jueves, 14 de enero de 1999

AMADO NERVO

En 1999 se cumplen ochenta años de la muerte del poeta mexicano, que habia nacido en Tepic en 1870. La inquietud religiosa se evidencia ya en sus primeros años de vida y lo lleva a cursar estudios en el Seminario de Zamora, en Michoacan. Recibe allí enseñanzas que "se fundieron con el aliento panteísta de una vida y una lírica atormentada". Cultivó la prosa y el verso, este último a la manera de los modernistas, con quienes se relacionó al colaborar en la revista Azul, alrededor de 1898 y al fundar La revista modema, con Valenzuela.
Por esa época realiza su viaje a Paris, en el que se vincula con parnasianos y simbolistas. Ocupando cargos diplomáticos, viaja posteriormente a España; Argentina y Uruguay. En su obra se evidencian -a criterio de los estudiosos- influencias relacionadas con esta estada fuera de su pais. Se observan influjos de los franceses, de "Ruben Dario, los simbolistas, Leopoldo Lugones y otras figuras de fin de siglo". Advierten en su lirica un "cosmopolitismo modernista, pleno de inquietudes seudomisticas y religiosas". 
Entre sus libros en verso recordamos Hermana agua y Los jardines interiores, En voz baja -volumen en el que canta su amor a una mujer-, La amada inmovil y Serenidad, -en los que llora la muerte de esta dama-y Elevación, libro del que nos ocuparemos especialmente. 
Una noticia publicada en el diario La Prensa nos informa que Amado Nervo dejo de existir en Montevideo "tan solo ocho dias despues de su llegada para hacerse cargo de la legación diplomática de México". Acerca del lugar en el que falleció y la causa, dice el matutino: el poeta "murió el24 de mayo de 1919 a causa de una enfermedad renal crónica en la habitación N° 42 del Parque Hotel, que fue uno de los establecimientos de hostelería mas elegantes del cono sur durante la "belle epoque". El edificio se conserva pero ya no alberga un hotel, sino la Secretaria Administrativa del Mercado Comun del Sur (Mercosur)". 

Un trabajo de Jitrik

En un trabajo sobre este movimiento, Noe Jitrik sostiene que "A partir de la extraordinaria tarea cumplida por Ruben Dario a traves de su obra y de su presencia en Santiago, en Buenos Aires y en Madrid, asi como a través de sus propias declaraciones en su Autobiografia, se ha engendrado la idea de que por un lado es algo asi como el creador del modernismo, mientras por otra parte, y en consecuencia, el modernismo se define por los rasgos que Darío le ha impuesto a su propia obra. Esa versión es parcial e históricamente incorrecta".
Agrega Jitrik que "ya se puede casi afirmar, de acuerdo con los juicios mas recientes de Federico de Onis, Juan Ramon Jiménez, Max Henriquez Ureña y Ricardo Gullón que los iniciadores del modernismo fueron el cubano José Martí (1853-1895) y el mexicano Manuel Gutierrez Nájera (1859-1895) entre los años 1875 y 1882, a través de sus tentativas de innovación de la prosa. Precisamente, las versiones que atribuyen a Darío la exclusiva paternidad del movimiento, radican en el verso y atribuyen a la prosa un papel si no secundario en todo el proceso de renovación literaria, por lo menos posterior y emergente de aquel". 
Pedro Henríquez Ureña define el modernismo con estas palabras: "Este movimiento renovó íntegramente las formas de la prosa y de la poesía: vocabulario, giros, tipos de verso, estructura de los párrafos, temas, ornamentos. El verso tuvo desusada variedad, como nunca la había conocido antes, se emp]earon todas las formas existentes, se crearon formas nuevas y se llegó hasta el verso libre a la manera de Whitman y el verso fluctuante a la manera de la poesía española en los siglos XII y XIII. La prosa perdió sus formas rígidas de narración semijocosa y de oratoria solemne con párrafos largos, adquirió brevedad y soltura". 
Señala Noe Jitrik que "Guillermo Díaz-Plaja incluye a la generación del '98 española en la experiencia, lo cual se justifica en la medida en que el modernismo implica una critica a lo español, considerado por otra parte como algo irrenunciable". 
En este contexto cultural surgió la poesía del mexicano, a quien se lee como "el poeta más renombrado" de su país. 

Elevación

En los últimos años de su vida, la lírica de Nervo refleja la evolución de su personalidad. Dice un critico: "Presintiendo la muerte, el espíritu de Nervo se hizo mas sereno y su reconcentrado pensamiento se refugió en un nirvana estético y religioso, una notable influencia oriental, nacida a través de diversas lecturas, se manifestó en poemas como Elevacion, EI arquero divino y EI estanque de los lotos, que significaron la vertiente negativa de un poeta romántico y callado que no supo adaptarse al vértigo de su tiempo". 
En 1917 aparece Elevación, volumen que incluye poemas escritos entre enero de 1914 y diciembre de 1916. En esta obra, la búsqueda y el hallazgo de Dios es uno de los temas mas importantes. Quizás el mas importante. En el poema titulado “iRenombre!”, dice a la fama que se aparte de él, porgue puede ocasionarle una perdida enorme: "iSi hicieses ruido, se iría de aquí/ Dios, único bien!" 
EI 10 de marzo de 1915 escribió el poema que lleva por titulo "El milagro", en el que evoca la trayectoria recorrida desde Ia duda hasta la fe. Allí exclama: "iSeñor, yo te bendigo, porque tengo esperanza! / Muy pronto mis tinieblas se enjoyarán de luz.../ Hay un presentimiento de sol en lontananza/ ¡me punzan mucho menos los clavos de mi cruz!". 
Del 8 de junio de ese mismo año es el bellísimo poema en el que canta la omnipresencia divina, el que dice: "Señor, Señor, tú antes, tú después, tú en la inmensa/ hondura deI vacío y en la hondura interior /Tú en la aurora que canta y en la noche que piensa / Tú en la flor de los cardos y en los cardos sin flor".
Acerca de la relación entre fe y filosofía se ocupa en un texto escrito un mes después. Exhorta en el al estudioso a buscar al Supremo por otro camino: "iCon el farol de tu filosofia / no hallará nunca a Dios, oh mente esclava, / sino con el amor". A la figura del filósofo opone la del "despreciable iluminado", que "ni pierde el tiempo en discutir, ni duda / ¡ve cara a cara la verdad desnuda, / y se funde con Dios porque lo ha hallado".
"Poco antes de la Navidad de 1915, Nervo escribe una vez mas sobre la muerte relacionada con Dios. En "Me marcharé... " asevera: "Me marcharé Señor, alegre y triste; / más resignado, cuando al fin me hieras, / Si vine al mundo porque tú quisiste,/ ¿no he de partir sumiso cuando quieras?" 
Deja en este libro enseñanzas para los más jóvenes. Les indica qué debe hacerse para vivir rectamente. En "Amable y silencioso", dice: "Haz caridad a todos de esas sonrisas, hijo./ Un rostro siempre adusto es un día nublado/ es un paisaje lleno de hosquedad, es un libro7 en idioma extranjero, Otro poema canta: “¡Si una espina me hiere, me aparto de la espina/ pero no la aborrezco! Cuando la mezquindad/ envidiosa en mí clava los dardos de su inquina/, esquívase en silencio mi planta y se encamina/ hacia el más puro ambiente de amor y caridad”,
“Sécomo la montaña –dice en un texto de julio de 915- que mira al sol primero/ que al valle. ¿Por ventura con la Poesía, el don/ no se te dio más alto, más noble y verdadero, / la ventan escondida por donde el prisionero/ ya se asoma al arcano del mundo, la Intuición?”. En “Como el venero”, exhorta al lector con estas palabras: “Da, pues como el venero cristalino,/ que siempre brinda más, del agua clara/ que le pide el sediento peregrino”. 
El volumen incluye también un espléndido texto, uno de los más conocidos de Nervo, en el que el mexicano hace el balance de su existencia: “Amé, fui amado, el sol acarició mi faz./ ¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!”.
Dios, la juventud y su formación, el pasado y la conciencia de haber vivido momentos buenos y malos, son los principales temas a los que Nervo canta en este libro, al que volvemos para recordar al poeta en este aniversario. 

LA CAPITAL, Mar del Plata

ERNEST HEMINGWAY, EN EL CENTENARIO DE SU NACIMIENTO

Ernest Miller Hemingway nació en Oak Park, Illinois, en 1899. Afirma un biógrafo que, hijo de un médico culto y amante de la naturaleza, la vida del niño transcurrió en las cercanías de Chicago. Entre 1917 y 1918 aparecieron sus primeros ensayos periodísticos en el Kansas City Star; en ellos “brotó el estilo seco y objetivo que constituye una de las características fundamentales de su prosa”. 
Se considera que en los primeros articulos de Hemingway se advierte la influencia de Ring Lardner y de Sherwood Anderson. En 1926, en la novela The torrents of springs (Los torrentes de la primavera), ya expresa “con juvenil audacia su propia personalidad respecto a la de aquellos escritores”. Dos años antes había publicado el libro de cuentos In our time (En nuestro tiempo), en el que los estudiosos “observan algunos temas fundamentales de su futura obra”. 
Es conocido el papel que el escritor tuvo durante la primera guerra mundial. Se alistó como voluntario y fue herido y condecorado en el frente italiano. En 1921, Hemingway reanudó su actividad periodística en el Toronto Star Weekly, y viajó por primera vez a París. Este viaje sería de gran importancia en la formación del joven creador, ya que “allí se encontró con la escritora Gertrude Stein y estableció contacto con el mundo literario que dominaba la vida cultural de la capital francesa en los años ‘20”. Estas vivencias aparecen en The sun also rises (1926, Fiesta) y en A moveable feast. (Fiesta móvil, 1964), libro póstumo. 
En una de sus novelas más conocidas, Adiós a las armas, publicada en 1929, "cuenta la experiencia de la guerra en términos muy personales, confirmando su lograda madurez como escritor". Dice el biógrafo que comienza entonces el período de los largos viajes a España y Africa, "que proporcionarian una nueva y amplia temática a sus narraciones y novelas": Death in the afternoon (1932; Muerte en la tarde) es un autentico tratado de tauromaquia; Green hills of Africa (1935; Verdes colinas de Africa) es el diario de un safari y puede servir de introduccion al tema del valor, desarrollado más tarde en sus dos famosas narraciones, Las nieves de Kilimanjaro y La breve vida feliz de Francis Macomber, recogidas en nueve cuentos). A raiz de su participación en la Guerra de España como enviado especial de los diarios de la North America Newspaper Alliance, H. publicó For whom the bell tolls (1940; Por quién doblan las campanas), que volvia a presentar, sobre el fondo de una guerra civil, el·tema·del amor y de la muerte”. 
Continúa luego con su actividad periodística, “reemprendida en.el curso del segundo confIicto mundial sobre los campos de batalla". En 1950 aparece Across the river and into the trees (1950; A traves del río y entre los árboles), "ambientada en Venecia y que parecía señalar el ocaso de la carrera literaria·de Hemingway. Dos años despues aparece EI viejo y el mar (1952; The old man and the sea), obra que resume lo mejor de su estilo y que contribuyó a que consiguiera el Premio N obel de Literatura en 1954". 
Se estableció por un tiempo en Cuba, hasta que, por razones de salud, se trasladó a Sun Valley, Idaho, donde fue encontrado sin. vida el 2 dejulio de 1961. Un biógrafo cuyo nombre no se menciona, piensa que probablemente se suicidó. 
Dejó varios libros ineditos, los cuales fueron apareciendo postumamente. En 1964 se publicó París era una fiesta; en 1967, Enviado especial reunía sus principales artículos periodísticos. Tres años después se dio a conocer la novela Islas a la deriva, a la que siguió, en 1979, Ochenta y ocho poemas. En 1985 se publicó El verano peligroso y, en 1988, El jardín del Edén. 

La “generación perdida” 

El autor de Adios a las armas fue considerado por Gertrude Stein, miembro de la “generación perdida", llamada asi por la escritora "en el sentido de significar con dicha rotulación a aquellos novelistas cuya expresion literaria estaba realizada en un lenguaje riguroso; violento e impetuoso". A criterio de Stein, integraban esta generación también Scott Fitzgerald, Thomas Wolfe, John Steinbeck y algunos más. 
El prologuista de una edición mexicana de El viejo y el mar sostiene que la denominación puede entenderse en un sentido mas amplio, ya que "dicha generacion de creadores luchó durante la guerra de 1914-1918 en las trincheras europeas y al intentar reingresar a la vida cotidiana en su propio país, se encontró sin fe en todos aquellos valores morales que, desde la niñez, había aceptado sin reservas". 
Dicho prologuista advierte una evolución en el pensamiento del escritor. En un primer momento, "Hemingway muestra una espiritualidad nihilista, o sea una negacion a toda creencia, ya sea religiosa, politica o social. Tuvo la experiencia personal de la primera guerra mundial, con todas las consecuencias fisicas y psicologicas, es decir una completa perdida de la fe en la democracia, una clara nocion de la violencia y de la muerte, y en materia literaria una tendencia hacia el desnudo reportaje, sin ninguna interpretación psicológica, ya se trate de hechos o dialogos". 
Con el correr del tiempo, "el autor irá desarrollando en sus novelas y cuentos, conceptos de solidaridad y de honestidad como únicos valores de aceptación universal y como únicos tambien, que emergen del colapso de antiguas creencias”. 
En El viejo y el mar , una de las ultimas novelas que escribió, evidencia su postura de madurez ante la vida. Santiago,el pescador, "el hombre en toda su magnitud vence. A pesar de todo, el hombre con fe, logra derrotar a la adversidad. Con dificultad llega a destino, no con el trofeo de la victoria, pero sí con la conciencia de haber cumplido consigo mismo". 

Influencias, legado 

Philip Young, autor de Ernest Hemingway, se ocupa en el volumen de las influencias que recibió el escritor laureado. Considera de gran importancia la lectura de Las aventuras de Huckleberry Finn de Mark Twain y de obras de Stephen Crane, encauzadas mas tarde por la relación con Gertrude Stein, Sherwood Anderson y otras personalidades. 
Carlo Izzo, catedratico de la Universidad de Bolonia, analiza en La literatura norteamericana, las obras de Hemingway y Faulkner. "Podría ser una gran tentación presentar a Ernest Hemingway (Illinois,1898-1961) como una especie de anti-Faulkner, pero implicaría dejar de lado por lo menos un hecho innegable: Faulkner, en los cien tonos y aspectos de su estilo; cuenta con páginas que, por mesura y sequedad descriptiva, sencillez de sintaxis, rapidez y concisión del diálogo, no sólo son muy parecidas a las muchas en que Hemingway se afirma como maestro del estilo escueto que Ie es propio, sino que verosímilmente -si bien Faulkner no necesita por cierto pedir prestados expedientes estilísticos- parecen derivadas del más aguerrido de sus competidores en la lucha por el primer puesto en la jerarquía de los narradores norteamericanos contemporáneos”. 
El italiano realiza asimismo una valoración de las personalidades de la literatura norteamericana de este siglo; en dicha valoración, asigna al autor laureado con el Nobel y el Pulitzer un lugar eminente: "Thomas Wolfe y F. Scott Fitzgerald vivieron demasiado poco tiempo para que sus vicisitudes literarias pudieran representar, con su propio desarrollo interior, las fases sucesivas de la narrativa norteamericana de nuestro siglo. En cuanto a William Faulkner y a Ernest Hemingway, personalidades poderosas, capaces de marcar con su propio sello en vez de ser marcados desde el exterior, y fundamentalmente coherentes consigo mismos -:a pesar de desviaciones del tipo de Pylon o de Across the· river and into the trees- deben ser considerados como influjos determinantes antes que como voces destinadas a cambiar en el transcursodel tiempo". 
Un critico afirmó que "su obra, dispar y contradictoria, ha tenido más influencia en Europa que en Estados Unidos": Considera que la misma "está penetrada de una concepcion sumamente individualista de la Vida (el 'deporte de la existencia') como conciencia de la indigencia humana y, al mismo tiempo, como lucha por la mejor realizacion de sí mismo en el cotidiano enfrentamiento con el drama eterno de la muerte". 

Como el viejo en el mar, Hemingway ha vencido. Escribiendo, pudo conjurar la muerte.

LA CAPITAL, Mar del Plata, 1999

CURZIO MALAPARTE: ITALIA EN GUERRA

Curzio Malaparte, cuyo verdadero nombre era Kurt Erich Suckert, nació en Prato en 1898; falleció en Roma en 1957. Fue voluntario durante la Primera Guerra Mundial y luego se destacó en el periodismo, fundando el periodico fascista La conquista dello stato y dirigiendo el prestigioso diario turines La stampa en los años 1929 y 1931. Fue tambien codirector de Fiera letteraria.
Un biografo afirma que "en 1931, despues de un largo viaje por Europa, Africa y Asia, abandonó definitivamente el fascismo para vivir con mas independencia ideologica". Su actividad literaria se inicia con la publicacion de la novela Aventure di un capitano di sventura (1927) y del libelo Don Camaleon (1928), obras que consolidaron su prestigio como escritor, a criterio de este biografo.
Las noticias sobre su vida nos dicen que fue arrestado tras haber publicado en Paris Tecnica del golpe de estado (1931), y debió permanecer durante algún tiempo confinado en las Islas Lipari. Cumplida su condena, se establecio en Roma, donde fue enviado especial del Corriere delIa sera y fundador, en 1939, del periodico de oposicion Prospettive. En 1941 actuó como corresponsal de guerra en el frente aleman contra Rusia, "Y a esta epoca pertenecen sus mejores obras, entre ellas Kaputt (1945) y La pelle (1949), que han que dado como testimonios decisivos de la tragedia de los años 1939-1945". Nos referiremos a la ultima de estas obras.

El testigo

Malaparte se presenta como protagonista en La piel. Junto a él caminaremos por las calles de Napoles, conoceremos sus miserias y los actos aberrantes que el escritor explica en dialogo con extranjeros, recordaremos el pasado y sabremos acerca de su producción literaria. Una contraposicion nos da la idea de la situacion por la que atravesaba Italia en ese momento. "Jack y yo -recuerda- nos encontrabamos limpios, lavados y bien nutridos, en medio de aquella muchedumbre de napolitanos escuálidos, sucios, hambrientos y vestidos de harapos".
Malaparte dice conocer la razon que ha llevado a Europa al estado en que se encuentra en el momento en que sucede la accion. El escritor afirma que no han sido el hambre, los bombardeos, los fusilamientos, las matanzas, la angustia, el terror, los campos de concentración, los que han llevado a los europeos a cometer vilezas. Sostiene que el motivo es otro: es la piel, "nuestra piel, esta maldita piel. No puede usted imaginarse siquiera de cuantas cosas es capaz un hombre, de qué heroismos y de que infamias, para salvar la piel. (...) Un dia se sufria hambre, tortura, sufrimiento, los dolores mas terribles, se mataba y se moria, se sufria y se hacia sufrir, para salvar el alma, para salvar el alma propia y las de los demas. Para salvar el alma se era capaz de todas las grandezas y de todas las infamias. No solamente la propia, sino las de los demas. Hoy se sufre y se hace sufrir, se mata y se muere, se realizan cosas maravillosas y cosas horrendas, no ya para salvar la propia alma sino para salvar la propia piel. Se cree luchar y sufrir por la propia alma, pero, en realidad, se lucha y se sufre por la piel, por la propia piel tan sólo. Todo lo demas no cuenta. Hoy se es heroe por una cosa bien pequeña".
En estas circunstancias, uno de los personajes le pregunta al escritor porqué no se embarca con el hacia America. Malaparte le contesta que no puede abandonar a sus muertos, pues ellos "no pueden pagarse un billete para America, son demasiado pobres. No sabran jamas lo que es la riqueza, la felicidad, la libertad. Han vivido siempre en la esclavitud; han sufrido siempre el hambre y el miedo. lncluso muertos seran siempre esclavos, sufriran hambre y miedo. Es su destino; Jimmy. Si supieses que Cristo yace entre ellos -agrega-, entre estos pobres muertos, ¿lo abandonarias?".
La Piel fue llevada a la pantalla grande; el film se vio en la Argentina. Quienes lean este libro accederan a una vision de la contienda emanada de un espiritu, que desde su personal posicion, refleja momentos tragicos con indudable talento.

DESDE YA Y SIN INTERRUPCIONES

María Esther Podestá. Corregidor, 1985. 

miércoles, 13 de enero de 1999

PERIODISMO Y LITERATURA

En el ensayo “Del pedernal al silicio. Historia de los medios de comunicación masiva” (1), Giovanni Giovannini -estudioso de los medios de comunicación y presidente de ANSA- hace una síntesis de cinco o seis milenios de la cultura humana. En un comienzo se utilizó el pedernal –la piedra sílex- para grabar el signo religioso, artístico o informativo. Luego aparecieron la arcilla mesopotámica, el papiro egipcio, la imprenta y los modernos medios de comunicación. En la actualidad se observa un retorno a as fuentes, ya que es también la piedra sílex –el silicio- la que puede almacenar en una computadora miles de datos valiosos para la Humanidad.
La referencia al signo informativo grabado con pedernal nos demuestra que no es acertado asociar al periodismo con los tiempos modernos, los avances de la técnica y las posibilidades que dichos avances brindan a la transmisión de la palabra, pues sus antecedentes se remontan a la antigüedad. La diferencia fundamental entre los diarios de la actualidad y las actas que César hacía copiar para enviar a los funcionarios que se encontraban lejos de la urbe, es la periodicidad, característica que sí corresponde a nuestra época.
Diversos factores facilitaron el crecimiento de este tipo de comunicación; entre ellos –señala Felipe Torroba (2)- se cuentan la invención de la imprenta, los descubrimientos geográficos, las conquistas, las exploraciones, los viajes, la organización de los correos, los progresos de la navegación, los trenes, el telégrafo y el cable submarino. Debe considerarse, por otra parte, la incidencia de la instrucción pública, que aumenta el número de lectores, y de la democracia, que favorece la libertad y difusión de la prensa.
Los primeros periódicos fueron los almanaques, que se publicaban una vez por año; posteriormente aparecieron las gacetas mensuales y las semanales, de las que se pasó a la hoja diaria. En 1622, Thomas Archer publica en Amsterdam el primer periódico regular, que llevaba títulos diferentes en cada uno de sus números; el primer periódico con un título constante fue el Mercurius Britannicus, que comienza a aparecer cuatro años más tarde, editado por el mismo Archer.
Entre las personalidades que tuvieron que ver con la historia de la comunicación escrita, recordamos a Pullitzer, creador de los enormes titulares destinados a informaciones de carácter sensacional, y a Charles Havas, francés de origen húngaro que organizó la primera oficina de noticias, utilizando palomas mensajeras como método de transmisión.

En la Argentina

Félix Laiño, periodista de vasta trayectoria, nos brinda en Secretos del periodismo (3) la experiencia que atesoró en cincuenta años de labor. No se trata del relato de su vida, sino de un pequeño “curso”, en el que explica, clara y didácticamente, los principios básicos de la profesión. El pasado aflorará, pero no a modo de evocación autobiográfica, sino como la forma más propicia para ilustrar los temas que se desarrollan.
El autor recuerda el periodismo de los primeros años de nuestro país, cuando aún resonaban los ecos de la Independencia. Los primeros diarios fueron fundados por Hombres que “alternaron la pluma con la espada en la defensa de sus ideales cívicos”; con el correr del tiempo, la transformación de la sociedad da lugar a otro tipo de publicaciones.
A comienzos del siglo XX surge el periodismo comercial; los diarios que se destacan en esta época son La Prensa y La Nación –afirma Laiño-, “dos colosos orgullo del país”. Luego aparecerán La Razón, Crítica, El Mundo y, más tardíamente, Clarín. Todos ellos eran escritos por redactores sin formación específica; se los preparaba para la labor mediante las sugerencias del director o de algún compañero más experimentado, mientras desempeñaban las tareas asignadas.
En cuanto a la vocación del periodista, el autor señala que puede detectarse la presencia de un síntoma indudable: la necesidad de escribir por el sólo hecho de aliviar la mente de una acumulación de ideas, escribir sin pensar en otro objetivo que no sea verbalizar temas que preocupan. Es cierto que los noveles profesionales pueden experimentar, también, terror ante la página en blanco, pero éste desaparece con la práctica. Convirtiendo a la hoja en el depositario de las inquietudes que suelen ser comunes a redactor y lector.
Encontraremos en la obra información sobre los más variados aspectos de la profesión, desde las jerarquías en un diario, hasta los tipos de letra que deben emplearse en los títulos, sin olvidar útiles consejos acerca de la diagramación de los mismos. Laíño dedica este libro a los jóvenes que se inician en el periodismo, a los profesionales y al lector en general; su ensayo será apreciado –creemos- en diferente forma por quien lo lea. Mientras que los que se inician en la profesión podrán comprender la estructura y la dinámica de un diario, aquellos que ya las conocen se sentirán reflejados en las preocupaciones del autor. Tanto unos como otros encontrarán en las anécdotas relatadas, ejemplos claros y sumamente interesantes, a los que asoma a veces una nota de humor.
Es en suma, una obra que se cimenta en el deseo “de convertir al diario en una empresa de cultura”, en momentos en que los medios audiovisuales y la merma del poder adquisitivo atentan contra ello.
Néstor Tomás Auza (4) ha estudiado el periodismo escrito por mujeres en nuestro país. Partiendo de las primeras figuras del quehacer periodístico llegamos a la tercera década del presente siglo habiendo recorrido un camino largo y difícil. La sociedad no veía bien que una mujer escribiera; el propio Lucio V. Mansilla, hermano de Eduarda, decía que era mucho mejor para una dama conocer a la perfección, “científicamente”, las tareas propias de su sexo, a saber: coser, planchar y cocinar. Si el sostenía este argumento, ¿qué podía esperarse de personas de menor cultura?
Venciendo prejuicios, quitando horas al sueño, y después de haber atendido a la familia, la mujer podía escribir, y así se las arreglaron muchas personalidades extraordinarias para dividir su tiempo y dejarnos un legado interesantísimo, aunque o siempre fácil de ubicar.
Destaca el autor la actitud de ciertos diarios, entre los que se cuentan La Prensa y La Nación, que no se cerraron a los trabajos escritos por mujeres; esta apertura permite al ensayista inferir que no había más publicaciones femenina por la sencilla y exclusiva razón de que las mujeres hacían llegar pocos artículos a las redacciones.

Periodismo y literatura

Cabe mencionar el destacado lugar que el periodismo otorga a la literatura. Le Siecle inició la publicación de folletines, abriendo al camino de lo popular a Alejandro Dumas y Eugenio Sue, pero, independientemente del éxito del folletín, los diarios siempre contaron entre sus colaboradores a las figuras más importantes de las letras de su nación y de todo el mundo, al tiempo que dan espacio a las nuevas generaciones que buscan expresarse.
Joaquín Roy es el autor de ALA Periodismo y Literatura (5), obra en la que evoca la historia de la agencia fundada en 1948 por Joaquín Maurín Juliá, aragonés exiliado en los Estados Unidos. La idea surgió al comprobar que la mayoría de los diarios latinoamericanos y españoles tenían poco contenido de análisis; los artículos de este tenor que podían encontrarse estaban firmados por autores desconocidos. Estos dos factores diferenciaban a la prensa hispanoparlante de la norteamericana, que Maurín se propuso imitar.
Por falta de recursos –continúa Roy-, Maurín Juliá instaló la agencia en su propio departamento, con vistas al Hudson; cerca de allí vivían importantes intelectuales relacionados con la Universidad de Columbia, como Federico de Onís y García Lorca. Desde el inicio de su labor, Maurín se “desdobló” en dos personas: él mismo, Joaquín Maurín, representante del director, y J.M. Juliá, su jefe. De ese modo, daba una apariencia de organización que distaba mucho de ser verdadera. Pero eso no era todo...
Germán Arciniegas, primer colaborador de ALA, no tardó en advertir que la agencia contaba con sólo cinco columnistas: “un español, un gringo, un latino, un desconocido y yo”. Estos periodistas no eran otros que Maurín con seudónimo; a cada uno de estos personajes corresponden las firmas Maurín, Anderson, Mayo y Roy, respectivamente. Arciniegas fue, sin saberlo, cofundador de la empresa, ya que no se contaba con ninguna otra colaboración.
El aragonés deseaba un estilo definido para las publicaciones, testimonio de ello encontramos en la correspondencia que mantuvo con Juan Antonio Cabezas, periodista que comenzó a colaborar en ALA en 1954. En una carta fechada en julio de 1955, Maurín escribe a Cabezas estas líneas: “Es nuestro interés que usted siga colaborando con nosotros, y por eso, haciéndonos eco de nuestra experiencia, le invitamos a americanizar tanto como sea posible sus correspondencias, que a nosotros, personalmente, nos parecen admirables, pero que tienen que ser sometidas a la dura prueba de un público hecho a una manera especial de considerar el periodismo”.
Maurín buscaba que en cada artículo confluyeran tres características que consideraba básicas: “actualidad”, “basarse en hechos” y “dar la impresión al lector de estar ‘viajando’ a los lugares tratados por el autor”. Junto a este interés por el presente, por la vigencia del hecho, encontramos también la mirada hacia el pasado; en otra carta a su colaborador le aconseja lo siguiente: “De tanto en tanto, hay que buscar un pretexto –no falta nunca- para hacer revivir a las personas venerables del pasado: Galdós, Blasco Ibáñez, Palacio Valdés, Valle Inclán, etc”. En cuanto a los temas a tratar, Maurín rechazaba todos aquellos que parecieran parciales hacia un personaje o hacia una obra. Apreciaba, en cambio, notas sobre cuanto ocurriera en España de interés para el mundo y, especialmente, para Hispanoamérica.
Los colaboradores deseaban escribir para ALA, ya que esta participación les permitía ser más conocidos en el mundo hispánico y redondear sus ingresos. Entre los colaboradores más importantes de esta primera época de la agencia –que abarca hasta 1973, año en que muere su fundador-, encontramos a los españoles Ramón Gómez de la Serna, Salvador de Madariaga y Alejandro Casona y a los latinoamericanos Miguel Angel Asturias, Alfonso Reyes y Pablo Neruda.
Cuando Roy escribió su libro, la nómina de colaboradores incluía a personalidades de la talla de Julián Marías, Dardo Cúneo y Juan Goytisolo. Muchos de ellos no necesitaban la retribución pecuniaria, pero colaboraban con Maurín como una forma de contribuir a la ingente labor que llevaban a cabo. ALA funcionaba en ese entonces en Miami, luego de haber estado establecida en Puerto Rico, y su aporte a la comunicación de nuestro continente seguía siendo relevante; proveía de servicios a más de ciento cincuenta diarios y publicaciones periódicas de América y España.
Relacionado con el de la historia de la agencia, surge otro tema, que Joaquín Roy encara con el mismo interés: el de la literatura y su relación con el periodismo. Afirma Roy que consideramos “ensayo” a todos aquellos trabajos que, editados bajo la forma de volúmenes, podemos encontrar en las bibliotecas de las universidades. Será periodístico, en cambio, todo aquel material que, incluido en medios de comunicación masivos, consultaremos en hemerotecas. Esta distinción, arbitraria, pierde sentido cuando advertimos que ciertas páginas sufren una “transfiguración”; cotidianamente llegan a nuestras manos artículos publicados primitivamente en diarios y periódicos y que se reúnen, tiempo después, en libros.
Esta circunstancia hace que Roy se cuestione las relaciones entre literatura y periodismo. No se trata, obviamente, del periodismo informativo, pero sí del de “interpretación” o “explicación”, del que ALA fue precursora. Para abordar el tema, parte de la distinción aristotélica entre la función “patética” del lenguaje, que transparenta los sentimientos, las vivencias y las emociones, y la “noética”, que representa y comunica. Ambas se encuentran presentes en el periodismo que impulsó Maurín.
El ensayo –presentado en parte como cursillo a los alumnos de la Escuela de Periodismo y de la Facultad de Humanidades de la Universidad de La Plata, en 1984- tiene –a criterio del autor- una doble función. En primer lugar, informa sobre el legado que la Agencia ALA hizo a la Universidad de Miami (todos sus archivos) y, en segunda instancia, aborda el tema de la literatura en relación con el periodismo. A criterio de Miguel Angel Diez, director de la organización en el momento en que se escribe el libro, la obra es un homenaje a la memoria de Maurín, al cumplirse un nuevo aniversario de la fundación de ALA, y honra también a los colaboradores, que tanto contribuyeron a la difusión de la cultura.
Alonso Zamora Vicente nació en Madrid en 1916. Fue lingüista, crítico y narrador, accedió a los claustros de diversas universidades españolas y americanas y miembro de la Real Academia Española. En 1969 obtuvo el Premio Nacional de Ensayo Miguel de Unamuno por su estudio “La realidad esperpéntica”, análisis de una obra de Ramón del Valle-Inclán; once años después, su narrativa fue galardonada con un premio de la misma magnitud, otorgado a su novela Mesa, sobremesa (6).
Su erudición no fue obstáculo para que desempeñara con asiduidad y maestría la tarea de ensayista en un diario porteño, desde tierra americana o desde su amada España. En 1948, Zamora Vicente fue nombrado director del Instituto de Filología de la Universidad de Buenos Aires, cargo que desempeñó hasta 1953, año en que regresó a Europa. Por esa época se dedicó con entusiasmo a los estudios filológicos que tanto había impulsado en nuestro país Amado Alonso; paralelamente, se nutría de la relación con importantes literatos de nuestra tierra, como Mallea, Borges y Julio Cortázar.
Escuchemos, contado por él, cómo se produjo su acercamiento al periodismo: “¿Cómo empecé a escribir? Creo que, aparte de esos ensayitos deliciosamente inocentes de la adolescencia (a mí no me da reparo alguno hablar con lugares comunes), empecé realmente, en realidad de verdad, el día que, siendo profesor extraordinario en la Universidad de Buenos Aires, recibí una amable invitación de Eduardo Mallea para colaborar en el suplemento literario de “La Nación” (Mallea era entonces el director de esa sección). Es un suplemento, todos ustedes o saben, que se publica los domingos. Creo que esto ha condicionado mi trabajo posterior: estoy ya condenado a ser un escritor –o un crítico, me da o mismo- de domingo”.
Esta “condena” fue vivida con singular alegría por el académico, que se prodigó en artículos variados y emotivos. Sus trabajos fueron publicados muchos después, con el título de Suplemento Literario; rendía así homenaje a las páginas que los habían visto nacer y reivindicaba, quizás sin proponérselo, un género tantas veces denostado (7).
.....

Al alcance de un público mucho más vasto que el que accede a los libros, el periodismo difunde la literatura de los autores consagrados de distintas épocas, al tiempo que permite a quienes son menos conocidos dar a conocer obras que, quizás, hagan historia. 

Notas
1. Giovannini, Giovanni et al: Del pedernal al silicio Historia de los medios de comunicación masiva. Buenos Aires, Eudeba, 1987.
2. Torroba Bernaldo de Quirós, Felipe: La información y el periodismo. Buenos Aires, Eudeba, 1969. 
3. Laíño, Félix H.: Secretos del periodismo. Buenos Aires, Plus Ultra, 1987.
4. Auza, Néstor Tomás: Periodismo y feminismo en la Argentina (1830-1930). Buenos Aires, Emecé, 1988.
5. Varios autores: Enciclopedia Clarín. Buenos Aires, Visor, 1999.
6. Zamora Vicente, Alonso: Suplemento literario. Madrid, Espasa-Calpe, 1988. 
7. Roy, Joaquín: ALA Periodismo y literatura. Madrid, Hijos de E. Minuesa S.L., 1986.

lunes, 11 de enero de 1999

CUANDO EL TIEMPO ERA OTRO

Una historia de infancia en la pampa gringa, por Gladys Onega. Buenos Aires, Grijalbo Mondadori, 1999. 

Gladys Onega “es profesora de Filosofìa y Letras de la Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario. Fue maestra primaria, profesora secundaria, profesora universitaria de literatura argentina y dictò seminarios de crìtica en la facultad donde se graduò. En 1976 se fue del paìs y desde entonces hasta su retorno, en 1989, trabajò como editora en las ciudades de Washington y Mèxico. Mientras fue profesora en la Universidad escribiò numerosos artìculos de crìtica literaria y en 1960 un libro de ensayo llamado La inmigraciòn en la literatura argentina, siempre citado en los anàlisis de las ideas que subyacen en la literatura del perìodo inmigratorio argentino” (1). 
En esa obra escribe: “El propòsito de este trabajo es analizar el reflejo del fenòmeno inmigratorio en la literatura. Para ello hemos seleccionado los textos de acuerdo con un criterio eclèctico: valor estètico, significaciòn del contenido, importancia de sus autores en su momento y repercusiòn posterior de su obra, y, en general, textos y autores importantes y en nùmero suficiente para presentar una panorama completo –aunque no exhaustivo- de las variantes con que la òptica intelectual observò el problema” (2). 
El tema de la inmigraciòn es abordado en Cuando el tiempo era otro. Una historia de infancia en la pampa gringa (3) desde otra perspectiva. Onega escribiò este libro convencida de que “todos tenemos derecho a escribir nuestra historia”, como ella expresó en un reportaje (4). Su historia se inicia en Acebal, provincia de Santa Fe, donde nace en 1930, y continúa en Rosario, ciudad a la que se mudan en 1939. Sus primeros años transcurren en el seno de una familia integrada por un gallego tan esforzado y ahorrativo como autoritario; una criolla apasionada por la hija mayor, la lectura y la costura; y dos hermanos, que acaparan la atención que la pequeña reclamará para sí. Junto a ellos encontramos la familia de la casa da pena –los gallegos que quedaron en su tierra-, los parientes gallegos que emigraron y los parientes criollos de la madre, y los inmigrantes –en su mayoría italianos- que viven en el pueblo. 
“Todo parte de un hecho real –dijo en ese reportaje-, pero hay ficción en cuanto hay una creación lingüística muy grande. Nunca junté papeles ni documentos, pero en mi casa todo el tiempo se estaban contando cosas. No había otra manera de conectarse con la gente de España; no los conocíamos. Sì hablè mucho con mi hermana y con mis primas, quienes me ayudaron a reconstruir todo. Todas estas cosas, igualmente, siempre estuvieron presentes en mì. Incluso digo, con muy poca caridad, que en la familia de mi madre eran ‘faltos’, porque no era que repetìan historias interesantes, sino que repetìan siempre las mismas. Y èstas, de cualquier modo, aunque no eran interesantes, se fueron fijando. Y del lado de los gallegos siempre contaban historias diferentes y muy amenas, y completamente extrañas sobre el viento, el frío, la nieve, y las contaban en todo el pueblo”. 
El padre de Gladys Onega “Llegó solito, y cuando fue a la casa de su tío Agapito Vega, hermano menor de mi terrible abuela Carmen, esa noche lo pusieron a dormir en la cochera y no en la cama más blanda, como aquella que le reservaban siempre al tío Agapito en la casa da pena de Galicia”. La escritora se pregunta: “¿El tío que lo encandiló en Galicia con la ilusión de América fue el primero que empezó la destrucción de la ilusión?”. 
Acerca de la abuela gallega de Gladys Onega, “contaban que cuando servía el caldo, los cachelos y las coles, al levantar el brazo en ademán inminente de servir la segunda vuelta, las más de las veces se detenía arrepentida y devolvía ese segundo cucharón intacto al pote; ella sabía que cada bocado de más que hartaba a su prole era un día que restaba para comprar o muiño velho e o prado d’arriba y escriturar la tierra que faltaba para unir los pequeños retazos del minifundio en una propiedad mayor”. 
El inmigrante echaba de menos a su familia: “Ignoraba y lo ignoré por mucho tiempo cuánto había llorado desde aquel día en que se fue de junto al señor Manuel y la señora Carmen, sus padres, mis abuelos. (...) mi padre choraba por él y por sus padres que sí eran de Galicia, se habían quedado allí sin moverse, clavados en un cruceiro, secándose las lágrimas con un desmesurado pañuelo a cuadros orlado de negro quién sabe por qué luto de una muerte ya ocurrida o por el duelo de ellos mismos que morían viendo la partenza de sus hijos, debajo de un enorme paraguas también negro que los protegía de la chuvia que nunca había escampado desde el día en que mi padre dejó de ser de allá y se convirtió en extranjero aquí, en un mundo que no había visto”. 
Una promesa hace viajar a su aldea al gallego Onega. Cuenta Gladys, su hija: “Cuando mi hermana tenía dos años mi padre decidió ir a Galicia en un viaje que él había prometido a sus padres en aquel día de la partenza y que ahora cumplía, para mostrarles que había hecho la América, en la medida en que América se lo había permitido y él la había podido. Mi madre no lo acompañó porque tenía miedo de enterrarse en una aldea que para ella estaba tan llena de peligros y de misterios como para mis abuelos aldeanos el lugar remoto donde ella había nacido y adonde había ido a parar su hijo. Y más miedo le daba vivir en la casa de su suegra, mi terrible abuela Carmen. Ya conocía historias de la señora da pena que, con justicia, no la alentaban a emprender ese viaje. Allá se fue papá a hacer las mejoras en su casa natal y allá se quedó dos años que mi madre aprovechó para pasar a su hija de la cuna a la cama matrimonial. Cuando volvió, José era un desconocido que sacó a la hijita de cuatro años de esa cama para acostarse él y para engendrar otra hija. A los nueve meses nací yo”. 
Ya adulta, la escritora viaja a la tierra de sus mayores, y advierte que la Galicia de la añoranza de su padre era muy distinta de la real: “Cuando finalmente llegué a Galicia –escribe Gladys Onega- sólo reconocí y sólo recuerdo el olor ácido a estiércol y la moscas ennegreciendo los cuencos, de lo que nunca me había hablado. Los trabajos eran más aliviados, las penurias menos pesadas, y las nieblas tan vagorosas y pobladas de brujas temibles como las inventadas por los hermanos Grimm, que allí se llamaban as meigas”. 
Los días de la infancia son descriptos con nostalgia y visión crítica. Las peleas entre los padres, los accesos de tos convulsa, las comidas inmigrantes y nativas, el aprendizaje de las primeras letras, los internados católicos para varones y mujeres, la tolerancia ante la conducta infantil y los castigos que imponía cada uno de los progenitores, son recordados por esta hija dècadas despuès. 
Haberse casado con alguien con una historia distinta, puede volver difícil la convivencia: “otro dolor eran las peleas entre mis padres, y que además los chicos magnificábamos. Estaba el choque de culturas entre un gallego y una criolla que nunca pudo entender la cultura gallega”. No entendìa la cultura, pero la obligaron a cocinar comidas tìpicas: “Mi madre no sabía nada de la cocina gallega pero, ante nuestra insistencia, había aprendido a hacer fillohas, delgadísimos discos de harina y huevo cocinados en la sartén con una cucharadita de manteca, que comíamos espolvoreados con azúcar”. 
Muchos inmigrantes no sabìan castellano, o querìan perfeccionarlo. Casi todos aprendían el idioma por las suyas, ayudándose algunos con el diccionario, el cual “También es parte de la cultura inmigrante. El diccionario les solucionaba las crisis que podían tener con su segunda lengua. Está muy conectado con los autodidactas” (5). 
De uno de sus tíos dice Gladys Onega: “Claro es que Eliseo poca escuela tenía, era un autodidacta de aldea y de pueblo como todos los gallegos de mi familia, siempre tratando de pulirse con la lectura del diccionario y de los buenos diarios que a sus manos llegaban, sin desdeñar los más sensacionalistas, por eso de su afición a la grandilocuencia. (...) El Quijote y el diccionario educaron a ese autodidacta, quien los citaba con exactitud pero con exceso pues no había adquirido los moldes que impone la educación formal, por eso no calibraba el uso y abuso de los epítetos ni percibía la risa que provocaban en oyentes que no los habían leído o que ni siquiera tenían referencia de su existencia”. 
Los avatares de la vida en la Argentina son el marco de la evocaciòn de esta familia integrante de la comunidad acebalense. El fraude político en Santa Fe es un episodio evocado con detenimiento, asì como la reacciòn de los inmigrantes italianos ante el fascismo, y la poca fortuna de quienes no habìan cumplido su sueño de “hacer la Amèrica”. 
La finalización de los contratos ocasionaba que familias enteras se trasladaran en busca de otro campo para trabajar. En un viaje por Santa Fe, Gladys Onega y su padre ven a “los expulsados de la tierra”: “vimos un carrito del que tiraban una mujer y un hombre, cada uno de su vara; en ese carrito pequeño y angosto llevaban su casa. Allí habían cargado los muebles, los hierros de labranza, un baúl, atados de ropa y todavía cabía una cama donde unos chicos y la nona se amontonaban y se tapaban del sol con la colcha blanca de algodón ahora ennegrecido, que había formado parte del ajuar europeo y que tantas veces había visto en las casa de chacareros, atada por sus cuatro puntas al respaldo y a la piesera de hierro de la cama. Debajo de ese toldo trataban de salvarse del terrible castigo del sol y del bochorno de la tarde con el aire que debía soplar por los costados libres. Detrás del carrito venían unos muchachos que empujaban aliviando el esfuerzo de sus padres”. 
Un conflicto bèlico es recordado en estas pàginas, relacionado con la vida cotidiana de los inmigrantes y sus hijos: “nunca he dudado de que la Guerra Civil también se libró en mi casa. El día del cumpleaños de mi hermana Chichita, el 17 de julio de 1936, Franco declaró el estado de guerra en las Canarias y ésa fue la señal para que el 18 se extendiera a toda España. El 1° de abril de 1939, a los veinte días de mudarnos a Rosario, terminó. En esos tres años, mientras yo estaba viva en Acebal, la mitad de España moría, muerta por la otra mitad. No sabíamos que había comenzado la matanza y ese día, como siempre, mis hermanos, mis primos y los chicos tomamos chocolate. Cuando hubo pasado tres años, Bebo, Chichita y yo supimos el día final porque entró Justo Vega y llorando lo dijo, ya no en mi casa natal sino en el departamento alquilado de Rosario donde vivíamos y yo, la niña que era entonces y hoy evoco, sé que sentí dolor por las lágrimas de Justo, por el silencio de mi padre y porque no pude aliviarlo con juegos en las calles del pueblo, que ya no estaban, y todavía yo no tenía con quién jugar”. 
Desde la Argentina, durante la Guerra Civil, se enviaban encomiendas. Los Onega, como tantos otros inmigrantes “respondían con la acción: armaban, envolvían en lienzo, rotulaban con grueso tinta espesa, ataban con cuerdas, lacraban con sellos y aseguraban con sunchos los paquetes de ropas de abrigo y de alimentos que cruzaban el mar y quién sabe cuándo llegarían y si llegarían hasta a pena. La familia esperaba, y para protegerla acudían a Dios y al diablo”. Los niños participaban en los envíos: “Los chicos también éramos leales y creíamos que ayudábamos juntando papel plateado de cigarrillos, chocolate y chocolatines, que despegábamos del papel blanco que lleva adherido y con el que íbamos haciendo bolas de papel de plomo que mandábamos a Negrín para que hiciera las balas para la República”. 
Hasta en los hechos mìnimos estaba presente el sufrimiento de los españoles en su tierra: “Después de haberme ofrecido el néctar, la leche y la miel, mi padre me alzaba y tomaba la posta en la continuación del rito nutricio; con él las acciones eran lentas y alentadoras, él no estaba agotado de cocinas y de chicos, venía de estar horas con hombres resolviendo problemas de hombres y con su hija menor le cundía la paciencia, que con el correr de las horas a mi madre se le había ido al diablo. Inflexible era sin embargo en darme de comer una cucharadita de sopa por los abuelos de España, otra por los abuelos de Melincué, otra por los huérfanos de la Guerra Civil, otra por el ángel de la guarda dulce compañía y por todos los personajes queridos y sagrados que se le ocurrían”. 
Asì ha contribuido Gladys Onega a la vertiente de la autobiografìa en la Argentina, con este libro creado con la emoción de lo vivido, y la pluma de los escritores talentosos.

PERSISTENTES VIBRACIONES, por Miryam E. Gover de Nasatsky. Editorial Puma, Buenos Aires, Diciembre de 1999. 63 paginas.

La autora es profesora en Letras egresada de la Universidad del Litoral. Ha sido becaria del Fondo Nacional de las Artes y se desempeña como docente en los niveles secundario y terciario. 
Es investigadora. Colabora en revistas literarias y en publicaciones conjuntas. Ha publicado Bibliografia de Alberto Gerchunoff (con el auspicio del Fondo Nacional de las Artes y de la Sociedad Hebraica Argentina) y otros titulos, algunos en colaboración. 
La obra que nos ocupa es su primer libro editado de poesia. En él se advierte la voz clara y valiosa de un espiritu que indaga su propia esencia, el mundo que lo rodea y el arte. Esos multiples angulos de aproximacion nos hablan de las inquietudes de la escritora, que vuelve materia poetica hechos intimos y sociales, gozosos y tragicos. 
La primera de las seis partes en las que se divide el volumen se ocupa del tiempo, de su paso y de lo que se va perdiendo con él; en estos poemas cobra importancia una persona que ya no está y que ha dejado una huella muy grande en la poeta. La segunda parte esta dedicada a la pintura y la musica; Cezanne y Soldi son los artistas por los que Miryam Gover parece sentir especial predilección. La tercera parte -a nuestro criterio- refleja la reflexión que la autora hace acerca de la condición humana, de su situación dentro del universo y lo efimero de sus afanes. En la cuarta, la poeta evoca sentimientos que no son solo de interes para su colectividad, sino que trascienden el marco del judaismo para erigirse en emblemas de la persecución, tal es lo que sucede con la AMIA y con Alfred Dreyfus, a quienes dedica logrados textos; evoca tambien a Theodor Herzl, que ilumino tanta desdicha. La quinta parte está dedicada al arte, a su importancia en la existencia propia y de quienes nos rodean. La ultima parte, finalmente, canta al mar, al que la escritora evoca destacando la incidencia que ese paisaje tiene en su alma. 
De estos textos dijo Nelida Salvador: "Espacio y tiempo entrecruzan limites vibrantes en estos poemas de Miryam Gover de Nasatsky, donde la evocación del propio suceder vital se transfigura en multiples reflejos de la memoria. Cada palabra reitera en ellos busquedas o reencuentros con las raíces mas profundas de los instantes recorridos; para dejar testimonio del oculto mensaje que encierran las circunstancias cotidianas. Desde la intensa fugacidad de los días que avanzan entre acontecimientos dispersos, sólo la resonancia luminosa de la poesia 'resguarda el nombre/ azul. primero de las cosas'. En esa conviccion, totalmente segura inevitable, imagenes y sonidos abren su mundo magico a traves de esta lucida experiencia lirica."

domingo, 10 de enero de 1999

PERSISTENTES VIBRACIONES

por Miryam E. Gover de Nasatsky. Editorial Puma, Buenos Aires, Diciembre de 1999. 63 paginas.

La autora es profesora en Letras egresada de la Universidad del Litoral. Ha sido becaria del Fondo Nacional de las Artes y se desempeña como docente en los niveles secundario y terciario. 
Es investigadora. Colabora en revistas literarias y en publicaciones conjuntas. Ha publicado Bibliografia de Alberto Gerchunoff (con el auspicio del Fondo Nacional de las Artes y de la Sociedad Hebraica Argentina) y otros titulos, algunos en colaboración. 
La obra que nos ocupa es su primer libro editado de poesia. En él se advierte la voz clara y valiosa de un espiritu que indaga su propia esencia, el mundo que lo rodea y el arte. Esos multiples angulos de aproximacion nos hablan de las inquietudes de la escritora, que vuelve materia poetica hechos intimos y sociales, gozosos y tragicos. 
La primera de las seis partes en las que se divide el volumen se ocupa del tiempo, de su paso y de lo que se va perdiendo con él; en estos poemas cobra importancia una persona que ya no está y que ha dejado una huella muy grande en la poeta. La segunda parte esta dedicada a la pintura y la musica; Cezanne y Soldi son los artistas por los que Miryam Gover parece sentir especial predilección. La tercera parte -a nuestro criterio- refleja la reflexión que la autora hace acerca de la condición humana, de su situación dentro del universo y lo efimero de sus afanes. En la cuarta, la poeta evoca sentimientos que no son solo de interes para su colectividad, sino que trascienden el marco del judaismo para erigirse en emblemas de la persecución, tal es lo que sucede con la AMIA y con Alfred Dreyfus, a quienes dedica logrados textos; evoca tambien a Theodor Herzl, que ilumino tanta desdicha. La quinta parte está dedicada al arte, a su importancia en la existencia propia y de quienes nos rodean. La ultima parte, finalmente, canta al mar, al que la escritora evoca destacando la incidencia que ese paisaje tiene en su alma. 
De estos textos dijo Nelida Salvador: "Espacio y tiempo entrecruzan limites vibrantes en estos poemas de Miryam Gover de Nasatsky, donde la evocación del propio suceder vital se transfigura en multiples reflejos de la memoria. Cada palabra reitera en ellos busquedas o reencuentros con las raíces mas profundas de los instantes recorridos; para dejar testimonio del oculto mensaje que encierran las circunstancias cotidianas. Desde la intensa fugacidad de los días que avanzan entre acontecimientos dispersos, sólo la resonancia luminosa de la poesia 'resguarda el nombre/ azul. primero de las cosas'. En esa conviccion, totalmente segura inevitable, imagenes y sonidos abren su mundo magico a traves de esta lucida experiencia lirica."

sábado, 9 de enero de 1999

MOIRA SULLIVAN

por Juan José Delaney. Buenos Aires, Corregidor, 1999. 

Juan José Delaney se desempeña como Profesor Adjunto de la Cátedra de Literatura Argentina en la Universidad del Salvador, de la que egresó. Dirigió la revista El gato negro y publicó varios volúmenes de cuentos, entre ellos, Tréboles del Sur, obra que mereció elogiosos comentarios de Enrique Anderson Imbert y Rodolfo Modern. 
En Moira Sullivan se advierte un minucioso y paciente trabajo de investigación, impulsado por el amor que siempre sintió por la cultura de sus ancestros irlandeses. La historia de esta mujer -que se inicia con su nacimiento en los primeros años del siglo XX o al finalizar el anterior- es una historia en sí, desarrollada hábilmente, pero permite también al novelista explayarse acerca de las circunstancias en que esta historia se desenvuelve. Al hablar de los primeros años de la anciana, nos ilustra acerca de la vida en Estados Unidos, no sólo de los irlandeses, sino también de emigrantes de otras nacionalidades que se dirigieron allí en busca de la fuente laboral que significaban las minas carboníferas. 
En esta obra, el lenguaje, tan importante como factor sociabilizador, encarna una actitud de la protagonista. Ella nunca se interesó por aprender a comunicarse en castellano y esa negativa suya determina su relación con quienes la rodean. La anciana vive en su mundo y no quiere tener contacto con quien no pertenezca a él. Rechaza evidentemente toda forma de integración, y se repudio se patentiza en el aislamiento en el que se refugia: "Lo importante era el silencio. Todas las noches lo buscaba, especialmente los domingos cuando las otras recibían visitas y ella más sentía el acoso de la soledad. En rigor, a nadie tenía pese a haber estado en la vida de muchos y a que, por esa acción secreta y persistente del arte, continuaba gravitando sobre gentes extrañas y lejanas. El silencio de ese anochecer dominical le permitiría entregarse serenamente al ensueño en el que resucitarían vivencias y pensamientos provenientes de zonas postergadas por su memoria, y también secretas conexiones que su visión de la vida, del mundo y de los hombres concertaba con cierta independencia”. Aun cuando quisieran integrarse, el idioma era un serio problema para colectividades como la irlandesa; Delaney presenta dos paliativos para la incomunicación de los extranjeros: el cine mudo y el tango, por los que sienten gran afición. 
Escribe Delaney asimismo acerca de la rígida educación religiosa que se impartía a niños y jóvenes. Muestra luego a la protagonista como una mujer decidida a trabajar en o que eligió, a no cejar ante los mandatos de la vocación, la que, empero, flaquea cuando las circunstancias se vuelven adversas, y llega a abandonar aquello que alguna vez le dio sentido a su existir. Abandona el cine, sí, pero el recuerdo de los años vinculados a él la acompaña y también la agobia, y los filmes que vio o aquellos en los que participó son evocados con la precisión con la que se dice que las personas mayores recuerdan hechos de sus años de juventud. 
Tiempo y espacio tienen gran importancia en la novela y son descriptos minuciosamente. El tiempo de la narración abarca alrededor de ochenta años, y permite al escritor deslizar críticas acerca de la realidad argentina. El espacio abarca desde la primera visión que el inmigrante tiene de la nueva tierra, hasta lugares precisos como el Barrio Norte, Villa Urquiza, Arrecifes, Areco, General Pinto y Junín. Distinta será la forma de vivir la inmigración en cada lugar, y distinta, también, la añoranza que los extranjeros sienten por su lejana Irlanda. Delaney se adentra en la vida de esta anciana luchadora, ya vencida, que encuentra en un niño de siete años una última razón para existir. Junto a ella, presenta a otros inmigrantes, algunos de los cuales resaltan como paradigmas de un modo de entender el destino; Cornelius Geraghty y Abraham Mullins son personajes que permiten al novelista mostrar otras opciones en el vasto mundo que se abre ante los recién llegados. Ellos se destacan en el panorama de la obra, que presenta no sólo a irlandeses, sino también a hombres y mujeres de diversas nacionalidades que llegaron a nuestra tierra en busca de un futuro mejor.

viernes, 8 de enero de 1999

AGATHA GALIFFI

La Flor de la Mafia. Buenos Aires, Sudamericana, 1999. 415 pp.

Tres voces femeninas para narrar esta historia: la de Esther Goris, la autora; la de la hermana Sofía, quien escucha las confidencias de la delincuente confinada en el Asilo del Buen Pastor -un hospital psiquiátrico, a falta de cárcel para mujeres-, y la de la propia Agata, que en la década del cuarenta evoca su agitada existencia.
Varios hombres aparecen ligados a esa vida en la que hubo malas influencias, idealismo y audacia, entre ellos, el padre -Chicho Grande, que descubrió en la hija condiciones singulares-, Giacchino -el amigo y empleado de Juan Galiffi, que la protegió y le enseñó a disparar-, el marido -un abogado que se dejó llevar por las ilusiones de Agata-, Pláceres -el amante español que andaba por mal camino-, Morano -el compañero del Pibe Cabeza que muere para que ella se salve-...
Con estos personajes, construye Goris una historia apasionante: la de la joven heredera de un imperio, que, a su manera, hace justicia social; ejemplo de esta aseveración son los episodios de la contratación de los indios bolivianos y el asalto al almacenero que oculta el dinero en la bolsa de yerba. Afirma la autora: "no me abandona la sensación de haber vagado entre las sombras de una vida menos vasta que su anhelo".
Rodean a la protagonista multitud de criollos e inmigrantes, ricos y pobres, personajes de un relato que no sólo nos ofrece una visión de la "Flor de la Mafia" sino que, además, nos permite conocer una época, tan documentada está y tan bien reflejada esta documentación en un relato que atrapa al lector y no le permite abandonar el libro hasta llegar al final.
"Tal vez no haya mejor biografía que la que nunca se escribe -manifiesta Goris- pero me gustaría creer que a un alma como la de Agata no la puede silenciar la muerte. Quizás yo también, como Sofía, no haya nacido más que para escucharla. Quién sabe... Es un intento, entre tantos otros, de justificar una existencia".
La novela fue elegida por el Jurado de la Feria del Libro, como una de las destacadas del año 2000; fue la más vendida de ese año.

jueves, 7 de enero de 1999

NUESTRA ARGENTINA

por Ignacio Gutiérrez Zaldívar. Buenos Aires, Zurbarán Ediciones, 1999. 

Recientemente se presentó en el Roof Garden del Hotel Alvear Nuestra Argentina, el último libro de Ignacio Gutierrez Zaldivar, editado por Zurbaran con el auspicio de Laboratorios Bagó. 
Se trata de una magnifica obra, que consta de 336 paginas, 165 de ellas con ilustraciones a 5 colores. las que comprenden mas de 550 fotografias, pinturas, esculturas y mapas. El trabajo se completa con el indice de artistas y sus respectivos currículos, la bibliografia consultada y Ia nómina de quienes ayudaron a reunir información y material grafico para Ia edición. Acompaña al volumen un CD que reúne las veinticuatro canciones características de las provincias y de la ciudad de Buenos Aires, interpretadas por Carlos Gardel, Mariano Mores, las Voces Blancas, Los Fronterizos, Ramona Galarza y Los Tucu-Tucu, entre otras figuras destacadas. 
El volumen está compuesto por veinticuatro capítulos, "referidos a cada una de las veintitres provincias argentinas y Capital Federal, donde se cuenta el origen de su nombre, su historia, sus principales poetas, musicos, artistas, sus características gastronómicas, geograficas y hasta las leyendas más populares". Dice el autor que "lo mas difícil de este libro ha sido condensar en tan sólo doce paginas Ia riqueza de cada una de nuestras provincias". 
A lo largo de la obra, el autor resalta la diversidad de las provincias evocadas, y ciertos rasgos comunes que las aúnan, formando nuestra nación: "No es lo mismo quien vive en la belleza de una zona andina, con los límites que ponen las montañas, que quien tranquea Ia pampa con el ilimitado horizonte a su frente. Lo mismo que los hombres del Atlántico que no tienen mas confín allende el horizonte donde el mar y el cielo se juntan. Cada región con su folklore: los cuyanos con sus tonadas, los sureños con las milongas, los porteños con el tango. Por eso entre los argentinos están los alegres y los pensativos, los nostalgicos y los que cantan alto, los que recitan bajo y los silenciosos”. 
Recuerda luego las "pasiones compartidas": el mate ("Solitario o en ronda que, de mano en mano, viene y va sin frontera alguna"), las empanadas ("con carne cortada a cuchillo o picada, siempre serán las mejores en el lugar que se las coma"), el asado ("es el país en el que casi todos dicen que ‘nadie sabe hacer el asado mejor que yo' “), el fútbol (hasta en los confines del país, las radios a transistores encendidas, porque en Buenos Aires se enfrentan Boca y River, pasión que nos separa sin hablar de porcentajes y, que sólo es capaz de unir el Seleccionado Nacional"). 
La ingente tarea de recolección de material Ilevada a cabo por Gutierrez Zaldivar no ha dado como resultado un muestreo frio y estadístico de cada region a presentar. Por el contrario, en sus textos se evidencia la sirnpatía y el interés que experimenta ante los seres humanos y los paisajes que va describiendo. Todo es para éll motivo de celebración; cuanto va relatando se sucede ante los ojos del lector como una totalidad que conforma una nación diversa, pero unida en sus diferencias. 
Habla del general San Martín, Ias Invasiones lnglesas, la Guerra Gaucha y otros hitos de nuestra historia. La imnigración es un tema recurrente en este libro. Gutierrez Zaldivar Ia menciona especialmente cuando habla del Chubut, Misiones y el Chaco, al que define como "tierra de todos", ilustrando su aseveración con la composición titulada “Gringa chaqueña”. 
Recoge asimismo Ias creencias populares -Ia Salamanca, los duendes catamarqueños, los payés correntinos- y las expresiones del culto católico, que venera Ia Cruz milagrosa y el cura gaucho. 
El volumen se ilustra con material fotográfico y plastico, como dijimos. Entre estos últimos creadores, nombramos a Femando Fader, Luis Cordiviola, Italo Botti, Juan Lascano, MoIina Campos, Leonie Matthis, Rikelme y Marcos Borio. 
Para completar un panorama tan vasto, el autor recurre asimismo a creaciones musicales que permiten formar una idea mas cabal de la idiosincrasia del habitante de cada punto del país. Reúne, entre otras, composiciones de Gardel y Le Pera, Catulo Castillo y José Razzano, Polo Gimenez, Ricardo Arrieta, Rafael Rossi, Leguizamón y Castilla, Felix Luna y Ariel Ramirez. Coronando estas manifestaciones se encuentra el Himno Nacional Argentino. 
Sobre el asunto tratado, comentan los doctores Sebastian y Juan Carlos Bagó en una pagina liminar: "Año tras año, tenemos el desafio de elegir, para la edición de nuestro tradicional libro, una temática relacionada con la identidad y los valores de nuestro querido país. La proximidad del inicio del año 2000, y el hecho de haber cumplido, nuestra empresa, el 11 de abril de 1999, su 65° aniversario, nos alentó a encarar este valioso y esclarecedor libro sobre "nuestra Argentina", el cual "expresa la fuerza espiritual de nuestra tierra, convirtiendose en un verdadero catálogo de nuestro valioso patrimonio cultural y de las riquezas y recursos que nos brinda su extenso territorio". 
Acerca del tema de la investigación, dice el autor que es "Nuestra Argentina, pasional, dividida y a menudo encontrada. La que encierra 23 provincias que a veces parecieran ser una sola, porque en este suelo mandó la tierra, la que no sabe de límites y ofrece generosa. La que nos sigue dando, a cambio solamente de que Ia sigamos cuidando. Es lo mejor que tenemos, la mas grande, Ia más rica, nuestra Argentina". 
Para la realización de esta obra contó con la valiosa colaboración del doctor René Favaloro, el comodoro Juan Jose Güiraldes, Ramón Gutierrez, Luis Landriscina, Felix Luna, el maestro Ariel Ramírez, Germán Sopeña y Rafael Squirru. Además de- este comité, colaboraron con el autor Fernando Vidal Buzzi, “quien investiga y compila todas Ias particularidades que tiene el mejor deporte que practican los argentinos: comer"; Alberto Suarez Anzorena, quien "señaló las sutiles diferencias que existen en la producción de los vinos en las distintas provincias", y Roberto Ruiz y Ia gente de EMI, en lo atinente a la creación del CD.