domingo, 14 de enero de 2001

LIBRO DE ONDAS CON ABRECAMINOS Y FINAL DE PALIDAS

por Nestor Groppa. Buenos Aires, Vinciguerra, 2000. 

El escritor nació en Laborde, provincia de Córdoba. Durante cinco años fue maestro de grado en Tilcara; luego paso a ser bibliotecario del Colegio Nacional N° 1 Teodoro S. de Bustamante, cargo que ejerció durante treinta y tres años, en San Salvador de Jujuy. Alli cofundó Tarja y dirigió Pliegos del Noroeste.
Creó su sello editorial, "Buenamontaña", inició la "literaria" del diario Pregón en 1960 y fue Secretario de Publicacioncs de la Universidad Nacional de Jujuy. Publico numerosos libros, fue distinguido con importantes premios; desde 1996 es miembro correpondiente de la Academia Argentina de Letras.
Groppa escribe desde su aislamiento, tema que aparece en los versos «Aqui me refugio del mundo/ y de mi» -dice- y también «la unica manera de serenarme/ es mirando libros»), pero no siempre hay soledad en la vida del escritor, testimonio de ello dan los logrados poemas que agrupó bajo el titulo de De la mano de alguien. El paso del tiempo es otro de los asuntos que vuelve materia poética; a este fluir se asocian las fotografias a las que alude, como un modo de conjurarlo ("No deja la fotografía/ de mirar sin ver que la están mirando/ vivir su neblina").
La ciudad es evocada en conjunto y tambien por medio de los lugares tipicos y de aquellos que, sin serlo, han llamado la atención al escritor: el ultimo cafe, el centro integral de la sonrisa, un almacen, el mercado ("En las orillas del mercado viejo/ de todo esto se llenaba la tardecita:/ de relojes, de peines, de crucifijos"). La naturaleza, en cambio, muestra su magia en el jazminero después de la nevada, la lluvia, el rio, el mar ("Hay restos del mar (la sal) en la sangre del hombre./ La sal y la meticulosidad del movimiento/ reavivado en las visperas de todo ser"). Frente a tanta belleza, la patria contable, la de la burocracia, los formularios y las reparticiones habla al lector de un mundo distinto, que evidentemente a Groppa no le simpatiza ("La patria contable está eximida/ de todo canto, como la patria jubiladora/ que vive soportando los bichitos de la mala praxis/ nublándole/ la savia":).
Calidos, sencillos, con la simplicidad de las buenas cosas, estos textos llegan a quien los lee como un mensaje de fe en el ser humano, como un himno a los paisajes cercanos y distantes, como una indagación en todo aquello que hace pensar, sea cual fuere la latitud del pais en la que se viva. 

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