martes, 28 de enero de 2003

INMIGRACION Y PLASTICA: LOS PINTORES


  1. Inmigrantes
  2. Hijos de inmigrantes
  3. Pintores de inmigrantes
  4. Notas
En esta monografía me ocupo de algunos inmigrantes que descollaron en la pintura argentina desde 1850 hasta nuestros días. Me refiero también a quienes, descendiendo de ellos, los evocaron en sus obras.
Los italianos llegaron con su arte al Río de la Plata. En 1854 se instala en Buenos Aires el pintor milanés Ignacio Manzoni, "que no sólo era un estupendo retratista y pintor de cuadros de género, sino que también impuso los bodegones y la ‘natura morta’ o como dicen los alemanes los ‘cuadros de vida silenciosa’ " (1).
De la isla de Capraia, donde había nacido en 1844, vino Epaminonda Chiama, quien llegó a Buenos Aires a los diecisiete años. Aquí "su padre se dedicaba a hacer marcos de cuadros y vender artículos de ferretería. El niño era aficionado al dibujo, ya que había cursado en el Liceo de Génova algunas clases elementales. Uno de los clientes de su padre lo ve realizar un estupendo dibujo ecuestre y se ofrece a darle clases gratuitas, con gran honestidad, el maestro que se llamaba Luigi Novarese, a los pocos meses le manifiesta al padre que no tiene nada más que enseñarle al joven alumno, ya que las obras que realizaba eran de una calidad superior". "Chiama comienza a exponer sus obras en el Café Italia, y son los inmigrantes italianos sus primeros compradores" (2). Muere en Buenos Aires en 1921.
Otros italianos se destacaron en la pintura: Reinaldo Giudici, nacido en Italia en 1853, quien fue uno de los fundadores de la Sociedad Estímulo de Bellas Artes; Guillermo Da Re (1867-1910), nacido en Venecia, Italia, que cursó estudios artísticos en su patria, y Salvador Zaino, nacido en 1858 (3).
El nombre de Mario Zavattaro quedó ligado al de José Hernández. El pintor fue "un inmigrante genovés que se documentó exhaustivamente antes de emprender la tarea que se había impuesto: ilustrar cada uno de los 33 cantos del libro. Ex luchador grecorromano, Zavattaro consultó manuscritos de Hernández y 120 fotos camperas que había tomado Francisco Ayerza entre 1885 y 1890; incluso pasó meses en una estancia para conocer ranchos, pulperías y gauchos reales. Luego, se encerró a pintar en los ratos libres que le dejaba su trabajo en Caras y Caretas. El resultado fueron 36 acuarelas, a cual mejor y más detallista. El genovés murió en 1932 sin dar a conocer sus obras" (4).
Tomás Ditaranto, quien emigró en 1904, a los cuatro años, fue aprendiz de herrero a los ocho, y llegó a ilustrar la edición polilingüe del Martín Fierro. Por iniciativa de su hijo, Hugo, surgió en 1983 el Museo Epeo, en Nocara, Italia, que consta de tres salas en las que se exhiben setenta obras. "No fue fácil lograr ese objetivo. Hugo se conectó con parientes de Tomás que habitaban el pueblo donde nació el artista, Montescaglioso, con la idea de armar el museo allí, pero se enteró de que en una ocasión la mafia robó un cuadro de su padre de la Basilicata, entonces, por razones de seguridad y hasta contar con las medidas correspondientes para una exposición permanente, no consideraron oportuno recibir la donación de las ciento cincuenta obras de Ditaranto prometidas por Hugo. Actualmente, se está reconstruyendo la Abadía Benedictina –sumamente importante en Italia- donde es probable que puedan dedicar una sala a las obras de Don Tomás" (5).
El italiano "Alfredo Lazzari (1871-1949) es uno de los artistas que aportó efectivas realizaciones al esfuerzo de renovación de la pintura argentina en los comienzos del siglo XX. Lazzari, es uno de nuestros mayores pintores intimistas, tanto por su pincelada como también por las reducidas dimensiones de sus obras, admirablemente resueltas, de un estilo emparentado al de los macchiaioli italianos, que alternaba con momentos de inspiración naturalista e impresionista, escuela de la que fue uno de los primeros representantes en nuestro país. Colorista nato, con un manejo muy sabio de la luz, pintó jardines y paisajes, plazas, barrios y casas suburbanas: en la historia de nuestra pintura representa a uno de los iniciadores del tema urbano. Llegado de Italia a fines del siglo XIX, desarrolló desde entonces una intensa labor como pintor y docente: siendo profesor en la Sociedad Unión de La Boca, tuvo entre sus más destacados discípulos a Quinquela Martín y Fortunato Lacámera; Thibon de Libian y Victorica también supieron consultarlo. Dedicado a la enseñanza, a lo largo de su vida realizó sólo tres muestras individuales y participó escasamente en los salones oficiales" (6).
Rafael Squirru refuta la condición de autodidacta de Quinquela Martín, recordando al maestro inmigrante: "Mucho se ha repetido su condición de autodidacto; ello no es exacto, ya que tuvo excelente maestro en Alfredo Lazzari, un artista italiano de sólida formación académica en Luca, Florencia, y en Roma, quien le dio clases en un modesto instituto de La Boca. Con él se formó Quinquela como otros grandes de su época, tales como Fortunato Lacámera" (7).
Ya en nuestro siglo, mencionamos a Eduardo Pla, "un polifacético artista ítaloargentino que ha incursionado en la pintura, la escultura, el cine, la computación, entre otras tantas disciplinas" (8).
Antonio Ortiz Echagüe nació en España en 1883 y falleció en nuestro país en 1942. A criterio de Mercedes Di Paola de Picot, directora del Museo de Arte Español Enrique Larreta, de la ciudad de Buenos Aires, el pintor "está hoy casi olvidado por el público de Buenos Aires; más aún, me atrevería a afirmar que es prácticamente desconocido por la gran mayoría de aquellos que recorren exposiciones en museos y galerías". Considera que "logró en vida grandes aciertos plásticos y merecido éxito como artista" y que hay en sus obras "una personalidad muy particular, con una faceta artística valiosa y singular que hicieron de él uno de los representantes importantes del arte figurativo español del siglo XX" (9).
Los franceses también realizaron su aporte a la plástica nacional. El padre del presidente Pellegrini fue "el preferido de la sociedad porteña, ya que hacía estupendos retratos a la acuarela en tan sólo dos horas y a precios acomodados" (10).
Fernando Fader "nació en Burdeos, Francia, el 11 de abril de 1882, pasó su infancia en Mendoza, por eso manifestó alguna vez ser mendocino, se educó en Europa, vivió algunos años en Buenos >Aires, pero la mayor parte de su vida transcurrió en la provincia de Córdoba, donde pintó los maravillosos paisajes de las sierras, y allí falleció el 28 de febrero de 1935, en su casa de Loza Corral, Ischilín. A pesar de su lugar de nacimiento es, sin duda, un artista argentino, un ‘grande’ de nuestro arte" (11)
Leónie Matthis nació en Francia en 1883; y dedicó la mayor parte de su obra a la Historia Argentina. "Más de una vez se ha vuelto sobre la obra de la pintora francesa Léonie Matthis (1883-1952) cuando se necesitó saber cómo fueron las casas y los interiores –y hasta los paisajes- en los que transcurrió nuestro pasado. La riqueza que conoció la Argentina a fines del siglo pasado y comienzos del que corre llevó al país a una modernización radicalizada, que les costó la vida a edificios del más alto valor artístico y simbólico, mientras las ciudades crecían casi sin control. Aquellas casas fueron las que Matthis conoció o reconstruyó en sus telas con un rigor de raíz arqueológica que no ignoró la adición poética a través del colory el manejo de la luz" (12).
Y llegaron asimismo pintores de otras tierras: Jaques Witjens, holandés, llegó en 1920 y murió aquí en 1956; Adolfo Mettfesel, pintor, dibujante y litógrafo, quien había nacido en Suiza en 1836; Nelly O’Brien de Lacy, nacida en Polonia, emigra en 1950 (13).
Hijos de inmigrantes
Muchos hijos de inmigrantes se dedicaron a la pintura; entre ellos, Angel Della Valle, nacido en 1855, hijo de un lombardo, y José Malanca, hijo de los inmigrantes italianos Settimo Malanca y Angelina Morassutti, nacido en San Vicente, Córdoba, en 1879 (14).
En 1890 nace un niño que es dejado en la casa de Expósitos "con finos pañales" (15). En 1897, es adoptado por el matrimonio formado por Manuel Chinchella y Justina Molina. "Sabida es la vida del niño acogido por el matrimonio Chinchella donde el padre era estibador portuario y la madre india entrerriana. De niño tuvo que abandonar el colegio para ayudar a sus modestos padres, primero entregando carbón a domicilio y luego cargando él también bolsas en el puerto, hasta que la seria amenaza de tuberculosis lo obligó a pasar una temporada en Córdoba. A su vuelta ya estaba convencido de que su destino era pintar y a ello le dedicó el resto de su vida" (16).
A los 17 empieza a estudiar con Lazzari. A los 20 expone por primera vez en la Sociedad Ligure de Mutuo Socorro. De esta época son los primeros retratos que realizó, tras los cuales se lee, escrito de puño y letra, lo que percibió por las obras: "en un caso fue un ‘café con leche’, y en otro un ‘par de zapatos’ que no sabemos si era nuevo o usado" (17).
"Quinquela alcanzó las dimensiones de una leyenda en vida, desde su nacimiento en 1890, habiendo sido entregado a la Casa de Niños Expósitos, hasta su octogenaria muerte en 1977 luego de haber realizado una obra que por extensión y por intensidad no tiene parangón en nuestro medio, salvo las raras excepciones que pueda haber".
"Cuando Quinquela Martín expuso en Londres, el director de la Tate Gallery declaró que el único pintor que podría compararse con nuestro maestro (pintor y grabador) era Vincent Van Gogh. Esa afirmación iba más allá de un simple parentesco estilístico; se refería a la intensidad del sentimiento que animaba el arte de ambos pintores. Este sentimiento que llevó a Van Gogh a predicarles a los mineros de Borinage y a Quinquela a concentrar toda su temática en el puerto de La Boca, exaltando el trabajo de los estibadores, lo encuentro en equivalente literario en algunos pasajes de las novelas de Dostoievski. (...) Quinquela es al arte de nuestra ciudad lo que Molina Campos es al arte rural o ‘Martín Fierro’ a la poesíagauchesca"" (18)
En 1905 nace en Rosario Antonio Berni, huérfano de un sastre italiano, quien "es y seguirá siendo, el más valioso creador pictórico de ese país que progresaba en el atraso. Como corresponde a cualquier principiante, Berni –nacido en Rosario el 14 de mayo de 1905- pintó sus primeras obras influido por el peso abrumador de Pablo Picasso y poco después por Giorgio de Chirico, que lo acercaban menos al surrealismo que a sus propias raíces paternas". "Seguro de sus propias imágenes, avanzó con indudable puntería sobre la marginalidad social (ManifestaciónChacarerosClub Atlético Nueva Chicago) uniendo rigor analítico e impactante belleza pictórica. Estaba urgido por la simpatía y la solidaridad que esos seres, nada imaginarios, le provocaban. Berni logra emocionar sin golpes bajos" (19). "Pintar –decía- no es sólo una manera de hacer, es una manera de pensar que debe trascender" (20).
De sangre española fue un pintor famoso: "Los Bernaldo de Quirós son una de las familias más tradicionales de España. En 1855 Julio arriba al Uruguay desde el País Vasco, radicándose luego en Gualeguay, Entre Ríos, donde fue designado Intendente en 1880. Meses antes, el 18 de mayo de 1879, nació Cesáreo, quien tuvo otros nueve hermanos. Ya a los ocho comenzó a usar pinceles". A los dieciséis viaja a Buenos Aires. Estudia con el valenciano Vicente Nicolau Cotanda, y en la Academia de Bellas Artes, con Angel Della Valle (21).
Luis Seoane nació en 1910 "en Buenos Aires, pero hizo sus estudios primarios, medios y terciarios en Santiago de Compostela. Allí se recibió de abogado y allí terminó sus días. Después de la Guerra Civil Española regresó a la Argentina, donde fue miembro de número de la Academia Nacional y obtuvo, en 1962, el Premio Palanza. Viajaba regularmente a Buenos Aires, aunque tenía su casa en La Coruña, donde se radicó en 1971. Allí se hizo en 1989 una muestra antológica de sus obras y en 1996 se estableció la fundación que guarda la mayor parte de los suyo" (22). El sentimiento de este hombre de dos mundos puede adivinarse en su pintura, que evoca tanto paisajes gallegos cuanto argentinos. En su obra viven labriegos, marineros, lecheras, campesinos con vacas, marisqueras, emigrantes, en amable yuxtaposición con paisajes de Chos Malal y de un suburbio de Buenos Aires. A estos cuadros se suman otros, en los que aborda diferentes temas, testimonios todos de su paso por esta vida y su valiosa manera de reflejar cuanto lo rodeaba.
Un descendiente de inmigrantes realiza la tarea que antes realizó Zavattaro: Carlos Alonso "supo que la editorial Emecé había abierto un concurso para quienes se animaran a dibujar a Fierro, el Quijote local. Alonso fue, presentó sus bocetos y ganó el premio. Dicen los que vieron casi todas las caras imaginadas para Martín Fierro, que la versión que el mendocino pintó en 1959 es la interpretación más descarnada y alucinante del poema de Hernández que se conozca" (23).
Pero también había sido descendiente de inmigrantes uno de sus predecesores: en 1878, el catalán Rafael Casagemas presenta a José Hernández un joven caricaturista, Carlos Clérice, que terminaría siendo el primer ilustrador del Martín Fierro. (...) Clerice, hijo de un francés dedicado a la fabricación de carruajes, se memorizó de cabo a rabo los originales de La vuelta de Martín Fierro y apenas se sintió listo para la tarea, dedicó noches enteras a poner a punto las litografías que ilustrarían la obra. En su prólogo a la primera edición de La vuelta... –20.000 ejemplares: un best seller del año 1879-, el autor manifestaba su orgullo por la factura final de la obra: ‘Lleva también diez ilustraciones incorporadas, y creo que en los dominios de la literatura es la primera vez que una obra sale de las prensas nacionales con esta mejora: así se empieza. Las láminas han sido dibujadas y calcadas en la piedra por don Carlos Clérice, artista compatriota que llegará a ser notable en su ramo, porque es joven, tiene escuela, sentimiento artístico y amor al trabajo" (24).
Pintores de inmigrantes
En febrero de 2000, se anunció que Guillermo Roux comenzaría a pintar un mural en la nueva sede del Bank Boston. "Ya que el edificio está construido frente a la calle Alem, que en su momento fue el Paseo de la Alameda, me propuse una visión poética de pricipios de siglo pasado. Entonces, esa calle era un itinerario de artistas, inmigrantes, actores del circo criollo, chicas del cabaret, últimos malevos y poetas rantes. Si hasta el Gordo y el Flaco, antes de la gran fama, caminaron por ahí" (25).
Carlos Alonso nació en Tunuyán, Mendoza, en 1929. Tuvo "como abuelo materno a Salvatore Lisandrello, un siciliano de Siracusa, y su abuelo paterno era Sandalio Alonso quien vino de León. España. Ambos llegaron a nuestro país en 1914. (...) Ya a temprana edad cursó estudios en la Academia de Bellas Artes de Mendoza y luego en Tucumán con el maestro Spilimbergo. Cuando cuenta 24 años viaja a Buenos Aires y expone por primera vez en esta ciudad, viajando posteriormente a Europa. Es el artista más popular del arte contemporáneo argentino y en reiteradas ocasiones volvió a Europa en busca de sus raíces, habiendo vivido largas temporadas tanto en España como en Italia (26).
José Alberto Marchi desciende de inmigrantes italianos y españoles. Gutiérrez Zaldívar se refiere detalladamente al origen del artista: "los personajes de las obras de José Alberto Marchi son seres enigmáticos; hombres y mujeres que se mueven en paisajes desconocidos, extranjeros lejos de su tierra". La raigambre de esta inclinación es sugerida por el critico, cuando dice: "tal vez, en la vida del artista encontremos algunas claves".
En busca de estas claves, se remonta a la historia de la familia, acerca de la que comenta: "Alberto Marchi, su padre, es el tercer hijo de Carmen Ferreyra, andaluza nacida en Granada, España; y de Sillo Catullo Marchi, lombardo nacido en Mántova, Italia". El oficio del abuelo es recordado por Gutiérrez Zaldívar: "Como su padre y sus hermanos, Sillo trabajaba en la sastrería de la familia, ubicada en la Av. Las Heras, entre Ayacucho y Junín, que con orgullo contaba entre sus clientes al Dr. Marcelo Torcuato de Alvear. ‘Benigno Marchi e hijos’, decía el letrero de la puerta del local, lugar simbólico donde José encontró los hilos, ese motivo tan personal que hace inconfundibles a sus obras. Hilos reales que su familia enhebraba en el quehacer diario, y al mismo tiempo, hilos simbólicos que unen a José con su obra".
Otros miembros de la familia son relacionados por el crítico con la obra del pintor: "Sus abuelos maternos Nazareno y Angela, eran italianos, nacidos en Ancona y en Chietti respectivamente. Nazareno fue ‘pastero’ –juntaba fardos para dar de comer al ganado-, y luego por largos años trabajó como encargado en una fábrica de dulces, una rudimentaria industria deprincipios de siglo, que bien podría ser el escenario donde los personajes de José clasifican incansablemente extraños vegetales" (27).
En el Hotel de Inmigrantes, en el marco de la exposición de arquitectura y decoración Casa FOA 2000, se presentó la muestra de Zurbarán en el espacio decorado por Celina Aráuz de Pirovano. Los cuadros se han dispuesto enfrentados en dos hileras, separadas por bancos de madera. Mirando hacia el río, a la izquierda se encuentran las obras de José Marchi, artista que desde hace mucho tiempo pinta acerca de esta temática. Son escenas de la vida cotidiana, protagonizadas por hombres, mujeres y niños, en las que se reitera la idea de la búsqueda: el cielo, el horizonte, la tierra. A la derecha, Carlos Alonso evoca paisajes relacionados con los edificios históricos, y pinta asimismo a una familia de italianos, eternizada durante una de sus comidas.
En 2001, se presentaron en el Hotel obras de Mónica Weiss, originales creaciones en las que se reitera el tema de la indumentaria y calzado, las imágenes sin rostro, la trayectoria vital de una mujer desde su infancia hasta su tercera edad y se presenta transmutado en cuadro el diario que su madre escribió a bordo del barco japonés "Arabia Maru" cuando viajaba desde Palestina en 1940.
Este año, quien rinde su homenaje a los inmigrantes en el Hotel de Puerto Madero, es Carlota Petrolini, quien exhibe sus cuadros acompañados por poemas de Alberto Mario Perrone y Carlos Cutaia.
......
Algunos traen su arte de su tierra natal, lo transmiten a sus discípulos y se consustancian con la argentinidad al punto de que son capaces de ilustrar la epopeya hernandiana. Otros nacieron aquí y van a estudiar a Europa y Estados Unidos, de donde vuelven con un bagaje de conocimientos que se aúna al talento innato que los distingue. Unos pocos evocan a sus ancestros, su historia y su lucha. Son, todos ellos, los pintores de sangre inmigrante, que eligieron a la Argentina para quedarse.
Notas
  1. Gutiérrez Zaldívar, Ignacio: Catálogo de la muestra de Epaminonda Chiama en Galería Zurbarán. Buenos Aires, Agosto-Septiembre de 2000.
  2. Ibídem
  3. Gutiérrez Zaldívar, Nuestra Argentina. Buenos Aires, Zurbarán Ediciones, 1999.
  4. Heller, Diego: "Las caras de Fierro", en Clarín Viva, Buenos Aires, 16 de junio de 2002
  5. Alfie, Sol: "Tomás Ditaranto. Un homenaje merecido", en Magazine Actual, Año 3, N° 12, Diciembre de 1998.
  6. S/F: "Lazzari y su tiempo". Centro Cultural Recoleta. Octubre de 2000.
  7. Squirru, Rafael: "En La Boca de todos", en La Nación, Buenos Aires, 24 de septiembre de 2000.
  8. S/F: "Tecnoarte", en Clarín Viva, Buenos Aires, 19 de noviembre de 2000.
  9. Di Paola de Picot, Mercedes: Catálogo de la muestra "De Castilla a La Pampa", en el Museo de Arte Español Enrique Larreta. Buenos Aires, Junio-Julio 2000.
  10. Gutiérrez Zaldívar, Ignacio: Catálogo de la muestra de Epaminonda Chiama en Galería Zurbarán. Buenos Aires, Agosto-Septiembre de 2000.
  11. Gutiérrez Zaldívar, Ignacio y Fader de Guiñazú, Rosa: Catálogo de la muestra de Fader, en el Museo Municipal de Bellas Artes Juan Bautista Castagnino, Rosario, Junio-Agosto 2001.
  12. S/F (Albino Diéguez Videla?): "Costumbres de los trasabuelos", en La Prensa, Buenos Aires, 31 de mayo de 1998.
  13. Gutiérrez Zaldívar, Ignacio: Nuestra Argentina. Buenos Aires, Zurbarán Ediciones, 1999.
  14. Gutiérrez Zaldívar, Ignacio: Catálogo de la muestra de Malanca, en el Cabildo Histórico de la Ciudad de Córdoba, Julio-Agosto de 2000.
  15. Squirru, Rafael: "En La Boca de todos", en La Nación, Buenos Aires, 24 de septiembre de 2000.
  16. Squirru, Rafael: "Intensidad y sentimiento", en La Nación, Buenos Aires, 28 de julio de 2002.
  17. S/F: Información de prensa de la muestra de Quinquela en Zurbarán. Buenos Aires, Julio-Agosto de 2002.
  18. Squirru, Rafael: "Intensidad y sentimiento", en La Nación, Buenos Aires, 28 de julio de 2002.
  19. Sábat, Hermenegildo: "Antonio Berni", en Clarín Viva, 13 de junio de 1999.
  20. Arteaga, Alicia de: "La hora de Berni", en La Nación Revista, Buenos Aires, 17 de noviembre de 1996.
  21. Gutiérrez Zaldívar, Ignacio: Catálogo de la muestra de Quirós en el Cabildo Histórico de la Ciudad de Córdoba, Octubre-Noviembre de 2000.
  22. Galli, Aldo: "Del grabado al collage", en La Nación, Buenos Aires, 21 de julio de 2002
  23. Heller , Diego: op. cit.
  24. ibídem
  25. S/F: "Guillermo Roux", en Clarín Viva, Buenos Aires, 26 de febrero de 2000.
  26. Gutiérrez Zaldívar, Ignacio: "Los inmigrantes", Catálogo de la muestra de Alonso y Marchi en Casa FOA 2000, Desembarcadero y Hotel de Inmigrantes. Buenos Aires, Octubre-Noviembre de 2000..
  27. Gutiérrez Zaldívar, Ignacio: Marchi. Buenos Aires, Zurbarán Editores, 1995.


Leer más: http://www.monografias.com/trabajos12/inmplas/inmplas.shtml#ixzz2hBobMMJ3

miércoles, 15 de enero de 2003

CUENTAMERICA

GUlA PARA DOCENTES I, 2° Y 3° CICLO EGB, por Miguel Angel Palermo. Buenos Aires, Primera Sudamericana, 2002. 

Esta guia, de distribución gratuita, fue pensada para colaborar con el trabajo en el aula acerca de los libros Lo que cuentan los incas, de Aida E. Marcuse; Lo que cuentan los inuit, de Olga Monkman; Lo que cuentan los iroqueses, de Margara Averbach y Lo que cuentan los guaranies, mapuches, onas, tehuelches, tobas y wichis, seis volumenes de Palermo, todos «basados en la narrativa oral originaria, que constituye el acervo de diferentes pueblos aborigenes del continente americano». 
Para los temas transversales -educación para la no discriminación, educación para la democracia y educación para el medio ambiente-, Palermo sugiere actividades como la busqueda· de puntos en comun entre la religiosidad indígena y la de las sociedades urbanas occidentales, la imaginación de una acción concreta contra la discriminación que se pueda realizar desde la escuela y la comparación de dos pueblos aborigenes -uno cazador y el otro agricultor-, con la posterior discusión acerca de de qué manera cada uno afecta y/o preserva el medio ambiente. 
Las actividades relacionadas con las conexiones curriculares tienen que ver con las Ciencias Sociales, la Tecnología y las Ciencias Naturales. En cuanto a los contenidos, señala los conceptuales, los procedimentales y los actitudinales. Y propone actividades previas a la lectura, de comprensión de la misma y posteriores a ella, asi como tambien las que se pueden desarrollar en un taller de escritura. 
Creemos que esta guia -que se complementa con la II- será de suma utilidad para los maestros preocupados por formar personas, y no meros receptores de conocimiento.

PAPANUEL

por Graciela Beatriz Cabal. lIustraciones: Horacio Gatto. Buenos Aires, Sudamericana, 2003. 

«Graciela Cabal nació en Barracas, en una casa chiquita con un patio grande: la plaza España. Ahora vive en San Cristobal, en una casa grande al lado de una placita chica. Allí guarda todos sus tesoros: angeles, muñecas, enanos de jardín. Y siempre tiene armados su pesebre y sus dos árboles de Navidad, por cualquier cosa. Graciela se recibió en la UBA, en la carrera de Letras. Escribio una pila asi de alta de libros: Azul, Tomasito, Secretos de familia, Miedo... Tiene tres hijos grandes y cinco nietos mas lindos que no sé que». 
«Horacio Gatto nació en Buenos Aires en 1959. Nunca dejó de ser del todo un niño. De joven se vestía de Papa Noel en Navidad; ahora colecciona juguetes antiguos de lata y aprendió a dibujar de su hijo Oliverio, que tiene seis años. Ilustró para Argentina, Estados Unidos, España y Alemania. Expuso en 2002 en el Concurso IBBY-Dili Ilustradores 'Dia lnternacional del Libro Infantil y Juvenil», Brasil, y en 2003 en la Bienal de Ilustraciones de Bratislava». 
El volumen que nos ocupa integra la coleccion «Los Caminadores», y está destinado a lectores a partir de los cuatro años. En él, la escritora cuenta la historia de una familia que tenia un maravilloso pesebre con muchos personajes, a la que visitó el verdadero Papa Noel. 
«Los Cardoso eran gente famosa en el barrio de San Cristóbal. Pero solo para las Navidades. Y esto por dos razones. Porque, año tras año, la abuela, la mamá y los Cardoso chicos -tres nenas de nueve, seis y cinco años, y un varon de cuatro armaban un pesebre que ni les cuento en el patio con techito de la casa. Y porque Nochebuena tras Nochebuena, el papá llegaba al barrio antes de dar las doce vestido de Papa Noel ('Papanuel', decian los chicos). ( ... ) Los aguafiestas que nunca faltan decian que el pesebre de los Cardoso era una mescolanza espantosa, y que dónde se ha visto un pesebre con gauchos, indios, buzos y espejos con patitos». 
Todos los años, papa Cardoso, vestido de Papa Noel, traia regalos para chicos y grandes, pero un año, su empleador le dijo que las cosas venian mal, y que no habria regalos .. Entonces, sucedió lo inimaginable... 
Reflejando la realidad que agobia a muchas familias, Graciela Cabal plantea una solución magica que, sin embargo, nos hace pensar en que la felicidad aun es posible.

Arte y eternidad

NOVENTA AñOS DE UN LIBRO FUNDAMENTAL

En 1912, Miguel de Unamuno escribió Del sentimienlo trágico de la vida en los hombres y en los pueblos, una de sus obras mas importantes, la cual fue publicada un año despues. Para esa fecha, el autor, nacido en Bilbao en 1864, se habia doctorado en Fi1osofia y Letras con la tesis crítica del problema sobre el origen y prehistoria de la raza vasca, habia dictado la cátedra de Griego en la Universidad de Salamanca, primeramente, y luego había sido nombrado Rector de dicha casa de estudios. Había escrito En torno al casticismo (1895), Paz en la Guerra (1897) y Vida de Don Quijote y Sancho (1905), entre otras obras.
Guillermo Diaz-Plaja, Premio Nacional de Literatura de España en 1935 y miembro de la Real Academia Española, lo recuerda asi: «Curioso de saberes, poliglota consumado, tremendamente aislado en el peñon roquero de su personalidad vascongada, toda actitud que en él perfilemos tiene la virtud de destacarse por una recia decision de su voluntad. Incluso, cuando esa voluntad se contrapone a los movimientos mas instintivos y viscerales de su espiritu». 
A criterio del hispanista Donald Shaw, «Dentro de la Generacion del 98, Unamuno ocupa una posicion especial, ( ... ) la importancia de Unamuno es innegable. (...) sus escritos, para unos irritantes, y para otros estimulantes, cumplen la intencion del autor, de inducir al lector a cuestiones y reexaminar sus presupuestos sobre la naturaleza de la vida y de la realidad».
«Todo el pensamiento de Unamuno está basado en dos hechos irreductibles, a los que la experiencia de la angustia obliga a enfrentarse al hombre: la conciencia de su propia existencia, y eI miedo a la no existencia -agrega Shaw. Tan imposible es pensar en nosotros mismos como no existentes, como contemplar la total aniquilacion de nuestro ser. De ahi que la experiencia mas profunda del hombre sea el 'terror a la nada', y su mayor aspiracion, continuar existiendo eternamente».
La problemática abordada en Del sentimienlo trágico de la vida en los hombres y en los pueblos excede los alcances de esta nota, por ese motivo nos referiremos solamente al tratamiento que el escritor da al tema de la inmortalidad en relación con el arte. EI ser humano busca perpetuarse, y lo logra a través de !a memoria: “La memoria es la base de la personalidad individual, así como la tradición lo es de la personalidad colectiva de un pueblo –afirma-. Se vive en el recuerdo y por el recuerdo, y nuestra vida espiritual no es, en el fondo, sino el esfuerzo de nuestro recuerdo por perseverar, por hacerse esperanza, el esfuerzo de nuestro pasado por hacerse porvenir».
En el tercer capitulo del libro, que lIeva por titulo «El harnbre de inmortalidad”, se refiere a la cuestión, vinculándola con el pensamiento griego: «Parémonos en esto del inmortal anhelo de inmortalidad, aunque los gnosticos e intelectuales puedan decir que es retórica lo que sigue y no filosofia. Tambien el divino Platón, al disertar en su Fedón sobre la inmortalidad del alma, dijo que conviene hacer sobre ella leyendas ( ... )”.
Diversas son las posibilidades entre las que puede optar el ser humano: «Ante este terrible misterio de la inmortalidad, cara a cara de la esfinge, el hombre adopta distintas actitudes y busca por varios modos consolarse de haber nacido. Y ya se Ie ocurre tomarlo a juego, y se dice con Renan, que este universo es un espectáculo que Dios se da a si mismo, y que debemos servir las intenciones del gran Corega, contribuyendo a hacer el espectaculo lo mas brillante y lo mas variado posible. Y han hecho del arte una religión y un remedio para el mal metafisico, y han inventado la monserga del arte por el arte».
Combate a quienes niegan que buscan la inrnortalidad a traves del arte: «El que os diga que escribe, pinta, esculpe o canta para su propio recreo, si da al publico lo que hace, miente; miente si firma su escrito, pintura, estatua o canto. Quiere, cuando menos, dejar una sombra de su espiritu, algo que Ie sobreviva. Si la lmitacion de Cristo es anonima, es porque su autor, buscando la eternidad del alma, no se inquietaba de la del nombre. Literato que os diga que desprecia la gloria, miente como un bellaco”.
Encuentra lógica el ansia de perdurar: «Una vez satisfecha al hambre, y ésta se satisface pronto, surge la vanidad, la necesidad -que lo es- de imponerse y sobrevivir en otros. El hombre suele entregar la vida por la bolsa, pero entrega la bolsa por la vanidad».
Mas adelante se ocupa asimismo del plagio, al que evalúa con benevolencia, pues cree que marca el momento en el que una obra ha ingresado al acervo popular: «¿Que significa esa irritacion cuando creemos que nos roban una frase, o un pensamiento, o una imagen que creíamos nuestra, cuando nos plagian? ¿Robar? ¿Es que acaso es nuestra, una vez que al publico se la dimos? Sólo por nuestra la queremos, y mas encariñados vivimos de la moneda falsa que conserva nuestro cuño, que no de la pieza de oro puro de donde se ha borrado nuestra efigie y nuestra leyenda. Sucede muy comunmente que cuando no se pronuncia ya el nombre de un escritor es cuando mas influye en su pueblo desparramado y enfusado su espiritu en Ios espiritus de los que Ie leyeron, mientras que se Ie citaba cuando sus dichos y pensamientos, por chocar con los corrientes, necesitaban garantia de nombre. Lo suyo es ya de todos y él en todos vive».
Aunque a veces, algunos creadores no se den cuenta de que esto debe elogiarlos. El escritor «en si mismo vive triste y lacio y se cree en derrota. No oye ya los aplausos ni tampoco el latir silencioso de los corazones de los que Ie siguen leyendo. Preguntad a cualquier artista sincero qué prefiere, que se hunda su obra y sobreviva su memoria, o que hundida ésta persista aqueIla, y veréis, si es de veras sincero, lo que os dice. Cuando el hombre no trabaja para vivir, e irlo pasando, trabaja para sobrevivir. Obrar por la obra misma es juego y no trabajo».
DesconfIa, por otra parte, de quienes aseguran estar mas alIá del reconocimiento del publico: «EI que desprecia eI aplauso de !a muchedumbre de hoy, es que gusta sobrevivir en renovadas minorías durante generaciones. (...) Sacrifica el artista la extensión de su fama a su duración; ansía mas durar por siempre en un rinconcito, a no brillar un segundo en el universo todo; quiere ser mas átomo eterno y consciente de sí mismo que momentánea conciencia del universo todo; sacrifica la infinidad a la eternidad».
Noventa años después, el pensamiento de Unamuno sigue vigente. Sus reflexiones acerca de Ia inmortalidad, y del arte como una forma de acceder a eIla, hallan eco en el espíritu de los creadores de nuestro tiempo, quienes encuentran en estas páginas el punto de partida para la meditación de una cuestión siempre palpitante. Unamuno ha logrado inmortalizarse en nosotros, lectores tan distantes.

martes, 14 de enero de 2003

EL DELANTAL QUE EL VIENTO LLEVA

por Ana María Machado. Ilustraciones: Pez. Buenos Aires, Sudamericana, 2002. (Biblioteca Ana María Machado)

Destinado a lectores a partir de los cuatro años, este libro con bellas ilustraciones de Pez nos permite acompañar a la protagonista en la búsqueda de su delantal, que se ha volado. En el camino recibe la ayuda de la naturaleza y logra su propósito.
Nos parece un libro ideal para quienes se inician en la lectoescritura, y para las maestras jardineras, quienes podrán idear muchas actividades a partir de esta historia. 

(EL TIEMPO, Azul)

MI REINO POR UN CABALLO

por Ana María Machado. Ilustraciones: Elbio Arismendi. Buenos Aires, Sudamericana, 2002. (Biblioteca Ana María Machado)

Machado cuenta la historia de un principito que tenía de todo, pero no tenía un caballo. Pronunciando unas palabras mágicas, logra que aparezcan caballos de todas clases y colores, famosos y desconocidos. Elige el suyo y, montado en él, logra alejar el peligro temido por las mujeres y los niños: la tormenta.
Un canto al valor, a la sencillez y a la importancia de las cosas cotidianas.

(EL TIEMPO, Azul)

HABIA UNA VEZ UN TIRANO

por Ana María Machado. Ilustraciones: Verónica Leite. Buenos Aires, Sudamericana, 2002. (Biblioteca Ana María Machado)

La autora, nacida en Río de Janeiro, ganó el Premio Hans Christian Andersen, inauguró la cátedra de Literatura Infantil en la Pontificia Universidad Católica de Río de Janeiro, recibió las más altas distinciones y publicó más de cien libros tanto para adultos como para niños.
Este libro, destinado a lectores a partir de los ocho años, narra lo que sucedió cuando un déspota quiso poner “orden” en el desbarajuste que creaban los ciudadanos con sus diferentes opiniones. A tal efecto, derroca al representante que el pueblo había elegido libremente y se erige en gobernante. Desde el primer momento de su mandato, desoirá la voluntad del pueblo y le impondrá sus propios reglamentos, descabellados y tendientes a anular las iniciativas personales.
El resultado será un pueblo triste en el que se prohíben los colores, las reuniones, los cantos y cualquier otra expresión. Agobiada y temerosa, la comunidad no encontrará salida a esta situación oprimente, pero sí la encuentran tres pequeños amigos, que con valor y los pocos recursos con los que cuentan, logran volver a la felicidad antaño disfrutada.
La libertad, la solidaridad y el ingenio son algunas de las virtudes que se destacan en esta obra para chicos con enseñanzas grandes.
Las ilustraciones de Verónica Leite transmiten con talento las atmósferas que la escritora supo crear. Tradujo Rosa S. Corgatelli.

(EL TIEMPO)

MI TESORO TE ESPERA EN CUBA

por Joel Franz Rosell. Ilustraciones de Pier Brito. Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 2002. (La pluma del gato).

El autor nació en Cuba en 1954 y, desde 1989, ha vivido en Brasil, Dinamarca, Francia y Argentina. Por esta novela, recibió en Francia el Premio Ville de Cherbourg; la obra fue publicada en ese país por Hachette Livre hace dos años y lleva por título original en francés Cuba, destination trésor. Al editarla en castellano, Sudamericana pone al alcance del público un libro con méritos valorados por un jurado relevante.
Rosell cuenta la historia de una niña española a la que una tía arquitecta, que dirige la construcción de un hotel en Cuba, invita a pasar unas vacaciones en la isla. El tío bisabuelo de la niña aprovecha, entonces, para pedirle que encuentre el tesoro que él ocultó cuando tuvo que dejar la tierra a la que había emigrado desde España.
La niña y cuatro amigos cubanos llevan a cabo una labor detectivesca, en la que se van guiando por fotos, frases sueltas, noticias de la época. Así, llegan a descubrir cuál fue la mansión del anciano Fermín Zurita, y se introducen en ella para buscar ese tesoro que tiene un doble valor: afectivo y monetario. Esta trama atrapante tiene como marco la sociedad cubana y su forma de vida a partir de 1959.
Destinada a lectores a partir de los diez años, la obra será leída con agrado por aquellos a quienes les guste pensar, y se entretengan develando enigmas. Una excelente propuesta para estas vacaciones.

(EL TIEMPO, Azul)

lunes, 13 de enero de 2003

EL EXILIO REPUBLICANO

En esta monografìa me refiero al exilio de algunos republicanos españoles que, en la dècada del 40, llegaron a Estados Unidos, México y la Argentina.

1. En Estados Unidos
2. En Mèxico
3. En la Argentina

Muchos españoles dejaron su tierra con el sueño de hacer la Amèrica, pero muchos, tambièn, vinieron como exiliados. Encontramos testimonios de esta dura realidad; nos referiremos a algunos de ellos.

En Estados Unidos

En el año 1948, Joaquín Maurín Juliá, aragonés exiliado en los Estados Unidos, fundó la organización denominada ALA –American Literary Agency. La idea surgió al comprobar que la mayoría de los diarios latinoamericanos y españoles tenían poco contenido de análisis; los artículos de este tenor que podían encontrarse estaban firmados por autores desconocidos. Estos dos factores diferenciaban a la prensa hispanoparlante de la norteamericana, que Maurín se propuso imitar.
Por falta de recursos –afirma Joaquín Roy-, Maurín Juliá instaló la agencia en su propio departamento, con vistas al Hudson; cerca de allí vivían importantes intelectuales relacionados con la Universidad de Columbia, como Federico de Onís y García Lorca. Desde el inicio de su labor, Maurín se “desdobló” en dos personas: él mismo, Joaquín Maurín, representante del director, y J.M. Juliá, su jefe. De ese modo, daba una apariencia de organización que distaba mucho de ser verdadera. Pero eso no era todo...
Relata Roy que Germán Arciniegas, primer colaborador de ALA, no tardó en advertir que la agencia contaba con sólo cinco columnistas: “un español, un gringo, un latino, un desconocido y yo”. Estos periodistas no eran otros que Maurín con seudónimo; a cada uno de estos personajes corresponden las firmas Maurín, Anderson, Mayo y Roy, respectivamente. Arciniegas fue, sin saberlo, cofundador de la empresa, ya que no se contaba con ninguna otra colaboración.
El aragonés deseaba un estilo definido para las publicaciones, testimonio de ello encontramos en la correspondencia que mantuvo con Juan Antonio Cabezas, periodista que comenzó a colaborar en ALA en 1954. En una carta fechada en julio de 1955, Maurín escribe a Cabezas estas líneas: “Es nuestro interés que usted siga colaborando con nosotros, y por eso, haciéndonos eco de nuestra experiencia, le invitamos a americanizar tanto como sea posible sus correspondencias, que a nosotros, personalmente, nos parecen admirables, pero que tienen que ser sometidas a la dura prueba de un público hecho a una manera especial de considerar el periodismo”.
Maurín buscaba que en cada artículo confluyeran tres características que consideraba básicas: “actualidad”, “basarse en hechos” y “dar la impresión al lector de estar ‘viajando’ a los lugares tratados por el autor”. Junto a este interés por el presente, por la vigencia del hecho, encontramos también la mirada hacia el pasado; en otra carta a su colaborador le aconseja lo siguiente: “De tanto en tanto, hay que buscar un pretexto –no falta nunca- para hacer revivir a las personas venerables del pasado: Galdós, Blasco Ibáñez, Palacio Valdés, Valle Inclán, etc”. En cuanto a los temas a tratar, Maurín rechazaba todos aquellos que parecieran parciales hacia un personaje o hacia una obra. Apreciaba, en cambio, notas sobre cuanto ocurriera en España de interés para el mundo y, especialmente, para Hispanoamérica.
Los colaboradores deseaban escribir para ALA, ya que esta participación les permitía ser más conocidos en el mundo hispánico y redondear sus ingresos. Entre los colaboradores más importantes de esta primera época de la agencia –que abarca hasta 1973, año en que muere su fundador-, encontramos a los españoles Ramón Gómez de la Serna, Salvador de Madariaga y Alejandro Casona y a los latinoamericanos Miguel Angel Asturias, Alfonso Reyes y Pablo Neruda.
Cuando Roy escribió su libro (1), la nómina de colaboradores incluía a personalidades de la talla de Julián Marías, Dardo Cúneo y Juan Goytisolo. Muchos de ellos no necesitaban la retribución pecuniaria, pero colaboraban con Maurín como una forma de contribuir a la ingente labor que llevaban a cabo. ALA funcionaba en ese entonces en Miami, luego de haber estado establecida en Puerto Rico, y su aporte a la comunicación de nuestro continente seguía siendo relevante; proveía de servicios a más de ciento cincuenta diarios y publicaciones periódicas de América y España.

En Mèxico

Leòn Felipe, nacido en Zamora en 1884, se dedicò desde muy joven al teatro, ocupaciòn que le permitiò recorrer toda España. En 1938, se exilia en Mèxico, donde muere treinta años màs tarde.
“En marzo de 1938, cuando los bombardeos arrecian sobre Barcelona, escribe su poema Oferta, leìdo tambièn pùblicamente. Lo completa con otras partes –escritas ya de camino a Mèxico- hasta formar El payaso de las bofetadas y el pescador de caña, del cual brinda una lectura en La Habana y otra en la capital mexicana, antes de aparecer el libro. Se incorpora a la casa de España, creaciòn del presidente Càrdenas, junto con otros intelectuales españoles exiliados. Y en Mèxico hace entonces la posada màs larga de su vida andariega: siete años. A lo largo de ellos Leòn Felipe se ahìnca en sì mismo, recoge las congojas del èxodo y vuelve a encontrar màs cercana que nunca la España esencial, de la que jamàs habìa desertado” (2).
Guillermo de Torre, autor de numerosos trabajos crìticos sobre el poeta, lo define como “nunista”. La poesìa nunista es una poesìa ìntimamente vinculada a la propia circunstancia vital y a sus infortunios. En Leòn Felipe –creemos- el motivo fundamental y recurrente es el del desarraigo, idea que se vincula a su particular condiciòn de desterrado, de exiliado en Amèrica.
La experiencia personales tan ùtil para el arte como las màs abstractas condiciones metafìsicas; asì nos lo dice en su “Poètica”: “Y todo lo que hay en el mundo es mìo y valedero para entrar en un poema, para alimentar una fogata”. Este fuego supremo de la creaciòn, esta hoguera prometeica y sublime tiene un propòsito: el de lograr que el poeta –que el hombre, en fin- no muera del todo, no desaparezca definitivamente. “La poesìa no es màs que un sistema luminoso de señales –afirma-, de luces que atraeràn la mirada de Dios hacia nuestra desprotegida existencia”.
Los tràgicos momentos vividos por un hombre obligado a ser espectador de luchas fratricidas lo llevan a la convicciòn de que lo ùnico importante –y a veces, la ùnica salida posible- es caminar, aunque tambièn el camino deje amargas huellas en el cuerpo y en el alma: “Hay saìn en la cinta de mi sombrero, / mi bastòn se ha doblado/ y en la suela de mis zapatos llevo sangre,/ llanto y tierra de muchos cementerios” (3).

En la Argentina

El 5 de noviembre de 1939, a bordo del Massilia, llegaron exiliados con destino a Chile, Paraguay y Bolivia. “ ‘No permiten ni asomarse a los ojos de buey a los intelectuales españoles en trànsito’, titulaba el diario local Noticias Gráficas la noticia del arribo del Massilia al puerto de Buenos Aires, ‘Las medidas adoptadas contra el grupo de intelectuales y artistas españoles son de un rigorismo que sólo tratándose de peligrosos confinados se hubieran aceptado.... Un marinero nos informó que los españoles refugiados tenían orden de que nadie se aproximara a ellos y menos que se asomaran por los ojos de buey. Es lamentable lo que ha ocurrido. No sabemos ni nos interesa saber quién ha dado la orden terminante de que ese grupo de gente que representa de modos distintos a la cultura y el cerebro de España permanezca en la sombría situación de los delincuentes incomunicados’ ”.
Una exiliada española brinda su testimonio a Dora Schwarsztein: “En el Massilia iban muchos artistas, escritores y periodistas españoles. Con ellos viajaban numerosos refugiados judìos polacos e italianos. Juntos compartìan la tercera clase en condiciones deplorables de hacinamiento y promiscuidad. El viaje fue largo. Ver por ùltima vez las costas españolas fue muy triste, pero era la libertad. El grupo se integrò maravillosamente, no se conocìan de antes ni tenìan en definitiva nada en comùn, salvo la guerra. Todos sintieron un profundo odio hacia la tripulaciòn francesa que los trataba mal, y que tanto odiaban a los rojos como a los judìos. Fueron horribles las peripecias vividas a bordo ante la amenaza constante de los submarinos nazis. Finalmente, el Massilia atracò en Buenos Aires, desde donde seguirìan viaje a sus destinos finales en otros paìses. MC recuerda que, mientras los pasajeros esperaban a bordo el inicio de la nueva etapa de su viaje, se presentò en el puerto Natalio Botana, director del periòdico Crìtica, que, sorpresivamente, ofreciò a los españoles una suma importante de dinero para facilitar su asentamiento en la Argentina”. Consiguiò, ademàs, “del presidente Ortiz el permiso para que ese puñado de hombres, mujeres y niños pudieran afincarse legalmente en el paìs” (4).

Exiliados gallegos

El escritor Rodolfo Alonso afirma, refiriéndose a los exiliados gallegos, que “si Buenos Aires –y con ella la Argentina- hacía ya mucho tiempo que estaba recibiendo a cientos de miles de inmigrantes (obligados a abandonar una Galicia feudal y sin futuro, que no podía mantenerlos ni educarlos), a partir de la injusta derrota republicana en 1939 vería llegar otra clase de viajeros: los exiliados. Eran poetas, artistas, políticos, periodistas, científicos, universitarios, sindicalistas, editores. Que, firmemente afianzados en su colectividad, entonces mayoritariamente republicana, y reunidos alrededor de una figura ejemplar: Alfonso R. Castelao, no sólo líder político sino en realidad un humanista, durante décadas convirtieron a Buenos Aires en la auténtica capital de la cultura gallega enmudecida en su tierra por el franquismo” (5).
Arturo Cuadrado Moure, quien llegò en el Massilia, evoca su juventud: “Tuve el capricho y la suerte de entregarme a la famosa generaciòn del 98 español. Fueron mis amigos y maestros don Ramòn Marìa del Valle Inclàn, don Miguel de Unamuno, don Pìo y Baroja, Ortega y Gasset. Con ellos he vivido, con ellos he aprendido a luchar y tambièn a vencer. Porque en mi generaciòn no sabemos de derrotas, no. Hemos sufrido persecuciòn, guerras, càrcel, exilio y todo se ha transformado en una canciòn”.
“Luchamos unidos por la Repùblica de España –rememora-, los gallegos, los vascos, los catalanes –no pedìamos la seperaciòn de España, no. Querìamos la incorporaciòn de España a Europa. Querìamos una España libre, feliz. Una España constructiva como aquella famosa generaciòn del ’98 habìa levantado en sus banderas para que España fuera grande, inmortal. Era muy difìcil, casi lo logramos. En 1936, en enero, yo era Secretario General de la Autonomìa de Galicia. Habìamos decidido por el 90% del voto popular que Galicia querìa ser libre, gobernarse por sì misma. Los pueblos, como los hombres tienen el derecho de dirigir su destino. Eran dìas felices, habìa que construir una nueva España. Una España alegre, viva, con grandes maestros. Nacìa la generaciòn del año 1927, donde un grupo de jòvenes poetas –Garcìa Lorca, aquel gran poeta de España, Rafael Alberti, Pedro Salinas- se embarcaban en la misiòn de cantar por los pueblos de España”.
“Pero el destino es implacable. En el año 1936 sube Franco, aquella tremenda traición en donde los hombres tuvieron que matar a los hombres. Surge la famosa guerra civil que duró tres años y donde han muerto casi dos millones de españoles. Nosotros, el ejército republicano, que dominábamos Madrid, Valencia y Barcelona, no teníamos fuerzas, teníamos la canción y teníamos a América. Era nuestro guìa espiritual, nuestro àrbol intocable, profundo y alto, don Antonio Machado. (...) desde Mèxico a Buenos Aires realizamos todos nuestros sueños, todas nuestras esperanzas, todas nuestras ilusiones, con el convencimiento de que habìamos triunfado... Ortega y Gasset nos habìa enseñado el camino de amar màs que luchar”.
Manifiesta que no desea regresar; tiene una misión que cumplir en su nueva tierra: “Volver a España, ya... ¿para qué? Aquí tengo forjado mi corazón entre amigos. Creo que la República Argentina, como el resto de América, está en un despertar, tenemos una obligación con la gente joven: ¡Cuidarlos! ¡Vigilarlos! ¡Atenderlos! Para ellos están estos corazones que llegaron del exilio español” .
Y expresa su agradecimiento hacia la Argentina: “Aquì tuvimos gente importantìsima, sòlo queda Rafael Alberti. Cuando nos encontramos la ùltima vez por las calles de Madrid, los dos soñàbamos con Buenos Aires. Fue alto ejemplo para la vida espiritual que dos poetas ya viejos, de 90 años, recordemos con ardor que le debemos nuestro vida, que le debemos nuestra libertad a este maravilloso pueblo argentino, al cual tenemos que exigir, pedir, que obligar a que no se duerma, a que no frivolice. Un gran futuro nos espera, el mundo entra en el momento de una gran reconstrucciòn, tenemos que construir, que cantar, que vivir y para eso tenemos la historia, tenemos los libros y tenemos la gran puerta que es este cielo de la Cruz del Sur que acogiò a todos los poetas que habìan perdido su nacionalidad para hacerlos nuevos ciudadanos en un pueblo bello, justo, alegre y con un gran destino intelectual” (6).

También fue gallego Paco Porrua, acerca de quien escribe Tomás Eloy Martínez: “Le pregunté (a López Llausás) cómo hacía para no quedar mal con los escritores que aspiraban a su patrocinio y me contestó lo que les decía a todos: "Nunca publico nada sin la aprobación de mi lector desconocido". Cuando la gente quería saber quién era, López Llausás cambiaba de tema”.
“Durante mucho tiempo creí que el lector desconocido era un ardid, hasta que averigüé que se trataba de una persona de carne y hueso. Se llamaba Francisco Porrúa, y tenía tal vocación de anonimato que hizo falta el inmenso éxito de la literatura latinoamericana en los años 60, del que es uno de los responsables, para sacarlo de la cueva”. Porrúa era reservado hasta la mudez y lúcido hasta la extenuación. De los cientos de lectores que he conocido, pocos -o ninguno- tienen su olfato y su perspicacia. Llegó a la editorial en 1955 de la mano de Jorge López Llovet, hijo de don Antonio y subdirector de Sudamericana en aquellos años. A Jorge le había interesado el buen criterio con que Porrúa manejaba su pequeña editorial, Minotauro, y lo invitó a ser su asesor. Se quedó allí hasta 1971 y se marchó a Barcelona en 1977, porque ya no podía soportar -es lo que me dijo mucho después- tantas historias de muerte en la Argentina”.
“Porrúa fue sacando de la manga nombres como los de Cortázar, Italo Calvino, Ray Bradbury, Alejandra Pizarnik y Marechal, hasta que en 1967 atrajo también al entonces desconocido Gabriel García Márquez. Cuando murió López Llovet, en 1962, don Antonio dejó que Porrúa se encargara por completo de la selección de libros, reservando para sí sólo la relación con aquellos escritores a los que consideraba "de la casa". Después de Cien años de soledad , ser un autor de Sudamericana se convirtió casi en un sello de honor para cualquier creador de ficciones, tanto en Perú como en México y Venezuela”.

Exiliado catalán

En "Los sueños de un profeta", Tomás Eloy Martínez recuerda al editor López Llausás: A fines de la década del 50, cuando llegué a Buenos Aires, muy pocas personas leían a los grandes narradores latinoamericanos. Aunque en la Capital vivían algunos de los mayores, como Jorge Luis Borges y Miguel çngel Asturias, y casi todos publicaban sus relatos con asiduidad en el suplemento dominical de La Nación o en la revista Sur , sus libros pasaban inadvertidos fuera del círculo letrado. Algunos visitantes de Chile o de México llegaban a veces a leer sus cuentos en ceremonias secretas a las que asistían treinta devotos, pero en las conversaciones de los cafés no se discutía sino a Sartre, a Camus y a Aldous Huxley, cuyas experiencias con la mezcalina parecían rozar el umbral de mundos asombrosos”.
“De vez en cuando, como al pasar, alguien elogiaba las ficciones de un tal Julio Cortázar, que vivía en París, o el enrarecido mundo del uruguayo Felisberto Hernández, que había publicado en Buenos Aires, sin pena ni gloria, una colección de relatos con un título raro, Nadie encendía la lámparas . Vivíamos en el fin del mundo, a orillas de un río barroso, y tal vez por eso nunca nos mirábamos o, cuando lo hacíamos, era sólo para medirnos con lo que pasaba más allá del océano”.
“Una tarde de domingo conocí en la casa de Victoria Ocampo al primer editor profesional de mi vida. Yo suponía entonces que los editores debían parecerse a Victoria y hacer un poco de todo: escribir, traducir, publicar revistas y pasear por Buenos Aires a los grandes personajes de ultramar. Como buen provinciano de veinte años, vivía yo en un mundo de ideas fijas, donde las personas y las cosas debían parecerse a lo que me habían dicho que eran”.
“El editor me habló, en cambio, de una profesión que era tan azarosa como un juego de dados. Se llamaba Antonio López Llausás. Me contó que era catalán (ya lo advertía su acento, puntuado por elles rotundas) y que los fragores de la Guerra Civil Española lo habían expulsado a Francia, de donde lo rescataron Victoria Ocampo y Oliverio Girondo para que fuera gerente general de la empresa que acababan de fundar: Sudamericana. La nueva editorial se abriría como un afluente de Sur, el sello de Victoria”.
"Un editor no debe dejarse conmover por el éxito ni por el fracaso -me dijo aquella tarde-. Tiene que publicar sólo los libros en los que cree. Si no lo hace, más vale que se ocupe de otra cosa." Era un hombre calvo, afable, que parecía de otro siglo, aunque debía de tener poco más de cincuenta años. Semanas más tarde me llamaron de su parte para invitarme a conocer los enormes depósitos que Sudamericana tenía en la calle Humberto I de Buenos Aires. Entre las novelas rozagantes de Manuel Mujica Lainez y Salvador de Madariaga, descubrí, en un rincón del fondo, algunos tesoros”.
“En centenares de paquetes se acumulaban, abandonados por los lectores, libros que pocos años después serían clásicos: Bestiario , la primera colección de cuentos de Julio Cortázar; Adán Buenosayres , la caudalosa novela de Leopoldo Marechal; La vida breve, de Juan Carlos Onetti, y esa joya llamada Nadie encendía las lámparas . Me fui de allí con un ejemplar de cada uno de aquellos títulos y nunca me separé de ninguno: me han seguido como un talismán a todas partes, aun en los exilios menos hospitalarios. "Un editor a veces pierde y a veces gana -me dijo López Llausás en el depósito, mientras señalaba las altas columnas de despojos-. Pero nunca sabe si pierde cuando gana o si gana cuando pierde”.
“El catalán recién llegado en 1939 tardó un par de años en convertir su editorial en un negocio redondo. Como no podía conquistar a Jorge Luis Borges como autor de Sudamericana, llevó a su editorial dos de las novelas que Borges había traducido para Sur: Las palmeras salvajes , de William Faulkner, y Orlando , de Virginia Woolf. Sus primeros grandes éxitos fueron, casi siempre, libros de otras partes: Cuán verde era mi valle , de Richard Llewellyn; El bosque que llora , de Vicki Baum; La luna se ha puesto , de John Steinbeck; Llegaron las lluvias , de Louis Bromfield; Una hoja en la tormenta , de Lin Yutang, y el invencible precursor de los manuales de autoayuda: Cómo ganar amigos e influir sobre las personas , de Dale Carnegie, que apareció en 1940, cuatro años después de su lanzamiento en inglés. Mientras fortalecía su catálogo con títulos seguros, López Llausás se obstinaba también en cobijar a la desventurada literatura latinoamericana. En 1948 se arriesgó a publicar Adán Buenosayres contra la recomendación de todos sus asesores, que detestaban las inclinaciones peronistas del autor. La novela fue recibida con un silencio de muerte, que sólo Julio Cortázar se atrevió a romper. Un año antes se había aventurado con Felisberto Hernández y seguiría haciéndolo con Cortázar, con Onetti o con autores que eran sus amigos del alma, como Eduardo Mallea y Salvador de Madariaga”.
“Cuando lo conocí, en 1959, era ya un editor de enorme prestigio, con varios premios Nobel en su catálogo (Thomas Mann, François Mauriac, Hermann Hesse, Steinbeck, Faulkner, Hemingway) y una oficina llena de manuscritos esperando turno. (...).
“El tiempo se fue llevando todas esas hazañas y trayendo otras nuevas. En 1979 murió López Llausás y la editorial quedó al mando de Gloria Rodrigué, su nieta mayor. Algunos grandes nombres del pasado se mantuvieron fieles y nunca publicaron en otra parte, como García Márquez. Y a la vez, ciertas famas inesperadas se sumaron a la lista de éxitos, como la de Isabel Allende”.
“Ahora que Sudamericana está por cumplir sesenta años y el reino de los libros se rige por códigos más complejos, quizá no sea inútil volver la mirada hacia atrás y redescubrir la osadía, el instinto y la locura que hacían falta para ser un editor latinoamericano en 1939, cuando empezó esta historia” (7).

Andaluces

El granadino Francisco Ayala “desde muy joven se destacó como novelista y cuentista. En 1939 se exilió a Argentina, donde fundó la revista Realidad. Después pasó a México, Puerto Rico y E:E:U:U. Fue profesor de sociología en varias universidades. En sus obras, Ayala plasma su experiencia e ideología personales, cierto tono irónico y escéptico y una fluida narración” (8). “Los rasgos fundamentales de su obra son el intelectualismo, la ironía, la deshumanización, próximo como está a los novelistas intelectuales del estilo de Thomas Mann, Aldous Huxley y Ramón Pérez de Ayala, y al realismo crítico” (9). Recibió el Premio Nacional de Narrativa en 1983, el Premio Nacional de Letras Españolas en 1988, el Premio Cervantes en 1991 y el Premio Príncipe de Asturias en 1998.
En la ceremonia de entrega del Premio Cervantes, en abril de 1992, Su Majestad el Rey de España expresó lo siguiente: “tras la guerra civil vendrá el exilio, la continuidad de la vida y de la obra en la América de habla hispana que con tanta generosidad acogió a esa España peregrina de la que formaron parte tantos hombres y mujeres de nuestras artes y nuestras letras. Todo ello lo explica muy bien Francisco Ayala en sus memorias, que bajo el significativo título de Recuerdos y olvidos recogen una vida apasionante. (...) Nunca consideró el exilio Francisco Ayala como un destino cultural. Para él, la creación desarrollada en aquellos tiempos pertenece a la integridad de la cultura española, y posee con la que se siguió haciendo dentro de nuestras fronteras el rasgo unificador del uso común del idioma castellano. Ayala ha puesto así el acento en una cultura no diferenciada, sino enriquecida por los hechos históricos” (10).

El poeta Rafael Alberti y su esposa, la escritora María Teresa León, se exiliaron en la Argentina. Perla Rotzait relata que “la vida no era fácil económicamente para los Alberti. María Teresa no podía trabajar en la radio, la televisión, el teatro ni el cine, por ‘roja’, a pesar de su amistad con Delia Garcés, quien había interpretado una película con un guiòn escrito por María Teresa. Pese a todas esas prohibiciones, trataba de ganarse la vida con su ingenio y capacidad. En esos momentos difíciles, Luis Peralta Ramos le rogaba –así es la amistad- que le vendiera algún ícono u otro objeto que ellos habían traído de algún viaje” (11).
De esta època es la autobiografìa del gaditano, quien escribe: “Y ahora, esta afiebrada tarde del 18 de noviembre de 1954, en mi cercado jardinillo de la calle Las Heras, bajo dos florecientes estrellas federales, el mareante aroma de un magnolio vecino, cuatro pobres rosales, martirizados por las hormigas, y el apretado verde de una enamorada del muro, doy comienzo a este segundo libro de mis memorias”.
En julio de 1959, Rafael Alberti se ilusionó con el regreso a su tierra. Escribió en La arboleda perdida: “no sé, pero hay algo en mi país que ya tambalea, y entre nosotros, los desterrados españoles, circulan vientos que nos cantan la canción del retorno” (12). Dejarìa la Argentina pensando en su Cádiz amada, pero debió recalar mucho tiempo en Roma. Finalmente, regresó a su puerto de Santa María.
En 1963, Marìa Teresa Leòn escribe la nota titulada “Soñemos con el viaje”, en la que expresa: “A lo lejos nos està esperando el itinerario previsto o tal vez la emociòn de ver de nuevo la aldea que se dejò al venir o la visita a los parientes de los abuelos, que deben estar en tal lugar..., o las ciudades madres de civilizaciones ilustres o los museos donde se almacena el ingenio humano o las formas diferentes de la vida de los hombres en este mondo cane, que a veces se dulcifica en las fiestas”.
Ella tambièn parte: “A punto de tomar el aviòn escribì hoy, amigas mìas. Es mi pañuelo en el aire. Dicen que los argentinos son viajadores. Claro. Yo sè que todas las sensaciones de liberaciòn me estàn aguardando pero, como cualquier abuela al ir a tomar la diligencia o el tren, yo siento palpitar mi alma. Gracias por ello. Debe ser vuestra amistad que me despide. Hasta pronto. Antes de que suspire estarè al otro lado del mar” (13).

Un madrileño

Era madrileño Ramón Gómez de la Serna. Alvaro Abós incluye en uno de sus libros un relato de David Alfaro Siqueiros acerca de la participación del español en una discusión, durante una fiesta en casa de los Rojas Paz: “Los asistentes habían ya bebido copiosamente y ‘en la euforia de la conversación y en respuesta extraña a una de mis anécdotas de bravura mexicana en la Revolución Méxicana, Gómez de la Serna hizo la alusión siguiente: ‘En la Revolución Mexicana como en todas las revoluciones de México, no murieron más que aquellos a quienes agarró de sorpresa la muerte natural. Nadie ignora –agregó- que las revoluciones de los mexicanos son invariablemente incruentas’. (...) me pareció muy normal decir: ‘¡Gómez de la Serna, en las familias hay siempre dos tipos de hijos: aquellos que no se despegan jamás de las faldas de sus madres y esos otros que, despegándose de esas faldas, van a aventurarse valientemente por el mundo! Ustedes, los españoles de España, son hijos del primero, y nosotros somos hijos del segundo, del aventurero, de Hernán Cortés, de Pizarro, de Alvarado, de Ponce de León. Y quizás de ahí provenga nuestro temperamento belicoso’. (...) ‘El autior de Greguerías, dada la gran cantidad de alcohol que había ingerido y profundamente lastimado por aquello de la ‘pollera’ de las mamás de los que se habían quedado en España, creyó conveniente responder con una blasfemia, ya no sólo contra México sino también contra todos los pintores de América latina. Una blasfemia tal que el violento Lino Eneas (sic) Spilimbergo no pudo resistir y replicó lanzándole la bebida de una copa a la cara. Así llegaron las cosas a un grado de violenta pelea a botellazos y sillazos entre pintores y escritores y el alarde mío de empujar el piano contra un grupo de los opositores literatos” (1).

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El exilio, tan doloroso, quedò plasmado en las pàginas de estos escritores, que nos muestran una faceta de la historia española que tuvo a nuestro paìs como escenario.

Notas
(1) Roy, Joaquín: ALA- Periodismo y Literatura. Madrid, Hijos de E. Minuesa S.L. 1985.
(2) Torre, Guillermo de: “Epìlogo”, en Felipe, Leòn: Antologìa rota. Buenos Aires, Losada, 1974.
(3) Felipe, Leòn: Antologìa rota. Con epìlogo de Guillermo de Torre. Buenos Aires, Losada, 1974.
(4) Schwarsztein, Dora: “La llegada de los republicanos españoles a la Argentina”, en Estudios Migratorios Latinoamericanos, Nº 37, CEMLA, Buenos Aires, 1997.
(5) Alonso, Rodolfo: “La Galicia del Plata”, en El Tiempo, Azul, 1º de diciembre de 2002.
(6) S/F: “Esa magnìfica legiòn de viejos”, en Revista Mayores, Año II, Nº 11, 1994.
(7) Martínez, Tomás Eloy: Los sueños de un profeta, en La Nación, Buenos Aires, 4 de septiembre de 1999.
(8) S/F: Enciclopedia Clarín.
(9) S/F: Francisco Ayala.htm
(10) Rey Juan Carlos de España “Palabras de SM El Rey”, en Terra cultura. Premios Cervantes.htm
(11) Barón Supervielle, Odile: “Alberti en Buenos Aires”, en La Nación, Buenos Aires, 8 de diciembre de 2002.
(12) Alberti, Rafael: La arboleda perdida. Barcelona, Bruguera, 1980.
(13) Leòn, Marìa Teresa: “Soñemos con el viaje”, en Mucho Gusto, Nª 203. Buenos Aires, septiembre de 1963.
(14) Abós, Alvaro: Cautivo. Buenos Aires, El Zorzal, 2004.