miércoles, 21 de mayo de 2003

Inmigración y literatura: poesía

  1. Inmigraciòn en conjunto
  2. Italianos
  3. Judíos
  4. Alemanes
  5. Notas
En esta monografía me ocupo de los poemas en los que los inmigrantes llegados a la Argentina entre 1850 y 1950, o sus descendientes, cantan a la tierra de origen o evocan la inmigración.
Inmigraciòn en conjunto
"Barco de peltre, acero o cucurucho,/ mole de mundo,/ cargado de niñez, hombres y tumbos,/ arribaste./ Estrenaste el chocolate,/ la delicia de mazorcas tiernas.../ Alimentaste sed de tierra,/ abiertas/ para manos rocosas,/ temples tristes.", canta Carolina de Grinbaum en "Llegaste". (1)
En su poema "Inmigrante", Cristina Pizarro evoca la desolación de quien ve frustradas sus expectativas: "Yo era el que no tenía título,/ ni un doble apellido,/ el que deseaba vivir en un chalet de dos pisos/ con jardín/ y revestimientos de piedra Mar del Plata./ Era uno de esos/ originarios de tierras/ devastadas./ Ahora/ soy/ este aire ambiguo/ este daño/ que regresa/ y este adiós/ menoscabado" (2).
Los agricultores inmigrantes también fueron tema de poesías. En "Ese inmigrante", Virginia Rossi canta: "Se llenaba de espigas/ los puños y los brazos/ y su paso medía/ la soledad del campo" (3)
La nostalgia los embargaba; canta Cristina Assenato en "País de inmigrante": "-porque comimos el pan triste/ y la sal quemó ciertas noches/ porque tu hijo y el mío/ caben en el proyecto del pájaro/ y están allí reunidos/ en la curva del trigo,/ en el signo abierto de la gran ciudad" (4). Aún así, contribuyeron al engrandecimiento de la nación que los recibió.
Italianos
Roberto Cossa, en El Sur y después, imagina el sentimiento de quienes van a tentar suerte en otra tierra: "Allá murió la infancia/ una caricia, una canción/ una plaza, una fragancia. / Los brazos viajaron, el corazón quedó./ Pero una estrella nos llama del sur./ Y un barco de esperanzas cruza el mar./ América, la tierra del sueño azul/. Es un vaso de vino, es un trozo de pan" (5).
En el océano, "cuando vino con otros/ encerrado en la panza de un buque", aprendió el italiano del tango "La Violeta", de Nicolás Olivari, la "canzoneta de pago lejano" que cantaba en la taberna (6). En el poema "Antiguo Almacén ‘A la ciudad de Génova’", Olivari evoca al italiano Miquelín, quien "Mientras le duraba la plata cantaba,/ cantaba las lejanas canciones milanesas de su tierra/ y hombreaba recuerdos como hombreando cereal.../" (7). Villoldo evoca al gringo que canta: "Sos para el canto, che, gringo/, como para el bofe el gato/ tomá una grapa d’Italia/ y descansemos un rato" (8).
Gustavo Riccio, en el poema "Elogio de los albañiles italianos", asocia el canto con la realidad social de los inmigrantes, quienes cantan mientras trabajan, pues "en lo alto sienten ellos/ que una canción de Italia se les viene al encuentro" (...) Más líricos que el pájaro son estos que yo elogio:/ el nido que construyen no es para su reposo,/ el lecho que levantan no es para sus retoños.../ ¡Ellos cantan haciendo las casas de los otros!" (9).
Otra canción es la que evoca, en "Celestes ojos italianos", el poeta Francisco de Madariaga, quien pregunta a su madre fallecida: "¿Estarás cantando la canción que cantaban/ tus celestes ojos italianos?/ ¿O estarás escuchando cómo canta mi corazón,/ que fue la única maravilla en tu terror a/ los viejos gauchos bandoleros y en tu/ fracaso?" (10).
En "Ochenta" Orlando Mario Punzi homenajea a su madre: "A Dios, conmigo se le fue la mano.// Me dio todo: la mamma de primera,/ los amigos en tanda y un hermano,/ y ya de pibe le saqué temprano/ cien sonetos, o más de la galera" (11). También Oscar González, en "La anunciación", canta a la madre italiana: "Y fue la mamma gringa,/ Querendona y bravía, que entregó sus/ cachorros./ A otra tierra y otra lengua" (12). Alfredo Conte evoca a su padre, que llegó desde Cosenza en 1887: "Mi viejo, vos hiciste el mundo nuevo/ abriste surcos, criaste hijos/ y fuiste solamente un inmigrante/ No sé cómo decirlo en dos palabras" (13). Alberto Luis Ponzo expresa en "Dibujos de papá": "Seguí durante horas/ la cabeza/ que viajaba desde Italia/ dejando olas y vientos/ navegando en la piel" (14). Canta a su padre, asimismo, Alberto Perrone, cuando llega a la casa europea del inmigrante: "Padre hoy conocí tu tierra de vides y olivos./ Conocí a tu hermana y encontré tu joven retrato/ que aún preside allá, la casa" (15). En varios poemas, Marìa Teresa Andruetto recuerda al padre italiano; entre ellos, en el que dice: "El padre toca el banjo en la cocina/ de la casa (...) El padre toca rumbas,/ habaneras, canciones italianas" (16).
En su poema "La Condra", Fulvio Milano canta al abuelo agricultor: "Así la llamaba el abuelo italiano. No sé/ qué significa este nombre. Condra,/ la yegua blanca que atábamos al sulky./ ¿Qué voy a hacer, Dios mío, con este/ nombre raro/ a través de la gente, a través del olvido?/ La Condra, impredecible de caprichos en/ los caminos rurales,/ batía al aire los remos nerviosos, disparaba/ por fantásticos ríos/ tronaba el abuelo, y yo veía palidecer/ en tambaleante escorzo el angustioso sueño/ de la llanura" (17).
Era italiana la abuela de la poeta Griselda García, cuyas costumbres la nieta evoca: "mi abuela preparando conservas/ de casi cualquier cosa que crezca/ en la tierra del fondo;/ cuidando de no tirar/ bolsas, corchos, plásticos,/ tapas, bandejas, frascos,/ cartones, papeles, piolines/ porque todavía pueden servir;". Así vivía la mujer a quien "trajeron al país engañada/ diciéndole que iba a vivir en un castillo". De su abuelo italiano, afirma la poeta: "mi abuelo, que cuando mataba algún conejo nos decía:/ vayan con tu hermana a dar una vuelta/ y en cambio nos dejaba mirar la muerte/ en los ojos de las ratas atrapadas en tramperas,/ escuchar sus chillidos de bebés diminutos/ cuando el agua hirviendo les caía encima". La poeta los corona con un emocionado elogio: "más que mis padres,/ abuelos,/ ancianos sabios,/ abuelos,/ ángeles en el camino" (18).
Los italianos aparecen en un poema de Alvaro Yunque: "Rumbo al oeste, por la Avenida/ esta ruda familia de italianos: A la cabeza el padre, un hombrachote/ que lleva un chiquitiño entre sus brazos;/ atrás de él dos muchachas, dos gringuitas/ de trenzas rubias y de ojos garzos;/ detrás la madre cuyo vientre elévase/ con la promesa de algún nuevo vástago;/ y aún detrás cansadamente marchan/ dos chicuelos cogidos de la mano;/ y golpean los rudos zapatones/ y exhiben los vestidos aldeanos/ aquellos inmigrantes que contemplan/ todo con grandes ojos asombrados" (19)
Hizo la América el italiano evocado por Rubén Héctor Rodríguez, en "Extraño chamuyo", al punto de poder ser propietario de un inquilinato: "En el conventiyo del tano Giacumín/ se armó la de San Quintín/ a causa de extraño y sórdido chamuyo. (...) Me buchonearon con el patrón/ y, cabrero, desalojó el jaulón" (20).
A uno de los trabajadores peninsulares, establecido en Mar del Plata, canta Eduardo Martín La Rosa: "Probaste todos los trabajos./ Al fin, la cal y el rojo ladrillo/ se metieron en tu sangre./ Volabas por los andamios./ Tu silbido triste, enamoraba a las nubes" (21).
Lava la italiana que evoca Amalia Olga Lavira en "Estampita": "Friega lienzos, camisas y vestidos,/ en el fondo, la donna, en la pileta/ y en fuentones y tachos florecidos/ hormiguitas de sol hacen gambeta" (22).
La calabresa Adelina C. Cela, abriga durante toda su vida el deseo de regresar al país de origen, aunque más no sea, en el más allá. En el poema "Madre Patria", expresa la italiana: "Por eso quiero pedirte/ que mis cenizas, un día/ descansen en tus raíces/ ¡las que me dieron la vida!" (23).
Españoles
En el poema "Cuando mi padre habló de su infancia", José González Carbalho enumera las posesiones que el niño inmigrante tenía en Galicia: un río, un monte, un horizonte, su perro y sus canciones. En América, ya nada tiene de eso, y se lamenta: "Ay, el dueño de valles/ y misteriosos bosques/ por el que andaba yo/ mi perro y mis canciones./ Mis canciones que vuelven sólo para que llore/. Mi perro ya olvidado/ de obedecer al nombre./ Yo, que perdí mis cielos, / ¡y soy tan pobre!" (24).
En "Tríptico a Galicia", Enrique Urbina García canta la nostalgia del inmigrante de esa región: "Y aquel que por Vigo, apabulló su sombra;/ en su misterio –pompas de luna- ocultará olvido/ y por las vides de Galicia como raíz sangrante/ tendrá su mente endulzando retornos válidos. (...) Todo el que con un gallego trata, alcanza/ sólo un poco lo que el corazón de esehombre/ desparrama, porque el amor, vive en su España" (25).
Alberto Cortez canta al abuelo: "Y el abuelo un día cuando era muy viejo/ allende Galicia/ me tomó la mano y yo me di cuenta/ que ya se moría/ Y entonces me dijo, con muy pocas fuerzas/ y con menos prisa: ‘Prométeme hijo que a la vieja aldea/ irás algún día/ Y al viento del Norte dirás que su amigo/ a una nueva tierra, le entregó la vida" (26). "Herencia" se titula el poema que dediquè a mi abuela gallega (27).
En "Regreso", Rubén Benítez canta a su madre española: "Pobre madre,/ portaba en su mirada/ distante y abatida/ la luz del desencanto/ triste flor de su tierra prometida" (28)
Judìos
De Rusia parte Jacobo Fijman, a los cuatro años de edad, en 1898. Muchos tiempo después, escribiría: "¡Ah! Yo soy uno de esos caminantes/ Que aún no han encontrado su camino;/ Pero he gustado un luminoso vino/ en huertos generosos y fragantes" (29).
Enrique Novick evoca, en "Balada para un padre ausente", el efecto que la música de su tierra tenía en el padre enfermo de Alzheimer: "Cuando le/ cantaba,/ próximo/ a su lecho,/ canciones/ antiguas/, sin nombre/ ni dueño,/ que hablan/ de una aldea/ con hornos/ de piedra,/ cerca de las/ casas,/ sus pisos/ de tierra,/ Marc Chagall/ brotando/ de acequias/ y techos;/ que él/ acompañaba/ con su voz/ pausada,/ rescatando/ estrofas/ tras un gesto/ austero,/ y un temblor/ extraño/ que escurría/ en su cuerpo,/ peces abismales/ y negros,/ hasta ser un eco/ más/ entre los ecos,/ que suelen/ merodear/ por mi cerebro" (30).
Paulina Vinderman habla a su padre en un poema: "-Anoche soñé que sacaba un pasaje para Bulgaria-/ quiero decirle./ Llego a una ciudad amplia y resuelta, apoyada en un/ mar interior (un mar de manual, con muchos barcos enhiestos.)/ Inexplicablemente la ciudad está callada/ y resuenan mis pasos sobre las calles./ Universidad, dice un cartel,/ y otro me envía a las ruinas de un templo griego/ que instala la armonía en mi ceguera." (31).
Alemanes
En uno de los poemas reunidos en Monsieur Jaquin, José Pedroni canta, a partir del relato de una colonizadora, la muerte de Ana Esser en el litoral, al desembarcar: "Por bajar mirando al cielo/ cayóse de la planchada/ con todo el pelo rubio,/ con toda su carne blanca./ El Paraná, boca arriba,/tres días que la miraba,/ los ojos llenos de peces,/ ofreciéndole naranjas".
A los catorce días de arribar a Colonia Esperanza, muere uno de los pioneros. Su mujer no tiene dónde enterrarlo: "No hay una caja para Peter Zimmermann/ muerto en la madrugada./ -‘Los ataúdes de Hintertiefenbach/ eran de pino y haya’-./ Anna Elisabeth Leiser/ está vaciando el arca./ Sin hablar, sus tres hijos/ míranla arrodillada./ Por el suelo la ropa, los retratos,/ la Biblia deshojada." .
Se sienten engañados los inmigrantes: "¿Dónde se hallaba el oro,/ de todos alabado?/ El oro estaba en un pequeño árbol;/ el oro era un engaño:/sólo pequeñas flores/ de oro perfumado./ Aromitos floridos,/ orillas del Salado". En el mismo poema, una mujer escribe: "-Nos casamos./ La tierra es nuestra, ¡nuestra!/ Todo lo que tocamos/ va siendo nuestro:/ el buey, el horno, el rancho.../ Nuestros todos los árboles;/ nuestro un único árbol,/ tan grande, tan coposo,/ que da gusto mirarlo./ Es una nube verde/ asentada en el campo" (32).
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Los poemas tambièn han sido el medio elegido por los escritores para cantar a su tierra, o para evocar a sus mayores. En la lìrica se eternizan el homenaje, la gratitud y la añoranza.
Notas
  1. Grinbaum, Carolina de: "Llegaste", en Inmolación. Buenos Aires, el grillo, 2002.
  2. Pizarro, Cristina: en La voz viene de lejos. Buenos Aires, Ayala Palacio, 1996.
  3. Rossi, Virginia: "Ese inmigrante", en Capítulos, Editorial Nueva Generación.
  4. Assenato, Cristina: "Paìs de inmigrante", en El Tiempo, Azul, 21 de febrero de 1999.
  5. Cossa, Roberto: El sur y después, citado en "Bajaron de los barcos. Historia de la inmigración en la Argentina", por Colegio Schönthal, en www.monografias.com
  6. Olivari, Nicolás: "La violeta", citado por Cirigliano, Gustavo, en "Disquisiciones tangueras", en El Tiempo, Azul, 30 de septiembre de 2001.
  7. Olivari, Nicolás: en Historia de la literatura argentina. Buenos Aires, CEAL, 1980.
  8. Villoldo, citado por Colegio Schönthal
  9. Riccio, Gustavo: en Historia de la Literatura Argentina. Buenos Aires, CEAL, 1980.
  10. Madariaga, Francisco: en La Nación, Buenos Aires, 10 de mayo de 1998.
  11. Punzi, Orlando Mario: "Ochenta", en La Nación Revista, Buenos Aires, 26 de octubre de 1997.
  12. González, Oscar: "La anunciación", en El Tiempo, Azul, 16 de abril de 2000.
  13. Conte, Alfredo: Pascualino. Edición homenaje. Buenos Aires, 2001.
  14. Ponzo, Alberto Luis: "Dibujos de papá", en El Tiempo, Azul, 20 de junio de 1999.
  15. Perrone, Alberto: "Amores por la vuelta. El que una vez partió", en Hotel de Inmigrantes, 2002.
  16. Andruetto, Marìa Teresa: Kodak. Còrdoba, Ediciones Argos, 2001.
  17. Milano, Fulvio: "La Condra", en El Tiempo, Azul, 12 de noviembre de 2000.
  18. García, Griselda: poema inédito.
  19. Yunque, Alvaro: "Una familia de inmigrantes por la Avenida", en Versos de la calle. Buenos Aires, Editorial Claridad, 1924.
  20. Rodríguez, Rubén Héctor: "Extraño chamuyo", en La Nación Revista, Buenos Aires, 13 de diciembre de 1998.
  21. La Rosa, Eduardo: "El sueño de don Juan (un inmigrante), en La Capital, Mar del Plata, 10 de septiembre de 2000.
  22. Lavira, Amalia Olga: "Estampita", en ¡Che, barrio!. Buenos Aires, Gente de Letras, 1998.
  23. Cela, Adelina: "Madre Patria", en La Capital, Mar del Plata, 5 de septiembre de 1999.
  24. Gonzàlez Carbalho, Josè: "Cuando mi padre hablò de su infancia", en Requeni, Antonio: "Un poeta arxentino en Galicia: González Carbalho". Separata del Boletín Galego de Literatura.
  25. Urbina Garcìa, Eugenio: "Trìptico a Galicia", en La Capital, Mar del Plata, 28 de febrero de 1999.
  26. Cortez, Alberto: "El abuelo", citado por Colegio Schönthal.
  27. Gonzàlez Rouco, Marìa: "Herencia", poema inèdito.
  28. Benítez, Rubén: "Regreso", en La Nueva Provincia, Bahía Blanca, 3 de septiembre de 1998.
  29. Fijman, Jacobo: "Caminante" (poema inédito) en Clarín, Buenos Aires, 14 de diciembre de 2002.
  30. Novick, Enrique: "Balada para un padre ausente", en La Prensa, Buenos Aires, 10 de enero de 1999.
  31. Vinderman, Paulina: Bulgaria. Biblioteca Virtual Beat 57.
  32. Pedroni, Josè: Hacecillo de Elena. Santa Fe, Colmegna, 1987.


Leer más: http://www.monografias.com/trabajos13/ipoesia/ipoesia.shtml#ixzz3TALMOS2i

Inmigración y literatura: cuentos

  1. Italianos
  2. Judíos
  3. Ingleses
  4. Irlandeses
  5. Belgas
  6. Suizos
  7. Alemanes
  8. Notas
En esta monografía me refiero a algunos de los cuentos en los que se trata el tema de la inmigración que llegó a la Argentina entre 1850 y 1950.
Italianos
En "Pedrìn", Fèlix Lima presenta a un hijo de italianos que se avergûenza de su origen. Sus padre lo visitan en el estudio, en el que el abogado "encendiò un cigarrillo y se ubicò en amplìsimo sillòn de bùfalo. Cruzò las piernas, echò humo y apoyò la cabeza en el casquete de brin de aquel". Ante el desdèn del hijo, el padre exclama: "-Decalo, vieca. Estarà trabacando de arquentino..." (1).
En "La conquista de Buenos Aires", de Enrique Loncán, Cicerón vuelve a la vida en el siglo XX y emprende un viaje del que se arrepentirá amargamente. Estas palabras lo impulsaron a realizar la travesía: "más allá del Atlante existe una ciudad nueva, maravillosa, pletórica de esperanzas. Es la tierra prometida de los inmigrantes, la meta de los destinos fantásticos y las riquezas fabulosas. Se cuentan por millares los hijos del Lacio que en Buenos Aires hicieron fortuna... ¿Por qué no la harías tú también, Marco Tulio Cicerón, que llevas en tu sangre lo más puro de la raza latina y en tu mente todo el genio de la estirpe inmortal?" (2).
Hacia América parte un hombre desde Italia. Por amor al marido emigrado tiempo antes, la madre abandona a sus hijas, llevando al hijo varón, en el cuento "El tren de medianoche" de Syria Poletti. La escritora recuerda así este episodio: "En ese instante, momento en que mi madre me dejó para reunirse con mi padre en tierras de América, nacen el drama y la rebeldía, pero también la revelación de la soledad y su misterio. Fue como si de pronto se hubiesen abierto las compuertas de la vida adulta, y, al mismo tiempo, asomara la certeza de otro llamado. Al irse, mi madre respondía a un llamado ineludible. Yo también, con el tiempo, respondería a un llamado" (3).
Doménico, un campesino italiano herido durante una huelga en Buenos Aires, en 1919, siente nostalgia de su país. El personaje creado por María del Carmen García "Se quedó pensando en su casa de Pescara, la casa de sus padres, las paredes amarillas, las viejas tejas rotas, descoloridas, que cobijaban en una cocina y en una sola habitación a una numerosafamilia de doce almas. Su casa estaba entre colinas, de forma que desde allí no podía ver el mar, pero bastaba con que subiera hasta una cumbre vecina para que apareciera, como en una visión divina, el brillo enceguecedoramente azul de las aguas del golfo, la alta y diáfana línea del horizonte, tan alta que daba la impresión de un mar suspendido en el aire. Y los barcos de todos los calados y los veleros con una fiesta de velas al viento que semejaban una eterna despedida. (...) Esa tarde de verano, agobiante y triste, en que se sentía tan solo y tan dolorido, el recuerdo de su ‘paese’ lo envolvía en una nube dulce de nostalgia" (4).
Un amor imposible causa la emigración de un italiano, creado por Josè Luis Cassini: "El mismo día en que Enrico se hizo cargo de la sastrería, el único auto de la villa se detuvo enfrente. El chofer entró: ‘La hija del Patrón se va a casar con un doctor de Zóppola, como él ha dispuesto; y aquí te manda este dinero a cuenta del traje de novia que le vas a confeccionar’. Enrico lo entregó y se embarcó. Para no ver jamás el mar viajó tierra adentro, hasta el centro de la Argentina; hasta su huerta, en medio de la manzana del medio del pueblo" (5).
El casamiento es una de las formas en las que el inmigrante se integra a la nueva sociedad. En un texto de Fray Mocho vemos a dos argentinas intentando una alianza matrimonial con un inmigrante, mas la misma no se da porque el italiano declara estar casado ya en su país. Ante esta situación, la tía de la joven lo increpa: "-¿Y que más quedrá este condenao?... ¡Se necesita ser un gringo afilador, pa crer que una muchacha como mi sobrina sea capaz de fijarse en él si no es para casarse!... ¿Pa qué estarán los criollos?... ¡Aura mismo le habi’avisar al escribiento que no habías sido lo que parecés... condenao!... ¡Si hasta facha e’criminal en tu tierra t’estoy encontrando... verás con quién te has metido a tirar tiros al aire!..." (6).
En "La casa endiablada" de Eduardo L. Holmberg, aparecen italianos de humilde condición, carreros y verduleros, a los que se considera holgazanes y supersticiosos (7).
En "Desarraigo", cuento de Ana María de Benedictis, el narrador, que piensa en emigrar de la agobiada Argentina del siglo XXI, se arrepiente, evocando una historia familiar vinculada con la guerra: "Recordó que una mañana muy temprano llegó una carta bordeada de una franja verde, blanca y roja; que la abrió su abuela materna y comenzó a secarse las lágrimas con el delantal; (...) esperaron en la vereda a su padre. (...) Su madre, Mariana, había muerto hacía ya quince días. El correo tardaba mucho y él hacía quince años que no la veía. Recordó el duelo a distancia y el dolor de tanta ausencia amontonada, de tantos besos perdidos y de tanta soledad impuesta por un país destruido por la guerra" (8).
Españoles
María del Carmen García es autora de un cuento en el que presenta a unos asturianos que se quedaron en la ciudad de Buenos Aires: "Se acomodaron en una pieza de pensión en La Boca, paso obligado para todo humilde recién llegado, después del Hotel de Inmigrantes y antes de alcanzar el soñado terrenito propio" (9).
Patricio Pron, escritor santafesino, seleccionó para integrar una antología un cuento en el que menciona un hotel anterior al que conocemos. El protagonista de "La espera" "era porteño. Había nacido allá por 1908 en La Boca, en el Hotel de Inmigrantes, un día de lluvias frías. Sus padres, llegados hacia días de Cataluña, le habían transmitido casi sin saberlo esa sensación de ya no pertenecer a ninguna parte, ni a Cataluña ni a Buenos Aires". El edificio al que Pron se refiere ha sido adquirido por la Fundación Andreani para la construcción de su nueva sede (10).
Para conjurar la nostalgia, algunos inmigrantes traen de su tierra algo que les resulta especialmente querido: un retrato, un mantón, fotos... O el olivo que la española plantó en el fondo de su casa, en el cuento "Don Paulino", de Marita Minellono (11).
En la provincia de Buenos Aires se afinca el protagonista de un cuento de Arturo M. García: "Don Javier Echegaray y Tarragona, oriundo de San Sebastián en el país vasco y como su nación, fuerte de temperamento, férrea voluntad, constante en el trabajo y perseverante en sus ideas había llegado a la Argentina a los doce años con unas ansias inconmensurables de hacerse la América (12).
Cuando "Doña Conce", la gallega del cuento de Jorge Dietsch, ve que se acerca su fin, pide sus zapatos, "e incorporándose en la cama, comenzó a bailar. Bailaba para adentro, se veía en la mirada y la sonrisa, con una gracia joven y movimientos que debían ser de tal agilidad que en la habitación entró un viento fresco de montañas, con olores de campo y de menta. Tarareaba al mismo tiempo una música tan extraña y bella que quienes escuchaban, a pesar de la gravedad de las circunstancias, no pudieron evitar acompañarla con movimientos de pies. Luego, agotada de tanta danza, apoyó la cabeza en la almohada, respiró profundo varias veces, y cerró los ojos sin dejar la sonrisa, como soñando un buen sueño" (13).
Escribì mi cuento "Volver a Galicia", basàndome en una anécdota familiar. Acerca de esta mujer, digo: "Hasta que no lograra pisar esa tierra, nada tendría valor para ella, porque le faltaba su punto de partida, el origen que la había llevado a ser quien era" (14).
Judíos
En un cuento de Susana Goldemberg, dice un inmigrante al despedirse de su familia: "Argentina. El nombre raro. Otro país. Del otro lado del mar. Papá trató de explicarme: -Es un país grande, rico, generoso. Allí respetan a todos los hombres del mundo que quieran trabajar sus tierras. No importa en qué templo o en qué idioma le hablen a Dios" (15).
En el cuento de Luis León, "Izmir, Vísperas de Pésaj", judíos de Esmirna preparan su viaje hacia la "Aryintina, como Ierushalám, tierra prometida de leche y miel..." (16).
En "Chacarita, Vísperas de Pésaj", otro judío, esta vez un sefaradí proveniente de Esmirna, recuerda con disgusto su paso por el hotel de inmigrantes: "Cuarenta días en el vapor no fueron menos que cuarenta años en el desierto, y al llegar, ese hotel. Parecido a la timaraná de Chesmé, igual a ese manicomio donde murió Doudou, su madre que nunca lo abandonaba, y comenzó a dejarlo un día, de a poco, en su cerebro, poco a poco hasta olvidar quién era su único hijo, y otro día se fue entre esas paredes ajenas. Esas inmensas salas llenas de camas, donde cada uno hablaba de lo suyo y sin que nadie los entienda" (17).
Marcelo Birmajer evoca su experiencia en la primaria. A propósito de un hecho que está relatando, dice: "La historia transcurre en el colegio Doctor Hertzl, una institución judío-laica donde cursé hasta el cuarto grado de la escuela primaria. No pasé de cuarto grado porque el estudio simultáneo del inglés, el hebreo y el castellano, sumado a una confusa situación familiar, me dejó varado en una dislexia consistente en escribir el castellano de derecha a izquierda, como el hebreo; y el hebreo de izquierda a derecha, como el castellano. Sin duda podría haberme presentado como atracción en un circo grafológico, pero no era la habilidad más indicada para cursar regularmente el cuarto grado" (18).
Alberto Gerchunoff dejò, en el cuento "El dìa de las grandes ganancias", testimonio de su època de vendedor ambulante, durante la adolescencia. "Necesitaba poco para ababdonar el comercio a que me dedicaba. Era yo entonces alumno del colegio nacional. Habìa dado examen de primer año, encontràndome imposibilitado para continuar los cursos. Me faltaba el dinero para la matrìcula, carecìa de libros, del traje de cierta apariencia, a fin de que los camaradas de aula no se burlasen demasiado de mi aspecto gringo. Fueron estas circunstancias que me relacionaron con el jocundo Rondelli y nuestro convenio comercial quedò establecido sin intervenir leyes ni escribanos" (19).
Los inmigrantes padecen las secuelas de la guerra. En un cuento de Sebastián Jorgi, un hombre dice a su mujer: "A la semana de vivir juntos, mamá Freda se largaba a llorar todas las noches en la habitación contigua. Vos me explicaste que estuvo en el Ghetto de Varsovia y no quiere dormir sola porque tiene mucho miedo de sólo pensar que los nazis la llevarán a la casona del fondo del campo" (20).
En su cuento "El cardenal", Márgara Averbach escribe: "Yo siempre habìa querido un cardenal. En ese entonces, habìa muchos en los àrboles de la casa de las tìas, como flores rojas màs ràpidas que las otras. Y el abuelo, -que había nacido en una ciudad de Europa y después se había visto obligado a convertirse en gaucho judío, una conjunción inimaginable para él, supongo- me habìa prometido cazar uno para mì ese verano" (21).
De otro agricultor judío, "Aarón" y su esposa dice María Inés Krimer: "Nadie pudo explicar por qué terminaron ahí, perdidos en el medio de la pampa, cuando parientes y amigos se habían dirigido a las colonias de Santa Fe, Entre Rios y Chaco" (22).
El bisabuelo de Zahira Juana Ketzelman llegó a Azul con su familia, pero, molesto por la actitud de los lugareños para con sus hijas casaderas, se fue de esa localidad (23).
Eduardo L. Holmberg evoca en "La pipa de Hoffmann" a un judío alemán que "Conocía profundamente la historia y la literatura antiguas, las pocas reliquias de la edad media, y era capaz de apreciar los grandes hechos y los grandes hombres de los tiempos modernos y contemporáneos" (24).
Ingleses
En "Nelly", EduardoL. Holmberg se refiere a un inglés, "un caballero perfecto, vinculado a la Legación británica" (25).
En "Un sepelio atmosfèrico (Crònica de 1891)", Juan Carlos Dàvalos relata el destino que un astrònomo inglès radicado en Salta eligiò para sus restos: "A toque de clarines, la ceremonia dio comienzo a las 3, hora en que el globo, totalmente hinchado, cernìase por encima de la muchedumbre apeñuscada. Debajo del globo, sobre una mesa, notàbase un bulto largo, especie de tùmulo cubierto por un amplio trapo negro: ahì estaba el cadàver de Mr. Stop (26).
En "La noche de la cruz de plata" -uno de los cuentos por los que Jorge Torres Zavaleta mereció el Premio Fortabat en 1987-, la guerra, que parecía tan lejana, tan europea, llegó a la Argentina. El escritor evoca esa contienda. Tan argentino se siente el hijo de Miss Lucy que, cuando se declara la guerra de las Malvinas, se alista para combatir a los ingleses. Muere en el combate, luchando contra los soldados de la nación de sus padres. Miss Lucy, al enterarse de la muerte del joven, "pensó que de lejos, sin advertirlo, sus compatriotas la habían mutilado" (27).
Irlandeses
En uno de los cuentos de Tréboles del sur, Juan José Delaney plantea la situación de una inmigrante que ve frustradas sus ambiciones, principalmente por el obstáculo que es para ella el desconocimiento del lenguaje, aunque, en lo que respecta a lo material, se muestra agradecida: "no puedo pasar por alto la buena acogida que los irlandeses todos hemos tenido en este suelo; difícilmente brazos deseosos de trabajar no encuentren recompensa", dice la mujer" (28).
Belgas
En varios cuentos de Horacio Quiroga aparecen inmigrantes. Uno de estos cuentos es "Van-Houten", que toma su tìtulo del apellido del protagonista, un "belga, flamenco de origen", al que "se le llamaba alguna vez Lo-que-queda-de-Van-Houten, en razòn de que le faltaba un ojo, una oreja, y tres dedos de la mano derecha. Tenìa la cuenca entera de su ojo vacìo quemada en azul por la pòlvora. En el resto era un hombre bajo y muy robusto, con barba roja e hirsuta. El pelo, de fuego tambièn, caìale sobre una frente muy estrecha en mechones constantemente sudados. Cedìa de hombro a hombro al caminar y era sobre todo muy feo, a lo Verlaine, de quien compartìa casi la patria, pues Van-Houten habìa nacido en Charleroi" (29).
Suizos
En "La casa endiablada", de Eduardo L. Holmberg, es asesinado un colono suizo: "De las prolijas investigaciones hechas, y gracias a un interrogatorio bien llevado, en presencia de testigos fidedignos, el 17 quedò convicto de haber asesinado traidoramente a Nicolàs Leponti, a quien llevò con engaños hasta la casa de Luis Fernàndez. El suizo querìa comprar gallinas de raza, y sabiendo el 17 que aquella casa estaba sola, se dirigiò a ella y allì consumò el crimen" (30).
Alemanes
Narra Jorge Luis Borges en "El sur": "El hombre que desembarcó en Buenos Aires en 1871 se llamaba Johannes Dahlmann y era pastor de una iglesia evangélica; en 1939, uno de sus nietos, Juan Dahlmann, era secretario de una biblioteca municipal en la calle Córdoba y se sentía hondamente argentino. Su abuelo materno había sido aquel Francisco Flores, del 2 de infantería de línea, que murió en la frontera de Buenos Aires, lanceado por Catriel; en la discordia de sus dos linajes, Juan Dahlmann (tal vez a impulso de la sangre germánica) eligió el de ese antepasado romántico, o de muerte romántica" (31).
.....
Quienes se establecieron en la nueva tierra aparecen en estos cuentos con sus sentimientos, sus costumbres y peculiaridades; son personajes de ficciòn entrañables, aùn en sus defectos.
Notas
  1. Lima, Fèlix: "Pedrìn", en Fray Mocho, Fèlix Lima y otros – Los costumbristas del 900. Buenos Aires, CEAL, 1980.
  2. Loncàn, Enrique: "La conquista de Buenos Aires", en Ultimas charlas de mi amigo. Buenos Aires, El Ateneo, 1936.
  3. Poletti, Syria: "El tren de medianoche", en Mi mejor cuento. Buenos Aires, Oriòn, 1974.
  4. García, María del Carmen: Cuentos de gringos, en Fasola, Fanny y Garcìa, Marìa del Carmen: Cuentos de criollos y de gringos Buenos Aires, Vinciguerra, 1996. .
  5. Cassini, José Luis: "El mar en los ojos", en Rotary Club. Còmite de Cultura. Ramos Mejìa, 1994.
  6. Fray Mocho: Cuentos. Buenos Aires, Huemul, 1966.
  7. Holmberg, Eduardo L.: Cuentos fantàsticos. Buenos Aires, Hachette, 1957.
  8. De Benedictis, Ana Marìa: en El Tiempo, Azul, 24 de marzo de 2002.
  9. García, Marìa del Carmen: op. cit.
  10. Pron, Patricio: en De manos abiertas – Cuentos por adolescentes. Buenos Aires, Tu Llave, 1992.
  11. Minellono, Marita: "Don Paulino", en Reuniòn.
  12. García Arturo: "El còctel", en el grillo, Buenos Aires,
  13. Dietsch, Jorge: en El Tiempo, Azul, 14 de marzo de 1999.
  14. González Rouco, María: "Volver a Galicia", en El Tiempo, Azul, diciembre de 1998.
  15. Goldemberg, Susana: en Cuentos de la bobe. Buenos Aires, Sudamericana.
  16. León, Luis: "Izmir. Vìsperas dePèsaj", en SEFARaires, Nº 1, mayo de 2002.
  17. León, Luis: "Chacarita. Vìsperas de Pèsaj", en SEFARaires, Nº 2, junio de 2002.
  18. Birmajer, Marcelo: en No es la mariposa negra. Buenos Aires, Sudamericana, 2000.
  19. Gerchunoff, Alberto: "El dìa de las grandes ganacias", en Cuentos de ayer. Buenos Aires, Ediciones Selectas Amèrica, Tomo I, Nº 8, 1919.
  20. Jorgi, Sebastiàn Antonio: "Tardes del Lorraine", en Tardel del Lorraine. Buenos Aires, Ediciones del Valle, 1996.
  21. Averbach, Màrgara: "El cardenal", en Aquì donde estoy parada. Còrdoba, Alciòn, 2002.
  22. Krimer, Marìa Inès: en El Tiempo, Azul, 9 de febrero de 1997.
  23. Ketzelman, Zahira Juana: en el grillo. Suplemento: Gabinete de Letras y Arte, Nº 9. Buenos Aires, 2000.
  24. Holmberg, Eduardo L.: op.cit.
  25. Holmberg, Eduardo L.: ibìdem
  26. Dàvalos, Juan Carlos: en La muerte de Sarapura Antologìa. Buenos Aires, CEAL, 1980.
  27. Torres Zavaleta, Jorge: "La noche de la cruz de plata", en El palacio de verano. Buenos Aires, Grupo Editor Latinoamericano, 1987.
  28. Delaney, Juan Josè: Moira Sullivan. Buenos Aires, Corregidor, 1999.
  29. Holmberg, Eduardo L.: op. cit.
  30. Quiroga, Horacio: en Los desterrados- El regreso de Anaconda. Buenos Aires, Losada, 1997.
  31. Borges, Jorge Luis: en Ficciones. Buenos Aires, Sur, 1944.


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viernes, 9 de mayo de 2003

Inmigración y literatura: novelas

  1. Inmigraciòn en conjunto
  2. Italianos
  3. Judíos
  4. Irlandeses
  5. Alemanes
  6. Arabes
  7. Armenios
En esta monografìa me refiero a algunas de las novelas de inmigrantes o de sus descendientes que, publicadas a partir de 1980, evocan la inmigraciòn que llegò a la Argentina entre 1850 y 1950.
Las novelas sobre la inmigraciòn son una constante en la literatura argentina, y han sido objeto de serios estudios. En La inmigraciòn en la literatura argentina (1880-1910) (Santa Fe, Universidad del Litoral, 1965), Gladys Onega se propone "analizar el reflejo del fenòmeno inmigratorio en la literatura". En la dècada del 80, "frente a la masa cosmopolita que poblabaBuenos Aires, Miguel Canè reaccionaba aconsejando a los de su clase cerrar el cìrculo y velar las armas. El curso de estas transformaciones y su incorporaciòn a la literatura son los que este libro registra, a travès de la narrativa y el ensayo positivista (de Cambaceres a Martel y de Ramos Mejìa a Bunge), de la reacciòn nacionalista del Centenario (Rojas, Gonzàlez y Lugones) y de la perspectiva màs comprensiva de hombres que, como Sànchez, Payrò y Fray Mocho, no sentìan la amenaza extranjera de un hipotètico legado nacional".
Años màs tarde, se publica Aspectos del inmigrante en la narrativa argentina (Buenos Aires, El Francotirador, 1997), de Hemilce Cárrega, otra estudiosa de esta temática, quien sostiene que nuestra literatura "tal vez como pocas, abunda en páginas pobladas por figuras representativas de inmigrantes. Así como estos incorporaron rasgos peculiares en nuestrasociedad, del mismo modo lograron estampar –sin saberlo ellos mismos- un sello distintivo en los temas, motivos, tipos y caracteres presentes en obras de muchos escritores nuestros. Una singular realidad de la vida vernácula pública tiene, de esta manera, su versión en las letras, con mayores o menores logros estético-literarios, según los casos, pero casi siempre con una proyección documental interesante" . Nos proponemos en este trabajo brindar un panorama de la narrativa sobre el tema que surgiò en los ùltimos años, en los que la inmigraciòn sigue siendo un tema relevante. Hacer la Amèrica, de Pedro Orgambide, refleja a la inmigraciòn en general; en otras obras, en cambio, la evocación se restringe a una nacionalidad, aunque se hacen inevitables referencias a otras comunidades.
Inmigraciòn en conjunto
Pedro Orgambide evoca en Hacer la América (Bruguera, 1984) a los inmigrantes que llegaban a nuestro puerto, alentados por la consigna que da tìtulo a la obra. Españoles, italianos, judìos, griegos, son los protagonistas de este relato que muestra la faceta màs cruda del fenòmeno social que conmoviò al paìs al iniciarse el siglo XX.
La novela narra sucesos acaecidos en las postrimerìas del siglo XIX y en los primeros años de la centuria siguiente; sin embargo, mediante un recurso de ficciòn, el autor avanza en el tiempo hasta la dècada del 50. Los vaticinios de uno de los personajes permiten al novelista señalar una perspectiva, un desarrollo ulterior de los hechos que està describiendo como presente.
No obstante conformar un grupo social, los inmigrantes poseen caracterìsticas propias que los diferencian. Orgambide no presenta tipos –sociales o nacionales- sino individualidades con su personal manera de encarar la existencia. Algunos inmigrantes sòlo cuentan con sus hombros y su fuerza como instrumento de trabajo; otros, en cambio, poseen una habilidad innata para moverse en el mundo de los negocios, habilidad que puede transformarse, en ciertos casos, en oportunismo e insensibilidad.
La obra describe incidentes cotidianos, vistos desde la perspectiva del hombre que llega sin otro capital que sus ambiciones. El lenguaje, adaptàndose perfectamente a la singular visiòn propuesta por el autor, nos permite adentrarnos màs en esta novela que presenta una realidad harto diferente de la evocada por los aristocràticos hombres del 80.
Italianos
Atilio Betti escribió La noche lombarda (Buenos Aires, Plus Ultra, 1984), libro en el que se narra el viaje del hijo de un italiano a la tierra de sus mayores. A Italia viaja Atilio Betti en 1967. También lo hace el protagonista de La noche lombarda, su novela, premiado por el Gobierno de la península. El personaje vive su premio como una revancha: "Mi padre me había negado la educación. Me había condenado, por no querer trabajar bajo su mando, en su fabrica, a una juventud de lucha. A defenderme a puñetazos por las calles y las oficinas, con tal de salir con la mía. Y ahora me hallaba allí, en viaje hacia Italia, en calidad de invitado y futuro huésped de su patria. Libre y solo. Solo, sí, pero libre y triunfante".
Mempo Giardinelli nació en Resistencia, Chaco, en 1947. Fue distinguido con el Premio Rómulo Gallegos en 1993, por Santo Oficio de la Memoria (Buenos Aires, Seix Barral, 1991), novela a la que Carlos Fuentes se refiere como a una "saga migratoria tan hermosa, tan conmovedora, tan importante para estos tiempos de odio, racismo y xenofobia". La obra cuenta un siglo de historia privada, argentina y mundial, desde la llegada a nuestro país de Antonio Domeniconelle, su esposa y su primogénito, a fines del siglo XIX, quienes emigran porque eran "muy pobres. Muy pobres. Más pobres que toda la pobreza que hayas visto".
Dal Masetto es autor de Oscuramente fuerte es la vida (1990) y La tierra incomparable (1994), en las que evoca la vida de su madre, encarnada en un personaje literario. En la segunda, narra la visita de una emigrante a su pueblo, cuarenta años después. En una entrevista, aclara quién viajó: "En realidad, fui yo el que regresó. Allí se dio algo interesante desde el punto de vista del oficio: me propuse contarlo desde la visión de Agata y mi esfuerzo fue tratar de ver todo con los ojos de ella. Ese cambio de personalidad me obligaba a cierto tipo de asombro. Mi mamá -por ejemplo- nunca subió a un avión" .
Roberto Raschella evoca en Diálogos en los patios rojos y Si hubiéramos vivido aquí (Buenos Aires, Losada) la inmigración italiana. En un reportaje, el escritor afirma: "Viajé a Italia, el pueblo de mis antepasados, y al volver empecé a escribir la que fue mi segunda novela. La época anterior y posterior al viaje va a ser la base de mi tercera novela" .
María Teresa Andruetto es la autora de Stefano (Buenos Aires, Sudamericana, 2001), novela juvenil en la que relata la vida de un inmigrante, desde la extrema pobreza que vivía en su tierra, hasta que se establece en la Argentina y espera la llegada de su primer hijo. Stèfano se despide de su madre, viuda y sin màs hijos, quien no quiso acompañarlo en la aventura por el nuevo mundo. La partida es desgarradora para ambos, no obstante haber sido anunciada con años de anticipaciòn por el muchacho.
Griselda Gambaro escribió El mar que nos trajo (Buenos Aires, Norma, 2001) remitiéndose a sus vivencias: "En lo que respecta a Italia, acudí a mis propios recuerdos de los lugares que se mencionan: (...) Recordaba particularmente la isla de Elba, donde sucede el relato cuando se traslada a Italia. La había visitado hacía muchos años, conocido a los descendientes de Agostino, quienes me acompañaron al pueblo bajo cercano a la playa y al alto, sobre la cumbre de una colina, a ‘la playa de arena y piedras romas’ ".
Andrés Rivera es el autor de Guido (en Para ellos, el Paraìso, Buenos Aires, Alfaguara, 2002), en la que evoca la visión que en Italia se tenía de la Argentina. Quienes regresaban a Italia: "Contaban que había más vacas en una sola de las provincias argentinas que en todas las estrechas lenguas de tierra europeas conquistadas por las legiones romanas. Vacas y vacas y vacas. Y trigo, y más pan del que hubiera podido comer la familia desde los bisabuelos para acá. Había pan en esa tierra, decían, desde la creación del mundo" .
Españoles
María Rosa Lojo define a su novela Canción perdida en Buenos Aires al oeste (Buenos Aires, Torres Agüero Editor, 1987), como "la historia de una familia narrada a través de siete personajes, de siete voces: la voz central es la de Irene, que en sus treinta años rescata ese nudo de vidas que conforma sus propios orígenes, como quien canta una canción. Una canción perdida porque es la de la infancia y la adolescencia, la de la vida vivida tramada por el amor, la dicha, la desdicha, la enfermedad, la muerte, los extravíos y las recuperaciones que constituyen el tiempo irrestañable e incorruptible, como el agua fluyente, que la palabra, por un momento, crea la ilusión de retener" .
Rubén Benítez escribió una novela sobre la inmigración española, además de una biografía y algunos cuentos. En esa novela, La pradera de los asfódelos (Bahía Blanca, Siringa, 1989), plantea la pregunta acerca de lo trascendente: ¿Cuàl es la pradera de los asfòdelos? ¿Dònde podemos encontrarla? Algo debe permanecer en este agitado mundo, en medio de tanto caos. Quizàs lo trascendente sea la memoria y la misma sangre que, evolucionada o involucionada, aparece de generaciòn en generaciòn, en una aldeana española y en un universitario patagònico. La sangre es, en definitiva, lo que une a seres que ya no tienen nada en comùn, pues el progreso mal entendido los ha distanciado.
María Angélica Scotti evoca, en Diario de ilusiones y naufragios (Buenos Aires, Emecé, 1996), la vida de una inmigrante española, desde que viaja con su madre catalana y la pareja de la mujer, un italiano que conoce a bordo. "El primer recuerdo que me aparece es el viaje", dice la protagonista de la novela que mereció el premio Emecé 1995/6. "En verdad, es más lo que me contaron que lo que vi con mis propios ojos –continúa. No sólo porque era muy pequeña sino también porque hice la travesía encerrada en un camarote muy especial: viajé oculta bajo las faldas de mamita", porque "apenas zarpamos de Barcelona, mamita notó que yo tenía el cuerpo y las mejillas repletos de manchuelas coloradas. Ella ya había oído decir que a los enfermos los obligaban a bajar en el primer puerto, y por eso resolvió esconderme" .
Horacio Vázquez Rial es el autor de Frontera sur (Barcelona, Ediciones B, 1998). "Prostitutas, fantasmas, jugadores, gallos de riña, socialistas primitivos, héroes del trabajo, anarcosindicalistas o músicos que se cruzan en la vida de tres generaciones de emigrantes gallegos, van tejiendo la trama de Frontera sur y la historia de Buenos Aires, entre 1880 y 1935. José Díaz Ouro, que llega viudo y con un hijo a la capital argentina, que se enamora de una prostituta de alto vuelo y que recibe en su carrera ascendente la ayuda del espectro de un compadrito degollado, es protagonista de este relato épico, junto al alemán Hermann Frisch, portador de un bandoneón y de los principios de la organización obrera".
Guillermo Saccomanno recuerda en El buen dolor (Buenos Aires, Planeta, 1999), a su abuela gallega, la que le contaba cuentos de su tierra: Dijo en una entrevista: "A mi abuela le gustaba mucho escuchar y contar historias, y me hablaba de una parienta de ella, que entonces vivía enfrente de mi casa. En su aldea en España, esa mujer había tenido un hijo con el cura, y el chico se le había ahorcado a los treinta y tres años. Cuando yo tenía siete u ocho años, a la tardecita me cruzaba a la casa de esta otra gallega, que me contaba la historia de San Jorge y el dragón mientras me daba pan mojado en vino con azúcar". Narrador él mismo, Saccomanno fue distinguido con el Premio Nacional de Literatura correspondiente al año 2000 por su novela El buen dolor.
Gloria Pampillo es la autora de Los gallegos, una novela inédita en la que evoca la inmigraciòn de sus mayores. En esa obra, Pampillo recuerda la voluntad de unión de los emigrantes de esa región: "Lo que van a hacer ahora es lo mismo que hizo mi abuelo cuando llegó a la Argentina en 1870. Van a agruparse en cofradías. Que esas cofradías formen un ejército o una Sociedad de Socorros Mutuos, poco importa. Lo que tienen en común es que lejos de la tierra, "da mía terra", como dijo una mujer en el seminario con un dolor que me volvió de barro el corazón, van a buscarse entre ellos".
María Guadalupe Henestrosa ganó en 2002 el V Premio Clarín de novela, con Las ingratas (Buenos Aires, Clarìn, 2002), novela en la que evoca la inmigración de cinco hermanas españolas y la hija de una de ellas. Seis gallegas, recién bajadas del barco, llegan a una pensión en la que la mayor se empleará como cocinera. Allí las asalta la nostalgia: "Esa noche entre esas paredes húmedas, escuchando las palabrotas que venían desde el patio, las chicas extrañaron la casa de piedra en las montañas. Por primera vez desde aquella madrugada cuando dejaron a su padre, Vicente, solito junto al fogón, se sintieron lejos de todo, perdidas, a merced de unas gentes desconocidas, con quién sabe qué costumbres. ¿Cómo encontrar el alma en una tierra donde todas las cosas tenían otro olor?".
Judíos
En Aventuras de Edmund Ziller (Buenos Aires, Editorial Abril, 1984), Pedro Orgambide presenta –ademàs de muchos inmigrantes de diferentes nacionalidades- a un narrador nieto de un ruso, quien afirma: "descubro que Ziller se parece de una manera cruel a mi propio abuelo, al pobre abuelo loco, al chiflado que vivìa en un triste y oscuro cuartito cercano a la terraza, donde, a los cinco años yo lo vi sin comprender la tempestad y el desgarramiento del exilio (...) oculto por la enfermedad y la locura del mundo que arrastra a los hombres lejos de su tierra, y que un dìa los devuelve, crèame, como las olas de la `playa".
El libro de los recuerdos (Buenos Aires, Sudamericana, 1992), de Ana María Shua, "es la novela de una familia argentina, con sus abuelos inmigrantes, hijos comerciantes y nietos atorrantes. Una sucesión de afectos y de envidias, de nacimientos y de penas, de matrimonios públicos y de amores prohibidos. Sin grandes escándalos, sin secretos horrendos ni crímenes brutales: con la cuota de humor, de fracaso y ternura que corresponde al país que, vaya uno a saber por qué, eligieron nuestros abuelos o sus padres para sufrir y gozar".
Es el patriarca de esta familia el abuelo que, en la juventud, debió empezar a llamarse Gedalia Rimetka, dejando de lado su nombre verdadero. En Polonia, donde comía papa todos los días, esperó escondido que falleciera algún paisano más o menos parecido para heredar su identidad, y poder así emigrar.
Gabriel Báñez se refiere en Virgen (Buenos Aires, Sudamericana, 1998) a la inmigración de un judío belga y su hija, quienes llegan a Ensenada en la década del 30. "La Ensenada mìtica de los años cuarenta es el escenario de la historia de amor entre un cura y una chica belga, judìa y milagrosa. Novela de la Anunciaciòn y el Descenso y poderosa convergencia de fuerzas narrativas, Virgen revela en un presente audaz –la escritura de las cartas que intercambian el protagonista y su amada- una memoria negada que nos avasalla y nos conmueve, vaticina el fin de los tiempos y devela el estigma polìtico de un secreto y su traiciòn: el del hijo del mariscal Tito de Yugoslavia y de Evita Broz".
Ricardo Feierstein es el autor de La logia del umbral (Buenos Aires, Galerna, 2001), novela sobre la inmigración judía a lo largo de cien años. En ella cuenta el proyecto de cuatro generaciones de una familia, que se propone llegar a caballo desde Moisesville, provincia de Santa Fe, mediante postas de dos jinetes por vez, con una caja de madera de cerezo que contiene tierra de la primera colonia judìa en la Argentina y ‘una mezuzà, estuche de hueso con un trozo de papel escrito con letras hebreas’, hasta la Plaza de Mayo, donde la enterraràn bajo la Piràmide.
Cuando el miembro màs joven de este grupo està por concretar la iniciativa de su familia y de èl mismo, al pasar frente a la AMIA, una terrible explosiòn lo "revolea por el aire. Todo se vuelve negro –rememora-, el rugido ensordecedor parece indicar que, con la oscuridad de un eclipse gigante, ha llegado el fin del mundo. En ese instante, cien años de vida familiar y comunitaria se atropellan para desfilar ante los ojos desorbitados de mi conciencia en fuga".
José Martín Weisz relata en ...mientras los violines tocaban csárdás. Un viaje a Hungría (Buenos Aires, Milà, 2002), la historia de un judío húngaro que debió dejar su tierra, y el viaje que él realiza con su hijo, muchos años después. Martín "ha viajado con frecuencia a Europa debido a su trabajo, y en esos viajes siempre ha pensado en acercarse a Hungría, pero lo ha detenido el temor a enfrentarse por sí solo con el pasado de su familia. Lo ha asediado una irracional fantasía de que los nazis lo apresarían y lo harían jabón. (...) Quería ir a Hungría a visitar la tierra de sus ancestros, pero había llegado a la conclusión de que no podía hacer ese viaje solo, necesitaría de la compañía de su padre para realizarlo. No tanto la de su madre, que también era húngara, sino sólo la de su padre. Quería que fuese un viaje de hombres, de amigos, de compañeros, en esta excursión a ese pasado. (...) El paso siguiente era cómo convencer a este hombre de ochenta y cuatro años, que siempre había expresado su desprecio por ese país que no había dudado en apoyar al invasor nazi y que había colaborado para mandar tantos judíos a la muerte. No iba a ser fácil".
Irlandeses
Juan José Delaney evoca la inmigración irlandesa a partir de la protagonista de su novela, Moira Sullivan (Buenos Aires, Corregidor, 1999). En esa obra, el lenguaje, tan importante como factor sociabilizador, encarna una actitud de la protagonista. Ella nunca se interesó por aprender a comunicarse en castellano y esa negativa suya determina su relación con quienes la rodean. La anciana vive en su mundo y no quiere tener contacto con quien no pertenezca a él. Rechaza evidentemente toda forma de integración, y se repudio se patentiza en el aislamiento en el que se refugia. Aun cuando quisieran integrarse, el idioma era un serio problema para colectividades como la irlandesa; Delaney presenta dos paliativos para la incomunicación de los extranjeros: el cine mudo y el tango, por los que sienten gran afición .
Alemanes
En El viajero de Agartha (Buenos Aires, Emecè, 1989), de Abel Posse, el teniente coronel Walther Werner, de las fuerzas especiales nazis, intenta imaginar la ciudad en la que crece su hijo: "¿Cómo sería esa ciudad de Buenos Aires? Tengo referencias vagas, fotos vistas en un álbum de turismo. Imagino una ciudad de casas bajas, calles muy quietas, con avenidas largas y monótonas como las de ciertos barrios de Londres. Es un pueblo bastardo, pero casi blanco y amigo de Alemania".
Arabes
Jorge Isaac escribió Una ciudad junto al río (Buenos Aires, Marymar,1986), obra dedicada "a los inmigrantes árabes –sirios y libaneses- y, por natural extensiòn, a españoles, italianos, alemanes, judìos, suizos, rusos, polacos, yugoeslavos y de cuanto otro origen y procedencia màs, que se lanzaron un dìa por los riesgosos caminos del mar a la aventura de ‘hacer la Amèrica’ ". Partiendo de su propia etnìa, su mirada se vuelve abarcadora, hasta incluir a hombres llegados de tierras absolutamente diferentes.
Armenios
Memorias para no olvidar es la obra de Eduardo Bedrossian (Buenos Aires, Ediciòn del autor, 1998) que integra la trilogìa acerca de la Cuestiòn Armenia que èl escribiò en la dècada del 90. La preceden las biografìas Hayrig (Detràs del silencio de un millòn y medio de voces) y Hayrig II, en las que relata la vida de su padre, Hagop.
Las memorias se incian cuando los padres de Nersès, que poco antes cumpliò veintiùn años, deciden realizar, como le habìan prometido, el pedido de mano de una joven para que su hijo se case. La obra finaliza con el casamiento de esa pareja, unos meses despuès.
Esta historia ìntima sirve de marco para otra màs abarcadora: la de los armenios en la Argentina. Distintos personajes van narrando las circunstancias en que se realizò la inmigraciòn, las atrocidades que debieron padecer en manos de los turcos, la tortura, las violaciones de religiosas y alumnas, y muchos otros episodios que indignan al lector y han quedado grabados por siempre en la memoria de este pueblo bueno y sufrido.
Otros aspectos tambièn son descriptos: las comidas, la instrucciòn, la religiòn, el respeto a los padres y la consagraciòn a los hijos, los juegos con los que se entretenìan los armenios, sus visitas a la peluquerìa, al dentista, la llegada de un pariente al que hacìa años que no veìan... Hechos cotidianos que contribuyen a dar una imagen de una colectividad en un tiempo que pasò.
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La gesta propia o de un antepasado es el tema de estas novelas, en las que se refleja un proceso social que cambiaría la sociedad argentina. Son testimonios de un tiempo que marcó definitivamente nuestra historia.



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