domingo, 22 de abril de 2001

TODO LO QUE REALMENTE NECESITO SABER LO APRENDI EN EL PARVULARIO

por Robert Fulghum. Plaza & Janes Editores. Barcelona, 141 paginas.

Robert Fulghum escribió el texto que da titulo al volumen, ése que nos entregan las maestras jardineras y que salió publicado en El Tiempo:

"Siendo ya anciano me di cuenta que ya se la mayor parte de lo que hace falta para vivir una vida plena, que no es tan complicado. Lo sé. Y lo he sabido desde hace mucho, muchísimo tiempo. Aquí está mi credo : 
Todo lo que hay que saber sobre cómo vivir y que hacer y cómo debo ser lo aprendí en el jardín de infantes.
La sabiduría no estaba en la cima de la montaña de la universidad, sino allí, en la arenera. Estas son las cosas que aprendí : 
Compártelo todo.
Juega limpio.
No le pegues a la gente.
Vuelve a poner las cosas donde las encontraste.
Limpia siempre lo que ensucies.
Pide perdón cuando lastimes a alguien.
Lávate las manos antes de comer.
Sonrójate.
Las galletas calientes y la leche fría son buenas.
Vive una vida equilibrada.
Aprende algo y piensa en algo.
Dibuja, pinta, canta, baila, juega y trabaja cada día un poco.
Duerme la siesta.
Cuando salgas al mundo, ten cuidado con el tráfico.
Tómate de las manos y no te alejes.
Permanece atento a lo maravilloso.
Recuerda la pequeña semilla en el vaso, las raíces bajan y la planta sube y nadie sabe realmente cómo ni por qué, pero todos somos así.
Los peces de colores, los ratones blancos e incluso la pequeña semilla del vaso, todos mueren y nosotros también.
Recuerdo una de las primeras palabras que me enseñaron, una muy grande : mira.
Todo lo que necesitas saber está allí, en alguna parte. La regla de oro, el amor y la higiene básica. La ecología y la política, la igualdad y la vida sana.
Toma cualquiera de estos ítems y tradúcelo en términos adultos sofisticados y aplícalo a tu vida familiar o a tu trabajo, a tu gobierno o a tu mundo y se mantendrá verdadero, claro y firme. Y aún es verdad, no importa cuan viejo seas, que al salir al mundo es mejor tomarse de las manos y no alejarse demasiado".

Un dia esa pagina, tan sabia y emotiva, llegó a manos de una agente literaria, quien la encontró en la mochila de su hijo, y ella le preguntó al autor si tenia escrito algo mas. De esa petición surgió el libro que nos ocupa, que es tan interesante y aleccionador como el breve texto que conocemos, un «libro dirigido a levantar el animo y calentar el corazón». 
De su obra dice Fulghum: «Lo que vas a leer se escribió a lo largo de muchos años, a trozos y poco a poco, y esta dirigido 
a amigos, familiares, a una comunidad religiosa y a mi mismo, sin pensar en publicarlo en forma de libro. No sé cómo llamaras tú a esto. Yo pienso en ello como 'mis materiales', un informe escrito sobre lo que pasa por mi cabeza y en mi vida». 
Se autodefine como filósofo, y ha trabajado como cowboy activo, interprete de canciones populares, vendedor de computadoras, pastor de una parroquia, camarero de bar, profesor de dibujo y pintura. En su libro se encuentran alusiones a varias de estas facetas de su vida, vistas siempre desde la perspectiva analítica de un hombre que no se conforma con la apariencia de los seres y cosas que lo rodean. 
Y, como era de esperar, en esta obra tiene papel preponderante la infancia: la suya -que recuerda con nostalgia- y la de otros, incluidos sus hijos. 
Cuando de niños y adolescentes se trata, opina acerca de la forma en que deben ser educados, pero no con frialidad academica, como un estudioso de la cuestion, sino como un padre y maestro que ha vivido experiencias singulares a lo largo de su existencia. Dice por ejemplo: «Al salir del instituto, de la universidad, del nido de los padres. ¿Qué les daremos en estas ocasiones? Imaginacion. Un empujón hacia arriba, una bendición». 
Asi,escribe: «Gritarles a cosas vivas puede hacer que muera el espiritu que hay en ellas. Los palos y las piedras pueden romper nuestros huesos, pero las palabras rompen nuestros corazones», o si no «Los adultos no juegan al escondite. Al menos, no para divertirse. Es una lastima». 
Como éstas, muchas otras frases nos hablan de la posibilidad de recuperar el estado de gracia que caracteriza a los pequeños y a quienes, aunque adultos, no han perdido la capacidad de mirar el mundo con otros ojos. 

(EL TIEMPO, Azul, 22 de abril de 2001)

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