miércoles, 26 de marzo de 2003

INMIGRACION:MUSEOS Y MONUMENTOS NACIONALES EN LA ARGENTINA

1. Museos
En esta monografía me ocupo de algunos de los museos y monumentos históricos nacionales, los cuales permiten conocer la historia de la inmigración que llegó a partir de mediados del siglo XIX.
Evocan la historia de los inmigrantes, en nuestro país, los museos que atesoran sus enseres, cartas, vestimentas. Uno ellos fue creado hace muchos años, y se lo ha mejorado notablemente en este último tiempo; otros, surgieron hace muy poco, merced al esfuerzo de las autoridades locales, los descendientes de los colonos, y organizaciones que apoyaron la iniciativa.
Museo Nacional de la Inmigración, Buenos Aires En 1998, Laura S. Casanovas nos daba una buena noticia, referida al Hotel de Inmigrantes de Puerto Madero: "Afortunadamente, el proyecto de transformarlo en museo está en marcha". Y agregaba: "el proyecto que reviste una enorme trascendencia cultural, no es nuevo".
Recordaba cómo había surgido la idea: "Todo comenzó en 1983, cuando a instancias de las colectividades de inmigrantes de nuestro país, el Ministerio del Interior emitió una resolución por la cual encomendó a la Dirección Nacional de Migraciones realizar un estudio de factibilidad de creación de un museo, que reviviera las circunstancias del hecho histórico de la inmigración en la Argentina. Dos años después, una segunda resolución creó, en el ámbito de la Dirección Nacional de Migraciones, un área responsable del Museo, Archivo y Biblioteca de la Inmigración. En 1990, mediante un decreto, se declaró Monumento Histórico Nacional al edificio del ex Hotel de Inmigrantes y el año último (1997) el Ministerio del Interior desarrolló el programa Complejo Museo del Inmigrante, con dependencia funcional de la Dirección de Migraciones. Serán sede del museo el hotel y las dos plazoletas aledañas. Los edificios restantes continuarán funcionando como dependencias de la Dirección Nacional de Migraciones" . Ese programa está dirigido por el profesor Jorge Ochoa de Eguileor y la arquitecta Graciela Seró Mantero.
Hubo quien se manifestó en oposición a esta iniciativa. Escribió Horacio Di Stéfano en 1999: "Parado hoy entre silencios añosos y trozos de postales de la Buenos Aires poco recordada, el maravilloso cuerpo del Hotel de Inmigrantes parece no inmutarse por el paso del tiempo, aunque su interior, vacío y abandonado, conserve ecos imperceptibles y leyendas que mezclan esperanzas, fantasmas, muertes y angustia. Da vértigo mirar su fachada desgastada, rodeada por la sosegada paz de los espacios verdes que lo separan de las inmediaciones de la estación Retiro, e imaginar que albergaba un mundo de personas pululando ruidosamente, donde hoy hay olores viejos. Sus inmutables paredes vieron reemplazar el blanco decolor original por un amarillo que lastima los recuerdos de sus horas, pero no es esto únicamente lo que se ve frente a la imponente figura de sus pabellones, y su historia tampoco estuvo a salvo de los maltratos a los que nos han acostumbrado desde siempre. De sólo pensar que el proyecto de hacerlo Museo, tal cual se ha planteado por las autoridades de la Dirección Nacional de Migraciones, lo acerca más al Shopping o a una pintada de labios y resaltado de pestañas, da ganas de dejarlo ahí, quieto, con sus secretos enquistados en la ignorancia" .
En septiembre de 2000, el Hotel fue abierto al público, pues allí se realizó una edición de la prestigiosa muestra Casa FOA. La misma se llevó a cabo "en dos edificios que forman parte del Patrimonio Arquitectónico de nuestra Ciudad. (...) Tratándose en ambos casos de edificios que son Monumentos Históricos todos los trabajos a ejecutar fueron analizados y evaluados por la Comisión Nacional de Museos y de Monumentos y Lugares Históricos" .
En el Desembarcadero se pudo apreciar espacios creados por importantes arquitectos, decoradores y paisajistas. Por la "Calle Histórica", restaurada por Augusto Oneto, se accede a la salida o a la "Calle del inmigrante", que llega al Hotel, diseñada por Matilde Oyharzábal y el arquitecto Alberto Boselli. En este espacio –dice la paisajista- ubicaron imágenes realizadas con computadora a partir de fotos: "Y allí están –en esas gigantografías que hemos colocado frente al Hotel- en un presente perpetuo e inolvidable que evoca en la lejanía el sueño industrial de nuestra patria" . A la izquierda de esta calle se encuentra la "Plaza de rosas", en la que Valentina Casucci brinda un sentido tributo a quienes llegaron a estas tierras, entre ellos, sus padres.
"El proyecto de casa FOA tiene el carácter de ambientación y decoración homenaje tendiendo a resaltar y restaurar los elementos arquitectónicos propios del edificio. Por eso se mantuvieron y repusieron los pisos calcáreos originales y azulejos con sus zócalos y listeles moldurados. Además se colocaron vidrios en toda la caja de la escalera. En cuanto a los coloresde las paredes se efectuaron cateos para poder recuperar los tonos originales" .
Se colaboraba así con un objetivo valioso: "Con esta iniciativa de Casa FOA en el Hotel se hará realidad un sueño por todos esperado: ‘El Museo del Inmigrante’"; mientras tanto, ofrecían un anticipo de lo que se vería poco después.
Los inmigrantes se detenían frente a un mostrador en el que recibían su primer documento argentino. Ese salón fue el lobby de la muestra. En el comedor, frente al visitante –que quizás se haya hospedado allí en el ‘30- se encontraban alineadas tres mesas con panes frente a cada lugar, como esperando a alguien que vendrá. Una grabación reproducía el murmullo de muchas personas (eran setecientas por turno) conversando en diversos idiomas.
Quienes se interesan por la sociedad de principios de siglo, encontraron una selección de la muestra Buenos Aires 1910. Memoria del Porvenir, que se vio en el Abasto. El CEMLA puso a disposición del público sus bases de datos, para rastrear a ese abuelo del que se sabe solamente en qué aldea nació.
En el salón contiguo se encontraba la librería y Gift Shop, donde se pudo hojear o adquirir libros y revistas sobre los hoteles de inmigrantes -que fueron varios y no uno solo, como piensa la mayoría de la gente- y muchos otros temas relacionados con éste. Los más llamativos eran los libros de Jorge Ochoa de Eguileor y Edmundo Valdés, Donde durmieron nuestros abuelos. Los Hoteles de Inmigrantes de la Ciudad de Buenos Aires, y el de Graciela Swiderski y Jorge Luis Farjat, Los antiguos Hoteles de Inmigrantes, y el número 398 de la revista Todo es Historia, que dirige Félix Luna.
En el dormitorio, el estudio de Laura Ocampo y Fabián Tanferna "antes que una reconstrucción histórica, prefirió hacer un homenaje a todos aquellos que vinieron con el coraje de iniciar una nueva vida" . Para ello, contaron con la colaboración de algunos de los inmigrantes que se hospedaron en el hotel, quienes narraron sus historias en sendas grabaciones. En eseambiente se pudo ver pequeños objetos que traían, facilitados para la exhibición por ellos y sus descendientes -pastillas para la tos, monedas de varios países, una medalla de la Virgen, un cortaplumas, un espejo, anteojos y un juguete-, así como en el comedor pudimos apreciar sus baúles.
En el Desembarcadero, se exhibió la muestra de la Galeria Zurbarán, en el espacio decorado por Celina Aráuz de Pirovano. Los cuadros fueron dispuestos enfrentados en dos hileras, separadas por bancos de madera. Mirando hacia el río, a la izquierda se encontraban las obras de José Marchi, artista que desde hace mucho tiempo pinta acerca de esta temática. Eran escenas de la vida cotidiana, protagonizadas por hombres, mujeres y niños, en las que se reiteraba la idea de la búsqueda: el cielo, el horizonte, la tierra. A la derecha, Carlos Alonso evocaba paisajes relacionados con los edificios históricos, y pintaba asimismo a una familia de italianos, eternizada durante una de sus comidas.
En la "Plaza de los Inmigrantes", la Virgen de Medugorje, traida de Bosnia Herzegovina, protegía a todos pueblos.
En octubre de 2001 se inauguró la primera etapa del proyecto. Los nietos de quienes vivieron en este hotel sus primeros días americanos pudimos volver a estar entre esas paredes que fueron testigos de tantos sueños e ilusiones.
Museo Judio de Buenos Aires "Hace treinta y cuatro años el abogado Salvador Kibrick tuvo la idea de fundar el Museo Judío de Buenos Aires, y lo hizo aportando piezas y documentos de su colección particular y con la ayuda de la Congregación Israelita de la República Argentina. Hoy, ofrece una muestra permanente organizada en dos sectores: el Area Testimonial, que contiene documentos, fotos, libros y publicaciones que exhiben la evolución histórica de la comunidad judía en la Argentina; y una galería de Arte Judío, que atesora pinturas y esculturas de maestros locales e internacionales en las que se representan escenas de la vida cotidiana de los judíos". Lo apadrina "un Comité de Honor que integran Marcos Aguinis, Daniel Baremboim y Jorge Glusberg" .
Museos de Olavarría, Prov. de Buenos Aires En 2000, un plan del gobierno municipal, "apoya el proyecto que fuera presentado en el Primer Congreso de Museografía y Museología, celebrado en San Clemente del Tuyú en 1990 y que comprendía la creación de varios museos, que en conjunto dieran con sus contextos, la idea de los principios socio-culturales y económicos, origen del desarrollo de lo que es hoy Olavarría". Este proyecto fue "presentado por el entonces encargado del Museo Etnográfico ‘Dámaso Arce’, del Instituto de Investigaciones Antropológicas I.I.A.O., Museólogo A. E. Chiérico". Encontramos información sobre tres de ellos.
Museo de los Alemanes del Volga, Colonia Hinojo, Prov. de Buenos Aires Este museo fue inaugurado en febrero de 1998. "funcionando como un verdadero museo viviente, como un verdadero centro de difusión cultural, donde su contexto histórico conforma los principios de la agricultura de la provincia de Buenos Aires en el año 1878". El museo "actualmente cuenta con un archivo fotográfico y enmarcado en una medida uniforme para su presentación, de 230 personajes y familias de esta Colonia Madre; una biblioteca específica; museo de la palabra; cursos de idioma alemán; genealogías de las familias tradicionales; archivos de expedientes referidos a la historia de los 122 años del arribo de estos inmigrantes a la zona y que nos proporcionara el comienzo de la agricultura en la provincia de Buenos Aires".
Museo de la Piedra Emma Ochi, Sierra Chica, Provincia de Buenos Aires En noviembre de 1998, Chiérico escribe: "quiero hablar (..) de la historia de las canteras, de la inmigración italiana venida en el siglo pasado a trabajar la piedra, el granito rojo, de aquellos que se denominaban los picapedreros y cuyas familias tradicionales todavía tienen descendientes con ganas de recordar a sus ancestros a través de la construcción de un museo municipal histórico zonal, que refleje esa vida de trabajo, cuya seña o exponente más real en la actualidad es la abertura inmensa de sus canteras, con profundidades que estremecen y dan vértigo cuando uno se asoma a ellas"
"En Sierra Chica, se trata del estudio de los primeros movimientos de sus pobladores, la importancia del ferrocarril que llega para el transporte de la piedra y de los cereales, las familias venidas de Italia, apellidos caros como Bonavetti, Gregorini, Sampatti, Ochi y muchos otros que completarían la lista; la construcción de sus viviendas, hechas completamente de piedra sus paredes, con vigas y sostenes de gruesas maderas de quebracho, con sus típicas chapas sostenidas por piedras". El proyecto "no es solamente la construcción de otro museo sino un circuito, tipo turístico museológico que vaya entrelazando lo descripto".
En diciembre de 1999 se inauguró el Museo de la Piedra "Emma Ochi", "que ya corresponde a otra inmigración, a los italianos ‘picapedreros’ que llegados desde su pueblo Vezza D’Oglio, casi en la misma época de los volguenses (invitación del presidente más joven de los argentinos, Nicolás Avellaneda, que promulgara la ley 1147 de Inmigración) y cuyo contexto histórico se reparte entre esta gente de Canteras y la necesidad nacional de proveer una mano de obra barata para la construcción de adoquines, que se utilizarían para las calles de las ciudades importantes como Buenos Aires, motivo que daría la implantación del Penal".
Museo Colonia San Miguel, Sierras Bayas, Prov. de Buenos Aires En febrero de 1878, el vapor "Hohenstab" trajo a diecinueve familias alemanas que llegaban desde el Volga. Después de estar en el Hotel de Inmigrantes, toman un tren que los deja en Azul y luego, en una carreta hacen los 35 km que quedan hasta San Jacinto, su primer asentamiento. Dos años después se ubican en lo que luego sería esta colonia.
La casa en la que viviera don Miguel Stoessel Muller, fue donada por sus herederos a la Municipalidad de Olavarría, para que allí se instale el museo que lleva su nombre.
"Una promoción del legislador Ernesto Cladera (UCR) con el fin de recuperar el pasado y el presente de la comunidad olavarriense movió a las arquitectas Silvina Deluca y Gladiz Dami, de la Dirección de Museos, Monumentos y Sitios Históricos de la Provincia de Buenos Aires, a procurar que Colonia San Miguel fuera propuesto para convertirse en el ‘Primer Poblado Histórico Provincial’, debido a que ‘no ha sido contaminado por la ciudad’".
Museo de la Colonización, Esperanza, Santa Fe Este museo consta de "tres grandes salas en las que se exhiben elementos significativos de la inmigración suizo-alemana de Esperanza".
Museo Histórico Comunal y de la Colonización Judía Rabino "Aaron Halevi Goldman", Moisés Ville, Santa Fe. "La vieja casa que le sirve de asiento, fue hasta el año 1983 sede del correo. Por ordenanza N° 334/89 con motivo de la celebración del Centenario de la Colonización y de la inmigración judía en la Argentina, se inaugura el museo en lugar propio, donado por los descendientes de la familia Brener, el día 25 de octubre de 1989".
Museo de la Colonia San José, Entre Ríos En octubre de 1999 se inauguró la nueva colección permanente del Museo Histórico Regional de la Colonia San José, en la provincia de Entre Ríos, la cual "representa también el trabajo final de un seminario sobre conservación, que apoyaron organizaciones nacionales y extranjeras, como el Fondo Nacional de las Artes, la Fundación Antorchas y el Smithsonian Institute de Estados Unidos" .
En 1957, "al cumplirse el centenario de la fundación de la colonia, fue inaugurado el Museo: Los descendientes de los pioneros donaron los objetos más queridos, que se convirtieron en patrimonio de todos" . En esa fecha, "a un grupo de vecinos se le ocurrió pedir a la gente que donara algún objeto querido que hubiera pertenecido a los fundadores. Pronto llegaron un arado de madera, barriles gigantes en donde hacían el vino, carruajes de ruedas altas, mantillas y monederos, contratos de propiedad, vestidos de novias bordados a mano y cartas amarillas escritas con caligrafía gótica. Desde entonces, el museo recibió más de seis mil objetos de la vida cotidiana y se convirtió en una suerte de rincón de los recuerdos: la gente del pueblo vuelve una y otra vez para ver las cosas que pertenecieron a su familia y traer nuevos objetos que encuentran en viejos baúles".
"Las piezas donadas por la comunidad son consideradas uno de los conjuntos más ricos del género en virtud de su valor testimonial, pero el desconocimiento de las actuales técnicas de conservación hacía que muchas de ellas corrieran peligro" . En 2000, "se completó la renovación del Museo hasta convertirlo en uno de los más avanzados del país".
La "profesora e historiadora local Celia Vernaz, descendiente de saboyanos y suizos" expresó al inaugurarse la muestra "Nuestros abuelos, los pioneros": "Nuestros pioneros debieron borrar la memoria por necesidad, casi para sobrevivir y hacerse parte de la nueva tierra. Luego, la Guerra Mundial del 14 hizo desaparecer a casi todos los familiares que habían quedado en Europa. Hoy, las nuevas generaciones luchan por rescatar ese pasado que se quedó enterrado entre los surcos de la labranza" .
"A la vera del río Uruguay, en las plácidas praderas entrerrianas, el Museo Histórico Regional de la Colonia San José cuenta la historia de los argentinos que descendemos de los barcos. Una historia sin magnos bronces ni héroes individuales, esa historia que está ausente en los museos repletos de figuras de cera con nombres de calles. (...) Sabiamente dispuestos, los objetos revelan historias de hombres que labraban la tierra, curaban enfermos y compartían las más actualizadas tendencias de la época, desde la educación pública hasta el socialismo utópico; historias de mujeres que bordaban abecedarios, lavaban ropa en tambores a manija, sembraban vergeles hasta crear ciudades jardín" .
Museo y Centro Ucraniano, Apóstoles, Misiones. En agosto de 1997 se inauguró este museo, "con motivo de celebrarse el Centenario de la llegada de los Primeros Colonos Inmigrantes, polacos y ucranianos. (...) El lugar que actualmente ocupa, fue el lugar donde estuvo la primera Cooperativa Agrícola de Apóstoles". El objetivo de este museo es "el de dar a conocer la historia y cultura del pueblo ucraniano, tanto en sus manifestaciones y vivencias religiosas y artísticas, así como para proveer informaciones acerca del mismo y transmitir a las nuevas generaciones conocimientos, como idioma, pintura, bordados, artesanías, etc".
2. Monumentos Históricos Nacionales
No sólo en los museos se encuentran testimonios de la vida de los pioneros. "El Apostadero Naval Buenos Aires, las antiguas bodegas mendocinas y la localidad santafesina de Moisesville guardan el legado de los primeros inmigrantes. Por eso, la Comisión Nacional de Museos, Monumentos y Lugares Históricos decidió protegerlos y declararlos monumentos históricos nacionales". En 1990 había sido declarado como tal el ex Hotel de Inmigrantes.
Apostadero Naval "La tierra natal ya había quedado atrás y los inmigrantes pisaban por primera vez suelo argentino en el Apostadero Naval, muy cerca de lo que ahora es Puerto Madero. En esa amplia galería sobre el río, inaugurada en 1907, les revisaban los documentos. Después venía el control médico y, si aprobaban, pasaban al Hotel de Inmigrantes".
Moisésville "En Santa Fe (...) los inmigrantes judíos levantaron Moisesville. De los primeros que llegaron a la colonia quedó el Cementerio Israelita de 1891, el más antiguo del país".
"Las primeras familias judías llegaron a lo que por ese entonces no era más que un paraje despoblado en octubre de 1889. De aquellos pioneros se conservan templos de principios de siglo y las sedes de la Biblioteca Popular Barón Hirsch, fundada en 1913, y de la Sociedad Kadima (1909). El patrimonio cultural y arquitectónico que guarda la ciudad la convirtió en poblado histórico. Además, la sinagoga Brener, fundada en 1905 y aún en pie con todo su mobiliario original, fue declarada monumento histórico nacional".
Bodegas mendocinas Otros inmigrantes "fueron a Mendoza y cambiaron su paisaje: hicieron de aquel desierto una tierra fértil para la vitivinicultura. Y son justamente los rastros y las influencias de aquellos pioneros lo que se pretende proteger. En Mendoza, el patrimonio bodeguero que fue declarado monumento histórico nacional definió la identidad de esa provincia. Es que ‘contribuyó a reorganizar el territorio como espacio productivo, social y simbólico (...) y potenció el crecimiento de ciudades importantes’, según los fundamentos del decreto de declaración".
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Museos y monumentos nos hablan de una historia de sacrificios y renunciamientos. La misma que hoy homenajeamos quienes descendemos de aquellos que cruzaron el mar.
3. Bibliografía
Casa FOA: "2000/ Desembarcadero y Hotel de Inmigrantes".
Casanovas, Laura S.: "Una historia de inmigrantes", en La Nación, Buenos Aires, 29 de noviembre de 1998.
Chatruc, Celina: "Casa FOA 2000", en La Nación Revista, Buenos Aires, 3 de septiembre de 2000.
Chiérico; Ariel Edgardo: "Colonia San Miguel, un nuevo museo", en La Capital, Mar del Plata, 9 de abril de 2000.
"El museo de la piedra", en La Capital, Mar del Plata, 15 de noviembre de 1998.
Denoy, Marina: "Los pioneros", en La Nación Revista, 16 de enero de 2001.
Di Stéfano, Horacio: "El Hotel de Inmigrantes: albergue para la nostalgia...", en TANGOSHOW El lugar del Tango en internet. 1999.
Farjat, Jorge Luis y Swiderski, Graciela: Los antiguos Hoteles de Inmigrantes. Arte y Memoria Audiovisual, 2001.
Fehrmann, Silvia: "El museo de los que descendemos de los barcos", en Clarín, Buenos Aires, 23 de julio de 2000.
Feijoo, Sebastián: "La magia de rastrear el propio origen", en La Razón, Buenos Aires, 25 de julio de 2001.
Fernández, Roxana: "Protegen lugares históricos vinculados a los inmigrantes!", en Clarín 19 de abril de 1999.
Gentile, María Laura: "Comienza la exposición de decoración de Casa FOA", en Clarín, Buenos Aires, 28 de septiembre de 2000.
González Rouco, María: "El Hotel de Inmigrantes", en www.galiciaoxe.org, 2001.
Luna, Félix (director): Todo es historia. N° 398. Buenos Aires, septiembre de 2000.
Ocampo, Laura: y Tanferna, Fabián: "Testimonios" . Casa FOA 2000.
Ochoa de Oguileor, Jorge y Valdés Edmundo: Donde durmieron nuestros abuelos. Los Hoteles de Inmigrantes de la Ciudad de Buenos Aires. Buenos Aires, Centro Internacional para la conservación del Patrimonio Argentino.
Oyharzábal, Matilde: "Memoria descriptiva de la ‘Calle del Inmigrante’". Casa FOA 2000.
Sánchez, Nora: "La historia de casi cuatro millones de inmigrantes en un banco de datos", en Clarín, Buenos Aires, 11 de julio de 2001.
Schuchner, Silvina: "Un museo que guarda la memoria de los abuelos", en Clarín, Buenos Aires, 10 de enero de 1999.
S/F Casa FOA: Folleto de la Muestra 2000.
S/F: "En busca del patrimonio intangible", en La Capital, Mar del Plata, 9 de abril de 2000.
S/F: www.Municipalidad de la Ciudad de Apóstoles. Htm
S/F: "Museo de la colectividad", en Clarín Viva, Buenos Aires, 16 de septiembre de 2001
S/F: www.museosjudiosdeladiaspora.htm
Tollier, Verónica: "Recrean la vida de los pioneros de la inmigración en Entre Ríos", en Clarín, Buenos Aires, 16 de octubre de 1999.



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lunes, 24 de marzo de 2003

Celtas en la Argentina

En esta monografía me refiero a la presencia celta en la inmigración que llegó a la Argentina entre 1850 y 1950, y a la breve pero efectiva acción de un periódico destinado a los miembros de las colectividades de ese origen.

Muchas de las colectividades que forman parte hoy de nuestro país son de origen celta. El celtismo está tan presente en algunos inmigrantes, que se refieren a esas raíces aún en circunstancias de la vida cotidiana. Relata Gloria Pampillo que su abuelo, gallego, había elegido el mismo nombre para todos sus bienes: "Celta, como el nombre que mi abuelo le ponía a cada uno de los bienes que acá se iba ganando, desde su barco hasta los toros. Un toro negro, morrudo, que ahora le dibujo en su escudo de comerciante, como tantos otros dibujaron una espiga en el almacén o en la panadería: La flor de Galicia". (1).
"¿Los Celtas todavía existen? ‘Cuando el sol se pierde en el horizonte, el aire se puebla de magia, el bosque es más verde y siento el poder de la tierra en mis entrañas. La luna me descubre a los duendes y las aguas del lago me susurran historias de potentes y arcaicos conjuros" (2).
El investigador Jean Markale señala que ellos "ocuparon, a partir del siglo V de nuestra era, una gran parte de Europa, las Islas Británicas, el territorio que se extiende desde la desembocadura del Rhin hasta los Pirineos y desde el Atlántico hasta Bohemia, con prolongaciones en el norte de Italia y noroeste de España" (3).
En su trabajo titulado "Celtas y Celtismo" (4), Manuel Castro, Presidente de la Liga Celta de Argentina, escribe: "Generalmente se considera que son ocho las naciones celtas: Irlanda, Escocia, Isla de Man, Cornualles, Bretaña, Galicia y Asturias (algunos autores incluyen también como célticas zonas del Norte de Italia, en la actualidad), pequeña muestra del pueblo que en otras épocas ocupó la mayor parte de Europa y de Asia". "En Bretaña, el país de Gales, en Irlanda y en Galicia es donde se ha conservado mejor el ‘tipo celta’, agrega.
Los razones por las cuales los emigrantes de estas naciones dejaron sus patrias fueron diversas. Luciano Méndez Muslera enumera los motivos que llevaron a los asturianos a emigrar; habla de la imitación e inculcación, la salida de los hidalgos segundones y gente acomodada, los "ganchos" o agentes de los armadores, la evasión del reclutamiento militar, y los motivos económicos o de población (5).
El gallego Francisco Coira llegó a la Argentina en 1925, "como vienen todos los inmigrantes, para buscar algo mejor... y en realidad, escapando del servicio militar, que se hacía en Africa...(...) lo que significaba, con las pestes, la guerra y todo, casi ir a morirse..." (6). José Luis Baltar Pumar, presidente de la diputación de Orense, se refirió a la situación en la que emigraron sus compatriotas: "Los gallegos han colaborado en la realización de la Argentina, pero nunca se han olvidado de su madre patria, cuando podría existir un sentimiento de rencor por no haberles dado la posibilidad de progresar en su lugar de nacimiento. Ellos saben que si Galicia no les ha dado oportunidades es porque no ha podido" (7).
Sobre los irlandeses, leemos: "Muy arraigados a su tierra, y con escasa inclinación a emigrar, es posible que la clase obrera y campesina nunca hubiese abandonado su país de no haberse producido la gran catástrofe de los años 1845 a 1849. Pero esos años fueron fatídicos y decisivos. Parecía como si de pronto todas las fuerzas de la naturaleza se hubieran confabulado para dar al traste con un pequeño país que, tras siglos de abandono y mala administración, carecía enteramente de reservas. Los verdes campos asolados por la terrible plaga de la papa; epidemias de tifus y escorbuto diezmando cruelmente a la población. En el breve período de aquellos cuatro años, dos millones aproximadamente de sus pobladores perecieron a causa del hambre o las fiebres, ya en su propia tierra, ya en el curso de los espantosos viajes a que les llevó el intento de salvarse" (8).
En la nueva tierra, quienes tienen sangre celta cultivan tradiciones y costumbres, se interiorizan en las creencias de sus mayores, cantan y bailan danzas centenarias. Llegaron a América, y aquí son el vínculo entre un pasado que veneran, y sus hijos, que honran esas tradiciones.

Un periódico celta

En la Argentina existen periódicos editados por las comunidades inmigrantes celtas. Conocemos los gallegos –Galicia en el mundo, Mundo Gallego- y el irlandés –The Southern Cross. Pero hubo también un medio gráfico destinado a los celtas en general: Viajero Celta, publicado por primera vez en 1995, fue un "periódico que refleja el acontecer de todas las colectividades que integran el mundo celta aquí, en Buenos Aires". Y, aunque uno viviera en otra parte del mundo, podía suscribirse y tener "un contacto con toda la cultura y la actualidad, en su casa".
El propietario era Carlos Enrique Cerqueira, lo dirigía Tini Araujo, y la Jefa de Redacción era Bárbara Cerqueira. Los temas de interés de responsables y lectores se explicitaban en el subtítulo de la publicación. Juntos, unos y otros emprendíamos "Una exploración por el mundo celta, desde la oscuridad de los tiempos hasta nuestros días".
En el programa del Segundo Encuentro Cultural Celta en la Argentina (9), que los editores nos hicieron llegar oportunamente, reafirmaban la profunda ligazón que une pasado y presente: "Es sutil el límite entre lo mitológico y lo histórico, pero los rasgos de esta cultura siguen en movimiento. Nos caracteriza un no sé qué, algo que nos hace peculiares. Seguimos siendo CELTAS"
Ese programa incluía un texto en el que se hablaba de los bardos. En sus orígenes, "El bardo era entre los celtas el poeta y gran dignatario oficial que se encargaba de garantizar las alabanzas o la reprobación en la corte del rey". Con el tiempo, la situación de este personaje fue cambiando, ya que "Luego en la edad media el barth en Bretagne pasó a ser un simple cantor ambulante".
La participación de estos cantores en la literatura estaba pautada según ciertas convenciones: "Los bardos debían utilizar algunas genealogías fijadas por la escritura para hacer sus narraciones aunque quizás sólo se tratara de listas que contenían gran número de colores de caballos, la variedad de colores raros de las armas, vestimentas, capas preciosas y piedras mágicas como en el ‘Sueño de Rhonabwy’. Este comienzo literario fue a partir de siglo XIII".
¿Qué tiene que ver con Viajero Celta esta historia del bardo? Sucede que el cantor ambulante debía observar estas convenciones "para garantizar la memoria de los relatos que desde el siglo XI plasmaban las tradiciones, las costumbres y, sobre todo, la memoria de la propia cultura. Reafirmación de una identidad que se habría perdido en el silencio que las civilizaciones de la oralidad dejan como herencia". Como el bardo, este periódico "trata de mantener las tradiciones celtas. Para que no se olviden. Observa la actualidad de los celtas que hoy viven en Buenos Aires y también se ocupa de quienes ignoran su pasado celta con una sección especial".
Reafirma así la importancia del pasado y su legado, y a esta dimensión temporal, une la que tiene que ver con el espacio: "Los celtas –explican- fueron gentes que integraron una cultura de la que se encontraron restos en casi toda Europa. Desde los castros gallegos, hasta yelmos encontrados en Hungría, desde los torques (especie de collar) de Escocia hasta las pinturas del dios Iug en Italia".
Este periódico no se propone, solamente, hablar de culturas europeas como tales, sino que reitera en toda ocasión la vinculación que se da entre ellas y los argentinos. De esta vinculación nace el interés que la publicación despierta en la nueva tierra, ya que "A todos en mayor o menor grado nos incumbe esa historia de grandes guerreros, olímpicos comensales y también grandes amantes enamoradizos y obstinados que todavía hoy siguen recorriendo las costas atlánticas del occidente de Europa. Y no sólo allá sino también en las callecitas de Buenos Aires, teniendo en cuenta que desde algunos viejos edificios de San Telmo se puede escuchar una gaita...".
Viajero celta reúne notas variadas, capaces de satisfacer las más disímiles inquietudes. Están, por supuesto, las relacionadas con la Historia, que firman Manuel Castro y Alberto N, Manfredi (h), por ejemplo. Hay artículos sobre lugares celtas, como Portugal, Grecia, Irlanda, Alemania –la ciudad de Regenburg- y Croacia.
Nos informa acerca de las fechas celtas, como el Samain, que "es uno de los cuatro festivales celtas importantes. Marca el final del año celta. Sabemos de su importancia tanto en la Galia como en las Islas Británicas por su aparición en el antiguo calendario Coligny. No sabemos a ciencia cierta a quién estaba dedicado, pero seguro que Samain era el festival de los muertos" (10).
Sobre Halloween escriben: "esta fiesta, que parece un carnaval norteamericano es nada menos que una importante celebración celta. El calendario ritual irlandés comienza con el gran festival de SAMAIN, que se celebra el 1° de noviembre. Era una fiesta en la que se realizaban ofrendas a los antepasados para compartir la buena suerte. Hoy los irlandeses en esta fecha hacen una gran limpieza de sus casas, y dejan alimentos para sus antepasados la Víspera de Todos los Santos. Por otra parte, cada 31 de octubre, último día del año según el calendario celta, bajan a la tierra los espíritus de las frutas, los vegetales y los muertos para perseguir y atormentar a los humanos. El término HALLOWEEN surge de la corrupción de la frase "All Hallows Eve" que significa Víspera de Todos los Santos" (11).
En una publicación de estas características, no podía faltar la conmemoración de San Patricio, "fiesta de todos los celtas". "El 17 de marzo, como todos los años, los irlandeses festejan su santo patrono. Pero desde hace tres años se unen a esta celebración, celtas de varias nacionalidades. Sólo bastó dar una recorrida por todos los pubs que se aglutinan, curiosamente, cerca de Retiro –y de la Torre de los Ingleses- para encontrarse con parejas formadas por individuos de diferentes comunidades celtas y una sola idea: beberse toda la cerveza Guiness y todo el whisky irlandés que hallaron durmiendo desde hace justo un año" (12).
Ni la de Santiago Apóstol. "Este mes –dice el editorial de julio de 1996- Viajero Celta hace un alto en el camino. El descanso de este peregrino lo hace en Galicia. Porque julio es el mes del Apóstol de España y duerme su sueño eterno en Santiago de Compostela. Desde estas páginas rendimos nuestro homenaje a todos los gallegos celtas" (13).
Los artistas celtas de América tienen un lugar relevante en estas páginas. Entre ellos se destacan quienes tienen que ver con la música y la danza, nucleados en las "Noches Célticas" que se llevaron a cabo en un teatro porteño, con la animación de Manuel Castro, creador de estas veladas, y la producción de Alejandra Cullari y Guillermo Pardini.
Manuel Castro, descendiente de gallegos, "es fanático de la música celta. En sus viajes por Europa aprendió la historia y las costumbres de este pueblo europeo y ahora difunde sus conocimientos en la Argentina. (...) Fiel a las tradiciones, Manuel se calza la pollerita kilt y el zaragüelle –vestuario típico que usaban los gallegos en el siglo XVIII- para interpretar los temas musicales. (...) Con el grupo Potim (nombre de una bebida irlandesa ilegal) ya grabó un CD y ahora va por el segundo. ‘Soy un coleccionista de gaitas’, dice Castro y cuenta orgulloso que tiene 7 de esos instrumentos. ‘La primera gaita me la compré en un viaje que hice a Londres. Aprendí a tocar con parientes y gaiteros escoceses. La cultura celta me fascina" (14)
Se hace referencia, también, a los festivales de música celta "Keltoi"; sobre el segundo de ellos, se escribe que reunió "nuevamente a los principales grupos de música celta del país, es decir, a los conjuntos y bandas más representativas de música gallega, asturiana, escocesa, irlandesa, folk y rock celta". En esa oportunidad, además de los músicos mencionados pudimos escuchar al gaitero Carlos Nuñez, que vino a presentar en Argentina su compact titulado "A Irmandade das Estrelas".
Uno de los números incluye un reportaje a Gustavo Fontana, Director del Conjunto de Música Folk-Celta del Centro Galicia de Buenos Aires "Maestro Pazos", con motivo de la aparición de Abrego, "el primer CD de este conjunto de jóvenes intérpretes. Son hijos y nietos de gallegos y su mayor ilusión es transmitir con autenticidad y humildad la magia y sensibilidad que guardan las melodías gallegas" (15)
La actualidad de las colectividades celtas es protagonista en este periódico, y sus comidas típicas son evocadas en las notas sobre gastronomía. Gracias a la publicación, podemos degustar la "Torta para el Apóstol", el cognac, el vino de Madeira, almejas a la marinera de España, vinos de Borgoña, Whisky de Escocia y de Irlanda, salsa mediterráneas, carne a la húngara, mejillones belgas y embutidos celtas en Alemania.
Se presenta asimismo el Calendario Arbolar Céltico, de Tini Araujo, quien afirma que el libro "es para los que desean volver a conectarse con la naturaleza, creación divina. Los Celtas veneraban a los árboles y por medio de ellos los druidas obtenían el conocimiento, el poder y la existencia". Su calendario permitirá a los lectores conocer "los secretos de su propiapersonalidad y los ocultos rincones de la mente de los demás".
Al recorrer los ejemplares de este periódico, comprobamos que Viajero Celta cumplió con creces el objetivo que se propuso en uno de los editoriales, donde se lee: "Amo a los Celtas. Y dedico la mayor parte de las horas de mi día a conocerlos. No le temo a la incomprensión, ni al desaire, ni a la burla de los necios. Sólo me aterra que los Celtas caigan nuevamente en el olvido" (16).
*****

En la Argentina, tan lejos de su lugar de origen, esta civilización pervive transmitida por los inmigrantes a sus hijos. Los celtas han conquistado una nueva tierra.

Notas
  1. Pampillo, Gloria: Los gallegos. Novela inédita.
  2. S/F: "Editorial, en Viajero Celta. Año II, N° 17. Buenos Aires, Mayo de 1997.
  3. Markale, Jean: Pequeño Diccionario de Mitología Céltica.
  4. Castro, Manuel: "Celtas y celtismo", en Viajero Celta, Año I, N° 11. Edición Especial. Buenos Aires, septiembre de 1996.
  5. Méndez Muslera, Luciano: "Asturias en la emigración", www.telepolis.com
  6. Ceratto, Virginia: "Gris de ausencia. Volver a empezar en un mundo nuevo", en La Capital, Mar del Plata, 26 de noviembre de 2000.
  7. Estévez, Paula: "Buenos Aires es nuestra 5° provincia de ultramar", en La Prensa, Buenos Aires, 7 de noviembre de 1998.
  8. Mac Dermott Doreann: "Quinquenio de terror", en Viajero Celta. Año II, N° 17. Buenos Aires, mayo de 1997.
  9. Programa del Segundo Encuentro Cultural Celta en la Argentina, Buenos Aires, Julio de 1998.
  10. S/F: "Samain", en Viajero Celta. Año I, N° 12. Buenos Aires, Noviembre de 1996.
  11. S/F: "Erin’s cakes", en Viajero Celta. Año I, N° 12. Buenos Aires, Noviembre de 1996.
  12. S/F: "San Patricio Fiesta de todos los celtas", en Viajero Celta. Año III, N° 26. Buenos Aires, Marzo de 1998.
  13. S/F: "Editorial", en Viajero Celta. Año I, N° 9. Buenos Aires, julio de 1996.
  14. S/F: en Clarín, Buenos Aires, 26 de septiembre de 1997.
  15. S/F: "Conjunto de Música Folk-Celta del Centro Galicia de Buenos Aires ‘Maestro Pazos’ ", en Viajero Celta. Año I, N° 11.Edición Especial Buenos Aires, Septiembre de 1996.
  16. S/F: "Editorial", en Viajero Celta. Año III, N° 26. Buenos Aires, Marzo de 1998.

jueves, 20 de marzo de 2003

Inmigración: música y danza

  1. Cantar
  2. Música
  3. Danza
  4. Notas
En esta monografía me refiero al canto, la música y la danza interpretada por los inmigrantes que llegaron a la Argentina entre 1850 y 1950, y a algunas de las bandas y cuerpos de baile en las que se agrupan sus descendientes. Tomo como fuente textos de escritores, críticos, e inmigrantes que se expresaron al respecto.

Cantar
A los inmigrantes les gusta cantar. Cantan en su tierra, en el barco, y cantarán también en la tierra nueva.
Villoldo evoca al gringo que canta: "Sos para el canto, che, gringo/, como para el bofe el gato/ tomá una grapa d’Italia/ y descansemos un rato" (1). En el tango "La Violeta", de Nicolás Olivari, encontramos al inmigrante nostálgico que bebe y canta: "Canzoneta de pago lejano/ que idealiza la sucia taberna/ y que brilla en los ojos del tano/con la perla de algún lagrimón..." (2). En el poema "Antiguo Almacén ‘A la ciudad de Génova’", evoca al italiano Miquelín, quien "Mientras le duraba la plata cantaba,/ cantaba las lejanas canciones milanesas de su tierra/ y hombreaba recuerdos como hombreando cereal.../" (3).
Gustavo Riccio, en el poema "Elogio de los albañiles italianos", asocia el canto con la realidad social de los inmigrantes. Ellos cantan mientras trabajan, pues "en lo alto sienten ellos/ que una canción de Italia se les viene al encuentro" (...) Más líricos que el pájaro son estos que yo elogio:/ el nido que construyen no es para su reposo,/ el lecho que levantan no es para sus retoños.../ ¡Ellos cantan haciendo las casas de los otros!" (4).
En la colonia entrerriana, cantaba una vidalita Jacobo, uno de los gauchos judíos de Gerchunoff (5).
La afición por la música se heredaba en la familia de Julia Zenko: "El abuelo de Julia cantaba en los templos judíos y era actor aficionado. El papá era carnicero y cantante de tangos. Ella jugaba a ser cantante desde que aprendió a hablar (...) ‘Yo fui criada con muchas músicas en mi cabeza’, reflexiona" (6).
Cantaban los picapedreros en Tandil: "Siempre se cantaba en las canteras: en las fiestas, en las huelgas, en las calles, en las casas, en el trabajo, en la soledad y en la compañía" (7).
De su tierra trajo el croata Kovacic los villancicos. Los transcribe en sus memorias, para que en América también puedan cantarlos (8).
No sólo las ocasiones alegres se acompañan con música. Enrique Novick evoca, en "Balada para un padre ausente", el efecto que la música de su tierra tenía en el padre enfermo de Alzheimer: "Cuando le/ cantaba,/ próximo/ a su lecho,/ canciones/ antiguas/, sin nombre/ ni dueño,/ que hablan/ de una aldea/ con hornos/ de piedra,/ cerca de las/ casas,/ sus pisos/ de tierra,/ Marc Chagall/ brotando/ de acequias/ y techos;/ que él/ acompañaba/ con su voz/ pausada,/ rescatando/ estrofas/ tras un gesto/ austero,/ y un temblor/ extraño/ que escurría/ en su cuerpo,/ peces abismales/ y negros,/ hasta ser un eco/ más/ entre los ecos,/ que suelen/ merodear/ por mi cerebro" (9).
Otra canción es la que evoca, en "Celestes ojos italianos", el poeta Francisco de Madariaga, quien pregunta a su madre fallecida: "¿Estarás cantando la canción que cantaban/ tus celestes ojos italianos?/ ¿O estarás escuchando cómo canta mi corazón,/ que fue la única maravilla en tu terror a/ los viejos gauchos bandoleros y en tu/ fracaso?" (10).
En el cantar se advierte una espontánea vocación artística, y una memoria que no quiere fenecer.

Música
Ya en el Martín Fierro, publicado en 1872, aparece un italiano que hace música: "Allí un gringo con un órgano/ Y una mona que bailaba/ Haciéndonos ráír estaba/ cuando le tocó el arreo./ ¡Tan grande el gringo y tan feo!/ ¡Lo viera cómo lloraba!" (11). También encontramos un inmigrante en "El alma del suburbio", de Evaristo Carriego: "Soñoliento, con cara de taciturno,/ cruzando lentamente los arrabales,/ allá va el gringo... ¡Pobre Chopin nocturno/ de las costureritas sentimentales!" (12).
Traían desde su tierra la inclinación por este arte. A pesar de la tristeza, "La música y las danzas abundaban en el barco –escribe Scotti. Algunos tocaban el acordeón, otros la flauta, y por encima de la baraúnda, el violín diáfano de Padrazo" (13).
Los Podestá, conocidos como actores, fueron también músicos. Lo destaca María Esther Podestá, en Desde ya y sin interrupciones, su libro de memorias, cuando escribe: "como la mayoría de los Podestá, mi padre era músico, además de autor de comedias" (14).
En uno de sus poemas, María Teresa Andruetto recuerda la afición musical de su padre: "El padre toca el banjo en la cocina/ de la casa (...) El padre toca rumbas,/ habaneras, canciones italianas" (15).
La música no podía faltar en el festejo del casamiento. De la colectividad italiana es el que recuerda Carlos Ibarguren, en La historia que he vivido. Se ha casado Darío Nicodemi: "el casamiento fue celebrado con una fiesta en la modesta casa del barrio en que vivía la novia. Concurrió allí invitado el elemento gringo de la vecindad con sus respectivas familias –algunas con hijos argentinos- y varios amigos de Darío, entre los que yo me contaba. Se bailó animadamente hasta la madrugada en el patio, al compás del acordeón, ocarina y flauta; de la cocina, donde se jugaba a la morra, partían vociferaciones en italiano, mientras el moscato y el nebiolo espumante enardecían los ánimos sin distinción de edad, sexo ninacionalidad; y aún recuerdo cómo nos atrajo a los muchachos la bella Carlota, hermana del desposado, que resultó esa noche, reina indiscutida de aquel regocijo meridional" (16).
Además de tocar por gusto, algunos hijos de inmigrantes emprendían estudios formales. María Luisa Cuccetti recuerda su iniciación musical: "ya cuando estaba en el primario, una amiga mayor me empezó a enseñar piano", pero su padre, un clarinetista profesional genovés que se había instalado en La Boca, la anotó en el conservatorio: "Ibamos en tranvía, y como era en el centro, me ponían sombrero... ¡Bah, capotita! Los sombreros eran para las señoritas" (17).
Recordemos que también fue un inmigrante, el italiano Luigi Gusberti, quien tuvo una relevante actuación en la actividad musical de la tierra a la que emigró, donde fue "Director de la Banda Sinfónica en la capital de la provincia del Chaco y fundador de las bandas musicales del colegio Don Bosco" (18). Lo mismo sucedió con Antonino Malvagni -quien fue director de las bandas militares de Tucumán y fundó la Banda Municipal de Buenos Aires y el Conservatorio Alberdi- y con el padre de los Discépolo (19).
Hacía música el galleguito de González Carbalho, quien emigraba solo a los diez años: "la armónica en los labios/ hice todo el viaje" (20).
Entre los gallegos emigrantes, la gaita era un instrumento muy difundido. El gaitero Carlos Núñez, de paso por nuestro país, dijo en un reportaje que "los mejores gaiteros no permanecieron en Galicia sino que la mayoría vino a Buenos Aires, muchas veces exiliada". En la Argentina y en Cuba, entraron en contacto con otros ritmos, al punto que "La música gallega se benefició de estas influencias, de estas tradiciones más abiertas" (21).
A escondidas tocaba la gaita un asturiano, pues su hermano, avergonzado del origen de ambos, se lo había prohibido. El anciano "cuando su hermano no estaba en casa, entraba en el dormitorio de los tíos, levantaba la trampa del sótano disimulada bajo la cama matrimonial, bajaba cinco escalones, prendía la luz, cerraba la tapa y tocaba su música en la clandestinidad durante horas" (22).
José Cameán Parcero cuenta que su padre" como buen gallego, era músico, tocaba la gaita y le enseñó a él a tocar la caja. Como esto resultó ser de su gusto tocó con Los Celtas de Vigo y con los Chavales de España. En estos conjuntos tocaba la tumbadora. Estos instrumentos todavía los conserva en su taller de autos antiguos" (23).
Manuel Castro, descendiente de gallegos, "es fanático de la música celta. En sus viajes por Europa aprendió la historia y las costumbres de este pueblo europeo y ahora difunde sus conocimientos en la Argentina. (...) Fiel a las tradiciones, Manuel se calza la pollerita kilt y el zaragüelle –vestuario típico que usaban los gallegos en el siglo XVIII- para interpretar los temas musicales. (...) Con el grupo Potim (nombre de una bebida irlandesa ilegal) ya grabó un CD y ahora va por el segundo. ‘Soy un coleccionista de gaitas’, dice Castro y cuenta orgulloso que tiene 7 de esos instrumentos. ‘La primera gaita me la compré en un viaje que hice a Londres. Aprendí a tocar con parientes y gaiteros escoceses. La cultura celta me fascina" (24)
"Sete Netos son, como su nombre lo indica, siete nietos de inmigrantes españoles que, puestos a hacer música, decidieron retomar los sonidos de sus ancestros –explica Adriana Franco. Así, Gabriel Ponte, Alberto López, Juan Martín Rodríguez, Juan Martín Pociello, Jorge Sisto, Hugo Reverdito y Hernán Giménez Zapiola, impulsados por gaitas, flautas, guitarras y bandurrias, logran un interesante trabajo en la combinación de instrumentos tradicionales con los más contemporáneos. En el camino de su búsqueda, los Sete Netos encontraron las conexiones de lo que, en los últimos tiempos, se conoció como universo celta. Así, a las composiciones gallegas se sumaron temas asturianos, escoceses e irlandeses, y el toque latino que los inmigrantes llevaron y trajeron en sus viajes" (25).
Algunos descendientes de inmigrantes se dedicaron al tango. No es muy amable la impresión que tenía Carlos Gardel sobre el tango ejecutado por españoles, ya que le dijo a Astor Piazzolla: "Mirá pibe, el ‘fueye’ lo tocás fenómeno, pero al tango lo tocás como un gallego" (26).
Eladia Blázquez agradece que sus padres españoles hayan sido tan amplios de criterio, aunque su formación terminó siendo autodidacta: "En mi casa aprendí a ser libre. Mis padres eran españoles, él obrero y ella ama de casa. Podían haber sido muy cerrados pero no. Vieron pronto que tenían una hija artista, desde que me dieron el primer juguete musical: tuve mis xilofones, mis pianitos, que venían con la escala completa y afinada. Y no me obligaban a sentarme a comer si prefería encerrarme a hacer música. (...) Mis padres, dentro de sus humildes medios, me pusieron profesores de música que al poco tiempo aconsejaban: ‘Déjenla, déjenla cantar y tocar sola, tiene algo innato’ " (27).
"La música klezmer recoge la tradición melódica judía fundiéndola y con el jazz, el tango y el folklore ofrece una propuesta universal. A su vez, la poesía proyecta al plano de la palabra esa universalidad", afirma Santiago Kovadloff . Esta vertiente tiene diestros exponentes en nuestro país. César Lerner y Marcelo Moguilevsky destacan: "La interpretamos con el derecho que nos corresponde por nuestro pasado polaco y ruso" (28). Ellos son autores de "un tríptico notable que da cuenta de la riqueza con que abordan la música klezmer. ‘Klezmer en Buenos Aires’ marcó la primera mirada, fresca e intuitiva, sobre este género surgido en las comunidades judías de la diáspora. En ‘Basavilbaso’, el dúo –que se vale del piano, el acordeón, instrumentos de viento y la voz para interpretarlo- demostró que habían llegado hasta la médula misma del klezmer". La tercera parte, "Shtil", "es el cierre de este círculo perfecto y coherente" (29).
Acerca de Basavilbaso, expresó René Vargas Vera: "Así, como desde la sangre, desandan este camino inverso hacia su ancestro judío mesopotámico los talentosísimos César Lerner, en piano, acordeón y percusión, y Marcelo Moguilevsky en saxo soprano, flautas dulces, clarinete y claron. (...) La imaginería que produce en Lerner y Moguilevsky la memoriaancestral es descomunal. Pero no por lo grandioso sino por las infinitas sutilezas en las melismas orientales, por los mil adornos, los acentos rítmicos, los climas esotéricos de alucinantes introspecciones, por la enorme carga milenaria que encontramos en ese escondite –Basavilbaso- de Entre Ríos. Esta música es como el vuelo de los pájaros: imprevisible, sorprendente" (30).
Hubo muchos judíos en la historia del tango. Lo afirman José Judkovski, en El tango. Una historia con judíos (31), y Julio Nudler, en su libro Diáspora y bandoneón (32). Es precisamente ese instrumento el que intenta ejecutar un nieto de rusos, en el cuento "Historia con tango y misterio", de Oche Califa (33).
Amaban la música quienes se establecieron en la Colonia San José, en Entre Ríos. Eran franceses, suizos, alemanes y piamonteses. "No todos tenían gran preparación intelectual –dice Celia Vernaz. Si bien vinieron médicos, bachilleres y gente que tenía escuela y que pudo dedicarse a enseñar, otros solamente sabían trabajar, aunque algo que llama la atenciónes que la mayoría conocía música y formaban parte de la Banda" (34).
Una banda surge vinculada a una fábrica. "En 1929 –escribe Jorge Iglesias-, empujada por el primer impulso de sustitución de importaciones, nació cerca de Luján la Algodonera Flandria. Ocho años después, su dueño, Julio Steverlynck, fundó lo que para él sería uno de los más fuertes símbolos de su pueblo-industria: una banda de música". Mariela Ceva, historiadora y docente de la Universidad de Luján, dice al periodista que, para don Julio, "La banda era lo que le permitía traspasar las fronteras de la patria chica, cómo él decía. Era la que llevaba, más allá del pueblo, los valores de Flandria. Eran sus abanderados". Décadas después, "la banda musical Rerum Novarum sobrevive a la ex empresa textil de origen belga, que fue ejemplo de pueblo-fábrica" (35).
El Chango Spasiuk es el responsable de Polcas de mi tierra, "relevamiento de un siglo de música traída por los inmigrantes ucranianos". Ese CD –al decir de Gabriel Plaza-, es "un documento folklórico necesario que es memoria viva". En él, "El Chango Spasiuk construye un recorrido musical que recala en el ambiente, las costumbres y el testimonio de los inmigrantes ucranios que un siglo atrás llegaron a Misiones con sus polcas. Esta edición encuentra al acordeonista metido en la historia de sus propios orígenes donde aparecen canciones populares anónimas con una frescura que las mantiene vigentes. La virtud de esta producción es que se sale del lugar ‘arqueológico’ y son los protagonistas los que cuentan su historia. El músico capta la sencillez y belleza de los antiguos ritmos que se practican en esa región" (36).
Al fallecer su padre, el Chango Spasiuk lo despidió con lo que el hombre amaba: la música: ""Cuando todos se fueron, le pregunté a mamá qué le parecía y ella me dijo que si quería tocar, que tocara. Entonces le metí nomás. Le dí duro. Te imaginás –dice a Leila Guerriero-, a las tres de la mañana, tocando el acordeón en el velorio de mi papá, es una imagen loca y se puede interpretar mal, pero por qué no iba a tocar, si mi papá amaba la música" (37).

Danza
Se bailaba durante la travesía. Bailaba la clase alta; cinco hermanas gallegas recuerdan "los oropeles del baile de primera clase que habían espiado colgadas de un ventanuco de la cubierta. En el barco, los brillos y perfumes de los ricos estaban confinados en un salón, bien protegidos de los vahos de la chusma que se apiñaba en la bodega" (38).
Bailaban los inmigrantes. Lo recuerda Johann Bodemann, quien dejó Valais en 1857, y escribe: "Todo cambiaba cuando mejoraba el tiempo: se bailaba, se cantaba, se jugaba. El tiempo pasaba pronto. Con nosotros viajaban jóvenes alegres, quienes cantaban muy bien, más que todo al anochecer, cuando la luna hermosa alumbraba el mar tranquilo, y la brisa agradable soplaba del océano. Hemos visto una gran variedad de animales marinos. A veces bailábamos farándulas dando vueltas por todo el barco. Hemos pasado así muchas noches sobre el puente, hasta las doce o la una de la mañana, tan era eso hermoso" (39).
En el barco se crean lazos que perduran en la nueva tierra; éstos se evidencian, por ejemplo, en la elección de los compañeros de baile. Lo afirma Sergio Pujol: "Uno baila con los de su clase social, sus paisanos, los de su provincia, los de su misma edad, con los inmigrantes que llegaron con uno en el barco" (40).
El baile ilumina los últimos momentos de una anciana inmigrante. Cuando "Doña Conce", la gallega del cuento de Jorge Dietsch, ve que se acerca su fin, pide sus zapatos, "e incorporándose en la cama, comenzó a bailar. Bailaba para adentro, se veía en la mirada y la sonrisa, con una gracia joven y movimientos que debían ser de tal agilidad que en la habitación entró un viento fresco de montañas, con olores de campo y de menta. Tarareaba al mismo tiempo una música tan extraña y bella que quienes escuchaban, a pesar de la gravedad de las circunstancias, no pudieron evitar acompañarla con movimientos de pies. Luego, agotada de tanta danza, apoyó la cabeza en la almohada, respiró profundo varias veces, y cerró los ojos sin dejar la sonrisa, como soñando un buen sueño" (41).
La danza era muy importante en los esponsales judíos en el litoral. Máximo Yagupsky dice: "El casamiento judío consistía de grandes celebraciones. Se improvisaba una gran tienda hecha con las lonas que se usaban para proteger las parvas de las lluvia. Se hacía un alegre festín con todo el ritual, la jupá, es decir, el palio nupcial, la música y danzas. Y naturalmente había mucha comida y había también comida para los gauchos vecinos, los cuales se reunían afuera a saborear los manjares y dulces. Y mientras los músicos ejecutaban melodía judías o rumanas, los gauchos, afuera, tocaban el bandoneón o la guitarra y bailaban también. En algunas ocasiones se cruzaban las rondas del freilej o la tijera, con elchamamé, el tango y el pericón" (42).
En la danza se integran las culturas. Esto sucedió, por ejemplo, en el Liceo Franco Argentino Jean Mermoz, donde, para festejar los treinta años del instituto, los alumnos de primaria –muchos de ellos de nacionalidad francesa- bailaron el pericón (43).
.....
Trajeron en el barco su música y sus danzas. Inmigrantes y quienes de ellos descienden las interpretan hoy día, al tiempo que cultivan la tradición del país que los recibió.

NOTAS
  1. Villoldo, citado por Colegio Schönthal
  2. Olivari, Nicolás: "La Violeta" citado por Gustavo Cirigliano, en "Disquisiciones tangueras", en El Tiempo, Azul, 30 de septiembre de 2001.
  3. Olivari, Nicolás: en Historia de la literatura argentina. Buenos Aires, CEAL, 1980.
  4. Riccio, Gustavo: en Historia de la Literatura Argentina. Buenos Aires, CEAL, 1980.
  5. Gerchunoff, Alberto: Los gauchos judíos, en Feierstein, Ricardo (selecc. y prólogo): Alberto Gerchunoff, judío y argentino. Buenos Aires, Milá, 2001.
  6. Kiron: "El canto es magia", en La Nación Revista, Buenos Aires, 27 de octubre de 2002.
  7. Nario, Hugo: "Cortando piedra", en Todo es historia, N° 178, Marzo de 1982.
  8. Anzorreguy, Chuny: El ángel del capitán. Biografía del capitán croata Miro Kovacic. Buenos Aires, Corregidor, 1996.
  9. Novick, Enrique: "Balada para un padre ausente", en La Prensa, Buenos Aires, 10 de enero de 1999.
  10. Madariaga, Francisco: en La Nación, Buenos Aires, 10 de mayo de 1998.
  11. Hernández, José: Martín Fierro. Testo originale con traduzione, commenti e note di Giovanni Meo Zilio. Buenos Aires, Asociación Dante Alighieri, 1985.
  12. Carriego, Evaristo: en Historia de la Literatura Argentina. Buenos Aires, CEAL, 1980.
  13. Scotti; María Angélica: Diario de ilusiones y naufragios. Buenos Aires, Emecé, 1996.
  14. Podestá, María Esther: Desde ya y sin interrupciones. Buenos Aires, Corregidor,
  15. Andruetto, María Teresa: Kodak. Córdoba, Ediciones Argos, 2001.
  16. Ibarguren, Carlos: La historia que he vivido. Buenos Aires, Ediciones Dictio, 1977.
  17. Muzi, Carolina: "El siglo que yo vi", en Clarín Viva, 26 de septiembre de 1999.
  18. Gusberti, Martina: El laúd y la guerra. Buenos Aires, Vinciguerra, 1996.
  19. García Olivieri, Ricardo: "Arquetipo de hombre de teatro", en Clarín, Buenos Aires, 8 de enero de 2001.
  20. Requeni, Antonio: "Un poeta arxentino en Galicia: González Carbalho". Separata del Boletín Galego de Literatura.
  21. Monjeau, Federico: "Carlos Núñez. En la cresta de la ola celta", en Clarín, Buenos Aires, 11 de mayo de 1998.
  22. Fernández Díaz, Jorge: Mamá. Buenos Aires, Sudamericana, 2002.
  23. S/F: "José Cameán Parcero". Un vecino de Bembibre, Parroquia de Buxán", en El Mensajero Gallego, N° 2, Abril de 1998.
  24. S/F: en Clarín, 26 de septiembre de 1997.
  25. Franco, Adriana: "Sete netos", en "La Compactera", en La Nación, Buenos Aires,5 de mayo de 2002.
  26. S/F: "Astor Piazzolla. Alma de bandoneón", en La Capital, Mar del Plata, 25 de mayo de 2000.
  27. Madrazo, Cecilia: "Eladia Blázquez: 10 cosas que sé", en La Nación Revista, 15 de septiembre de 2002.
  28. S/F: "Poesía y música klezmer en tiempo de diluvio", en La Nación Revista, 25 de agosto de 2002.
  29. Liut, Martín: "Shtil", en "La Compactera", en La Nación, Buenos Aires, 1° de julio de 2001.
  30. Vargas Vera, René: "Basavilbaso", en "La Compactera", La Nación, 22 de agosto de 1999.
  31. Judkovski, José: El tango. Una historia con judíos. Fundación IWO. Instituto Judío de Investigaciones.
  32. Nudler, Julio: Tango judío.
  33. Califa, Oche: "Historia con tango y misterio", en Un bandoneón vivo. Buenos Aires, Sudamericana, 2002.
  34. Vernaz, Celia: La Colonia San José. Santa Fe, Colmegna, 1991.
  35. Iglesias, Jorge: "Flandria, la ciudad-fábrica cuyo espíritu vive en una banda", en La Nación, Buenos Aires, 28 de enero de 2001.
  36. Plaza, Gabriel: "Polcas de mi tierra", en "La compactera", La Nación, Buenos Aires, 22 de agosto de 1999.
  37. Guerriero, Leila: "Chango Spasiuk. Chamamé por el mundo", en La Nación Revista, Buenos Aires, 14 de enero de 2001.
  38. Henestrosa, María Guadalupe: Las ingratas. Novela inédita.
  39. Vernaz, Celia: op. cit.
  40. Pujol, Sergio: "El baile, una historia de sexo, violencia y tensiones sociales", en La Capital, Mar del Plata, 13 de febrero de 2000.
  41. Dietsch, Jorge: "Doña Conce o la despedida", en El Tiempo, Azul, 14 de marzo de 1999.
  42. Diament, Mario: Conversaciones con un judío. Buenos Aires, Fraterna, 1986.
  43. Beltrán, Mónica: "Un colegio con acento francés", en Clarín, Buenos Aires, 26 de septiembre de 1999.


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