...) Los protagonistas del drama se convierten en un ente abstracto llamado judaìsmo internacional; los instrumentos, algunos patricios argentinos "contagiados" (de acuerdo con la terminologìa naturalista); las vìctimas, otra vez, los mismos patricios. ¿Cuàl es la actuaciòn de la clase media y del proletariado en la crisis? Ninguna. ¿Cuàl es la funciòn del inmigrante? La imagen que tiene Martel sobre la inmigraciòn masiva està subordinada a la del tipo argentino aristocràtico y ambas, a su vez, a la del judìo que es el deus ex machina de la concepciòn irracionalista de la economìa" (16).
Abelardo Arias nació en Córdoba en 1918; falleció en Buenos Aires en 1989. "Fue director de la Biblioteca del Colegio de Escribanos. De sus numerosos viajes por Europa quedan testimonios en sus crónicas Diario Latino y París-Roma: lo visto y lo tocado. Escribió algunos dramas pero alcanzó notoriedad con sus novelas realistas y de hondura psicológica. En Alamos talados y La vara de fuego se inspiró en elementos autobiográficos. En Polvo y espanto y De tales cuales abordó la novela histórica. En Minotauroamor recreó el mito de Teseo. Obtuvo, entre otros, el Premio Municipal" (17).
Alamos talados (18) fue distinguida en 1942 con el Primer Premio de Literatura de Mendoza, el Primer Premio Municipal de Buenos Aires y el Primer Premio de la Comisión Nacional de Cultura. Marcela Grosso y Marta Baldoni señalan la importancia de la inmigración en la novela: "El poder se ve amenazado por la presencia de lo otro, del elemento extraño: el inmigrante, figura que genera tres efectos correlativos: a) el enfrentamiento entre gringos y criollos, b) la exaltación del linaje y la hispanidad, c) el rechazo del progreso y las nuevas costumbres".
La clase alta, representada fundamentalmente por los abuelos, se mostraba bondadosa con los criollos y los inmigrantes, en general, aunque había excepciones: "El inmigrante aparece descalificado, caricaturizado (...) o mirado con simpatía, en tanto se ciña al mandato de la abuela y no compita en el circuito de producción económica. Don Ramón Osuna sentía un "desprecio soberano por los gringos, como él llamaba a cuantos no hablaran el castellano. Desprecio que alcanzaba a toda idea que de ellos proviniera. No quiso alambrar su estancia; sembrar era cosa de gringos y nunca el arado rompió sus tierras. (...) Decir "gringo" es un insulto (...) El atributo "criollo", en cambio, tiene connotaciones positivas (...) se convierte en una abstracción, en un símbolo de pureza racial y moral" (19).
La diferencia entre terratenientes e inmigrantes es señalada por uno de los personajes: "Doña Pancha aún no podía comprender cómo abuela había recibido, "con aire de visita", a uno de esos gringos bodegueros, decía ella recalcando la palabra con retintín. Ella no podía entenderlo y menos disculparlo. Entre tener una viña y tener bodega para hacer vino había un abismo infranqueable. Eran dos castas distintas, y la Pancha se había constituido guardián insobornable de esa separación".
Cuando las penurias económicas obligan a la anciana señora a talar los álamos, allí está un inmigrante, posibilitando que el lector saque conclusiones sobre la personal postura del autor: "Con el pie en el estribo de su auto rojo, el turco hacía anotaciones en una libreta. Uno, tras otro, caían los álamos de mi adolescencia" (20). Grosso y Baldoni sostienen que "La presencia invasora del inmigrante aparece metaforizada por el coche rojo del turco, que recorre el texto en varios capítulos". Acerca del propietario del vehículo comentan: "Claras son las connotaciones demoníacas que despliega este personaje (...) Las aspiraciones comerciales del turco, que exceden a las del agricultor contratado, lo convierten en una amenaza, un peligro para el sistema. La compra de la vid y de la madera es sustituida por la idea de usurpación, de estafa: el turco no compra sino que "se leva". Caída, atropello, usurpación, tala, profanación, son los efectos del ingreso del inmigrante en el sistema, que es quebrado sin posibilidades de restauración" (21).
Los criollos, que se agrupan bajo la protección de la señora y sus descendientes, ven como algo degradante el trabajo en la viña, pues nacieron para domar potros y para hacer tareas que exijan valor y destreza: " "Los criollos no somos muy guapos pa" estos menesteres, eso di" andar cortando racimitos son cosas pa" los gringos y las mujeres –había dicho Eulogio-. Ahora, lidiar con toros, jinetear potros, trenzar tientos de cuero crudo, marcar animales, ésas son cosas di" hombre" y hasta si se trataba de dar una manito para cargar las canecas, entonces se ajustaban el cinto y la faja, acomodaban el cuchillo en la cintura, "y no le hacían asco a juerciar un poco" " (22).
Quienes se interesan por el arte y la cultura conoceràn seguramente al arquitecto Luis Fernando Rodrìguez Querejazu, cuyos cursos audiovisuales son seguidos por gran cantidad de pùblico en diversas instituciones. Rodrìguez Querejazu no es sòlo arquitecto y docente. Es tambièn escritor, y ha cultivado en algunas de sus obras la vertiente autobiogràfica. Nos referimos a aquellas en las que aparece la historia reciente, en las que se presenta como protagonista desde su nacimiento.
Como Fernando de Querejazu publica El pequeño obispo (23), una novela "absolutamente autobiográfica, aunque parezca un disparate lo que ocurre allí", surgida de "la necesidad de homenajear a mis padres, que eran admirables" (24).
El 10 de febrero de 1926 llegó a América el hidroavión Plus Ultra, piloteado por Ramón Franco, concretando así una proeza histórica. Ese mismo día, en un pueblo de inmigrantes de la provincia de Córdoba, veía la luz el protagonista de esta novela. Sus padre, de origen español, lo llamaron Fernando en homenaje a la isla Fernando de Noronha, en la que se produjo el aterrizaje.
Marino Gòmez- Santos, Premio Nacional de Literatura de España, explica què significaba para los hispanos el arribo a Amèrica del hidroaviòn: "El diagnòstico que resulta del estudio de la situaciòn polìtica, en lo cual coinciden algunas personalidades que merecen el mayor crèdito, es realmente alarmante. (...) Todo se olvida dìas despuès, cuando Ramòn Franco, Julio Ruiz de Alda, Duràn y Rada parten en el hidroplano Plus Ultra para llevar a cabo la heroica travesìa de Palos a la Argentina. Este raid aèreo es una hazaña maravillosa, y su onda expansiva, como noticia sensacional, llega a todos los rincones del mundo. Una vez màs los españoles sueñan con la proeza de llegar a tierras de Amèrica, ahora por el aire, cuya navegaciòn sigue siendo un azar, como en tiempos de Colòn lo habìa sido por el mar. Los pilotos, con elementales instrumentos de orientaciòn a bordo, llegan al punto de destino despuès de haber sufrido contratiempos y averìas tremendas. Despuès de la gesta del Plus Ultra, el viaje rutinario a Amèrica, a bordo de un aviòn, iba a ser posible enseguida. Una època sorprendente parece comenzar" .
"La euforia general es aprovechada por Primo de Rivera, quien, "consciente de la hostilidad que ha ido acumulàndose en torno a su persona, aprovecha la llegada a Madrid de los tripulantes del Plus Ultra. El 10 de abril el rey impone en el aeròdromo de Cuatro Vientos, la medalla que lleva el nombre del hidroplano famoso, asì como la del Mèrito Aèreo, a Ramòn Franco y a los demàs aviadores que habìan tomado parte en el raid Palos-Buenos Aires. Primo de Rivera se acoge espontàneamente a la popularidad del acto, en el cual don Alfonso XIII le impone la Gran Cruz de la Orden de San Fernando" (25).
La evocación del escritor, que se inicia en la fecha de arribo del hidroavión, tiene como escenario el querido paisaje de Canals, provincia de Córdoba, donde "se vivía bien, atrayendo a las poblaciones cercanas, en un gran radio a la redonda, que buscaban los atractivos de este centro vitalizador". En esta localidad, fundada por un naviero valenciano, no se conocían las desdichas; la naturaleza, pródiga, brindaba a los hombres todo lo necesario para ser felices. Su tesón y fe en el futuro de la nueva patria eran una fuerza vital y fecunda.
Fernando, el pequeño que despierta a la conciencia, será el reflejo de dos mundos unidos en la sangre nueva.
En Una ciudad junto al río, Jorge E. Isaac evoca la inmigración árabe que llegó a la Argentina. El escritor entrerriano fue distinguido con el premio "Presidente de la Naciòn" por sus cuentos regionales, con el Premio Municipal de Cultura de Concepciòn del Uruguay para obras teatrales, y con el lauro de la fundaciòn Arcien por su novela Antes que termine el siglo... En 1988, durante la Feria del Libro, el doctor Renè Baròn le entregò personalmente el premio que lleva su nombre, distinguiendo a Una ciudad junto al rìo (26) como la mejor novela editada durante los años 1986 y 1987. El jurado que lo otorgò -designado por la Sociedad Argentina de Escritores- estuvo integrado por Luis Ricardo Furlàn, Raùl Larra y Juan Josè Manauta.
La novela fue presentada en la Uniòn Arabe por el profesor Elio C. Leyes -"escritor y presidente de la Universidad Popular, autor de Voz telùrica de Gerchunoff, editado por el Ateneo Judeo Argentino "19 de abril" de Rosario" (27)-, quien "señalò que el libro bien podìa llamarse "Los gauchos àrabes", en justo parangòn –según dijo-con la celebrada obra de Gerchunoff, en la cual no debe haber escritor que haya profundizado tanto como èl" (28).
El Gobierno de Entre Rìos la declarò, por iniciativa del Consejo General de Educaciòn, de lectura complementaria en las escuelas superiores de la provincia, a partir del sèptimo grado, recomendando su utilizaciòn en la enseñanza.
La obra està dedicada "a los inmigrantes àrabes –sirios y libaneses- y, por natural extensiòn, a españoles, italianos, alemanes, judìos, suizos, rusos, polacos, yugoslavos, y de cuanto otro origen y procedencia màs, que se lanzaron un dìa por los riesgosos caminos del mar a la aventura de "hacer la Amèrica" ".Partiendo de su propia etnia, la mirada de Isaac se vuelve abarcadora, hasta incluir a hombres de diversa procedencia.
Los siriolibaneses "comienzan a llegar a mediados del siglo diecinueve, pero arriban con mayor intensidad a partir de 1896, radicándose en colonias fundadas entre ese año y 1903. Se establecieron en Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y Misiones. Más tarde "llegaron al Noroeste, A Santiago del Estero y a Cuyo" (29).Y a la Patagonia fronteriza (30). Isaac evoca su gesta.
Un 10 de noviembre –nòtese la fecha elegida-, el autor fue, como de costumbre, a pescar. Ese dìa, algo inusual alterò la placidez de su hobby: un objeto centelleaba, entre las ruinas de una vivienda, a la luz del sol. Intrigado, se acercò a èl y vio que era un cofre. Una vez en su casa, lo abriò sin dilaciòn, y comprobò, con gran sorpresa, que era un libro de cuentos escrito en àrabe. Con su tesoro fue en busca de un editor, quien lo enfrentò a un problema: la obra no podìa editarse sin tìtulo, y el mismo debìa surgir de ella, como un resultado lògico. Una vez superado el obstàculo, nos hallamos ya en condiciones de emprender la lectura de estos papeles, a los que Isaac –empleando un recurso literario de larga data- no hizo màs que encontrar.
La acciòn transcurre durante el año 1925. Cada acontecimiento se detalla prolijamente, ya que estos papeles eran un diario personal. El autor del diario, un joven, cuenta sus andanzas por el puerto, desde donde podìa observar la llegada de los inmigrantes de diferentes nacionalidades, a los que reconocìa por sus costumbres y fisonomìas, aùn cuando ellos no habìan descendido del barco.
El protagonista evoca el momento en que los extranjeros arriban a la nueva tierra: "Los inmigrantes, aunque vengan en el mismo barco, llegan y descienden aquí de manera diferente según sea su origen que nosotros, con sólo mirarlos y hasta a veces sin oírlos, hemos aprendido a determinar con riesgo escaso de equivocarnos". Seguidamente, describe el desembarco de italianos, alemanes, españoles, judíos y árabes, señalando las peculiares características de cada grupo.
Sobre estos ùltimos, comenta: "Los àrabes –siriolibaneses- que disputan el tercer lugar a los alemanes en cuanto al nùmero de los que ingresan en estas regiones, son los màs independientes de todos. Es muy raro que arriben en parejas. Tan raro que nunca vi ninguna. Ellos emprenden el viaje solos y si descienden varios juntos de un barco y se comportan como parientes, es que se han hecho amigos durante el dilatado trayecto. En su mayorìa son cristianos, pertenecientes a la Iglesia Griega Ortodoxa".
"Cuando recorren la angosta planchada por la que descienden, muestran el gesto adusto, expresivo de la trascendencia que para ellos asume el primer contacto con la nueva tierra. Siempre observo que lo hacen moviendo los labios. Y aunque en manera alguna puede oìrse màs que un leve murmullo, yo sè que estàn diciendo, con la profunda y religiosa unciòn de un ruego: "Ayùdame, Dios mìo..." ". Luego, solos tambièn, acometeràn la empresa que alentaron en la intimidad de sus mejores sueños".
A este pormenorizado relato de costumbres se suman, como hilos paralelos de la acciòn, las narraciones de cuanto sucedìa en Arabia –que el joven conocìa con dos meses de retraso- y en el mundo entero, hacièndose especial hincapiè en los adelantos de la ciencia y la tècnica.
Afirma el escritor que "tiene la novela la misiòn fundamental de ir revelando aspectos poco conocidos de la inmigraciòn àrabe, que ocupa el tercer lugar, a continuaciòn de la española e italiana, entre las que le han proporcionado el fundamento humano que hoy posee el paìs. Destaca el individualismo de sus componentes, su coraje para internarse solos en las regiones menos hospitalarias y màs desoladas, y su decisiòn de insertarse en la nueva tierra sin prevenciòn alguna. Y expone una teorìa, que se apoya en los ocho prodigiosos siglos de dominaciòn en la penìnsula ibèrica, "teorìa no carente de sòlido fundamento", segùn señala en su nota de crìtica literaria La Prensa".
Le preguntamos què se propuso al escribir la obra. Nos responde: "El libro tiende a reflejar las caracterìsticas de las principales corrientes inmigratorias -especialmente la àrabe- al tiempo que me ocupo de sus costumbres, tradiciones y tendencias en sus actividades laboriosas, y lo hace con un sentido de inocultable admiraciòn hacia esos hombres y mujeres a quienes los unìa un antecedente comùn: su valentìa rayana en la heroicidad, al cortar las amarras sentimentales que los unìan a los lugares que amaban y a los seres queridos que quizàs no volverìan a ver màs. De esta manera desfilan en èl, tambièn, españoles, italianos, alemanes, judìos, polacos, griegos, y de otros orìgenes, y son ellos, con sus diàlogos yacciones, los hacedores de la obra y los constructores del tiempo en que se enmarca la novela".
Comenta que escribirla le llevò "Seis o siete meses. No màs. Mi paso por las redacciones de los diarios –de lo cual nunca termino de agradecerle al destino-, me ha proporcionado cierta soltura para expresarme. Me llevò sì, otro tèrmino parecido la inserciòn temporal de la obra. Necesitaba ubicarla entre 1918 y 1930. Aunque los aportes inmigratorios màs numerosos llegaron al paìs a fines del siglo XIX y principios del XX, requerìa algo màs cercano que le proporcionase cierta vital proximidad. Despuès de1918, porque terminada la que se llamò "Gran Guerra" –1914/1918- se reanudò el flujo de inmigrantes. Y antes de 1930, porque en ese año se detuvo, coincidiendo -por motivos que serìa extenso analizar ahora- con el comienzo de la declinaciòn del paìs".
Señala que es la suya "una obra cuidadosamente documentada". Recuerda la investigaciòn que llevò a cabo: "Estuve casi tres meses en los archivos hojeando La Naciòn y La Prensa de aquellos doce años, hasta que, al fin, se me aparecieron dos hechos, en fechas casi coincidentes, cuyo hallazgo justificò con creces el tiempo que me llevò buscarlos; ambos, de gran trascendencia nacional y repercusiòn universal. Uno: la rebeliòn acaudillada por Abd-el-Krim, cuyas primeras acciones resultan victoriosas, conmoviendo al mundo àrabe y, por consiguiente, a los inmigrantes de ese origen, pues nunca claudicarà en aquel el sueño de recuperar su perdida grandeza. Otro: el vuelo del Plus Ultra que emociona hasta el delirio a los españoles y a sus descendientes, pero que asume tambièn la singularidad de extenderse a las otras colectividades, de manera que, al tèrmino del vuelo, el jùbilo alcanza a todas y a todos por igual. No es posible leer los relatos de aquellos dìas sin que cierta emociòn, superando los años transcurridos, nos alcance de alguna manera. En La Naciòn, Leopoldo Lugones volcò su encendida prosa glorificando la hazaña".
No sòlo de los diarios provino la informaciòn: "tambièn hay otro tipo de fuentes, como la vida misma; muchos de los personajes fueron tomados de la vida real, como el alemàn que tenìa esa tremenda cicatriz en el lado izquierdo del rostro, o Don Amìn, quien, sin embargo, puede resultar el menos creìble de los personajes de la obra".
La novela tuvo un hermoso destino, pues fue seleccionada para obsequiarla al Papa: "Habìa que elegir un regalo para Su Santidad y -como podrà imaginar- no era nada fàcil. Alguien propuso regalarle un libro, un libro dedicado a los inmigrantes, cuyo tìtulo evoca un lugar como el que visitarìa Juan Pablo II. El ilustre visitante pronunciò, en el acto de su arribo, uno de los discursos màs emotivos que se hayan escuchado. Y su tema fue, por pura casualidad, claro... ¡los inmigrantes!". Luego, el libro partiò de esta tierra, con su ropaje de lujo, en el aviòn papal. Y allà està ahora. En el Vaticano, al que arribò en tan original manera" (31).
"Perla Suez (n. el 28 de noviembre de 1947 en Córdoba) es una escritora especializada en literatura infantil y juvenil, ensayista, novelista y traductora argentina. Se recibió de Profesora y Licenciada en Letras Modernas en la Universidad de Córdoba. También estudió, en la misma universidad, Psicopedagogía y Cinematografía. Entre 1885 y 1989 dictó talleres en el marco del Plan Nacional de Lectura de la Dirección Nacional del Libro.
Cofundó el CEDILIJ (Centro de Difusión e Investigación de Literatura Infantil y Juvenil) y lo dirigió desde 1983 a 1990. Creó la revista Piedra Libre, que dirigió hasta 1995. Realizó la traducción de Le loup est révenu de J. De Pennart. Fue jurado en diversos concursos literarios (32).
Acerca de su novela Memorias de Vladimir (33), ella escribe: "Nací en Córdoba. Me crié en Basavilbaso, un pueblo de la provincia de Entre Ríos. Muy cerca de donde transcurre una etapa de la vida de Vladimir. A medida que la historia avanzaba me reencontraba con espacios vividos. Sabía que estaba escribiendo un episodio de mi vida. Buscaba dentro mío una voz propia que naciera de mis palabras. Soy nieta de inmigrantes judíos que escaparon de Rusia en la época en que el zar Nicolás II los perseguía. Durante el tiempo en que trabajé en este libro estuve muy preocupada por la suerte de mi personaje. Sentí ternura por él y esa ternura no me abandonó hasta el final. Mi personaje habla en esta historia como lo hacía mi abuelo. Vladimir tiene un aire a mi padre. Vera, el gran amor de Vladimir se me figura a mi madre" (34).
Relata el protagonista: "Nací en la aldea de Porskurov hace mucho tiempo. El zar mandaba en Rusia, el zar Nicolás II. No conocí a mis padres. Fui criado por mi tío Fedor. A los diez años hachaba leña de la mañana a la noche por apenas un copec. (...)Tío Fedor era colchonero, guardaba la máquina de cardar en el cobertizo. A veces para soportar el miedo yo cardaba lana. Cuando oía chirriar el cerrojo de la puerta y reconocía sus pasos, mi corazón volvía a su remanso".
La novela fue galardonada con el White Ravens, 1992, Biblioteca Internacional de la Juventud de Munich, Alemania, y ALIJA, Asociación Argentina de Literatura Infantil, Sección Nacional del IBBY.
Polifacético autor, es novelista, escritor de cuentos, periodista cultural, ensayista, guionista de cuentos y cine, autor teatral, humorista, traductor etc. Como periodista, ha colaborado en numerosos periódicos y revistas de habla hispana.
En su vertiente de novelista, se caracteriza por tratar frecuentemente temas y personajes judíos (ese era su origen), con finas descripciones y con gran sentido del humor. En la periodística, sus ensayos y artículos, están muy bien documentados y analizados con rigor. Ha recibido varios premios, traduciéndose sus obras a varios idiomas (35). Es el autor de El alma al diablo.
"A pocas cuadras de donde vive Mordejai, en el Once, el barrio judio de Buenos Aires, se alza una casa misteriosa y cerrada muy distinta de la que habita el con su familia. Luego de varios anos, cuando Mordejai esta por cumplir los trece, los habitantes de aquella casa regresan, acompanados de una oscura historia; la curiosidad y el azar llevan a Mordejai a involucrarse en una trama de suspenso que derivara en la verdad" (36).
Dimitri es el nieto de Vladimir. En Dimitri en la tormenta (37), "Dimitri y su abuelo ayudan a Tania, que viene escapando del nazismo, a entrar al país. A través de lo que la mujer cuenta, el chico irá descubriendo el horror de la guerra. Comprenderlo se le hace difícil, muy difícil. Una novela donde se entrelazan sin tapujos tristeza, odio y dolor con momentos de intensa felicidad. Any, el amor y la emoción profunda de cumplir trece años y festejar el barmitzvá" (38).
Relata Tania: "Con el anillo de brillantes de mi madre compré a uno de los comandantes y escapé. Vagué por cloacas, estuve en una iglesia donde un sacerdote me ayudó. Disfrazada de mendiga, pude llegar a la bahía de Gdansk. Y logré esconderme en el barco carguero en el que llegué".
Esta novela fue seleccionada por la Asociación de Literatura Infantil y Juvenil Argentina (ALIJA) y por la Fundación de Lectura, Fundalectura, Bogotá, Colombia, entre los mejores libros para jóvenes.
María Teresa Andruetto "naciò en Arroyo Cabral, provincia de Còrdoba, en 1954. Es egresada de la carrera de Letras, de la Universidad Nacional de Còrdoba. Ejerciò paralelamente el periodismo y la docencia. Publicò Palabras al rescoldo, Pavese y otros poemas y Kodak (poesìa), Tama (novela, Primer Premio Luis de Tejeda/92) y Todo movimiento es cacerìa (cuentos) y diversos libros para chicos y jòvenes. Contribuyò a fundar y trabajò durante años en un centro especializado en literatura juvenil (CEDILIJ) y fue secretaria de redacciòn, entre 1987 y 1996, de la revista Piedra Libre. Ejerce la docencia en el nivel terciario, coordina talleres de escritura y asesora diversos proyectos docentes en su especialidad" (39).
En varios de sus libros aparece el tema de la inmigraciòn, que ella conoce bien de cerca, ya que desciende de inmigrantes. A Stéfano (40), una de sus novelas, nos referiremos seguidamente.
En esta obra, dedicada a su padre, relata la vida de un inmigrante italiano que llega a nuestro paìs con su bagaje de ilusiones y recuerdos. En tiempos de guerra, en Italia, la pobreza llega a extremos patéticos. La madre del protagonista ha encontrado un ave. Años después, el hijo recuerda: "La veo en la cocina: saca agua de la que hierve en un latón, echa el aguasobre la torcaza muerta y la despluma con dedos diestros, luego la chamusca sobre la llama y la desventra. Lava víscera por víscera, desechando sólo la hiel amarga. Cuando está limpia, la divide en cuatro y dice: Tenemos para cuatro días. Yo no digo nada, sólo miro cómo separa una de las partes y luego oigo que me envía a guardar las tres restantes sobre el techo de la casa, para que el sereno las mantenga frescas. Cuando regreso, está sacando de la bolsa harina de maíz. Mete la mano hasta el fondo y yo escucho el ruido que hace el tazón al raspar la tela. ¿Alcanza?, pregunto. Para esta vez, dice. ¿Y mañana? Dios dirá".
La autora nos ha confirmado la condiciòn autobiogràfica de ese episodio: "el hambre de mis abuelos y tambièn el de mi padre durante la guerra (el episodio del huevo –lo blanco o lo amarillo- y el flan de huevos son literalmente episodios de su vida)" (41).
Stèfano se despide de su madre, viuda y sin màs hijos, quien no quiso acompañarlo en la aventura por el nuevo mundo. La partida es desgarradora para ambos, no obstante haber sido anunciada con años de anticipaciòn por el muchacho. La mujer "distinguiò, por sobre la distancia que los separaba, los tiradores derrumbados, el pelo de niño ingobernable, la compostura todavìa de un pequeño. Sabìa que correrìa riesgos, pero no dijo una palabra, la mirada detenida allà en la curva que le tragaba el hijo. A poco de doblar, cuando supo que habìa quedado fuera de la vista de su madre, Stèfano se secò los ojos con la manga del saco".
Luego vendrìa la travesìa en el Syrio, el naufragio. A Stéfano le toca en suerte un viaje accidentado: "En medio de la noche los ha despertado la tormenta, el ruido del agua contra la banda de estribor. El llanto de un niño viene del camarote vecino o de otro que está más allá. Aquí donde ellos esperan, nadie grita, sólo el hombre de jaspeado dice que el mar esta noche no quiere calmarse y es todo lo que dice; habla con serenidad, pero Stéfano sabe que está asustado. Al llanto del niño se han sumado otros, pero nadie ha de tener más miedo que él, que quisiera que a este barco llegara su madre y lo apretara entre los brazos y le dijera, como cuando era pequeño y todavía no soñaba con América, duerme, ya pasará".
Llegan los sobrevivientes. Stèfano se hospeda en el Hotel de Inmigrantes: "El hotel está a pocos pasos de la dársena; tiene largos comedores y un sinfín de habitaciones. Les ha tocado un dormitorio oscuro y húmedo. En la puerta, un cartel dice: Se trata de un sacrificio que dura poco. (...) Los dormitorios de las mujeres están a la izquierda, pasando los patios. Por la tarde, después de comer y limpiar, después de averiguar en la Oficina de Trabajo el modo de conseguir algo, los hombres se encuentran con sus mujeres. Un momento nomás, para contarles si han conseguido algo. Después se entretienen jugando a la mura, a los dados o a las bochas". Comienza la vida americana del inmigrante.
El muchacho y su amigo se trasladan al campo del tìo de este ùltimo, en el que comprende que, por mucho que se esfuerce, nunca tendrà un puesto similar al de su compañero de viaje. Se inicia en la mùsica y se integra a un circo, hasta que finalmente se establece, forma pareja, y la vida le regala la felicidad de un hijo.
Este es –muy resumido- el argumento de la historia que està destinada a lectores adolescentes, pero que puede ser leìda con sumo interès por los adultos. Tanto unos como otros encontraràn en ella ecos de lo que les han relatado sus mayores, atisbos de la misma esperanza y el mismo dolor, narrados con maestrìa por una escritora que sabe hacernos vibrar con su pluma y que presenta interesantes recursos estilìsticos, como el manejo del tiempo y el cambio de registro en la narraciòn.
La novela permite que los jòvenes de hoy, bisnietos de quienes vinieron a "hacer la Amèrica" comprendan cuànto debieron abandonar sus mayores y cuànto encontraron aquì. Al mismo tiempo les permitirà disfrutar de la lectura de una obra muy bien escrita, que no por abordar un tema con sentimiento, deja de lado la riqueza de la literatura cultivada con talento.
Cecilia Pisos es la autora de Como si no hubiera que cruzar el mar (42), novela con la que resultó Finalista del Premio Jaén de Narrativa Infantil y Juvenil (Alfaguara y Caja General de Ahorros de Granada), Granada, España, 2003 (43). En esa obra, "Carolina tiene doce años y viaja por primera vez sola en avión hacia Madrid, donde la espera su tío. La acompañan las cartas de María, su bisabuela, que también cruzó el mar sola, pero en barco y desde España hacia la Argentina. Aunque las épocas son muy distintas y las historias se cruzan, las vivencias se parecen mucho y esas cartas le sirven a Carolina para crecer y entender tantas cosas que le suceden en ese país tan distinto y a la vez tan similar al suyo. Cartas, relatos, canciones, chistes, charlas telefónicas, recetas de cocina y muchos otros géneros pueblan esta novela inteligente y emotiva, que atrapa página tras página" (44).
En una de las cartas, escribe la bisabuela María del Pilar, que dejó su Santa Cruz de Portas: "Buenos Aires es muy grande. Tiene ruidos y olores extraños y las voces que se escuchan son de muchas partes, así que todos hablan pero no creo que ninguno se entienda. A mí me cuesta: dos o tres veces tengo que intentar hasta que encuentro a alguien que me hable en español y a quien yo pueda preguntar por una calle o un sitio cualquiera".
Lydia Carreras de Sosa nació en Rosario (Argentina) en 1949 Y allí vive. Actualmente es profesora de Inglés. Ha publicado una docena de cuentos para adultos. Para ella la Literatura Infantil y Juvenil es un desafío fascinante ante el que se enfrenta a diario. Busca la atención de los jóvenes a través de situaciones de la vida real (45).
A principios del siglo xx, cinco de los hermanos Centenera deciden emigrar a la Argentina, tierra de oportunidades. Huérfanos, jóvenes y sin trabajo, emprenden el viaje en barco, llenos de ilusiones. Pero cuando están a punto de llegar, la hermana pequeña desaparece. Incapaces de enfrentarse a esta tragedia, y perdidas todas las esperanzas de hallarla, juran no volver a mencionar el hecho y seguir adelante con sus vidas. Con el tiempo, Joseph, uno de los hermanos, rompe la promesa y cuenta todo a una amiga, quien va a ayudarlos a desvelar la verdad (46).
"El día que Mijaíl preguntó por Ángela y el carnaval, Sabino escuchó el retintín de la desgracia, el cencerro de la muerte. Bien sabía que cuando la tragedia se pone en movimiento, ya no hay quien la detenga.
Una plaza en la parte vieja de la ciudad. Un vendedor de yuyos que llegó desde Bolivia huyendo de la miseria. Una muchacha que no pudo vivir más allá ni más acá de su hermosura. Y el carnaval en el barrio de San Pedro, saturado de humo de frituras y de ensueños. Campo de batalla contra la muerte entre guerreros coloridos y emplumados. En donde caen las máscaras sociales y todos son iguales. Por un rato.
Presagio de carnaval cumple las reglas de la tragedia. Un destino fatal que se inició con el primer hombre y continúa su marcha.
Liliana Bodoc inaugura con esta novela una nueva etapa en su deslumbrante narrativa: Presagio de carnaval es una novela trágica que, lejos de la fantasía, reflexiona sobre las miserias de la existencia humana (47)".
Liliana Bodoc nació en Santa Fe, el 21 de julio de 1958. Es autora de "La Saga de los Confines" que incluye las novelas "Los días del Venado", "Los días de la Sombra" y "Los días del fuego". Publicó también la novela juvenil "Diciembre Súper Álbum" y el libro de cuentos "Sucedió en colores". Recibió el Premio a la Mejor Obra Literaria Juvenil de la Fundación el Libro (2000), la distinción White Ravens (IBBY, 2000 y 2001), el Premio de Narrativa de la Fundación Fantasía Infantil y Juvenil (2001), la distinción Destacado de Alija (2003), el Premio Calidoscopio (2003) y el Premio Konex (2004)" (48).
Norma Huidobro nació en Lanús, provincia de Buenos Aires, en 1949. Es egresada de la carrera de Letras por la Universidad de Buenos Aires. Dictó clases de Lengua y Literatura en colegios secundarios y coordinó talleres literarios. Actualmente se desempeña como asesora literaria. Ha publicado Octubre un crimen, El misterio del mayordomo, El misterio de la casa verde, El sospechoso viste de negro, Sopa de diamantes y, en esta misma colección ¿Quién conoce a Greta Garbo?, que fue finalista del premio Norma-Fundalectura del año 2000. Recibió también, entre otras distinciones, el Premio El Barco de Vapor (2004) y Premio Clarín de Novela (2007)" (49).

Una novela de suspenso en donde los lazos de amistad conforman una trama más fuerte que las diferencias sociales y el desarraigo de la inmigración en la Argentina del siglo XIX.
En las últimas décadas del 1800, el puerto de Buenos Aires bulle de pasajeros que llegan a la Argentina en busca de un mejor destino. La mayoría de los hombres va a trabajar en el campo y las mujeres en casas de familia, como mucamas, a la par de las indias -"las chinas"- que ya servían en las casas importantes de la ciudad.
Así llegan una mañana de noviembre Felisa y su novio Joaquín. Dejan atrás su familia y sus recuerdos pero encuentran la esperanza de formar un hogar. Joaquín atiende un almacén y, a pocas cuadras, Felisa trabaja en la casa de una familia acomodada. Todo parece ir bien, pero a Felisa, "la gallega", le cuesta adaptarse a las nuevas normas sociales. La curiosidad y el instinto de ayudar a su amiga Juana, "la chinita", la sumergen en el oscuro misterio que esconde la Casa de la Serpiente (50).
Notas
  • 1. Varios autores: Enciclopedia visual de la Argentina. Buenos Aires, Clarín, 2002.
  • 2. Lòpez, Lucio V.: La gran aldea. Costumbres bonaerenses. Buenos Aires, CEAL, 1980.
  • 3. Prieto, Adolfo: "La generaciòn del 80. La imaginaciòn", en Historia de la Literatura Argentina. Buenos Aires, CEAL, 1980.
  • 4. Figueira, Ricardo: "Pròlogo" a Lòpez, Lucio V.: La gran aldea. Costumbres bonaerenses. Buenos Aires, CEAL, 1980.
  • 5. Varios autores: Enciclopedia visual de la Argentina. Buenos Aires, Clarín, 2002.
  • 6. Cambaceres, Eugenio: En la sangre. Buenos Aires, Plus Ultra, 1968.
  • 7. Avellaneda, Andrès: "El naturalismo y Eugenio Cambaceres", en Historia de la Literatura Argentina. Buenos Aires, CEAL, 1980.
  • 8. Frugoni de Fritzsche, Teresita: Pròlogo a En la sangre. Buenos Aires, Plus Ultra, 1968.
  • 9. Pagès Larraya, Antonio: "El naturalismo y el tema del inmigrante", en La Naciòn, 1945.
  • 10. Ortega, Exequiel Cèsar: Còmo fue la Argentina (1516-1972). Buenos Aires, PlusUltra, 1972.
  • 11. Avellaneda, Andrès: "El naturalismo y E. Cambaceres", en Historia de la Literatura Argentina. Buenos Aires, CEAL, 1980.
  • 12. Ferrari, Irene: en La Prensa
  • 13. Guerrero, Diana: Pròlogo a La Bolsa. Buenos Aires, Huemul.
  • 14. Martel, Juliàn: La Bolsa. Buenos Aires, Kraft, 1956.
  • 15. Jitrik, Noè: "El ciclo de la Bolsa", en Historia de la Literatura Argentina. Buenos Aires, CEAL, 1980.
  • 16. Onega, Gladys: La inmigración en la literatura argentina (1880-1910). Rosario, Facultad de Filosofía y Letras, 1965.
  • 17. Varios autores: Enciclopedia visual de la Argentina. Buenos Aires, Clarín, 2002.
  • 18. Arias, Abelardo: Alamos talados. Buenos Aires, Sudamericana, 1990.
  • 19. Grosso, Marcela y Baldoni, Marta: "Guía de trabajo para el profesor", adjunta a Arias, Abelardo: Alamos talados. Buenos Aires, Sudamericana, 1990.
  • 20. Arias, Abelardo: op. cit.
  • 21. Grosso, Marcela y Baldoni, Marta: op. cit.
  • 22. Arias, Abelardo: op. cit.
  • 23. Querejazu, Fernando de: El pequeño obispo. Buenos Aires, Lumen, 1986.
  • 24. Prebble, Carlos: en El Tiempo, Azul.
  • 25. Gòmez-Santos, Marino: Vida de Gregorio Marañòn. Plaza & Janès.
  • 26. Isaac, Jorge E.: Una ciudad junto al rìo. Buenos Aires, Marymar, 1986.
  • 27. S/F: en La Capital, Rosario, 24 de julio de 1988.
  • 28. ibídem
  • 29. S/F: "Para todos los hombres del mundo que quieran habitar suelo argentino". Buenos Aires, Clarín.
  • 30. S/F: "Viaje a la tierra de uno", en Clarín, Buenos Aires, 27 de septiembre de 1998.
  • 31. Gonzàlez Rouco; Marìa: "Jorge Isaac: novelista de la inmigraciòn àrabe", en La Capital, Rosario, 24 de julio de 1988.
  • 32. http://es.wikipedia.org/wiki/Perla_Suez
  • 33. Suez, Perla: Memorias de Vladimir. Buenos Aires, Editorial Colihue, 1993. (Libros del malabarista)
  • 34. Suez, Perla: en www.perlasuez.com.ar.
  • 35. http://www.lecturalia.com/autor/3113/marcelo-birmajer
  • 36. El alma al diablo, 1994
  • 37. Suez, Perla: Dimitri en la tormenta. Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1997. (Primera Sudamericana)
  • 38. S/F: en www.perlasuez.com.ar
  • 39. S/F: "La autora", en Andruetto, Marìa Teresa: Benjamino. Buenos Aires, Sudamericana, 2003.
  • 40. Andruetto, Marìa Teresa: Stèfano. Buenos Aires, Sudamericana, 2001.
  • 41. Gonzàlez Rouco, Marìa: e-mail recibido en 2002
  • 42. Pisos, Cecilia: Como si no hubiera que cruzar el mar. Ilustraciones: Eugenia Nobati. Buenos Aires, Alfaguara, 2004. 216 pp. (Serie azul).
  • 43. S/F: "Datos biográficos", en Imaginaria, 28 de septiembre de 2005.
  • 44. S/F: en Pisos, Cecilia: Como si no hubiera que cruzar el mar. Ilustraciones: Eugenia Nobati. Buenos Aires, Alfaguara, 2004. 216 pp. (Serie azul).
  • 45. http://www.clubdellector.com/fichaautor.php?clave=3879
  • 46. Carreras de Sosa, Lydia: El juramento de los Centenera. 2007.
  • 47. Presagio de Carnaval
  • 48. http://www.buenosaires.gob.ar/areas/com_social/audiovideoteca/literatura/bodoc_bio_es.php
  • 49. http://norma-lij.blogspot.com/2010/05/el-pan-de-la-serpiente.html
  • 50. Huidobro, Norma: El pan de la serpiente. Buenos Aires, Norma, 2010.

5. Cuentos

Fray Mocho nació en Gualeguaychú, Entre Ríos, en 1858; falleció en Buenos Aires en 1903. "Contemporáneo de la generación del 80, su obra mantuvo un perfil independiente. Fray Mocho fue considerado uno de los máximos representantes del relato costumbrista. En 1882 publicó su primer libro, Esmeraldas. Fruto de su trabajo como policía, comisario y cronista policial, en 1887 ganó popularidad con Vida de los ladrones célebres de Buenos Aires y sus maneras de robar y con Galería de ladrones de la capital (1880-1887), colección de fotografías y datos sobre delincuentes famosos. En 1897 escribió Memorias de un vigilante, con el seudónimo de Fabio Carrizo. Ese mismo año, como Fray Mocho, publicó Un viaje al país de los matreros, libro que recrea el lenguaje regionalista en la descripción del paisaje y los habitantes rurales. En 1898 dirigió Caras y Caretas, revista de gran influencia en el periodismo argentino. Entre sus obras sobresale En el mar austral. Con motivo del tercer aniversario de su muerte, Caras y Caretas publicó una selección de sus colaboraciones periodísticas con el título de Cuentos de Fray Mocho. En 1920, apareció Salero criollo, recopilación de su obra periodística" (1).
Dice Eduardo Romano en un estudio sobre el escritor: "Heterogénea, polifacética, conflictiva, la realidad político-social que abarca de 1880 a 1910 contenía los gérmenes propicios para la aparición de una nueva literatura costumbrista". Sostiene que la anterior "había coincidido con nuestra primera generación romántica y se había expresado en publicaciones como La Moda (1837-1838), cuyo principal animador fue Juan B. Alberdi; El Iniciador, de Montevideo (con la base del mismo elenco de la anterior); El Zonda sanjuanino, con que Domingo F. Sarmiento buscara emular a la revista porteña". Considera que aquella era una ola de costumbrismo reformista, inspirada fundamentalmente en la prédica del español Mariano José de Larra y se manifestó, por lo menos, en "una página clásica de las letras argentinas: El Matadero, de Esteban Echeverría".
En el resurgimiento de este género, señala la importancia de "una prensa periódica que aspiraba a presentar, por encima de las polémicas partidarias que hasta entonces la habían absorbido, otra clase de colaboraciones". Menciona al respecto dos autores: "Ciertas notas de Bartolito Mitre en La Nación o los sueltos de actualidad insertados por Manuel Láinez en El Diario, al que dirigía, señalaron un rumbo", pero fue –a su criterio- más significativo Juan Piaggio, una "figura, bastante desdibujada hoy día, cuyos artículos prefiguran –por el título, por la temática- lo que será el costumbrismo hacia 1900".
Fue importante, asimismo, una publicación que comenzó a editarse casi al final del siglo: "fue con la aparición de Caras y Caretas (1898-1939) que el género costumbrista halló canal de transmisión indicado, pues sus páginas estuvieron casi enteramente dedicadas a la captación y procesamiento de la actualidad porteña mediante fotografías, acompañadas o no de comentarios; reportajes; cuadros de costumbres; escenas callejeras; viñetas; aguafuertes, etc., sin negar un espacio a las tradiciones y a los Tipos y paisajes –así tituló sus colaboraciones al semanario Godofredo Daireaux- camperos" (2). En esta revista se publicaron los cuentos de Fray Mocho.
En sus cuentos (3), el escritor presenta escenas cotidianas, que podían ser protagonizadas por cualquier habitante de la ciudad. En ellas encontramos personajes verosímiles, con los que sin duda habría trabado relación, dada la fidelidad con que los describe y la coherencia con que los vemos actuar. Si bien es importante la habilidad para escribir, no lo es menos la capacidad de observación, y Fray Mocho posee ambas. Sus cuentos lo demuestran.
Muchos de estos personajes que retrata son inmigrantes. Entre las diversas nacionalidades que evoca, se destacan los italianos. Un comerciante de esa procedencia aparece en plena labor, intentando convencer a una compradora de que el producto que desea no es el adecuado, y le dice eso simplemente porque no tiene lo que la mujer le solicita. La descripción del inmigrante es elocuente: "Pascalino se siente arrebatado; las venas del cuello se le inflan, los ojos se le inyectan; le revuelve la bilis, evidentemente, la terquedad de una cliente que quiere longanizas cuando él no tiene y se encamina apresuradamente a su carro como para marcharse, pero vuelve con la misma rapidez, se encara con ella, desocupa la boca de la mascada que le dificulta la palabra, y dice con tono despreciativo, aunque casi lloriqueando de puro meloso y derretido: "-¡Ma!... Perqué non parlate guiaro allora?... ¡Voi volete artigoli fate con gose di pero!... ¡Ebene!... ¡Andate al meregato sui volete!... ¡Pascalino non dimenticará de la sua fama!" ". La reproducción del idioma del extranjero hace que su retrato sea aún más logrado, y evidencia el esfuerzo por adaptar su lengua nativa a la de la nueva tierra.
En "Instantánea", es una italiana la que dialoga con un criollo, tratando en vano de convencerlo de que no le conviene vivir con ella: "Ma... ¿dícame un poco?... ¿Cosa li parece inamuramientos tra ina lavandiera e in bombiero? ... E anque... tra ina gringa come me e ono criollo come osté... que é propio in chino...". El criollo no entiende razones, y lo expresa con estas palabras: "-¿Pobre?... ¡La gran perra, que había sido avarienta!... ¿Y tuavía querés ser más rica de lo que sos, mi vida?... ¡Pucha!... ¡si al pensar que me vi"a juntar con vos, me parece que me junto con el Banco e Londres!...". El mismo tema es abordado por Fray Mocho en "Tirando al aire", cuandro en el que un italiano, requerido de casamiento, afirma no poder hacerlo por estar ya casado en su tierra.
En "Carnavalesca", el escritor desliza la crítica social, al afirmar que a la doméstica gallega, la patrona la explota. De la abusadora señora dice el personaje: "se aprovecha de que sos d"España para sacarte el jugo por unos cuantos centavos". El retrato que hace del temible gallego hermano de la joven, es despectivo, ya que pone en boca de la doméstica esteconcepto: "Yo lo conozco a mi hermano y sé que a bruto y terco no le han de ganar muy fácil...". Un italiano aporta su opinión, completando la imagen que Fray Mocho quiere dar de los peninsulares.
La conversación que se reproduce en "Nobleza del pago" evidencia en qué medida se confundían los orígenes de los habitantes de nuestro país. Una mujer cree que su abuela es vasca. A esa convicción, le responde una parienta: "Más bien tirab"a pampa o a correntina por l"habla... ¡Si era bosalísima! El viejo parece que se juntó con ella cuando andaba de picador de carros, p"allá, pa la cost"el Salao, que fue de an"de comenzó a internarse pa l"Azul...".
En ese mismo texto se hace referencia a un inmigrante inglés que no era trigo limpio. Recordando la historia de su familia, dice un personaje: "Yo no sé, che, si eran nobles, pero sé que les caían y que con algunos hasta tuvo que ver l"autoridá, como le pasó a tu tío Ramón, que al fin se quedó en la calle, y a tu tía Robustiana, mal casada con un inglés que tenía el finao de mi padre de puestero y que lo pilló cerdiándole las yeguas, a medias con el juez de paz...".
"En familia" cuenta la historia de otra supuesta inmigrante. En esta oportunidad, es un equívoco, pero de otra clase. "Que Pepa es portuguesa, decís? ¿Pero estás loco? –exclama una mujer. Si hemos ando juntas en l" escuela "e Misia Pamela y nos conocemos desde chicas... El padre"ra un chino gordo...". El hijo aclara el malentendido: "no es portuguesa denacionalidad sino de oficio... En los tiatros les llaman así ¿sabés? A las familias que sirven p"al relleno de la sala no más". La madre le sugiere que vea si puede ser portugués en una sastrería, para que le arreglen la ropa y no deba hacerlo ella. La señora demuestra así haber incorporado el término a su habla cotidiana.
Estos y muchos más son los inmigrantes eternizados por Fray Mocho en sus colaboraciones escritas para Caras y Caretas. En esas páginas aparece como el testigo de un momento clave de la historia argentina, en el que supo ver con nitidez al hombre, más allá del fenómeno social. Simpáticos o no, sus personajes son esencialmente creíbles y es por eso que debe recurrirse a ellos cuando se trata de conocer nuestro pasado y la diversidad de nacionalidades que forman nuestro presente.
Alberto Gerchunoff nació en Proskuroff en 1883, y falleció en Buenos Aires en 1949. Fue escritor y periodista. "A su llegada a la Argentina, se trasladó con su familia a la colonia judía de Moisésville, en Santa Fe, y posteriormente a la colonia Rajil, en Entre Ríos. Allí transcurrió su infancia y trabajó de agricultor y boyero. En 1895 viajó a Buenos Aires, donde trabajó de obrero fabril, vendedor ambulante y, finalmente, en periodismo. Fue redactor del diario La Nación, donde publicó relatos sobre su niñez en Entre Ríos. Amigo de Juan B. Justo y Alfredo Palacios, se afilió al Partido Socialista. Entre sus obras se destacan Cuentos de ayer; Entre Ríos, mi país; Historias y proezas de amor; Pequeñas prosas, La clínica del Dr. Mefistófeles; El problema judío; Argentina, país de advenimiento; Buenos Aires, metrópoli de mañana y El pino y la palmera, entre otras" (4).
Escribió Los gauchos judíos (5) para celebrar un momento culminante de nuestra historia. Beatriz Sarlo señala que "la celebración del Centenario no fue sólo oficio de poetas de origen argentino o americano. La inmigración se hizo presente a través de un libro de relatos y estampas: Los gauchos judíos de Alberto Gerchunoff. (...) estos textos de Gerchunoff participan de la naturaleza mixta del recuerdo autobiográfico, el "cuadro" y la estampa; no son simples testimonios" (6). En esta obra, publicada en La Nación entre 1908 y 1910, el escritor "muestra –a criterio de Estela Dos Santos- el grado de asimilación de la colectividad hebraica a la vida argentina. Asimilación de la que el mismo Gerchunoff fue el ejemplo" (7).
Décadas más tarde, el libro fue llevado al cine. Al respecto, Jorge Miguel Couselo afirma que "La briosa versión de Los gauchos judíos (Jusid, 1975), con la originalidad de una interrelación folclórica nunca tocada por el cine argentino, sufrió el torpe tronchamiento de la censura, que no admitió en imágenes pasajes que cuatro generaciones de estudiantes leyeron en la prosa de Alberto Gerchunoff" (8). Sobre el film escribe Ricardo Manetti: "La pantalla también devuelve (...) el retrato nostálgico y épico de la gesta de los inmigrantes" (9).
Horacio Quiroga nació en Salto, Uruguay; falleció en Buenos Aires en 1937, "Es considerado uno de los mayores autores de cuentos de la literatura en castellano. Su vida estuvo marcada por ribetes trágicos: asistió de pequeño a la muerte de su padre, mató accidentalmente a su mejor amigo y su primera esposa se suicidó. Dedicado a la química y la fotografía, en 1900 emprendió un viaje a París. De regreso, su vida transcurrió entre Buenos Aires, Chaco y Misiones, donde llega en 1903 acompañando a Leopoldo Lugones. Alternó la docencia y el oficio de juez de paz y oficial del Registro Civil. Entre sus principales obras cabe destacar Cuentos de amor, de locura y de muerte (1917), Cuentos de la selva (1918), Anaconda (1921), La galina degollada y otros cuentos (1925) y El regreso de Anaconda (1926), además de las novelas Historia de un amor turbio (1908) y Pasado amor (1929)" (10).
En "Van-Houten", que toma su tìtulo del apellido del protagonista, aparece un "belga, flamenco de origen", al que "se le llamaba alguna vez Lo-que-queda-de-Van-Houten, en razòn de que le faltaba un ojo, una oreja, y tres dedos de la mano derecha. Tenìa la cuenca entera de su ojo vacìo quemada en azul por la pòlvora. En el resto era un hombre bajo y muy robusto, con barba roja e hirsuta. El pelo, de fuego tambièn, caìale sobre una frente muy estrecha en mechones constantemente sudados. Cedìa de hombro a hombro al caminar y era sobre todo muy feo, a lo Verlaine, de quien compartìa casi la patria, pues Van-Houten habìa nacido en Charleroi" (11).
Acerca de ese texto, escribe Eduardo Romano: "Quiroga trazó, en Los tipos, varios notables perfiles con relieve. Entre ellos, y el lector emplazó una primera persona muy autobiográfica, directamente vinculada con la acción, según se aprecia ya en "Van Houten": "-¡Ya vé! –me dijo, pasándose el antebrazo mojado por la cara aún más mojada- que hice mi canoa. Timbó estacionado, y puede cargar cien arrobas. No es como esa suya, que apenas los aguanta a usted". O que tiñe el relato con su propia subjetividad: "Yo siempre había tenido curiosidad de conocer de primera fuente qué había pasado con el ojo y los dedos de Van Houten. Esa siesta, llevándolo insidiosamente a su terreno con preguntas sobre barrenos, canteras y dinamitas, logré lo que ansiaba". Que el personaje mismo le contara tres cruentos accidentes de los que había salvado la vida –ya que no la integridad- por milagro. La impersonal desaprensión de Van Houten, quien se limita a comentar con un "¡Bah...! ¡Soy duro!" cada uno de esos relatos, da la pauta del poder autodestructivo de esos tipos quiroguianos, producto en parte de observar a ciertos habitantes de la zona,y en parte remoción de sus propios fantasmas interiores" (12).
Susana Goldemberg nació en 1935; en la ciudad de Santa Fe, Argentina. En la actualidad vive en Paraná, Entre Ríos. Tiene una larga trayectoria como escritora, narradora y "cuentera" como ella misma se ha denominado. En varios países y distintas editoriales han publicado sus cuentos, poesías y novelas, teniendo en su haber más de ochenta libros publicados.
Ha obtenido más de cien premios. El grupo de Espectáctulos Infantil y Juvenil Caracachumba, de gran prestigio, grabó en dos CD sus poesías y las teatralizó en Metropolitan y complejo La Plaza de calle Corrientes -Bs. As.-, ídem otros que los representan con relevante éxito. Fue Invitada Especial Distinguida y Huésped de Honor, por su labor literaria, en distintos lugares del país y en países extranjeros (13).
Acerca de Cuentos de la bobe (14), escribe: "El presente libro es netamente histórico. No me he apartado un ápice de la verdad. La totalidad de su contenido es auténtico, real; ha ocurrido tal cual como se narra. Por respeto a los niños. Por respeto a los protagonistas. Y porque son tan bellas y profundas sus experiencias, que no cabe ninguna modificación que las altere, ni en favor de la poesía, ni en pro de la fantasía".
Uno de los cuentos incluidos en este volumen escrito "Por y para" sus hijos, es "Papá". En él, Goldemberg recrea una despedida: "Argentina. El nombre raro. Otro país. Del otro lado del mar. Papá trató de explicarme: -Es un país grande, rico, generoso. Allí respetan a todos los hombres del mundo que quieran trabajar sus tierras. No importa en qué templo o en qué idioma le hablen a Dios. Enseguida papá me alzó en sus brazos. Con torpes manos, recorrió mi cara: los rulos sobre la frente, las cejas, el dibujo de mi nariz, la línea de los labios. Y pellizcó mi mentón, como siempre lo hacía cuando me daba el beso de las buenas noches".
Graciela Cabal, "Escritora argentina, nació en el barrio de Barracas, ciudad de Buenos Aires, el 11 de noviembre de 1939. Fue autora de más de 60 libros para niños, jóvenes y algunos pocos para adultos. Su trayectoria la convierten en una de las más destacadas escritoras de LIJ de Argentina del siglo XX.
Se graduó como Maestra Normal Nacional y como Profesora en Letras Modernas por la Universidad Nacional de Buenos Aires.
Su inmensa creatividad le permitió dedicarse a múltiples actividades: fue docente, trabajó en el periodismo, hizo títeres y guiones para televisión. Y aún tuvo tiempo para ser madre de tres hijos y abuela de seis nietos.
Desde el punto de vista profesional, todo comenzó en el Centro Editorial de América Latina (CEAL), editorial mítica que reunió a los intelectuales opositores a los gobiernos militares, esto es casi todos de izquierdas, radicales y otros de centro-izquierdas. Allí el Director era Boris Spivacow, quien por entonces había pasado por la Editorial Abril - entre otras cosas allí llevó adelante la hoy colección de culto Bolsilllitos - y había fundado Eudeba (Editorial de la Universidad de Buenos Aires). Spivacow sostenía la necesidad de llevar los libros a las capas medias y bajas de la población. «Más libros para todos», fue uno de sus eslóganes. Graciela Cabal sintió que ese era el anillo justo para su dedo.
En el CEAL fue secretaria de redacción de varias colecciones como la Nueva Enciclopedia del Mundo Joven; Capítulo; Historia de la Literatura Argentina y Los Grandes Poetas.
Simultáneamente realizó actividades relacionadas con el teatro y la televisión; por ejemplo realizó investigaciones periodísticas para el programa La Argentina Secreta, un programa que logró introducir cámaras de televisión en pequeños pueblos, reportear a gente del común, recorrer los caminos poco transitados de la Patria. También por entonces comienza a impartir seminarios sobre televisión y guiones en todo el país. Lo que la lleva a viajar, una de las pasiones constantes a lo largo de su vida.
Son particularmente importantes sus trabajos y reflexiones en torno de la formación de lectores. En esta línea, trabajó como tallerista en el Plan Nacional de Lectura de la Dirección Nacional del Libro; «Leer es crecer», el Primer Plan de Lectura de un gobierno argentino, coordinado por la historiadora Hebe Clementi, que no casualmente nació con la recuperación de laDemocracia en 1983-4.
También participó de los ciclos «a leer juntos. Las mujeres y la escritura»; «Buenos Aires a libro abierto», «contemos la Navidad» y otros organizados por la Dirección de Bibliotecas Municipales de la ciudad de Buenos Aires.
Ya sea a través de invitaciones formuladas por la Secretaría de Cultura de la Nación, de distintas universidades argentinas y de la Secretarías de Cultura de gobiernos provinciales o municipales de la Argentina, realiza numerosos viajes donde dicta conferencias, coordina seminarios y talleres y participa en mesas redondas con escritores, bibliotecarios y docentes. Su participación en este tipo de encuentros siempre fue brillante, los otros ponentes preferían que Cabal fuera la última en exponer, porque era imposible hacerlo después de su brillantez y agudeza en los conceptos. Aunque, claro, un componente infaltable en sus exposiciones fue la ironía mordaz, corrosiva, desvelaba lo oculto de la cotidianidad con una naturalidad incomparable.
Sus temas recurrentes: el sexismo en la literatura, los cuentos de hadas y la lecturalos medios de comunicación, la imagen de la mujer en los libros de lectura obligatoria, el proceso creativo, el perfil del lector, la tarea de los mediadores, la defensa de la vida en democracia y la oposición a cualquier autoritarismo, etc. En síntesis: hay un hilo conductor en sus temas que podríamos resumir en la promoción de la lectura y el rol de la mujer.
Como presidenta de ALIJA (Asociación de Literatura Infantil y Juvenil de la Argentina), entre 1993 y 1995, se dedicó a recorrer su país, trabajando con maestros y bibliotecarios y fundando más de cuarenta bibliotecas escolares. En realidad, ella gustaba denominarse «Reina de ALIJA», en una ironía más sobre los rótulos y cargos.
Fue jurado de distintos certámenes en Argentina y en el exterior, entre ellos, del Premio Casa de las Américas en 1994. Recibió distinciones y premios nacionales e internacionales.
Narradora oral, participó en los Cuatro primeros Encuentros Internacionales de Narración Oral organizados por la Fundación El Libro, el Instituto Summa y ALIJA, en la ciudad de Buenos Aires.
Fue Co-Directora de la revista La Mancha, papeles de literatura infantil y juvenil y colaboró en u gran número de publicaciones especializadas en Literatura Infantil y Juvenil y Educación.
Graciela Cabal ha sido una autora prolífica como pocas en la Argentina. También en la literatura para niños su perspectiva crítica sobre las relaciones sociales le permitió encarar la escritura paródica, desnudando estereotipos, convenciones y rituales de toda índole.
Se destacó en la narrativa, cuentos y novelas, aunque ha desarrollado una importante labor ensayística, abordando temas relacionados con la educación, la lectura, la literatura infantil y juvenil y, especialmente, los condicionantes culturales de género que marcan las relaciones entre los seres humanos, en general, y en la escuela, en particular. Su mirada crítica e incisiva, tal vez apoyada en su conocimiento del espacio escolar porque se desempeñó como maestra de escuela por un largo tiempo, le permitió desnudar -con humor e ironía- estereotipos y rituales sociales. Con idéntica perspectiva ha escrito, para adultos y jóvenes" (15).
Carlitos Gardel protagoniza una historia de Graciela Beatriz Cabal, quien relata que el pequeño "se había ido por esas calles de Dios, colgado del pescante de algún carro lechero. Cuando aparecía de vuelta en el conventillo, la madre lo corría por el patio, con la chancleta en lo alto, las peinetas a medio salir y los pelos tapándole los ojos. -¿Dónde anduviste metido, desgraciado?- parece que quería decirle. Pero como estaba muy enojada se lo decía en francés (idioma rarísimo pero que era el de ella). Y entonces los vecinos, que habían sacado las sillitas a la puerta de las piezas para observar todo con detalle (sin intervenir porque una madre es una madre), se quedaban en ayunas" (16).
Fernando Sorrentino comenta:
"Nací en Buenos Aires el 8 de noviembre de 1942.La mayor parte de mi infancia y de mi adolescencia transcurrió en el grisáceo cuadrilátero comprendido por las avenidas Santa Fe, Juan B. Justo, Córdoba y Dorrego.
En épocas muy juveniles, fui empleadillo de oficina. En épocas no tan juveniles, y por larguísimo tiempo, fui profesor de lengua y literatura en diversos colegios secundarios; en general, he recibido el afecto de mis alumnos y de mis colegas, lo que me indica que soy un buen tipo.
En los intersticios laborales, he tratado de leer y he tratado de escribir.
Tengo sensibilidad para gustar de la belleza poética, pero carezco del mínimo talento para escribir un poema meritorio. Destruí mis poesías juveniles sin culpa, pues no me parecía sensato agregar más fealdades al mundo.
En cambio, estoy bastante conforme con mis invenciones narrativas. Según dicen los hombres dignos de fe, en mi literatura de ficción hay una curiosa mezcla de fantasía y humor que discurre en un marco a veces grotesco y razonablemente verosímil.
En general, me siento muy cómodo conmigo mismo. Estoy por completo desprovisto de vocación para formar parte de ningún grupo literario, de ningún comité de ineptitudes afines, de ningún club de elogios recíprocos. Confieso, eso sí, que milito en las perseverantes huestes de la AKDé.
Me gusta más leer que escribir, y en verdad escribo muy poco. A lo largo de casi cuarenta años no tengo demasiada bibliografía para exhibir.
Como todo el mundo, en mayor o menor medida, he recibido algunos premios literarios.
En suma, soy relativamente feliz" (17).
En Palermo, en las primeras décadas del siglo XX, vive Fernando Da Salerno, protagonista de un cuento de Fernando Sorrentino, con su madre. En la calle Costa Rica -relata el narrador-, "en un cuartucho de un conventillo grisáceo, nos arrinconábamos mi madre y yo. Mi madre, llamada doña Ferdinanda, y siempre vestida de negro, pertenecía, simultáneamente, a tres categorías (no incompatibles), a saber: a) santa viejecita; b) viuda; c) napolitana. A pesar de lo Rica que era la Costa de nuestra calle, vivíamos en la peor de las pobrezas y no teníamos ni dónde caernos muertos" (18).
Susana Dillon "Es una de las voces más rebeldes y polémicas de la escritura local. Como maestra rural (actividad que la llevó a inventar historias para sus alumnos) fundó la escuela de campo "Las Lonjas" de General Baldissera. La desaparición de su hija durante la última dictadura militar y las injusticias sociales le fortalecieron la voz hasta alcanzar la potente denuncia que la caracteriza. Luchadora incansable por los Derechos Humanos, particularmente los de la mujer y de las comunidades aborígenes.
En esta entrevista Dillon se refiere a "Las locas del camino", su libro número veinte, además de hablar de Literatura, Derechos Humanos, Historia, ReligiónPolítica (19).
En Los viejos cuentos de la tía Maggie (Una irlandesa anida en las pampas) (20), Susana Dillon reúne cuentos traidos desde otras tierras por la tía que, afincada en la Argentina, formó un hogar con un vasco, y fue madre de cinco varones. Es a ella, a quien la autora dedica estas páginas: "Estos cuentos son un homenaje a tía Maggie, aquella irlandesa prototípica que una vez fue trasplantada a las pampas con toda la magia de sus artes domésticas y el inefable encanto de las personas dulces y simples cuyo recuerdo aroma mi infancia. (…) En su memoria reconstruyo estas leyendas de la tierra de nuestros ancestros, para que otros también tengan oportunidad de participar de la oralidad de este pueblo nuestro, tan tocado por los infortunios, pero también por la varita mágica de la fantasía".
Elsa Isabel Bornemann (Buenos Aires, Argentina, 20 de febrero de 1952) (...) Hija de Wilhelm Karl Henri Bornemann y Blancanieves Fernández, nació en el barrio porteño de Parque Patricios. Maestra nacional, se recibió de Profesora en Letras en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Buenos Aires, se doctoró y obtuvo varios diplomas de estudio en medicina y en idioma inglés, alemán, italiano, latín, griego clásico y hebreo.
Durante la última dictadura militar que gobernó Argentina, autodenominada Proceso de Reorganización Nacional, su libro "Un elefante ocupa mucho espacio" fue censurado y pasó a integrar la lista de autores prohibidos. Ese mismo cuento fue galardonado con la Lista de Honor del Premio Internacional Hans Christian Andersen otorgado por IBBY (International Board on Books for Young People) por primera vez para un escritor argentino, al considerárselo un ejemplo de la literatura de importancia internacional. Más tarde, sus libros "El último Mago o Bilembambudín" y "Disparatario" fueron seleccionados para integrar la lista The White Ravens, distinción que otorga la Internationale Jugendbibliothek de Múnich, Alemania.
Ha realizado numerosos cursos y talleres sobre literatura tanto en Argentina como en otros países de América, de Europa y Japón. Muchas de sus obras han sido reproducidas en libros de lectura para la escuela primaria, en manuales de Literatura para distintos niveles, y en antologías argentinas y del exterior (21).
Había inmigrantes entre los personajes de "No hagan olas", de Elsa Bornemann: "En aquel conventillo de Buenos Aires, cercano al puerto y donde vivían hace muchos años, los inquilinos argentinos tenían la costumbre de poner apodos a los extranjeros que –también- alquilaban alguna pieza allí. No eran nada originales los motes, y errados la mayoría de las veces, ya que –para inventarlos- se basaban en el supuesto país o región de procedencia de cada uno. Tan supuesto que –así, por ejemplo- don José era llamado "el Ruso", aunque hubiera nacido en Ucrania... A Sabadell, Berenguer y sus esposas les decían "los gallegos", si bien habían llegado de Barcelona sin siquiera pisar Galicia... Apodaban "los turcos" al matrimoniode sirilibaneses; "los tanos", a la pareja de jóvenes italianos de Piamonte que jamás habían conocido Nápoles e –invariablemente- "el Chino", a cualquier japonés que diera en fijar allí su transitorio domicilio. Sin embargo, podríamos deducir un poco más de conocimientos geográficos, de información y hasta cierto trabajo imaginativo por parte de aquellos pensionistas argentinos, de acuerdo con los sobrenombres que les habían adjudicado a la dueña de la casona y a su hijo. Ambos eran griegos. Por lo tanto "la Homera" y "el Homerito", en clara alusión al autor de La Ilíada y La Odisea, el genial Homero. Por supuesto, a todas las criaturas que habitaban esa construcción tipo "chorizo" (cuartos en hilera, cocina y bañitos ídem, abiertos a ambos lados de un patio), los `rebautizaban" con los mismos motes que sus padres, sólo que en diminutivo" (22).
"Elena Guimil nació en Pellegrini, provincia de Buenos Aires, en un pueblito de ancho horizonte en el que a la sombra de los árboles aprendió a amar la naturaleza. A los trece años su familia se trasladó a Buenos Aires. Se dedicó a la docencia. Fue maestra durante treinta años y se especializó en el área de Lengua. Siempre escribió sin dar a conocer su producción. Esta es la primera vez que un texto suyo se publica" (23).
"Mi búho" es uno de "los seis relatos del Premio La Nación 1999 de Cuento Infantil. La tarea de selección se llevó a cabo a partir de 1.267 cuentos enviados por autores de habla española, argentinos y de otros países. El jurado estuvo compuesto por Ema Wolf, Oche Califa y Canela (Gigliola Zecchin de Duahalde). El éxito de la convocatoria puso en evidencia la gran cantidad y variedad de voces talentosas que se asoman hoy a la literatura para chicos" (24).
En ese relato, la escritora recuerda la oportunidad en que su padre, "un gallego fornido" le trajo un pichón. Cuando el padre volvía de cazar –dice la hija- "yo me sentaba en un banquito impaciente, mirando fijamente la bolsa cerrada que descansaba olvidada junto a la puerta. Adentro había algo que se movía, algo que era para mí. Mi padre sólo la abriría después de tomar su café caliente. Unicamente él podía hacerlo. Pero no parecía tener ningún apuro. Me miraba de hito en hito y sonreía detrás de su taza. Creo que disfrutaba con mi impaciencia. El contenido de la bolsa de arpillera era un misterio para mí, aquel que esperaba ansiosa todas las semanas. ¿Qué sería esta vez? ¿Un tero, un lechuzón o un zorrito? La criatura asomó sus gigantescos ojos amarillos y se posó en la mano de mi padre. Emitió una especie de silbido cuando me acerqué" (25).
Acerca del texto premiado, afirma la autora: "Este cuento nació en un momento muy especial de mi vida, donde los recuerdos de la niñez se hacen vívidos, provocados por un hecho sutil: encontrarme de frente con los grandes ojos amarillos de un pichón de lechucita, parado en un alambre de un camino de tierra rumbo a un campo" (26).
"Oche Califa nació en Chivilcoy (en araucano, todo agua), ciudad emplazada en el corazón de la pampa húmeda, en 1955. Tiene esposa, tres hijos, y una colección de mates. Ha trabajado como periodista en diarios y revistas de Buenos Aires y dirigió "La Nación de los chicos". Es autor de varios libros para niños, entre ellos La vuelta de Mongorito Flores, Una escuela para crear, Valseado del piojo enamorado, Rimas y bailongos y Canciones sin corbata. Vive en Palermo, "barrio arisco que tiene un cielo con pasto y estrellas mordidas por caballos", según su opinión" (27).
Es el autor de "Un bandoneón vivo", cuento en el que un hijode emigrantes rusos dice a su pequeño que los abuelos, a los que no conoció, "llegaron en barco a Buenos Aires y fueron a vivir a una pieza de conventillo donde nací yo. Mi papá era alto y blanco, pero andaba casi siempre con la cara sombría. Y hablaba poco. (...) Esa vez que yo tiré el brasero, en lugar de enojarse se rió. Mi vieja lo miró desconcertada. Pero él se puso contento y yo no me voy a olvidar más de eso. Después mi mamá dijo que desde el día que había tomado el barco para escapar de Rusia, no lo había visto reír". Escaparon "por el ejército del zar. Cada vez que aparecía por la aldea donde vivían era para llevarse a los jóvenes a pelear en alguna guerra en la otra punta del país" (28).
Sobre el origen de ese texto y del otro que lo acompaña en el volumen, manifiesta: "Las historias que se cuentan en estos dos relatos ocurrieron en la década de 1940, o sea unos diez años antes de que yo naciera. Me disculpo: no debí decir "ocurrieron" sino "pudieron haber ocurrido", ya que tanto los sucesos como los protagonistas han sido inventados. Sin embargo, hay una parte de verdad en ellas, debido a que el ambiente, las costumbres y las formas de pensar, hablar y actuar de los personajes se ajustan a la realidad de esos años. Doy fe de ello porque el pasado inmediato sobrevive en el presente, y yo siempre le he prestado atención. Debo agradecer a O"Kif haber escrito la primera, ya que me insistió para que lo hiciera porque él quería ilustrar un cuento con clima de tango y un patio como el de su infancia" (29).
"Alejandro O"Keefe (de bisabuelos irlandeses) nació en 1959 en Rosario, donde se crió con lápices, pinceles, una camiseta de Rosario Central y alguna pelota de fútbol. Su padre, dibujante gráfico, le dio, casi sin querer, el estímulo necesario para seguir esta profesión. Estudió en la Facultad de Humanidades y Arte de Rosario y trabaja como ilustrador en distintosmedios y editoriales. Ha sido distinguido por ALIJA y comparte con Luis María Pescetti el premio White Ravens, otorgado por la Internationale Jugendbibliothek de Alemania. Actualmente publica una tira en el diario Clarín" (30). Ilustró los libros Viaje en globo, Pahicaplapa y Un bandoneón vivo, editados por Sudamericana.
En Un bandoneón vivo dibujó al nieto de rusos que intenta aprender a tocar ese instrumento. Acerca de las ilustraciones que dieron origen al libro de Oche Kalifa, escribe: "Que uno guarde imágenes en su memoria, no es ninguna causa de asombro. Lo que resulta asombroso es la forma en que esas imágenes aparecen después de algún tiempo. Así fue como, sin proponérmelo, un día me encontré dibujando cosas de aquel patio de la casa de mi abuela en Rosario. Eso me trajo bellísimos recuerdos y cierta nostalgia. Me dije: ¿será esa cosa tanguera que llevamos la mayoría de los rosarinos? Sin dudarlo, lo ubiqué a mi amigo Oche (nadie mejor para esto) y le propuse que escribiera un cuento para chicos con espíritu de tango. El texto superó mis expectativas. Lo ilustré con un placer especial, y dibujando soñé que era Gardel" (31).
María Teresa Andruetto es la autora de Benjamino (32). Dedica este libro, en el que reescribe dos cuentos tradicionales, "a la nonna Felicitas". Sobre ella expresa: "Mi abuela Felicitas, la mamà de mi mamà, fue colchonera, en el tiempo en que los colchones eran de lana, se apelmazaban y debìan desarmarse y rehacerse cada tanto. De ella recuerdo casi todo, porque la tuve hasta que fui grande: su casa de Arroyo Cabral, donde nacì, el piso fresco de ladrillos de esa casa, las màquinas de tisar lana, sus amigas hablando en una lengua desconocida para mì, sus comidas deliciosas (¡el dulce de leche azucarado!), su cara gordita, las mejillas coloradas, el pelo blanco que prendìa con horquillas en un rodete... Horquillas, rodetes, colchones apelmazados, màquinas de tizar lana... nombres de cosas que ya no existen".
Comenta el origen de los dos cuentos incluidos en el libro –"Benjamino" y "Zapatero pequeñito"-: "Ella habìa nacido en un pequeño pueblo del Piamonte, al norte de Italia, y de esa regiòn vinieron hasta mì las aventuras de Gioaninn ca boija (Juancito, el que se las ingenia) y Ciavtin cit (el zapatero pequeñito) que nos contaba, tal vez para mostrarnos que, por màs pequeño que uno sea, puede, con algo de astucia y un poco de suerte, engañar a los lobos y a los ogros" (33).
"María Cristina Alonso (* Bragado, 1955), cuentista y novelista argentina.
Es autora de "Cattolica pero anaquisto, un artista gráfico en París", Ediciones de los Cuatro Vientos, 2007,"Último foco", novela, Buenos Aires, Colihue, La Movida, 2005, "Historias de inmigrantes", (en colaboración con Marta Pasut), Rosario, Homo Sapiens, 2005, "Aventuras en borrador", novela, Buenos Aires Colihue, La Movida, 1999, "Tierra de lectores", artículos periodísticos sobre la lectura, editado por la Municipalidad de Bragado y el Diario La Voz de Bragado, 1998, "Tías de infancia", novela, Buenos Aires, Club de Estudio, 1994.
Paralelamente a la tarea docente, coordina talleres de escritura para jóvenes y adultos, ofrece conferencias sobre temas relacionados con la literatura, el proceso de la escritura, la historieta, la literatura contemporánea, y publica artículos sobre su especialidad" (34).
Marta Pasut es profesora en una institución educativa.
"El mar es como una sábana grande, sin bordes", decía la mamá de Catalina mientras guardaba cosas en un baúl enorme. Del otro lado de esa sábana hecha toda de agua, le contaba, estaba América. ¿Serían los campos de América como una sábana grande toda llena de hierba? Catalina tenía miedo de olvidarse de las cosas que amaba, entonces anotaba en papelitos las palabras que nombraban su mundo. Le parecía que si escribía sus nombres podría llevárselas con ella. En "Historias de inmigrantes" (35) encontramos historias realistas, como la de un campesino que se convierte en cantante lírico, junto a otras fantásticas en las que, por ejemplo, un chino desembarca acompañado por dragones y tigres fosforescentes, y el traje de un francés se escapa de la percha y se va en tranvía a recorrer Buenos Aires" (36).
Nelvy Bustamante nació en Marcos Juárez, provincia de Córdoba. Vivió en Buenos Aires y desde hace años está radicada en Trelew, Chubut. Es Profesora en Letras. Ejerció la docencia en los niveles medio, superior y universitario. Coordinó talleres de lectura y escritura y realizó diversos trabajos de investigación, entre ellos sobre la Literatura infantil en Patagonia. Actualmente dicta cátedras en Institutos de Formación Docente y realiza la tesis de la Maestría en Lengua y Literatura que cursó en la Universidad Nacional de la Patagonia "San Juan Bosco". Sus textos literarios fueron premiados en el "Primer Certamen Patagónico de Cuento y Poesía para Niños" organizado por la Asociación de Trabajadores de la Educación del Chubut (ATECh) y publicados en Viento, Matas y Violines. Es co-autora de Chiviricocó y sus trabajos fueron incluidos en libros de texto de Ediciones Santillana y en diversas antologías, entre ellas 13 de espanto (Sudamericana). También escribió artículos periodísticos en medios regionales y nacionales, y cuentos para la revista Billiken. En narrativa publicó Cuentan en la Patagonia (Sudamericana, 2005), obra Destacada del año 2005 por la Asociación de Literatura Infantil y Juvenil de la Argentina (ALIJA), en la categoría "Recuperación de relatos de tradición oral"; La leyenda del pingüino (Sudamericana, 2006) y La leyenda del ñandú (Sudamericana, 2008). En poesía publicó Versos para sacar de un sombrero (Buenos Aires, Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología de la Nación, Campaña Nacional de Lectura, 2006) y La araña que vuela (Sudamericana, 2008). En los últimos tiempos su producción literaria la lleva a recorrer numerosas escuelas, donde realiza diálogos abiertos y encuentros con sus pequeños lectores, ya que sus obras tienen amplia circulación en los colegios (37).
Cuentan en la Patagonia (38), de Nelvy Bustamante, reúne siete relatos en los que se honra al indígena y en los que se homenajea la gesta de los galeses que cruzaron el mar para asentarse en Chubut. "Rachel" evoca las penurias de los galeses en sus primeros tiempos en la nueva tierra. Cuando todo parece perdido, una idea de la mujer hace que la situación se revierta. "El trueque", narrado a partir del cuento "Kaliats", de Huberto Cuevas Acevedo habla acerca de la bonhomía del indio que cambia su caballo por un reloj y, al ser sospechado de robar el animal, lo busca hasta restituírselo al dueño. "Una nota para el Hen Wlad" se titula este cuento basado en un relato que forma parte de las memorias de John Daniel Evans; en él se denuncia la crueldad de algunos hombres blancos para con los indígenas, y el inmenso dolor de un galés que encuentra prisionero a su amigo tehuelche: "John se arrimó a su amigo. Le dio el pan y los alimentos que tenía, y apretando sus manos cuarteadas a través del alambre, se despidió prometiéndole que volvería a buscarlo". Cuando el galés vuelve, el indio ha fallecido. "Malacara" relata la historia del caballo que salvó al galés Evans, caballo que vuelve como fantasma para salvar a un descendiente del hombre.
Emilio Saad nació en Tucumán en 1950. Actualmente vive en Buenos Aires. Es periodista, autor de comics, dibujante, escritor, técnico en teoría teatral, dramaturgo y operador social.
Como autor de comics ha escrito y dibujado, desde 1971 hasta la fecha, aproximadamente mil historietas. La mayoría de ellas publicadas por diversas editoriales: Columba, Cielosur, Skorpio, Makoki (Barcelona) etcétera. Otras fueron realizadas en el marco de los distintos Programas, estatales y privados (en los que se desempeña desde 1993) o a pedido de revistas barriales y comunitarias.
Dentro del género, trabajó con Hector Germán Oesterheld, Robin Wood, Horacio Altuna y Ernesto García Seijas, entre otros.
Como dibujante ha realizado, además, posters y folletos para la Sociedad Argentina de Pediatría y diversas instituciones sociales; tanto como ilustraciones para libros: ¡Todos al recreo! (Amauta, 2005) yJugar y jugarse (Ediciones América libre, 2006).
En 1995 realizó un curso de Operador Social dictado por la entonces Secretaría de Desarrollo Social de la Municipalidad de Buenos Aires. Trabajó durante nueve años en instituciones públicas y privadas que se dedican a la atención de menores en situación de riesgo.
Condujo los talleres de periodismo e historietas que produjeron el material para la revista Chicos de la calle en Buenos Aires (1997-2002). Esta publicación fue considerada de Interés Nacional por la Cámara de Diputados de la Nación.
Dirigió, también, más de siete revistas juveniles, barriales y de interés comunitario: entre otrasPichón de Carrillo (2003), Amanecer al margen (2003-2007), Utopía juvenil en 2007 (Primer premio a revista estudiantil, sección capital, otorgado por el Ministerio de Educación de la Nación) yPiloteando, (2008) referida al barrio Los Piletones.
Desde 1997 a 2001 condujo talleres de dramaturgia para estudiantes secundarios dentro de un programa del Gobierno de la ciudad de Buenos Aires. En ese marco, además, escribió más de veinte piezas que fueron representadas por jóvenes que participaban en el proyecto: Detrás de la puerta, De bares y de pájaros, Plaza abierta etc. En 1993 su obra Lo que le pasó a Juan, ganó el Segundo premio en la Expoadolescente '93.
También escribió obras para adultos representadas en distintas salas de esta capital: Visita guiada a Chejov, Las mujeres de Arlt, Vuelta entera, etc.
Como escritor para adultos escribió una saga de cinco novelas (aún inéditas) y Cuentos de la oscuridad , uno de cuyos cuentos recibió una mención en el concurso de la Fundación Max Aub de España.
Como escritor de Literatura Infantil y Juvenil, su cuento La regadera que jugaba al carnaval ganó el Segundo premio en un concurso realizado en 1990 por la Fundación El Libro, ALIJA y Editorial Colihue.
A fines de 2006 publicó una novela histórica para chicos: La casa de las ánimas (Editorial Crecer Creando), que fue reimpresa en 2008.
También en 2008 realizó la columna Charlas en el colectivo para el Suplemento Escolar del diario "La Capital" de Rosario. Estas "Charlas" fueron reunidas en un libro en abril de 2009 (Editorial Prohistoria, Rosario).
A mediados del mismo año Editorial Estrada publicó su novela juvenil El Familiar (una historia de terror). Y en diciembre de 2009, su novela La venganza del Tren Fantasma, fue publicada por Editorial Longseller.
Cabe señalar, junto a estas publicaciones, los cuentos incluídos en distintos manuales de la Editorial Puerto de Palos y en las antologías ¡Todos al recreo! (2005) y La última rebelión (2006) de Amauta. También participó en la antología Nunca me gustó viajar y otros relatos para antes de partir (2009) de Editorial Crecer Creando.
Actualmente conduce talleres de historietas, periodismo y literatura dentro del Programa Club de Jóvenes del Ministerio de Educación (GCBA); actividad ésta que viene desarrollando desde 2002 en distintos lugares de capital, desde el centro de la ciudad hasta algunos barrios considerados "marginales".
Su última novela, El Furo (La Revolución de Mayo pudo no ocurrir), ha sido publicada (en febrero de 2010) por Ediciones Amauta (39).
En "El ovillo del destino", escribe Emilio Saad: "no podía negarse que Buenos Aires progresaba. Ya tenía ferrocarril, calles empedradas y alumbrado público. La aduana proveía riquezas y al puerto llegaban cada vez más inmigrantes. Algunos llamados por el propio gobierno, como Monsieur Duclós, el otro habitante de la casa. Un biólogo que tenía la misión de estudiar la flora de la provincia. Era un caballero alto y distinguido y al hablar, apenas se notaba su acento. A Lina lo que mas le sorprendia era su sencillez" (40).

Notas

  • 1. Varios autores: Enciclopedia visual de la Argentina. Buenos Aires, Clarín, 2002.
  • 2. Romano, Eduardo: "Fray Mocho. Del costumbrismo hacia 1900", en Historia de la literatura argentina. Buenos Aires, CEAL, 1980.
  • 3. Alvarez, Sixto (Fray Mocho): Cuentos. Buenos Aires, Huemul.
  • 4. Varios autores: Enciclopedia visual de la Argentina. Buenos Aires, Clarín, 2002.
  • 5. Gerchunoff, Alberto: Los gauchos judíos, en Alberto Gerchunoff, judío y argentino. Selección y prólogo de Ricardo Feierstein. Buenos Aires, Milá, 2001.
  • 6. Sarlo, Beatriz: en Historia de la literatura argentina. Buenos Aires, CEAL, 1980.
  • 7. Dos Santos, Estela: en Historia de la literatura argentina. Buenos Aires, CEAL, 1980.
  • 8. Couselo, Jorge Miguel: en Historia de la literatura argentina. Buenos Aires, CEAL, 1980.
  • 9. Manetti, Ricardo: "El cine de la digresión", en Cien años de cine. Buenos Aires, La Nación Revista, Tomo II.
  • 10. Varios autores: Enciclopedia visual de la Argentina. Buenos Aires, Clarín, 2002.
  • 11. Quiroga, Horacio: "Van Houten", en Los desterrados- El regreso de Anaconda. Buenos Aires, Losada, 1997.
  • 12. Romano, Eduardo: "Horacio Quiroga", en Historia de la literatura argentina. Buenos Aires, CEAL, 1980.
  • 13. S/F en http://www.cuentaconmigo.com.ar/susygoldemberg.htm
  • 14. Goldemberg, Susana: "Papá", en Cuentos de la bobe. Santa Fe, Librería y Editorial Colmegna, 1976 (Colección Entre Ríos). Prólogo de César Tiempo. Foto de tapa: Pedro Luis Raota (E. FIAP).
  • 15. Sylveira, Carlos, en http://bib.cervantesvirtual.com/bib_autor/gracielacabal/pcuartonivel.jsp?conten=autor.
  • 16. Cabal, Graciela Beatriz y Contarbio, Delia: Carlitos Gardel. Buenos Aires, Libros del Quirquincho, 1991.
  • 17. http://www.fernandosorrentino.com.ar/biografia.html
  • 18. Sorrentino, Fernando: "Hombre de recursos", en La venganza del muerto y otros cuentos con astucias. Ilustr. Jorge Sanzol. Buenos Aires, Alfaguara, 1997 - 2003.
  • 19. Cinco preguntas básicas para Susana Dillon ...del sufrimiento se aprende. Entrevista Diego Formía Fotos Susana Menossi Secretaria del Foto Club Río Cuarto http://letras-uruguay.espaciolatino.com/aaa/formia_diego/cinco_preguntas_susana_dillon.htm
  • 20. Dillon, Susana: Los viejos cuentos de la Tía Maggie (Una irlandesa anida en las pampas). Ilustración de tapa e interiores: Angel Vieyra. Río Cuarto, Córdoba, Universidad Nacional de Río Cuarto, 1997. 91 páginas.
  • 21. http://es.wikipedia.org/wiki/Elsa_Bornemann
  • 22. Bornemann, Elsa: No hagan olas (Segundo pavotario ilustrado. 12 cuentos). Ilustraciones: O´Kif. Buenos Aires, Alfaguara, 1998.
  • 23. S/F: en Varios autores: El desafío. Buenos Aires, Sudamericana, 2000.
  • 24. ibídem
  • 25. Guimil, Elena: "Mi búho", en El desafío. Buenos Aires, Sudamericana, 2000.
  • 26. Guimil, Elena: "De la autora", en Varios autores: El desafío. Buenos Aires, Sudamericana, 2000.
  • 27. S/F: "El autor", en Califa, Oche: Un bandoneón vivo. Buenos Aires, Sudamericana, 2002.
  • 28. Califa, Oche: "Un bandoneón vivo", en Un bandoneón vivo. Buenos Aires, Sudamericana, 2002.
  • 29. Califa, Oche: "Del autor", en Califa, Oche: Un bandoneón vivo. Buenos Aires, Sudamericana, 2002.
  • 30. S/F: "El ilustrador", en Califa, Oche: Un bandoneón vivo. Buenos Aires, Sudamericana, 2002.
  • 31. O"Kif: "Del ilustrador", en Califa, Oche: Un bandoneón vivo. Buenos Aires, Sudamericana, 2002.
  • 32. Andruetto, Marìa Teresa: Benjamino. Buenos Aires, Sudamericana, 2003. http://www.teresaandruetto.com.ar/la-escritora.asp
  • 33. Andruetto, María Teresa: "De la autora", en Andruetto, Marìa Teresa: Benjamino. Buenos Aires, Sudamericana, 2003.
  • 34. http://es.wikipedia.org/wiki/Mar%C3%ADa_Cristina_Alonso
  • 35. María Cristina Alonso - Marta Pasut. Ilustraciones: Mirella Musri Colección La Flor de la Canela. Editorial Homo Sapiens , 2005.http://www.homosapiens.com.ar/hscatalogo/articulo.do?artid=8523
  • 36. Nueva colección infantil: La Flor de la Canela Por Rubí Gamboa, 7 de julio de 2005, El Litoral.com http://www.ellitoral.com/index.php/diarios/2005/07/07/arte/ARTE-04.html
  • 37. http://www.nelvybustamante.com.ar/
  • 38. Bustamante, Nelvy: Cuentan en la Patagonia. Ilustraciones: Lucas Nine. Buenos Aires, Sudamericana, 2005. 64 pp. (Cuentamérica).
  • 39. http://www.e-amauta.com.ar/emiliosaad.htm
  • 40. Saad, Emilio: "El ovillo del destino", en Varios autores: La ultima rebelion y otros cuentos de nuestra historia. Ilustraciones: Graciela Sennes. Buenos Aires, Amauta, 2006. 112 paginas. (Narrativa infantil argentina).
*****
Obras literarias y de divulgación recuerdan a la inmigración que llegó a la Argentina entre 1810 y 1960. Entre los autores figuran personalidades de nuestro pasado, ganadores de Premios Nacionales y Municipales de Literatura e integrantes del jurado de prestigiosos concursos, lo cual da una idea de la relevancia de los creadores que abordaron esta temática. Laedición de estas obras -y la utilización de algunas de ellas en la enseñanza- nos habla de la voluntad de transmitir a las nuevas generaciones testimonios valiosos acerca de este aspecto de la historia de nuestro país.


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