domingo, 14 de enero de 2001

EL POSTRE

por Germán Cáceres. Buenos Aires, Ediciones del Valle, 2001. 56 paginas. 

German Caceres nacio en la provincia de Buenos Aires. Inició su carrera literaria con la publicacion de El checo, la giganta y el enano, en 1974, al que siguieron, tres años despues, Frankestina, y en 1980, Cuentos para mocosos y purretes. En 1982 apareció su primera novela, Los silencios prohibidos, y en 1985, con el
apoyo económico del Fondo Nacional de las Artes, Los pintores mueren del corazón, colección de narraciones policiales sobre la que escribi en La Nueva Provincia: «Los cuentos de Caceres tienen «su» tiempo y «sus» lugares; son decididamente argentinos, tanto por lo que describen cuanto por la psicologia de los personajes que viven en ellos. ( ... ) ha logrado una obra que, inscribiendose dentro de una tradicion, se destaca con rasgos propios y se vuelve totalmente original». Como ensayista, es autor de Así se lee la historieta (1994) y La aventura en America (1999). Estos son sólo algunos de sus libros. Ademas, ha compilado una antología editada en diskette y colabora en este suplemento y en las revistas el gRillo y Lea.
El volumen que nos ocupa no pertenece al genero narrativo. Es un drama, «la tercera aventura teatral», como gusta definirla. Las dos anteriores fueron: Vamos a Manhattan -merecedora de la Faja de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores- y Suicidios en la cuarta dimension. La nueva obra «Se aleja de la tematica planteada en sus primeras piezas, o sea, el abordaje artístico por parte de jóvenes pletóricos de entusiasmo (la pintura en Vamos a Manhattan y el cine independiente en Suicidios en la cuarta dimensión). Aquí se trata de unos amigos que se reunen para tomar una copa y, simplemente, pasar un rato agradable y distendido. Pero el autor, con gran manejo de la acción dramática, permite que en sus personajes aflore un inaudito arrebato agresivo, cuya violencia no reconoce límites, como si en ellos se alojara una bestia, un Mr. Hyde dispuesto a matar.
Un hombre, su hija y dos profesores que se disputian los favores de la joven son los personajes de esta pieza en la que, tras las formas corteses del hablar cotidiano, se disimula el resentimiento que se lleva dentro. Cualquier situación, por nimia que sea, hace que eI rencor se libere y desencadene una tragedia que quizas no era dificil de prever, dada la agresividad contenida de los interlocutores.
La brevedad del texto hace que sea percibido -él tambien- como algo contundente, que nos hará reflexionar, ya que «Caceres se despega de la mera anecdota particular para apuntar a una patetica incapacidad de la humanidad: la de frenar su impulso destructor». 

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