domingo, 27 de enero de 2002

CUENTOS FANTÁSTICOS

por Eduardo L. Holmberg. Hachette. 

En su estudio acerca de la imaginación en la generación del 80, Adolfo Prieto se refiere a Eduardo Ladislao Holmberg, escritor que nació en 1852 y falleció en 1937. EI critico señala que "Como en Poe, autor tan leído y citado en esos años, el manejo de la metodologia de las ciencias, indujo a Holmberg, despues de estos primeros ensayos, a tentar esa variante de la fantasia científica que es la literatura policial o detectivesca. Fue acaso el primero que en la Argentina cultivó esta especie literaria. si nos atenemos al concepto que obliga a sus animadores a la observancia del metodo lógico-deductivo y a la aplicación de los conocimientos cientificos adecuados». 
En un trabajo acerca del modernismo y la narrativa, Rodolfo A. Borello afirma que algunos autores -Cane. Monsalve, Holmberg- pueden ser considerados premodernistas por la tematica que abordan. «La obra de Holmberg, de desigual calidad -comenta-, es un buen testimonio del ambiente que vivia Buenos Aires por esos años, en el que se mezclan los estertores del romanticismo con la creciente influencia de escritores simbolistas y parnasianos franceses, junto a Hoffmann, Poe y Conan Doyle».
Y como es «un buen testimonio», no podia faltar en ella la referencia a la inmigración con ]a que conviven los argentinos en su tiempo, evidenciada en varios personajes a los que el escritor evoca en distinta manera. EI mismo Holmberg era descendiente de europeos, pero nobles y lIegados al pais al iniciarse el siglo XIX, lo cual marca una diferencia fundamental con los extranjeros que arribarian decadas despues. «Por sus antecedentes hereditarios, la sangre que corre por sus . venas es sangre de patriotas y de argentinos ---escribe Martin Garcia Merou en sus Recuerdos literarios-; aunque su abue]o, ei baron de Holmberg, que tomó una participación directa en ]as campañas de la Independencia, fuera compatriota de Humboldt». AI respecto, señala Antonio Pages Larraya, en el estudio preliminar a los Cuentos fantásticos que Hachette publico en 1957: «EI abue]o de Holmberg, Eduardo Kannitz, Barón de Holmberg, pertenecia a una casa antiquisima de Moravia. Nació en Trento (Tirol); IIegó de Europa en el año 1812 con San Martin y Alvear en la fragata 'George Canning'; fundó familia en nuestro pais y se lo recuerda por su valiente actuación en los ejercitos del Norte y en las luchas por la Independencia; participó en el combate de Las Piedras y mandó la artilleria en ]a batalla de Tucuman». 
En “La pipa de Hoffmann” es evidente -a criterio de Pagés Larraya- la consubstanciación de Holmberg con el atormentado escritor alemán. EI mundo de Hoffmann, lIeno de sugestivas presencias fantasticas, nunca está ausente de su espiritu. Sin proponérselo, a veces lo erige en su modelo». EI poseedor de la pipa era un inmigrante que falleció, circunstancia que permitió al narrador apropiarse del preciado adminículo: «Tenia un amigo aleman que murio en el ultimo cólera. y lo mas particular es que este cólera no era ni asiatico, ni esporádico, ni etcetera, sino cólera sencilla y Ilanamente». Lo describe físicamente: «Era de mediana estatura, proporcionalmente delgado, cara oval, ojos negros, pestañas largas y vestía siempre traje del mismo color de sus ojos y de su cabello, negro tambien. AI verle era difícil no reconocer en él un representante de Ia raza hebrea. Y en efecto, Isaac era hijo de un judio de Leipzig, que había hecho su fortuna comprando, y sobre todo vendiendo trapos y diarios viejos». 
EI narrador destaca las condiciones intelectuales del extranjero: «Conocía profundamente la historia y la literatura antiguas, las pocas reliquiasde la edad media, y era capaz de apreciar los grandes hechos y los grandes hombres de los. tiempos modernos y contemporaneos» Dialogaban sobre temas variados: «A veces conversabamos sobre Ia situación politica del pais, otras comentábarnos la buena o mala calidad de la cerveza y la influencia benefica o perniciosa que ejerce en el espiritu y más de una vez dejamos de ocuparnos de la cerveza para pensar en Schiller, leer el Fausto o saborear la etica de Spinoza”. 
«En los ultimos relatos de Holmberg hay huellas, aunque difusas muy reconocibles, de otro gran escritor: Edgar Poe -asevera el prologuista-. Es visible en Nelly la envoltura poética de Ligeia -que todos los criticos señalan-, tambien presente en el espíritu de su amante despues de muerta". En ese texto relata lo sucedido a un inglés que conoce ya adulto su verdadera identidad. Edwin es recordado como «un caballero perfecto, vinculado a la Legacion británica», que les «ha sido presentado por eI ministro ingles». El personaje era, en realidad, hijo de] matrimonio secreto entre una inglesa y un argentino y regresó a Europa por motivos personales, aunque había decidido establecerse en Buenos Aires. 
«La casa endiablada tiene para nosotros tres motivos de interés –destaca el catedrático-: es la primera obra de imaginación a la que trastada nuestra realidad ciudadana; es la primera novela policial escrita en el pals, y finalmente; es la primera en la literatura universal en que se descubre un delito por el sistema dactiloscópico”. 
La trama da lugar a que Holmberg presente inmigrantes de diversa procedencia y nivel social. Los italianos que evoca son de humilde condicion. Los hay verduleros y carreros. Así recuerda a uno de ellos: «a poca distancia se veía un pequeño carro de elásticos, en el que venían algunos muebles. Un carrero napoIitano manejaba los dos caballos de tiro y a su lado un negro alto y fornido, como de sesenta años, Ie señalaba con e] brazo Izquierdo levantado». EI negro era un criado, mientras que el peninsular -al que el escritor llama pomposamente “el partenopeo” era contratado para la ocasion. 
Holmberg alude al italiano como a una persona sumamente supersticiosa: «La sorpresa del carrero saltó al colmo apenas el negro alzó la mano. - ¡Ma ayá non ne gh'entro, pe la Marona: non ne gh'entro!- dijo, haciendo una cruz con el pulgar y el indice de la derecha y besándola". EI temor es tanto que hace que el napolitano se comporte en forma desusada, lo cual da oportunidad al escritor para deslizar una critica a la colectividad: «EI carretero saltó de su asiento, trabó la rueda con cadena, y, contra la costumbre de sus covesubianos, bajó los muebles en un abrir y cerrar de ojos». Holmberg se refiere asimismo al idioma del inmigrante, que refleja -como hemos visto- en sus cuentos: "EI napolitano confesó que tenia miedo, mucho miedo. mas de lo que podia soportar un hombre ,,,lo juró, lIoró, y, mas que todo, temblo: y cada vez que, en su lenguaje pintoresco, hacia uso de gestos exagerados y veía la casa, besaba la cruz de antes e invocaba a la Madona y a algunos santos que el negro no conocía ni de vista ni de nombre. particularmente a un tal Sando Nugola”. No solo el idioma es evocado, sino tambien una peculiar forma de expresarse y la creencia en santos que traia desde su tierra. 
Otros peninsulares aparecen tambien en el relato, a] remontarse al pasado la acción. Cuando el propietario viajó a Europa, cerca de 1883, la casa quedó en poder de un matrimonio italiano". Como el ya mencionado, el inmigrante «era carrero, y la mujer se ocupaba en criar aves». Al igual que su paisano, eran supersticiosos, ya que la pareja se negó a habitar ]a casa: Dice eI juez al dueño: "Pocos dias despues de su partida, vino a verme el marido y a entregarme las lIaves. Estaba muy pálido, y me confesó que se mudaba de miedo». EI juez tiene una elevada concepción moral de esta gente,de la que afirma: «Es un individuo excelente, y lo mismo la mujer. El sigue con su carro, y ella con sus gallinas». 
EI crimen fue perpetrado contra un inmigrante de una nacionalidad menos frecuente. Sigue el relato del juez: “A principios de 1884, y unos tres meses despues de partir usted para Europa, vino de Santa Fe a Buenos Aires un co]ono suizo lIamado Nicolas Leponti, el cual, gracias a su actividad, a su esfuerzo. a su energia y a su inteligencia, habia logrado reunir una fortuna que, si bien modesta, Ie permitía ocupar en la colonia una posición desahogada, y prestar, a sus compatriotas, servicios que le habían valido la estimación general”. 
Holmberg pone en boca del loro con cuya colaboración se esclarece el asesinato, consideraciones del criminal acerca del corajedel europeo: «-Y era guapo el gringo... y duro para morir... ¿se acuerda, amigo?" Este inmigrante encontró su fin cuando intentó hacer una operación comercial relacionada con su actividad: “EI suizo queria comprar gallinas de raza, y sabiendo eI 17 que aquella casa estaba sola, se dirigió a ella y allí consumó el crimen». Como Ie sucedió a tantos colonos, «La tierra cubrió el cuerpo de Nicolas Leponti,el aguardiente y el monte devoraron en pocos dias el producto del crimen, y el misterio envolvió todo durante cinco años». 
Alemanes, ingleses, italianos y suizos forman parte del universo literario creado por Holmberg, quien, además de novelista policial, es un retratista de la sociedad finisecular, a la que describe con gracia.


27de enero de 2002

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