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MASACRE EN LAS PAMPAS

LA MATANZA DE INMIGRANTES EN TANDIL, 1872, por John Lynch. Buenos Aires, Emecé, 2001, 315 páginas. 

El autor fue por largos años director del Instituto de Estudios Latinoamericanos y profesor de la Universidad de Londres. Es autor de Los Austrias, El Siglo XVIIII, Las Revoluciones hispanoamericanas 1808, 1826 y Juan Manuel de Rosas (Emecé, 1984), “biografía que se ha convertido en un clásico”. 
La obra que nos ocupa fue publicada originalmente por The University of Oklahoma Press en 1998. Investiga la matanza de treinta y seis personas, en su mayoría inmigrantes, que tuvo lugar en la madrugada del primero de enero del año mencionado. Se culpó de la misma a Gerónimo Solané, “Tata Dios”, un personaje que se suponía nacido en Bolivia, Chile, o el interior de la Argentina y que “hasta poco tiempo atrás había vivido en Tapalquén y antes de establecerse en Tandil había pasado una temporada en Azul donde sus actividades obtuvieron el apoyo popular pero el desdén del gobierno”. Este individuo fue muerto de tres tiros en su celda cuatro días después de la degollina. 
Lynch está convencido de que “más allá de su aspecto externo, Solané no era una figura descollante, capaz de provocar una rebelión. Carecía de distinción de carácter y personalidad”. Admite, sin embargo, que “si bien no ofrecía principios de acción, contribuyó a generar un clima de terror y liberó una fiera que no pudo controlar”. Más terrible le resulta el asistente principal, Jacinto Pérez, “hombre más violento que su patrón, un gaucho que se autodenominaba San Francisco y San Jacinto el Adivino”. 
El investigador contó con testimonios procedentes de tres fuentes: las actas del juicio y la investigación oficial, la correspondencia de los funcionarios y los documentos británicos al respecto, los cuales le permitieron adentrarse en un hecho que no fue aislado, sino que –como él mismo señala- tuvo muchos antecedentes: un criador de ovejas británico fue asesinado por tres argentinos cerca de Rosario, en 1865; otro británico fue asesinado en una estancia dos años después, y en 1869 “Según The Standard de Buenos Aires, un periódico inglés, un súbdito británico que cuidaba el rebaño de un amigo en la región de Azul fue asesinado por ladrones; las autoridades atribuyeron la matanza a los indios pero el crimen llevaba la marca de la violencia gaucha”. 
Los crímenes –de los que sólo mencionamos unos pocos- motivaron que en 1870, los agentes de emigración de Londres alertaran a los posibles emigrantes sobre la peligrosidad de estas tierras. En la advertencia publicada el 22 de febrero afirmaban: “Varios emigrantes británicos y otros extranjeros fueron asesinados en época reciente....El gobierno local no ha tomado medidas efectivas...En este momento, no parece haber suficiente seguridad para vivir en ese país”. 
Afirma el autor que “la masacre de Tandil, ocurrida después de una serie de atentados menores, resultó excepcional solamente por su ferocidad, crueldad concentrada y el grado de organización por parte de una banda de forajidos. La muerte en la pampa no era una atrocidad individual, formaba parte de una serie de atrocidades”. 
Lynch recoge varias opiniones acerca de la motivación de estos hombres –alrededor de cincuenta- que arrancaron a un bebé de cinco meses de los brazos de su madre y lo mataron delante de ella, quien ya había visto morir a sus hijas de cuatro y cinco años (la muerte que le dieron se sumó a las de sus seres queridos). Cita al diario La Nación, quién “sostenía que no había que buscar los orígenes en la violencia rural en el fanatismo religioso, como sostenían algunos propagandistas, sino en causas profundamente arraigadas dentro de la sociedad rural”. Juan Fugl, el prestigioso inmigrante danés”llegó a la conclusión de que la causa que había impulsado el atentado no era meramente la furia y la xenofobia de gauchos ignorantes; consideraba que surgía del prejuicio invencible de la elite local”. El autor opina acerca de esta última aseveración:”Como sucede con muchas teorías sobre conspiraciones, la de Fugl contenía algunos atisbos de verdad mezclados con afirmaciones sin fundamento” y sostiene “que los criminales veían a liberales, funcionarios y propietarios, opresores todos, encarnados en sus rivales inmediatos, los inmigrantes. En este sentido, la venganza fue una especie de justicia salvaje”. 
Aunque centrado en un hecho, el estudio de Lynch arroja luz asimismo sobre los indígenas y sus malones, las penurias de la vida gaucha, el resentimiento de los ganaderos, la incidencia del rosismo, la religión y el curanderismo, el hostigamiento mutuo entre Gran Bretaña y la Argentina a raíz del luctuoso suceso, y los crímenes que tuvieron lugar inmediatamente después de 1872, confirmando la advertencia británica. 
Destinado –a nuestro criterio- a lectores con formación universitaria, interesará también al público en general, especialmente a aquellos que –como esta cronista- descienden de inmigrantes afincados en Tandil en el siglo XIX. 
El volumen incluye la bibliografía consultada –en la que se citan tres obras de Hugo Nario, participante del congreso sobre inmigración que se llevó a cabo en Azul en 1994 – y numerosos cuadros sobre población, inmigración y crímenes violentos. Tradujo María Teresa La Valle.


Imágenes:
http://www.todoparaviajar.com/noticia/en-primera-persona-las-sierras-mas-antiguas-de-america/
http://www.google.com.ar/imgres?q=%22tata+dios%22+solan%C3%A9&um=1&hl=es&biw=1024&bih=610&tbm=isch&tbnid=FfxW7fr3V6jvTM:&imgrefurl=http://www.lanacion.com.ar/687991&docid=SzjVHuUhJ5ddkM&imgurl=http://bucket2.clanacion.com.ar/anexos/fotos/57/373757w300.jpg&w=300&h=533&ei=tjckT5_zDISgtweBuJyjCw&zoom=1&iact=hc&vpx=816&vpy=184&dur=3183&hovh=299&hovw=168&tx=99&ty=202&sig=105302134745217243883&page=1&tbnh=126&tbnw=78&start=0&ndsp=18&ved=1t:429,r:11,s:0

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