domingo, 9 de septiembre de 2001

LA ULTIMA PROFECIA Y OTROS TEXTOS

Del «Sholem Aleijem» argentino al Premio Presidente de Israel por su obra en hebreo, por Samuel Pecar. Seleccion y prologo de Ricardo Feierstein. Buenos Aires, Mila, 2001. 

«Si Jevel Katz fue el 'Gardel judio', segun coinciden los cultores de la musica popular, Samuel Pecar es el 'Sholem Aleijem argentino'» afirma Feierstein en el prologo, que lleva por titulo «Samuel Pecar: ejemplo de sintesis literaria, humana y judeoargentina». 
Acerca de la obra del entrerriano nacido en 1922, dice el editor: «El humor piadoso y a la vez vitriolico que se desprende de sus volumenes sobre el transcurrir de la vida en su colectividad constituye la descripción más hilarante y enternecedora que se haya escrito sobre los avatares de nuestro ischuv. Allí pueden rastrearse formas de ser, comportamientos, tics, manias y, grandezas de esa generacion de inmigrantes e hijos de inmigrantes que desarrollaron el momento de mayor esplendor (red educativa e institucional) de la historia comunitaria reciente, cuyas perdidas no terminamos de lamentar» . 
La trayectoria, que se inicia con su nacimiento en Colonia López y que culmina en el “Premio del Presidente de Israel a la Literatura Traducida” y el «Premio Gerchunoff» de la Asociación de Amistad Argentina-Israel -recibidos por su viuda pocos meses después del fallecimiento del escritor- es detallada minuciosamente por Miryam Gover de Nasatsky, autora del cuadro bio-bibliográfico incluido en el volumen, que puede ser ampliado con la lectura de Escritores Judeo-Argentinos. Bibliografía 1900-1987 (Milá, 1994), escrito por la biógrafa en colaboración con Ana Weinstein. En este cuadro se menciona, entre otras funciones, a Pecar como presidente de la Asociación Israelí de Escritores en Lengua Castellana (AIELC), desde que la fundara, en 1985, hasta el 2000. 
Adela Pecar participó en el libro con una semblanza de su marido, en la que señala que dicha asociación «agrupa a escritores que como él, no pueden ni podrán nunca usar el hebreo como lengua literaria, y exigen el derecho de poder ser escritores israelíes, decir lo que sienten, en su lengua materna, el castellano». 
Leonardo Senkman destaca este aspecto del legado de Pecar: «Samuel nos dejó para siempre cuando pudo cumplir uno de sus más fervientes deseos: que el idioma español fuese reconocido como legitima lengua de creación de los escritores iberoamericanos en Israel. Ningun escritor inmigrante trabajó tan incansablemente para fundar, y luego desarrollar con pasión, la Asociación Israeli de Escritores en Lengua Castellana (AIELC),que presidió hasta el ultimo momento de su vida, logrando el respeto y reconocimiento de la Federación de Asociaciones de Escritores Israelies en todas las otras lenguas». 
En su sagaz descripcion del alma humana, Pecar trata, entre otros, un tema que hasta ahora no habíamos encontrado: la posibilidad de emigrar a Israel y los primeros tiempos de los argentinos que allí se establecen, con la urgencia de aprender un idioma y, al mismo tiempo, adaptarse a una forma diferente de entender la vida, evidenciada, por ejemplo, en la falta de rodeos al hablar. 
En «Hamlet en el gueto» evoca los años que pasan mientras el padre de familia medita acerca del traslado. El narrador expone la situacion del protagonista:«Máximo Jirik no se dirige a Israel para hacer negocios. Maximo Jirik es un idealista, señor. Si él ha resuelto dejar la Argentina, donde siempre vivió bien, ¡más que bien!, no será el por el sucio afan de apilar dinero en otro pais, enclavado, para colmo, en la barriga de Asia, y cercado de enemigos con el alfanje, entre los dientes. No; a Maximo Jirik no le interesan los business. Israel lo atrae con la magia de sus multiples lazos historicos, sentimentales, teluricos...». Al finalizar el cuento, el protagonista aún sigue evaluando las ventajas y desventajas, mientras su familia sufre las consecuencias. 
La edad distinta, volumen publicado en 1979, incluye las cartas que Shaul le envia a Arón, en las que le relata sus peripecias en el pais que ha elegido para establecerse. Estas peripecias tienen que ver, sobre todo, con el idioma, como aquella vez en que el autor de la carta le pide al hijo: «Dani, coloca los cadaveres sobre la cama, uno encima del otro, por favor», confundiendo «camisetas» con «cadaveres», palabras que en hebreo se diferencian sólo por una letra. Los que sí se adaptaron rapidamente fueron los hijos. Shaul reflexiona: «Viven en Israel hace apenas dos años, y ya se comportan como si hubieran nacido en este pais. ¡Con cuanta rapidez se han adueñado del pasado! ¡Con qué fuerza se han plegado a cada uno de los rasgos del pais! ¿Cuando aprendieron todo esto?» Viéndolos, el padre hace una apreciación sobre la nueva tierra: «¡Que extraño es este pais! Es aspero y duro, pero al mismo tiempo se acurruca dentro de uno, pidiendo que lo amen. ¡Y qué delicioso es sentir ese amor por él! Es curioso. No lo quiero como a la tierra en la que uno vive o en cuyo seno se nace. No; quiero a este paisito como a un hijo, y a veces percibo que despierta en mí la misma ternura dolorosa que sólo conoce un padre». 
La decisión de emigrar o no de la Argentina, la opción entre el kibutz y la ciudad, con todo lo que estos dilemas conllevan, es ya literatura, como lo fueron anteriormente los avatares de quienes llegaron a nuestro pais hace mas de un siglo, en busca de un futuro mejor.

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