domingo, 4 de febrero de 2001

MEMPO GIARDINELLI: RETRATO DE UN INMIGRANTE

En el año 1993, Mempo Giardinelli obtuvo el VII Premio Internacional «Romulo Gallegos» por Santo Oficio de la Memoria, novela a la que Carlos Fuentes se refiere como a una “saga migratoria tan hermosa, tan conmovedora, tan importante para estos tiempos de odio, racismo y xenofobia”. El jurado estuvo integrado por los escritores Fernando Alegria (Chile), Lisandro Otero (Cuba) y Arturo Uslar Pietri (Venezuela), y los academicos Pedro Diaz Seijas y Jose Luis Salcedo Bastardo. 
«La primera edición de esta novela apareció en Colombia en 1991 -dice el autor- y circuló, sobre todo, fuera de la Argentina. Luego se hicieron dos reediciones, en diciembre de ese mismo año y en abril de 1992». En 1997 fue publicada en nuestro pais, donde tambien mereció elogiosas criticas. 
La novela cuenta un siglo de historia privada y, logicamente, argentina y mundial, desde la llegada a nuestro pais de Antonio Domeniconelle, su esposa y su primogenito, a fines del siglo pasado. Acerca del motivo que los impulsó a emigrar, narra el hijo: «Padre y madre vinieron de Italia porque allá eramos muy pobres. Muy pobres. Más pobres que toda la pobreza que hayas visto». El emigrante alentaba a su familia: «aqui esta el futuro, decia. Hemos hecho bien, decía. Para no pensar en lo que habíamos dejado allá, digo yo». No obstante, no lograba convencer a la esposa de lo acertado de la decisión: «Madre lloraba mucho, entonces. Casi todas las noches. 'Mi due bambini' , se lamentaba. Yo creo que me daban celos. Pero me dolía su dolor. En los primeros tiempos, madre se habia empeñado en que no dejáramos de ser italianos. Y una noche me confió, haciendome jurar que no lo repetiría, que ella no había estado de acuerdo en venir a la Argentina. No quería saber nada con dejar Italia». 
Maria Esther de Miguel considera que «Giardinelli pone en boca de muchos de los miembros de esta familia fragmentos de la Historia, y hay de todo: gente apacible o iracunda, inteligente o lela. Hay un inolvidable Gaetano y la atrayente Franca. Y hay el Tonto que escribe y el otro que lleva su cuaderno de apuntes. Complementarios, diversos o contradictorios, quizá todos sean variaciones de una misma pregunta: la de la condición humana».
A partir de los relatos de los familiares, podemos conocer al primer Domeniconelle. Como los familiares que narran suelen no estar de acuerdo entre sí, veremos corporizarse a un hombre controvertido, visto de una forma por la esposa y de otra por el hijo mayor. 
El patriarca de esta familia habia nacido en 1859. «Alto, era. Buen mozo, imponente con los bigotazos que tenia. Como manubrios de bicicleta». Sus ojos eran particularmente atractivos: «ojos de expresión grave, de sujeto orgulloso, bien portado, hosco y altanero. Ojo de tipo gritón y arisco, desconfiado y autosuficiente». 
Una bisnieta relata que «Su perdicion eran las mujeres y el juego. Desde que llegara de ltalia en 1885, y tan pronto aprendió los rudimentos del castellano de Argentina, se aplicó a esas pasiones: al mes de arribar ya habia aprendido a jugar al truco, la taba, el tute y otros juegos criollos, y perdido todo el dinero que trajeron de su patria. Pero tres meses más tarde, ( ... ) los recuperó y con creces, y pudo comprar una casita lejos de la ciudad, por el rumbo de Ramos Mejía, un pueblo formado alrededor del viejo Apeadero San Martin». 
El hijo que vino a la Argentina señala el caracter despótico del inmigrante: «Yo tenia ya catorce años cuando lo acompañaba a padre a la cocheria, y el todavia me pegaba. Entraba a su despacho y la gente temblaba. Era autoritario: un padrone. Malísimo, aunque se creía lo mejor del mundo. Decía que algún antepasado habia sido conde, o marques, o duque de algo. Los italianos de aquel tiempo eran asi: llegaban a este pais con una mano atras y otra adelante, pero todos pretendían haber sido condes, nobles. Yo no lo queria. Nunca lo quise». 
Contribuia a esta falta de cariño el hecho de que Gaetano hubiera sufrido la perdida de sus dos hermanos, a quienes el padre no quiso o no pudo traer: «Llegaron casados, ya. Conmigo. El decidió que Vincenzo y Nicola se quedaran allá. Luego los buscaría, dijo. No atendió al llanto de Angela. No escuchó las razones de nadie. Nunca». «Ni siquiera conocí a mis dos hermanos -agrega Gaetano. Sabia que existían, que estaban allá. Y crecí preguntándome por ellos. Yo era el mayor y nos llevábamos un año cada uno. Yo nací el año 81, Vincenzo el 82 y Nicola en la Navidad del 83. Llegamos a la Argentina cuando yo tenia cuatro años. A mis hermanos los dejaron. ¿Por qué los dejaron a ellos y no a mi? Me pregunté mucho, eso. ¿Con quien estaban? ¿Los querian? ¿ O les pegaban, como me pegaba padre? El me habia elegido como al unico hijo que queria? Debia, ser, porque si no los hubiera traido a Cenzino y a Nicoletto y no a mí. Pero entonces, ¿por qué me castigaba tanto? Trajeron al mayor, y ser el mayor en aquellos tiempos era casi como ser único hijo. Asi abandonaron a mis dos hermanos. No digo que sin sentir culpa. No, no puedo decir eso. Pero hicieron algo que yo siempre pensé que estuvo mal. Quiza por eso le tenia tanto miedo a padre. Tambien por eso. Escuchaba su chiflido y ya temblaba». 
Gaetano recuerda que su madre tambien le temía: «Madre también lo odiaba, porque era su sirvienta. Hacia que la sacara las botas, la mandaba de acá para allá. No hacia falta que le pegara porque ella tambien temblaba de solo verlo. El sabia cuanto sufría ella por los hijos que dejaron en ltalia, pero jamas hizo nada por traerlos». 
Una de las nietas afirma que "la Nona tiene sus cosas que ya sabemos pero no es tan jodida como todos suponen. No puede sacarse el rencor de encima, eso es lo que pasa. Pero tambien hay que entenderla. Es de otro siglo, otra clase de pensamiento. Ella se formó, si puede decirse, bajo condiciones terribles, che, pobre. Su infancia no fue ninguna delicia y era una jovencita cuando dejó dos hijos para venirse a America». "Y el Nono segun parece no era ningun encanto de marido. Asi que hay que entenderla porque tuvo una vida de mierda. Anda a saber que satisfacciones Ie dio el abuelo, si es que le dio alguna». 
El italiano «solía ir a los cafes del centro, que eran famosos porque allí se reunían los primeros revolucionarios. Los sindicalistas. Casi todos eran inmigrantes. (...) Esos cafes eran verdaderos antros, fumadores de tabaco grueso, sitios de pelea, mucho ruido y pocas mujeres. Mal alumbrados, con mesas apiñadas y pista de baile. Solían tener, en la parte de atras, reñideros de gallos, salas de timba o cuartos de prostitutas». La esposa tenia miedo de que el marido «cometiera un desatino» en uno de esos bares; sus miedos no eran infundados, ya que -afirma el hijo- «padre era un fanfarrón, un pendenciero. Y como era tan grandote y fuerte y malgeniudo podía pasarle cualquier cosa». 
Entre tantos defectos, se le reconocía algo bueno: «trabajó mucho y progreso». Tan solo nueve años después de llegar a la Argentina, se veian los frutos del esfuerzo: «El año 94 la cocheria Miraglia & Domeniconelle se mudó a la calle Cuyo, muy cerca del mercado que acababa de construir Don David Spinetto en la calle Montevideo. El negocio prosperaba. Hacia mas de cinco años que no cesaban de expandirse y el abuelo Antonio se sentía un hombre satisfecho. Tres veces por semana visitaba a Gladys en su departamento de la calle Libertad y ya soñaba con comprarle una casa grande a Angiulina. Habían salido del frio del primer conventillo, de la inseguridad de los inmigrantes y ahora iba a llevar a su mujer y a su hijo a vivir en Ramos Mejia, en las afueras de Buenos Aires, a solo media hora de tren del centro de la ciudad. Soñaba que en la nueva casa: «habría rosas en los floreros y comerían bien, tres veces al dia, o cuatro, con todos los chicos, porque iban a traer a Vincenzo y a Nicola de Italia. El pais progresaba a pesar de todo, y el tambien». 
EI bienestar surgía de un comienzo modesto: «La empresa se inició con un viejo carromato que adquirieron de segunda mano -en un remate del Montepio- y un par de percherones semicojos. El negocio prosperó, no tanto porque se muriera mucha gente en Buenos Aires, como solía razonar Antonio, sino porque moría la necesaria». 
No llegó a disfrutar sus logros, porque lo asesinaron: «El dia que lo mataron, aquella mañana de agosto de 1896, cumplia 37 años. ( ... ) El crimen se produjo aparentemente porque se resistía a comprar un nuevo carro con aplicaciones de plata y ruedas de bronce, para seis caballos, como le proponía Giacchinto Miraglia, su socio, sujeto al que todos recordaban furibundo, atrevido, audaz». EI nieto amplía la información; a su entender el Nono «no era patrón a la manera que es patrón un empresario que solo tiene aspiraciones capitalistas, sino que mas bien soñaba con formas cooperativas de producción, ( ... ) Eso mismo lo habia llevado a discutir con su socio, Giacchinto Miraglia, un ambicioso que quería enriquecerse a toda costa en poco tiempo por aquello de que vida hay una sola y es ésta». 
Para Gaetano, en cambio, la causa del asesinato fue bien distinta: «Para mi que lo mataron por una mujer. Una mujer de otro, naturalmente. Un asunto de polleras. Y por la espalda. No habrá habido otro modo. Tan grande y tan fuerte. De frente nadie se habría atrevido, porque además eran un matón, un pendenciero». 

Desde múltiples perspectivas se describe a Antonio Domeniconelle, un italiano que, aunque tuvo muchos defectos, no careció de buenas condiciones. Fue autoritario y violento, es verdad, pero también fue muy trabajador. No quiso enriquecerse a costa del sacrificio de los demás y, cuando prosperó, pensó en su mujer, en su hijo, y en los pequeños que habia dejado en Italia. 
Faltaba en la literatura argentina de inmigración un personaje como éste, que tan magistralmente crea el escritor chaqueño: un hombre con vicios y virtudes, un ser humano agobiado por su pasado, ilusionado con el porvenir americano. 

(EL TIEMPO, Azul, 4 de febrero de 2001)