jueves, 19 de octubre de 2000

AUSENCIAS, PRESENCIAS Y SUEÑOS

por Raúl G. Fernández Otero. Buenos Aires, Ediciones Tu Llave, 2000. 

La autobiografia, género ampliamente cultivado en nuestra literatura, cuenta con un nuevo aporte. Se trata de esta interesante obra, en la cual el lector evoca momentos de su existencia que considera importantes -creemos- por la huella que han dejado en su espiritu, no porque sean especialmente significativos para el resto de los hombres. 
La evocación se abre con sus recuerdos de infancia en un barrio porteño, allá por el 30. El rememorar sucesos de su vida personal lo obliga a describir la época en que transcurren y el modo de vida de esos tiempos que -en la pluma de Fernández Otero- parece mucho más humano que el agitado vivir del presente. Los padres y el hermano españoles, los vecinos, los carnavales, las anécdotas que pueblan toda historia a lo largo de una dilatada existencia, son la materia de la primera parte del libro. 
Seguidamente, se agrupan una serie de textos de tipo filosófico -en los que el autor dialoga con su perro Niebla- o de caracter narrativo, en los que cuenta pequeños hechos que les ha tocado en suerte compartir. La tercera parte, en cambio, es una variada colección de narraciones en las que el escritor deja f1uir sus recuerdos y sus invenciones, tamizadas por su personal forma de entender la realidad. 
Por ultimo, Adenda nos cuenta el triste final de Niebla, víctima de una mano vil. EI tono de Fernandez Otero, que era alegre y hasta humoristico por momentos, se vuelve lógicamente pesimista. Las palabras que escribe en ese trance son dificiles de olvidar, «he quedado de pie, como un centinela que ya no tiene nada que guardar sino recuerdos». El hombre vital y expansivo que nos contó sus vivencias se desmorona; se siente solo y vencido. 
El lector mayor se identificará con este escritor que rescata episodios transcurridos hace décadas y otros muy recientes. Los mas jóvenes, sabrán cómo se vivia cuando Buenos Aires era aun una ciudad distante, conmocionada por la Segunda Guerra Mundial, disfrutarán de sus cuentos y comprenderán a este hombre que les brinda hoy su libro. 
Tanto uno como otro encontraran en Fernandez Otero un narrador diestro -con un lexico en el que asoman, de cuando en cuando, vocablos netamente hispanicos-, que vuelve atractivos episodios corrientes, a los que engalana con su original estilo y su proverbial ternura.

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