martes, 10 de junio de 2003

La diáspora armenia

  1. Armenios en Buenos Aires
  2. Armenios en Marsella
  3. Notas
En esta monografìa me refiero a la diàspora armenia, tomando como fuente el libro de la historiadora Nèlida Boulgourdjiàn-Toufeksiàn, las memorias de Henri Verneuil y las biografìas y la novela escritas por Eduardo Bedrossian.

Novelistas, memorialistas y estudiosos han dejado en sus pàginas testimonio de la dura realidad de sus mayores, y de sus vivencias como emigrantes o refugiados en otros paìses.
Para conocer aspectos del exilio armenio a nuestro paìs, resulta de fundamental importancia la  de Nelida Boulgourdjian-Toufeksian, titulada Los armenios en Buenos Aires. La reconstrucciòn de la identidad (1900-1950) (1), libro que fue distinguido con el Primer Premio en el concurso organizado por el Centro Armenio, cuyo "jurado estuvo integrado por la historiadora Hebe Clementi, por el Primado de la Iglesia Apostòlica Armenia de la Argentina y por el escritor Jorge Torres Zavaleta". Aunque se circunscribe a una zona de nuestro paìs, el estudio arroja luz sobre aspectos que tienen que ver con la llegada de los extranjeros y su vida en la nueva tierra.
La historiadora se refiere a la "Gran Diàspora", que originò las comunidades armenias de Europa y de las Amèricas. Para definir este tèrmino, que "significa en griego dispersiòn e implica la existencia primera de un grupo que se dispersa en un todo o en parte", se remite a M. Bruneau, quien considera que "dicho tèrmino reùne tres caracterìsticas esenciales: laconciencia de reivindicar una identidad ètnica o nacional; la existencia de una organizaciòn polìtica, religiosa o cultural del grupo dispersado, es decir, la riqueza de su vida asociativa; y la existencia de contactos bajo diversas formas, reales o imaginarias, con el territorio o paìs de origen". Por tanto, "Se es miembro de una diàspora por elecciòn, por decisiòn voluntaria y consciente".
Sostiene que "Actualmente, la diàspora està fragmentada en una cincuentena de comunidades que se extienden desde el Medio Oriente –Lìbano, Siria, Turquìa, Irak, Iràn, EgiptoIsrael, Chipre- al mundo occidental _Francia, Grecia, Gran Bretaña, Bèlgica, Alemania, Suiza, Italia, Austria, Estados Unidos, Canadà, Mèxico, Brasil, Argentina, UruguayVenezuela, Chile, entre otros".
Afirma que "Los armenios de la Argentina emergen de una inmigraciòn que comienza a principios de siglo. Ellos constituyen una comunidad poco estudiada hasta el presente, precedida por otras màs antiguas –italianos, españoles, sirio libaneses y judìos-". Al igual que otros inmigrantes que llegaron a nuestro suelo, ellos se vieron determinados por la ruptura con sus raìces "a crear estrategias comunitarias en los nuevos lugares de asentamiento, en una tentativa por reproducir las ya practicadas en su lugar de origen. La vida institucional –entidades benèficas, polìticas, regionales y culturales-, contribuyò a facilitar el proceso de adaptaciòn".
La historiadora sostiene que la falta de registros adecuados para la estimaciòn del nùmero de armenios ingresados a la Argentina es una de las dificultades a las que se enfrenta su labor, ya que "en las fuentes argentinas no se desagregan los armenios de los otros grupos migratorios provenientes del imperio otomano, tales como sirios y libaneses. En las Memorias de la Direcciòn Nacional de Migraciones, hasta 1920, no estàn diferenciados de los otomanos y los turcos".
Por eso, ella relevò las Listas de Pasajeros de la Direcciòn Nacional de Migraciones entre los años 1900 y 1923 inclusive. "Según las Memorias de Migraciones –agrega-, el año 1923 es el que presenta el saldo màs alto de la dècada. La informaciòn cuantitativa sustentada por el imaginario colectivo demuestra que la firma del Tratado de Lausana (1923) y la consecuente imposibilidad de permanecer en Turquìa, determinò a los armenios a emigrar definitivamente".
Son interesantes, asimismo, los datos que la historiadora nos presenta acerca de la travesìa de los inmigrantes: "Las condiciones en que viajaban los inmigrantes no se correspondìan con las descripciones de los folletos de propaganda distribuidos por el gobierno argentino. En 1907 se tomaron medidas para mejorar la travesìa, disponiendo que cada pasajero tenìa derecho a una superficie mìnima de 1,30 metros cuadrados, a una cama de 1,80 metros de largo, a utilizar cocinas y baños a bordo asì como al control mèdico".
Ya en la Argentina, se verifica "el proceso de reconstrucciòn de la identidad en el nuevo lugar de asentamiento", objeto de este libro tan profusamente documentado.
Armenios en Buenos Aires
Algunas obras dan cuenta del fenòmeno històrico y social de la inmigraciòn armenia. Entre ellas, las biografìas Hayrig (Detràs del silencio de un millòn y medio de voces) (2) y Hayrig II (3), en las que Eduardo Bedrossian relata la vida de su padre, Agop. "Este relato –afirma Boulgourdjian- trasciende la historia personal de Hagop Bedrossian para adquirir una dimensiòn colectiva que involucra a todo un pueblo".
Acerca de la primera parte de esta historia, afirmó María Isabel Clucellas: "bajo una estructura de doble faz, Bedrossian hijo narra en primera persona la odisea paterna. A  de los primitivos años de paz y bonanza que corresponden al siglo pasado, el autor ilustra a sus lectores sobre la vida familiar en Geben, ‘un pedazo de la historia ancestral de los armenios’. Las montañas, la aldea, las casas con paredes de piedra, el calor de las reuniones en torno al  presididas por un narrador ocurrente y sentencioso que contaba, educando, historias y costumbres, reviven en páginas coloridas, amenas, donde anécdotas y sucesos van tejiendo una urdimbre de sólidas y justificadas nostalgias" (4).
En 1998 apareciò Memorias para no olvidar (5), ùltimo libro de la trilogìa que Bedrossian escribiò acerca de la Cuestiòn Armenia. Las memorias se incian cuando los padres de Nersès, que poco antes cumpliò veintiùn años, deciden realizar, como le habìan prometido, el pedido de mano de una joven para que su hijo se case. La obra finaliza con el casamiento de esa pareja, unos meses despuès.
Esta historia ìntima sirve de marco para otra màs abarcadora: la de los armenios en la Argentina. Distintos personajes van narrando las circunstancias en que se realizò la inmigraciòn, las atrocidades que debieron padecer en manos de los turcos, la tortura, las violaciones de religiosas y alumnas, y muchos otros episodios que indignan al lector y han quedado grabados por siempre en la memoria de este pueblo bueno y sufrido.
Otros aspectos tambièn son descriptos: las comidas, la instrucciòn, la religiòn, el respeto a los padres y la consagraciòn a los hijos, los juegos con los que se entretenìan los armenios, sus visitas a la peluquerìa, al dentista, la llegada de un pariente al que hacìa años que no veìan... Hechos cotidianos que contribuyen a dar una imagen de una colectividad en un tiempoque pasò.
La relaciòn con inmigrantes procedentes de otros paìses es evocada en estas pàginas, en las que se presenta una Barracas cosmopolita, en la dècada del 50, en la que los extranjeros conviven solidariamente. Agobiados por haber dejado a la familia, o de haber visto como la asesinaban, la relaciòn entre los armenios es resumida en ese dicho que reza: "Mejor un vecino cerca que un pariente lejos", y que ha llegado generalizada a nuestros dìas, en los que en algunos barrios, afortunadamente, todavìa se observa.
Algunos inmigrantes cuentan historias a un auditorio siempre interesado. La mismas tienen que ver con la tradiciòn de su naciòn, con su trabajo o con circunstancias curiosas de la vida. Bedrossian las incluye en su obra, para que todos las conozcamos.
Este libro es mucho màs que el recuerdo en tercera persona de un joven en una etapa feliz de su existencia; es la memoria de un pueblo que debiò dejar su tierra, a la que venera.
Armenios en Marsella
Asì como Bedrossian homenajea a su padre, en Mayrig (mamà) (6), el cineasta Henri Verneuil evoca la vida de su . La historia comienza cuando un dìa, no muy lejano en el tiempo, Verneuil asiste apesadumbrado a los ùltimos instantes de vida de la armenia, quien, ya anciana, agoniza en su hogar, bajo la solìcita mirada de un mèdico y una enfermera que nada pueden hacer por ella. Esta situaciòn angustiosa produce en el autor el afloramiento de los recuerdos compartidos con ese ser abnegado.
La protagonista del relato es mayrig, pero muy cerca de ella encontramos a sus hermanas, Ana y Kayanè; las tres forman una alianza indisoluble, preocupadas por conseguir siempre lo mejor para el pequeño Achod, que no es otro que Verneuil. Muchas veces, a lo largo del relato, el niño las llama "las tres Marìas"; èl vivìa ese clima de afecto que les evitaba disputas, que las hacìa estar siempre alegres a pesar de los duros trances a los que se enfrentaban.
En la dècada del 20, la familia huye de Armenia y se instala en Marsella, donde la vida no es nada fàcil. El primero de los problemas, y el no menos grave, es el del idioma. Ninguno de ellos sabìa francès; Mayrig conocìa tres palabras: "por favor", "gracias" y "disculpe". Con ellas pensaba abrirse paso en un mundo desconocido en el que, sin dudas, la cortesìa serìa la mejor arma.
La realidad nada tiene en comùn con lo que la humilde armenia imaginaba. La primera  en Francia, se disponìan a compartir la  con los otros inquilinos; contraviniendo las expresas disposiciones de la locadora, los franceses no les permiten hacer uso del artefacto, hecho que genera grandes discusiones, siempre, por supuesto, girando alrededor de las ùnicas tres palabras francesas que componìan su idioma. Risueño fue el episodio protagonizado por el padre en la carnicerìa; sus ocurrencias provocaron la hilaridad de los presentes, pero la vianda que deseaban llegò a sus manos.
Verneuil evoca los duros tiempos vividos en Marsella y los medios de que se valieron para sobrevivir. Una noche, asombrado, observa que su mayrig arranca uno de los ocho botones de su vestido, forrados con la misma tela; al desenvolverlo, el botòn se convierte en una reluciente moneda de oro. Sucesivamente, el vestido los va perdiendo, hasta que ya no quedan màs. Para ese entonces, el padre de Achod-Henri habìa conseguido un empleo en una refinerìa de azùcar y las  trabajaban como camiseras, haciendo camisas enteras cosidas a mano, porque no disponìan de una màquina de coser .
Con el tiempo, la situaciòn mejora, pero Achod crece y debe asistir a la enseñanza media. Sus padres, deseosos de brindarle lo mejor, lo inscriben en uno de los colegios màs distinguidos de la ciudad, reservados para los hijos de las familias opulentas. Es en lo referido a su educaciòn donde el ànimo de Verneuil se vuelve francamente agobiado: los niños franceses se burlaban de èl; los profesores –salvo contadas excepciones- lo marginaban; la sociedad entera dejaba de lado al pequeño inmigrante. Entre sus recuerdos màs tristes se destaca la desubicaciòn de la familia, que no evidenciaba tanto sentido comùn como buena voluntad.
Hacia el final del relato, los dìas del adolescente se vuelven màs alegres: su padre ha abandonado la refinerìa para trabajar en el taller con su esposa y cuñadas. A partir de ese momento, la familia Malakian vuelve a recuperar su ritmo normal de vida, interrumpido por la labor nocturna del padre de Achod. Los visitantes se suceden segùn la costumbre armenia –sin avisar- y los camiseros continùan o no su tarea segùn la confianza que tengan con los paisanos.
.....
Novelas como las que mencionamos y serios estudios –entre los que se destacan el de Nèlida Boulgourdjiàn, la tesis doctoral de Rosa Majiàn y las obras de Narciso Binayàn Carmona- nos permiten conocer la historia y las caracterìsticas de la inmigraciòn armenia, que aportò valores èticos y estèticos al "mosaico de identidades" que es nuestro paìs.
Notas
  1. Boulgourdjián-Toufeksián, Nélida:Los armenios en Buenos Aires. Buenos Aires, Centro Armenio, 1977.
  2. Bedrossian, Hagop: Hayrig. Ediciones Akian. Buenos Aires, 1991.
  3. Bedrossian, Hagop: Hayrig II. Buenos Aires, 1995.
  4. Clucellas, María Isabel: en La Prensa, 8 de septiembre de 1991.
  5. Bedrossian: Buenos Aires, Ediciòn del autor, 1998.
  6. Verneuil, Henri: Mayrig. Buenos Aires, Atlàntida, 1986.

No hay comentarios:

Publicar un comentario