jueves, 22 de julio de 1999

Borges y la inmigración



Jorge Luis Borges se refiriò en reiteradas oportunidades a la inmigraciòn de sus mayores. Lo hizo en reportajes, en los que aludiò a su condiciòn de descendiente de inmigrantes y criollos (1). Ricardo Piglia considera que “Apoyada en la diferencia de los sexos, la familia se divide en dos linajes, habrìa que decir es forzada a encarar dos linajes: la rama materna, de ‘buena familia argentina’, descendiente de fundadores y conquistadores (‘Tengo ascendencia de los primeros españoles que llegaron aquì. Soy descendiente de Juan de Garay y de Irala’), de guerreros y de hèroes. La rama paterna, de tradiciòn intelectual, ligada a la literatura y a la cultura inglesa (‘Todo el lado inglès de la familia fueron pastores protestantes, doctores en letras, uno de ellos fue amigo personal de Keats’)” (2). 
En Borges, biografìa verbal (3), Roberto Alifano escribe cuanto el escritor le dijo sobre uno de sus antepasados: “El abuelo materno de mi padre, Edward Young Haslam, editò uno de los primeros periòdicos ingleses de la Argentina, Southern Cross, y se habìa doctorado en Filosofìa y Letras en la Universidad de Heidelberg. Sus medios no le permitìan estudiar en Oxford o Cambridge, por lo que marchò a Alemania, donde obtuvo su tìtulo despuès de haber realizado todos sus cursos en latìn. Muriò en Paranà, la capital de la provincia de Entre Rìos”. 
Cuando Borges recibiò el Premio Jerusalèn, recordò en una entrevista a la hija de Edward Haslam, su “abuela inglesa, protestante, que sabìa de memoria la Biblia” (4). A ella se referirà tambièn en un reportaje realizado por Noemì Ulla, recordàndola como una persona estrechamente ligada a los libros con los que se iniciò literariamente. Dijo a la escritora que su verdadera educaciòn fue la biblioteca de su padre, “en gran parte de libros ingleses. (...) Yo recuerdo sobre todo la Enciclopedia Britànica, que sigo releyendo y que no he agotado aùn. Mi padre era profesor de Psicologìa en Lenguas Vivas, èl tenìa que dar las lecciones en inglès –mi abuela era inglesa- y era secretario en un Juzgado Civil de los Tribunales, pero èl era ademàs profesor de Literatura Inglesa” (5). 
Evoca el ambiente literario de su casa, relacionado con la extranjera: “Habìa un excelente ambiente en casa, un ambiente literario. Mi abuela era muy lectora, mi abuela inglesa sabìa de memoria la Biblia. Ellos habìan sido predicadores metodistas, gente de clase media en Inglaterra, de modo que Ud. citaba un versìculo bìblico y ella decìa: Libro de los Reyes, capìtulo tal, versìculo tal. O Libro de Job, capìtulo tal, versìculo tal, o El Evangelio segùn Marcos, capìtulo tal, versìculo tal, y seguìa adelante. En alemàn se dice Bibelfest, es una persona que està firme en la Biblia. Creo que Hafiz sabìa de memoria el Coràn, que Hafiz quiere decir ‘el recordador’. Hay mucha gente que sabe de memoria el Coràn y sè que muchos protestantes, como mi abuela, saben de memoria la Biblia. Se sigue la ùnica lectura, puede ser aprendida”. 
Acerca del arribo de la inglesa a nuestro paìs, dice Alifano: “La abuela paterna de Borges, Frances Haslam Arnett, llegò a la Argentina por una serie de curiosas circunstancias. Su ùnica hermana, mayor que ella, se habìa casado con un ingeniero ìtalojudìo, llamado Jorge Suàrez. Al fallecer su madre, los Suarez la hicieron viajar a Amèrica del Sur. Llegò a Paranà, la capital de Entre Rìos, despuès de un accidentado viaje (el barco estuvo a punto de naufragar en las costas del Brasil), a mediados de 1867. En Paranà fue donde Frances Haslam conociò al coronel Francisco Borges”. 
La ascendencia de Jorge Luis y su hermana, Norah, determinò en què idioma se expresarìan: “En casa de los Borges se usaba corrientemente tanto el inglès como el castellano –afirma el biògrafo. Los niños sabìan que con la abuela materna, Leonor Acevedo, tenìan que hablar español; pero con Fanny Haslam lo debìan hacer en inglès. ‘Con el tiempo descubrì que esas dos maneras de hablar de un nieto se llamaban la lengua castellana y la lengua inglesa’, completò Borges”. 
La abuela Fanny no sòlo le legò el idioma y la aficiòn a la lectura; le dejò tambièn material del que surgirìa algùn texto: “Siendo niño –evoca Borges- escuchè a Fanny Haslam muchas historias de la vida de fronteras de aquellos tiempos. Ella habìa vivido experiencias terribles y maravillosas al mismo tiempo, ya que, en los primeros años de la dècada del setenta, mi abuelo fue comandante en jefe de las fronteras norte y oeste de la provincia de Buenos Aires. Una de esas historias sirviò de base para mi relato Historia del guerrero y la cautiva. Mi abuela habìa conocido a varios caciques indios: Namuncurà, Simòn Coliqueo, Pincèn y Catriel”. 
Una experiencia tan fuerte como la de la inmigraciòn dejò huellas en el escritor, que se refiriò a esta realidad de dos patrias en algunos de sus textos. El lector recordarà con què frase se incia el cuento titulado “El sur”: “El hombre que desembarcò en Buenos Aires en 1871 se llamaba Johannes Dahlmann y era pastor de la iglesia evangèlica”. Pasados los años, nos enteramos de que este inmigrante dejò descendencia en suelo americano: “en 1939, uno de sus nietos, Juan Dahlmann, era secretario de una biblioteca municipal en la calle Còrdoba y se sentìa hondamente argentino” (4). 
Marìa Teresa Gramuglio sostiene que “en ‘El Sur’, relato que Borges ha calidficado de autobiogràfico, ‘al menos en sus primeras pàginas’, otra oposiciòn, la de lo criollo y lo europeo, se condensa en el protagonista, Juan Dahlmann, descendiente de un pastor alemàn y de un coronel argentino. En el nivel màs visible –agrega-, los datos ‘autobiogràficos’ se multiplican: Dahlmann trabaja en una biblioteca, sufre un accidente similar al sufrido por Borges en 1938, conserva unos vagos campos que no visita. (...) En un nivel menos visible, la dicotomìa entre lo criollo y lo europeo define una elecciòn que se resuelve en el relato (ir al sur, aceptar el duelo) y que a la vez lo resuelve con la muerte” (7). 
Al igual que el escritor, Juan Dahlmann siente correr por sus venas sangre de dos tierras: “Su abuelo materno habìa sido aquel Francisco Flores, del 2 de infanterìa de lìnea, que muriò en la frontera de Buenos Aires, lanceado por indios de Catriel”. Elige una de estas ascendencias, por un motivo que arriesga el cuentista: “en la discordia de sus dos linajes, Juan Dahlmann (tal vez a impulso de la sangre germànica) eligiò el de ese antepasado romàntico, o de muerte romàntica”. Esa elecciòn marca su personalidad: “Un estuche con el daguerrotipo de un hombre inexpresivo y barbado, una vieja espada, la dicha y el coraje de ciertas mùsicas, el hàbito de estrofas del Martìn Fierro. (...) Esta elecciòn sella su destino: morir, o soñar que muere, en el Sur, en un duelo a cuchillo. ‘Sintiò que morir en una pelea a cuchillo, a cielo abierto, hubiera sido una liberaciòn para èl, una felicidad y una fiesta... Sintiò que si èl, entonces, hubiera podido elegir o soñar su muerte, èsta es la muerte que hubiera elegido o soñado’ “. 
Lo criollo y lo europeo, mundos diferentes en los que se escindiò la existencia de Borges, aparecen en este cuento, como aparecieron en las entrevistas que se le realizaron, demostrando que la inmigraciòn fue un tema importante, tambièn, para uno de los màximos escritores argentinos.


22-7-99

domingo, 20 de junio de 1999

SILVINA BULLRICH: ESCRIBIR EN LA ARGENTINA

Para saber sobre la vida y la obra de Silvina Bullrich, recurrimos al Diccionario biografico de mujeres argentinas de Lily Sosa de Newton. Allí leemos que la escritora nació en Buenos Aires en 1915. Se desempeñó como profesora de Literatura Francesa en la Facultad de Humanidades de la Universidad de La Plata y en el Instituto Frances de Estudios Superiores. Entre sus obras mencionamos La redoma del primer angel (1943), Segundo Premio Municipal de Literatura en Prosa; Bodas de cristal (1951), Un momento muy largo (1962), Primer Premio Municipal de Novela y Los pasajeros del jardin (1971), Segundo Premio Nacional. Su obra fue traducida a varios idiomas. En 1982, recibio las Palmas Academicas de Francia. Viajó por el mundo y escribió reportajes y cronicas para La Nacion. Tambien colaboró en otras publicaciones y realizo programas televisivos. 
En un trabajo dedicado a estudiar la obra que las escritoras produjeron entre 1940 y 1970, las investigadoras Renata Rocco-Cuzzi e Isabel Stratta incluyen a Silvina Bullrich. Se la relaciona con el "fenomeno del bestsellerismo", esos libros "escritos con una premisa basica: la repeticion de fórmulas de exito {un poco de amor, un poco de sexo, un poco de violencia) tematizados en asuntos de rigurosa actualidad" que tienen como antecedente principal a la novela de folletín. 
"Diversificados los sistemas de consagracion y los gustos literarios, ampliado cierto habito de lectura a nuevas capas de la población -en buena medida mujeres- y desarrollada la industria editorial nacional, 'los muy leidos' -que en la decada del cuarenta y cincuenta eran autores extranjeros como Vicky Baum, Pearl Buck o Virgil C.Georghiu- han pasado a ser en la del sesenta autores argentinos. Beatriz Guido, Marta Lynch, Silvina Bullrich y más recientemente autoras como Poldy Bird, comparten el exito de ventas con las traducciones de los principales best-sellers internacionales". 
Cuando aun vivia la escritora -que es cuando escriben este trabajo-, Rocco-Cuzzi y Stratta la consideraban "sin lugar a dudas, la autora argentina de best-sellers por excelencia", condición que, segun demuestran, ella asumía. Recuerdan que en Escandalo bancario (1981). no hesita en afirmar: 'Considero que al argentino actual le interesan los temas económicos y a mi, legitimamente, me interesa interesar a mis lectores", enmarcando en tal declaracion la linea -escribir para el exito de mercado- hacia la cual se han ido angostando las dos anteriores en las que podia bifurcarse su producción: la de la tematica politica y la del intimismo feminista”. 
Se ocupan de estas dos vertientes, a continuación: "Moralizar lo politico y desviar de los cauces de la moral tradicional a las relaciones amorosas podrian ser, esquematicamente, los dos gestos básicos que definen a cada uno de los dos grupos de novelas de esta autora que comenzó a publicar en 1943. Asi, en las inscriptas en el primero de ellos: Los burgueses, Los salvadores de la patria, La creciente, la critica es en realidad una admonicion moral a los individuos que tienen de un modo u otro la responsabilidad del ejercicio del poder. La hipocresia de una clase en la primera, la inescrupulosidad y oportunismo de los miembros del poder legislativo en la segunda y la pusilanimidad de un gobernante en la ultima, es lo que resulta cuestionado en cada caso, no la determinada accion o posicion politica. En el otro grupo, del que son representativos Bodas de Cristal (1952), Teléfono ocupado (1956), Mañana digo basta (1968), adulterios, amantes, conflictos existenciales de mujeres de la burguesía constituyen tambien un seguro pasaporte a las ventas". 

La creadora y su obra 

A este segundo grupo pertenece Te acordarás de Taormina, publicada en 1975, novela en la que Bullrich hace interesantes consideraciones sobre la creación. Se trata de una extensa carta que una mujer de la clase alta escribe a su hija, nacida al finalizar la Primera Guerra Mundial. La fecha de nacimiento de la escritora y la de la destinataria de la carta coinciden, asi como tambien coinciden otros datos que se van vertiendo a lo largo de las paginas. En la extensa epistola se plantea la contraposición entre la forma de vida que llevaron las mujeres en nuestro pais durante varias decadas, ejemplificada en las existencias de madre, hija y nieta, principalmente, y tambien evidenciada en otras mujeres de la familia. 
A la madre, que escribe el texto, le ha nacido una hija escritora; consternada le dice: "Debes hacerte cargo de que tengo mas de ochenta años, no entiendo nada del mundo actual y soy ademas como una gallina que ha empollado un huevo de pato". La educacion que se dio a la hija y a sus hermanas, es resumida con estas palabras: “Debian casarse, tener hijos, manejar algunos criados como yo. Debian saber que la plateria tenia que ser limpiada todos los viernes, que apenas habia que almidonar las sabanas de hilo... pero pensandolo bien tampoco les enseñé eso, ni eso ni nada. Debia ser la mujer de un hombre, lo demas viene siempre por añadidura". 
En cambio, contra sus expectativas, se encuentra la madre con una hija "marcada sabe Dios por qué con la aureola del exito, con una capacidad que nadie intentó desarrollar en ti, con un imprevisible y enorme pie de geisha con raíces potentes que rompe las vendas y crece hasta que su dueña puede calzar un zapato que no le estaba destinado". Y, aunque luego ira modificando su actitud, al iniciar la novela, le dice: "De haberlo yo sabido hubiera preferido verte nacer muerta como a tu unico hermano varon, te hubiera evitado esa cruz refulgente, esa corona de espinas que parece de brillantes y llevas con orgullo mientras sangras por dentro". 
En esta obra vuelve a ocuparse del tema de la vocacion, que ya habia tratado en varios ensayos. "Vocacion quiere decir llamado" –recuerda-, y se refiere a lo que sucede a quienes escuchan ese llamado: "En tu pais te hacen lo mismo que les hicieron a tus demás colegas, a los que se suicidaron aunque ahora tienen estatuas o eligen sus fechas para el dia del escritor; o te hacen decir sandeces; el mas humilde empleado de banco contestaría mejor que tú al leer la transcripción de tus palabras". 
En boca de la madre pone Bullrich la valoracion de la carrera de esta escritora: "Tu carencia total de frivolidad, tu desden por el pasatiempo, tu sed de inmortalidad pudieron haberte llevado por caminos menos mundanos que esos exitos literarios que te hunden ante mi sorpresa en vanidades transitorias y te alejan de esa sed insaciable de perfeccion que marcó tu vida y tu obra hasta que te descubrieron los flash de los fotógrafos con lentes deformantes, las adaptaciones cinematograficas falseando tu obra, los reportajes monotonos y rastreros, y esa etiqueta con una palabra que no sé cuando entro en el lenguaje: bestseller". 
En cuanto al exito, y a la importancia del mismo en las relaciones sociales, la consideracion de la narradora no es menos amarga: "No te invitan porque tengas talento sino por el hecho fortuito de que ese talento te ha sido reconocido en la plenitud de la vida y tu popularidad te hace caer por propia gravitacion en la lista de los invitados, como cae una mosca en un papel dulce y engomado preparado para ese fin". 
Al finalizar la obra, 1a hija escritora le dice a la madre agonizante: “Yo soy libre y eso cuesta caro. Cuesta soledades, calumnias, injurias, falsedades, rótulos inexactos que nos cuelgan al cuello, celos, envidias, reportajes deformados, toda una retahila de interpretaciones maliciosas, de mala fe, de un odio que se alimenta sólo en eso: en mi libertad, en lo que ellos llaman mi exito y yo mi realizacion como ser humano. Mi verdad que ellos transforman en mentira. Todo lo pago, conozco el premio y sigo adelante". 
Aunque Te acordaras de Taormina no es una autobiografia explicita, como otra que escribió la autora, encontramos en esta obra a la creadora haciendo un balance de su vida, desdoblándose en dos personajes que nos hablan de las alegrias y sinsabores que conllevó escribir en la Argentina en una determinada epoca y a la luz de ciertos principios. 

(LA CAPITAL, Mar del Plata, 20 de junio de 1999)

miércoles, 10 de marzo de 1999

AUTOBIOGRAFIA: LA EXPERIENCIA PERSONAL EN LA ELABORACION LITERARIA

La palabra “autobiografía” es –a criterio de Juan Corominas- una voz de creación reciente; como tal, no figura en el Diccionario de S. de Covarrubias. La Real Academia Española define al término como “Vida de una persona escrita por ella misma” (2). En el Diccionario etimológico Español e Hispánico, tiene la acepción de “biografía de uno mismo” (3). El significado, como vemos, es idéntico: trátase de toda obra en la que el autor vuelca, explícitamente, su experiencia personal. 
Arthur Melville Clark, colaborador de la Collier’s Encyclopedia, define así el vocablo: “una forma de biografía en la cual el tema es también el autor; está escrita generalmente en primera persona y abarca la mayor parte o una parte importante de la vida del autor. La autobiografía ha existido, en un sentido, desde la antigüedad, pero la palabra en sí no fue acuñada hasta 1809 por Robert Southey” (4). 
La autobiografía –nos dice- está escrita en primera persona. En el Diccionario de la Revista de Occidente se hace una salvedad: no toda obra escrita en esta forma puede ser considerada autobiográfica; muchas veces, la primera persona es “mero artificio”, como en el caso del Libro de Buen Amor. Paralelamente, encontramos obras en las que “el autor da noticia de sí mismo veladamente, actuando como personaje distinto o reflejando con sentido impersonal sus más íntimas experiencias” (5).El elemento autobiográfico se da independientemente de la forma elegida por el autor para la expresión literaria. 
El crítico Wolfgang Kayser sostiene que el asunto de una obra literaria puede ser de muy variada índole, puede surgir de las fuentes más diversas. Hasta el siglo XVIII, las fuentes eran principalmente literarias; en el siglo XIX comenzó a tenerse en cuenta, para la creación de novelas históricas, otra clase de escritos, como los diarios, biografías, etc. 
Otras fuentes se presentan ante nosotros: episodios leídos en periódicos, narraciones orales, el folklore. Pero, en ciertos casos, el asunto no viene al poeta como un factor externo reelaborable, sino que surge del seno mismo de su alma. Entonces, comprobamos que “la propia observación y la vivencia personal han proporcionado el asunto al poeta” (6). 
Arnold Hauser (7) y Wolfgang Kayser coinciden en señalar una “privatización” del ámbito del creador. El escritor ya no se encuentra ante auditorios, como sus antepasados; se convierte en un narrador personal que escribe para sus lectores. Los personajes, como consecuencia, dejan de ser “portadores de mundo” para convertirse en “personas privadas”; el mundo narrativo se particulariza. Las relaciones entre creador y recipiendario cambian totalmente; el lector recibe como confidente las palabras del autor, que se dirige a él en una forma directa. Estas transformaciones posibilitan, obviamente, el desarrollo de una literatura de marcado tono intimista. Surgen así las confesiones, memorias, diarios personales, los relatos autobiográficos, obras todas en las que la psicología del autor es el centro del que irradian los diferentes elementos. 
Afirma Wolfgang Kayser que la autobiografía pertenece al grupo de las novelas de personaje –recordamos su ya tradicional división en novelas de espacio, acontecimiento y personaje-; el autor comienza a corporizarse con sus vivencias, su pasado, su momento actual, convertidos en materia narrativa. Ya no se recurre a un personaje de ficción, o éste, creación imaginaria, enmascara al propio creador. 
Se ha señalado la aproximación existente entre lo autobiográfico y las efusiones líricas. En la lírica –sostiene Guillermo Ara- se realiza una “aproximación que inmoviliza el instante y niega por ello el tiempo” (8); nos encontramos ante un presente cristalizado ya definitivamente. La lírica, por otra parte, no sitúa los hechos en el espacio y en el tiempo; ésta es una diferencia fundamental con las manifestaciones autobiográficas, donde el parámetro espaciotemporal nunca es olvidado y actúa, por lo general, como agente estructurador del relato. Lírica y autobiografía, exteriorizaciones de una misma intimidad, se distinguen –afirma el estudioso- por esta diferente atención prodigada al momento y al ámbito. 

La memoria 
Tiene papel fundamental en la evocación del pasado la maravillosa facultad de la memoria. En el octavo capítulo de sus Confesiones, San Agustín la define como una de las “potencias del alma”; caracterizada por almacenar todas las cosas que a ella han llegado a través de los sentidos, de acuerdo al órgano o conducto por el que se han introducido. Presente, pasado y futuro se encuentran –nos dice San Agustín- en su memoria: el presente, a través de las vivencias actuales que son instantáneamente incorporadas; el futuro, bajo el aspecto de ilaciones sobre sucesos venideros, y el pasado –tema que nos interesa particularmente- es una fuente inagotable de rememoraciones. El escribe: Allí también me encuentro yo a mí mismo, me acuerdo de mí y de lo que hice, y en qué tiempo y en qué lugar lo hice, y en qué disposición y circunstancias me hallaba cuando lo hice” (9). 
El autor no duda de la veracidad del material suministrado por su memoria. Esta es una actitud que cambiará posteriormente, ya que el escritor se preguntará hasta qué punto lo que está recordando se revive tal como fue experimentado. Se habla actualmente de una memoria que recrea, que vuelve a forjar el acontecimiento, pero iluminado por la luz del presente del evocador. El episodio que se relata, entonces, diferirá sensiblemente del que aconteciera en aquella circunstancia. 
En el caso particular de la autobiografía como manifestación literaria, el problema se agrava, ya que, junto a esta confusa evocación, aparece la personalidad del autor esforzándose, muchas veces inconscientemente, por dotarla de rasgos interesantes de los que quizás carece. La memoria se caracteriza –comenta el doctor Ara- por obrar subrepticiamente, agregando y quitando; hace entrar en los hechos del pasado “circunstancias ajenas a la voluntad reminiscente”. 
Muchas veces, el autor puede caer en el enmascaramiento, en el deseo de relatar una vida que no pudo vivir. En este caso, nos encontramos ante un verdadero “testimonio de los soñado”, en el que el escritor, aún sin intención de hacerlo, desfigura la realidad hasta tornarla un relato ajeno a su propia existencia, pero vinculado a ella, precisamente, por ser la encarnación de sus más preciados anhelos. 

La autobiografía en la Argentina 
El género autobiográfico ha sido ampliamente cultivado en nuestro país. Las primeras manifestaciones se remontan a los períodos iniciales de la literatura argentina, en los que ese tipo de creación obedecía a un intento de autojustificación. Entre estas obras recordamos las autobiografías de Manuel Belgrano, Gervasio Antonio Posadas y Manuel A. Pueyrredón. Todas ellas están signadas por el deseo de realizar una obra para la posteridad; son escritas pensando en el juicio de las generaciones venideras. 
En Sarmiento encontramos una clara intención autobiográfica, explicitada en sus libros Mi defensa y, más precisamente, en Recuerdos de provincia. Este último “inicia una manera de observar lo argentino a través de la propia experiencia” (10). Esta “autobiografía no es ni continuación ni repetición de Mi defensa. En Recuerdos, dedicado por su autor a ‘mis compatriotas’, compone un alegato en defensa propia, sin duda, pero en él aparece la preocupación de prestigiar su linaje, su moralidad sin tacha y su patriotismo. La síntesis del libro es, de hecho, un cuadro genealógico, aunque Sarmiento no disimule ni oculte cuanto puede haber en él de menesteroso. La imagen quiere ser convincente: un hombre de bien que nace junto con la patria y que junto a ella vive todas sus vicisitudes” (11). 
La generación del 80 también se interesó en el género autobiográfico; merced a esta inquietud han llegado a nosotros testimonios como los de Miguel Cané, Eduardo Wilde y Lucio V. Mansilla. En la literatura finisecular se evidencia el gran auge que cobró la evocación de lo cotidiano; ya no se tratará de gestas heroicas, sino de la vida de un grupo social, deseoso de mostrarse en su intimidad. “La sensación de fracaso generacional que busca en la evasión y el rescate del pasado donde sus autores se sintieron seguros o importantes, ha sido señalada por algunos críticos como causa de esta profusión de autobiografías del ochenta -escribe Susana Zanetti. Las memorias de Wilde o de Mansilla nacen al final de sus vidas y pueden permitir un doble rescate, en cuanto a la infancia o juventud lejana y en cuanto a momentos más felices o brillantes” (12). 
En Juvenilia, Miguel Cané evoca su ingreso a la enseñanza media, poco después de la muerte de su padre: “He dicho ya que mis primeros días de colegio fueron de desolación para mi alma. La tristeza no me abandonaba y las repetidas visitas de mi madre, a la que rogaba con el acento de la desesperación que me sacara de allí, y que sólo me contestaba con su llanto silencioso sin dejarse doblegar en su resolución, aumentaban aún mis amarguras” (13).”Pagés Larraya ha señalado que ‘no fue éste de Cané el único relato de experiencias colegiales de nuestra literatura, ni el único libro argentino con el título de Juvenilia. Fue, sí, el que logró traducir con más felicidad motivos presentes en casi todos los escritores en casi todos los escritores de su época. Acaso su éxito resultó de una síntesis: Cané consiguió la Juvenilia de las juvenilias’ ” (14). 
En Aguas abajo (15), Eduardo Wilde, enmascarado tras el pequeño Boris, recrea con una indudable visión adulta la pintoresca vida en la ciudad boliviana de Tupiza, donde conoció los sinsabores del destierro. “Aunque escrita en tercera persona y ocultándose escasamente bajo el nombre de Boris –el protagonista-, Wilde ha volcado en Aguas abajo todos los intereses y características de su original personalidad” (16). 
Cuando escribe sus memorias, en París, en 1904, Lucio V. Mansilla persigue un objetivo que define con estas palabras: “He querido escribir la vida de un niño, comentando lo indispensable, tratando de ser lo menos difuso posible al perfilar situaciones de familia, sociales, personales, a fin de no fatigar la atención del lector; esforzándome por último en vivificar el gran cuadro pintoresco, animado, siempre interesante, del país que fue en otra edad la Patria amada; que me ha hecho lo que soy” (17). Guillermo Ara, prologuista de una de las ediciones, destaca que el propósito de Mansilla lo lleva “a pintar con su imagen la imagen del tiempo que ha vivido según lo revelado por los propios sentimientos, sin desdeñar el testimonio de sus contemporáneos; a mostrar la sociedad, los hombres, las ideas y las costumbres a fin de reconstruir el pasado, cosa ‘de grandísima enseñanza –afirma- en unos pueblos donde, por desgracia, se piensa poco por cuenta propia’ ” (18). 
En estas obras podemos advertir la profunda ligazón que existe entre la interioridad del ser humano y el ambiente en que se desarrolla; las luchas políticas, el exilio, la pobreza, son algunas de las facetas que asoman en la narración, a menudo risueña. 
Ya en nuestro tiempo, numerosos autores nos han brindado textos que los cuentan como personajes. Joaquín Gómez Bas, un hombre vinculado espiritualmente al grupo de Boedo, escribió La comparsa (19). El protagonista, Calixto Ribas, oriundo de la “zona maloliente de la ciudad de Avellaneda”, se propone escribir el relato de su vida. Para ello, recurrirá a Joaquín Gómez Bas, quien lo asesorará constantemente, provocando no pocas veces la ira del incipiente autobiógrafo. El autor, como vemos, se desdobla en dos personajes: Calixto y él mismo. A través de esta dualidad se irán exponiendo numerosos puntos de una teoría poética ejemplificada, por parte del propio Gómez Bas, en su obra Barrio Gris. 
La clase alta no es vista con buenos ojos por este autor de convicciones tan disímiles; a lo largo de la obra observamos los juicios lapidarios que lanza contra los miembros de la elite. Un claro ejemplo de esta actitud son las páginas en que realiza la evocación de Marichela, una mujer de alcurnia que trata de paliar con la compañía de Calixto la angustia de su desgraciada existencia. En otra oportunidad, califica a los aristócratas de “mequetrefes de plata y apellido”. 
Sus amistades no son trigo limpio; Calixto es uno de los pocos que viven de su trabajo en ese mundo marginado. Lo rodean asesinos, vulgares carteristas, prostitutas, en fin, todo cuanto pueda imaginarse en ese ámbito. Al finalizar el libro, el autor realiza una valoración del grupo humano allí presentado; confiesa no haber despreciado a ninguno de estos seres. La novela surge como un todo coherente, en el que un hombre, inmerso en un determinado ambiente, lo analiza con la misma claridad con que otros escritores analizaron la clase alta, aunque quizás con un matiz afectivo mucho mayor. 
La experiencia personal se manifiesta en la obra de Manuel Mujica Laínez (20) en dos formas. Una primera manifestación, que denominaremos explícita, es aquella en la que el autor comenta sucesos que lo tienen por protagonista y así lo indica. Las obras en que se advierte este rasgo son –a nuestro criterio- Estampas de Buenos Aires, Cecil, Los porteños y Placeres y fatigas de los viajes. 
En otro grupo de novelas, sin embargo, el autor describe atmósferas y personajes a los que estuvo estrechamente vinculado, sin especificar que la fuente directa de la narración es su propia experiencia personal. En este tipo de obras se ocupa, fundamentalmente, de la aristocracia en decadencia. La autobiografía implícita subyace en las novelas más significativas de nuestro autor sobre tema nacional –Los ídolos, Los viajeros, La casa, Invitados en “El Paraíso”- y también en Sergio. 
Hay un tercer grupo de obras, las realizadas en colaboración con el fotógrafo Aldo Sessa, donde –generalmente sin referencia a la vida del autor- se tratan temas evidentemente autobiográficos. Ellas se ocupan de la ciudad natal –Letra e imagen de Buenos Aires, Más letras e imágenes de Buenos Aires, Nuestra Buenos Aires-; de una prestigiosa institución porteña –Jockey Club, un siglo- y del Teatro Colón, cuya inauguración evocara en una de sus biografías gauchescas –Vida y gloria del Teatro Colón. La autobiografía surge, más que en el tratamiento de los temas, en la elección de los mismos. El Jockey Club y el Teatro Colón son, por otra parte, temas autobiográficos, en la medida en que encarnan los valores e ideales de una clase 
Muchos escritores evocaron su infancia. Además de los ya mencionados Sarmiento, Cané, Wilde, Mansilla y Mujica Láinez, se refirieron a estos años Jorge Vocos Lescano, Domingo Bravo, Abelardo Arias, María de Villarino, María Rosa Oliver, Norah Lange y Vicente Barbieri, entre otros. En sus obras observamos una intención evocadora que revivirá momentos alegres y amargos, con la indudable certeza de que unos y otros los han llevado a un presente desde el cual los recuerdan con añoranza. La ominosa necesidad de no morir del todo, la soledad lejos de la tierra natal, el afán de rescatar un tiempo mejor, fueron algunas de las motivaciones que dieron origen a libros de esta índole. 
Norah Lange evocó momentos de su vida en las obras Los dos retratos, Personas en la sala (21) y Cuadernos de infancia (22). En esta última, el espacio tiene una importancia fundamental: a la existencia feliz en Mendoza se contrapone una vida de apagada tristeza que tiene como escenario la casa de la calle Tronador, a la que se trasladan cuando muere el padre. La narradora permanece ajena, dentro de sus posibilidades, a los hechos que comenta; no se describe con mayores detalles físicos o psicológicos. Tanto ella como sus hermanas aparecen como un grupo muy alejado de los adultos. La obra se caracteriza por un elemento que no se encuentra con frecuencia: el sexo de la narradora aparece como un factor capital en el relato, sobre todo en lo atinente a las transformaciones físicas que entraña la pubertad. 
Junto a esta atención a los procesos físicos –cuya ignorancia es sorprendente-, encontramos una fina intuición de las actividades de la conciencia. Norah Lange se caracteriza por evocar minuciosamente las sensaciones, los pesares, las alegrías que acompañan el crecimiento de las adolescentes. La atmósfera de la obra se halla caracterizada por la tristeza, el temor, la obsesión de la muerte –recordemos el episodio de los sombreros-; en esa bruma se destacan, tímidamente, los fulgores de hechos nimios plenos de belleza. 
La obra de Vicente Barbieri, El río distante (23), presenta algunos puntos en común con las de Lange. Un hombre enfermo recuerda su infancia y, como es lógico, la ve con tintes nostálgicos. El río es aquí un elemento simbólico a la vez que una realidad concreta: es el río Salado, pero recuerda también al lejano país de la infancia. La acción se desarrolla en “La azotea”, casa de José María. El niño evidencia una singular afición por la naturaleza; observa con admirada atención al hornero, se lamenta por la cruel muerte de Sultán. Las palabras tienen para él una realidad tan estrechamente vinculada a los elementos que evocan que le resulta imposible desligarlas de la vital existencia de la naturaleza. Así, los vocablos “acequias” y “acueductos” le resultan agradables, pues cree reconocer en ellos el rumor del agua cuando corre. 
Tiene singular importancia en la evocación el papel desempeñado por la literatura en el desarrollo emocional del niño. Lo encontramos abocado a la lectura de Corazón, de cuentos españoles, del Martín Fierro. La obra de Hernández suscita en el niño y sus compañeros el deseo de representar sus episodios más importantes; esta dramatización se encuentra evocada con gran cariño. 
A diferencia de lo que sucede en la evocaciones de Norah Lange –quien sólo se ocupa de sus sirvientes y preceptores-, en la obra de Barbieri tienen relevancia las caracterizaciones de los personajes del lugar: el herrero, el misterioso Juan Sebastián Rivero, Fortunato. El episodio de Rivero marca –a criterio de Angela Blanco Amores de Pagella- la aproximación entre biografía y leyenda, ya que José María sostiene que las cuerdas de la guitarra se cortan en el momento exacto de la muerte de ese ser tan singular (24). 

Algunas de las autobiografías de infancia argentinas fueron escritas por inmigrantes o por sus descendientes (25). Escribieron esta clase de obras Syria Poletti (“El tren de medianoche”), Ernesto Sábato (“La memoria de la tierra”), María Esther Podestá (Desde ya y sin interrupciones), Alberto Gerchunoff (“Autobiografía”), Maria Arcuschín (De Ucrania a Basavilbaso), Rosalía de Flichmann (Rojos y Blancos. Ucrania), Baldomero Fernández Moreno (La patria desconocida), Fernando de Querejazu (El pequeño obispo), Raúl G. Fernández Otero (Ausencias, presencias y sueños), María Rosa Lojo (Canción perdida en Buenos Aires al oeste) y Gladys Onega (Cuando el tiempo era otro. Una historia de infancia en la pampa gringa), entre otros. 
Syria Poletti evocó su infancia en “El tren de medianoche” (26), “un fragmento de vida real convertido en ficción: el episodio clave de mi existencia y el punto de arranque de toda mi obra. En ese instante, momento en que mi madre me dejó para reunirse con mi padre en tierras de América, nace el drama y la rebeldía, pero también la revelación de la soledad y su misterio. Fue como si de pronto se hubiesen abierto las compuertas de la vida adulta, y al mismo tiempo, asomara la certeza de otro llamado. Al irse, mi madre respondía a un llamado ineludible. Yo también, con el tiempo, respondería a un llamado” (27). 
Gladys Onega escribió Cuando el tiempo era otro. Una historia de infancia en la pampa gringa (28) convencida de que “todos tenemos derecho a escribir nuestra historia”, como ella expresó en un reportaje (29). Su historia se inicia en Acebal, provincia de Santa Fe, donde nace en 1930, y continúa en Rosario, ciudad a la que se mudan en 1939. Sus primeros años transcurren en el seno de una familia integrada por un gallego tan esforzado y ahorrativo como autoritario; una criolla apasionada por la hija mayor, la lectura y la costura; y dos hermanos, que acaparan la atención que la pequeña reclamará para sí. Junto a ellos encontramos la familia de la casa da pena –los gallegos que quedaron en su tierra-, los parientes gallegos que emigraron y los parientes criollos de la madre, y los inmigrantes –en su mayoría italianos- que viven en el pueblo. 
Al igual que muchos de nuestros escritores, Baldomero Fernández Moreno evocó sus años de infancia, una edad escindida, en su caso particular, entre dos tierras, Argentina y España. En el prólogo a sus memorias, que llevan por título La patria desconocida, el escritor se refiere a la relación de las mismas con sus dos patrias, y deslinda la incidencia que España y la Argentina tienen en ellas: “Son páginas, pues, españolas por el recuerdo que las informa, argentinas por la mano que las trazó. Por eso este libro cobra un sentido vernáculo, americano. Y todo aquello en medio del suspirar por mi patria, por curiosidad, por exotismo, por poesía naciente, y, lo que es lo cierto, por indefinible amor hacia ella” (30). 
Fernando de Querejazu publicó en 1986 El pequeño obispo (31), una novela “absolutamente autobiográfica, aunque parezca un disparate lo que ocurre allí”. El 10 de febrero de 1926 llegó a América el hidroavión Plus Ultra, piloteado por Ramón Franco, concretando así una proeza histórica. Ese mismo día, en un pueblo de inmigrantes de la provincia de Córdoba, veía la luz el protagonista de esta novela. Sus padre, de origen español, lo llamaron Fernando en homenaje a la isla Fernando de Noronha, en la que se produjo el aterrizaje. 
En sus páginas autobiográficas, Alberto Gerchunoff se describe a sí mismo vestido a la usanza de la nueva tierra: “como todos los mozos de la colonia, tenía yo aspecto de gaucho. Vestía amplia bombacha, chambergo aludo y bota con espuela sonante. Del borrén de mi silla pendía el lazo de luciente argolla y en mi cintura, junto al cuchillo, colgaban las boleadoras” (32). 
María Arcuschín escribió De Ucrania a Basavilbaso (33) obra en la que rinde homenaje a sus antepasados y a quienes llegaron a América en busca de un futuro mejor, al tiempo que narra su propia vida en el seno de la colectividad judía entrerriana. 
Rosalía de Flichmann es la autora de Rojos y blancos. Ucrania (34), obra en la que evoca su infancia, en la que la amargura era una realidad cotidiana. Las persecuciones, la revolución, la guerra civil, las violaciones y los asesinatos –a los que se suman las inundaciones y el tifus- son el cuadro con el que Rosalía debe enfrentarse a muy corta edad. Agobiada por la tristeza, la niña piensa en el padre, al que no ve desde hace años. Después de muchos trámites, emigran para reencontrarse con él. Por fin, llegan a Mendoza. Ha comenzado para Rosalía “una larga vida en la Argentina, una vida plena y feliz”. 
..... 
En las obras de estos autores observamos sendas evocaciones del pasado personal. Estas son sólo algunas de las diferentes formas que puede asumir el recuerdo en escritores tan vinculados entre sí por el contexto histórico y nacional, pero tan diferentes por su extracción social y las metas que los impulsan. 
La experiencia personal ha suscitado en ellos la necesidad de plasmar una creación que la tenga como tema principal y el resultado ha sido, a todas luces, la expresión de una peculiar posición ante la vida. 

Notas 
(1) Material proveniente de la Tesis de Licenciatura “Manuel Mujica Láinez, la experiencia personal en la elaboración literaria”, defendida en la Universidad de Buenos Aires ante el Tribunal integrado por el Dr. Guillermo Ara, la Doctora Teresita Frugoni de Fritzsche y la Profesora Marta Lena Paz. Incluido en Territorios de Infancia (Buenos Aires, Plus Ultra, 1994). 
(2) Diccionario de la Lengua Española. Madrid, Espasa-Calpe, 1970, pág. 144. 
(3) García de Diego, Vicente 
(4) USA, The Crowell-Collier Publishing Company, 1965, pág. 139. 
(5) Diccionario de Literatura Española. Madrid, Ediciones de la Revista de Occidente, 1972, pág. 73. 
(6) Kayser, Wolfgang: Interpretación y análisis de la obra literaria. Madrid, Gredos, 1954, pág. 89. 
(7) Hauser, Arnold: Historia social de la literatura y el arte. Madrid, Guadarrama, 1964. 
(8) Ara, Guillermo: Vida y testimonio del escritor argentino. Trabajo inédito. 
(9) Agustín, San: Confesiones. Madrid, Espasa-Calpe, 1965, pág. 207. 
(10) Ara, Guillermo: Los argentinos y la literatura nacional. Estudios para una teoría de nuestra expresión. Buenos Aires, Huemul, 1966, pág. 16. 
(11) Zanetti, Susana y Pontieri, Margarita B.: “El ensayo. Domingo F. Sarmiento”, en Historia de la literatura argentina. Buenos Aires, CEAL, 1980.
(12) Zanetti, Susana: “La ‘prosa ligera’ y la ironía. Cané y Wilde”, en Historia de la literatura argentina. Buenos Aires, CEAL, 1980. 
(13) Cané, Miguel: Juvenilia. Buenos Aires, CEAL, 1980. 
(14) Zanetti, Susana: op. cit. 
(15) Wilde, Eduardo: Aguas abajo. Buenos Aires, Huemul, 1969. 
(16) Zanetti, Susana: op. cit 
(17) Mansilla, Lucio V.: Mis memorias 
(18) Ara, Guillermo: Prólogo a Mis memorias.. 
(19) Gómez Bas, Joaquín: La comparsa. Buenos Aires, Falbo Librero Editor, 1966, pág. 91. 
(20) Mujica Láinez, Manuel: Cecil. Buenos Aires, Sudamericana, 1972. 
Estampas de Buenos Aires. Buenos Aires, Sudamericana, 1946. 
Invitados en “El Paraíso”. Buenos Aires, Sudamericana, 1957. 
Jockey Club, un siglo. Buenos Aires, Cosmogonías, 1982. 
La casa. Buenos Aires, Sudamericana, 1983. 
Los ídolos. Buenos Aires, Sudamericana, 1983. 
Los porteños. Buenos Aires, La Ciudad, 1979. 
Los viajeros. Buenos Aires, Sudamericana, 1967. 
Placeres y fatigas de los viajes. Buenos Aires, Sudamericana, 1983. 
Sergio. Buenos Aires, Sudamericana, 1983. 
Vida y gloria del Teatro Colón. Buenos Aires, Cosmogonías, 1983. 
Placeres y fatigas de los viajes. Buenos Aires, Sudamericana, 1983. 
(21) Lange, Norah: Personas en la sala. Buenos Aires, CEAL, 1980. 
(22) Lange, Norah: Cuadernos de infancia. Buenos Aires, Losada, 1979. 
(23) Barbieri, Vicente: El río distante. Relatos de una infancia. Buenos Aires, Losada, 1945. 
(24) Blanco Amores de Pagella, Angela: “Aproximación de dos autobiografías”. Santa Fe, Universidad Nacional del Litoral, 1968. 
(25) Ver mi monografía “Inmigración: Memorias y biografías”. 
(26) Varios autores: Mi mejor cuento. Buenos Aires, Orión, 1974. 
(27) Fornaciari, Dora: “Reportajes periodísticos a Syria Poletti”, en Taller de imaginería. Buenos Aires, Losada, 1977. 
(28) Onega; Gladys: Cuando el tiempo era otro. Una historia de infancia en la pampa gringa.. Buenos Aires, Grijalbo Mondadori, 1999. 
(29) Duche, Walter: “Todos tenemos derecho a escribir nuestra historia”, en La Prensa, Buenos Aires, 18 de julio de 1999. 
(30) Fernández Moreno, Baldomero: La patria desconocida. 
(31) Querejazu, Fernando:El pequeño obispo. Buenos Aires, Lumen, 1986. 
(32) Gerchunoff, Alberto: “Autobiografía”, en Feierstein, Ricardo (selecc. y prólogo): Alberto Gerchunoff, judío y argentino. Buenos Aires, Milá 2001. 
(33) Arcuschín, María: De Ucrania a Basavilbaso. Buenos Aires, Marymar, 1986. 
(34) Flichmann, Rosalía de : Rojos y blancos. Ucrania. Buenos Aires, Per Abbat, 1987.

jueves, 14 de enero de 1999

AMADO NERVO

En 1999 se cumplen ochenta años de la muerte del poeta mexicano, que habia nacido en Tepic en 1870. La inquietud religiosa se evidencia ya en sus primeros años de vida y lo lleva a cursar estudios en el Seminario de Zamora, en Michoacan. Recibe allí enseñanzas que "se fundieron con el aliento panteísta de una vida y una lírica atormentada". Cultivó la prosa y el verso, este último a la manera de los modernistas, con quienes se relacionó al colaborar en la revista Azul, alrededor de 1898 y al fundar La revista modema, con Valenzuela.
Por esa época realiza su viaje a Paris, en el que se vincula con parnasianos y simbolistas. Ocupando cargos diplomáticos, viaja posteriormente a España; Argentina y Uruguay. En su obra se evidencian -a criterio de los estudiosos- influencias relacionadas con esta estada fuera de su pais. Se observan influjos de los franceses, de "Ruben Dario, los simbolistas, Leopoldo Lugones y otras figuras de fin de siglo". Advierten en su lirica un "cosmopolitismo modernista, pleno de inquietudes seudomisticas y religiosas". 
Entre sus libros en verso recordamos Hermana agua y Los jardines interiores, En voz baja -volumen en el que canta su amor a una mujer-, La amada inmovil y Serenidad, -en los que llora la muerte de esta dama-y Elevación, libro del que nos ocuparemos especialmente. 
Una noticia publicada en el diario La Prensa nos informa que Amado Nervo dejo de existir en Montevideo "tan solo ocho dias despues de su llegada para hacerse cargo de la legación diplomática de México". Acerca del lugar en el que falleció y la causa, dice el matutino: el poeta "murió el24 de mayo de 1919 a causa de una enfermedad renal crónica en la habitación N° 42 del Parque Hotel, que fue uno de los establecimientos de hostelería mas elegantes del cono sur durante la "belle epoque". El edificio se conserva pero ya no alberga un hotel, sino la Secretaria Administrativa del Mercado Comun del Sur (Mercosur)". 

Un trabajo de Jitrik

En un trabajo sobre este movimiento, Noe Jitrik sostiene que "A partir de la extraordinaria tarea cumplida por Ruben Dario a traves de su obra y de su presencia en Santiago, en Buenos Aires y en Madrid, asi como a través de sus propias declaraciones en su Autobiografia, se ha engendrado la idea de que por un lado es algo asi como el creador del modernismo, mientras por otra parte, y en consecuencia, el modernismo se define por los rasgos que Darío le ha impuesto a su propia obra. Esa versión es parcial e históricamente incorrecta".
Agrega Jitrik que "ya se puede casi afirmar, de acuerdo con los juicios mas recientes de Federico de Onis, Juan Ramon Jiménez, Max Henriquez Ureña y Ricardo Gullón que los iniciadores del modernismo fueron el cubano José Martí (1853-1895) y el mexicano Manuel Gutierrez Nájera (1859-1895) entre los años 1875 y 1882, a través de sus tentativas de innovación de la prosa. Precisamente, las versiones que atribuyen a Darío la exclusiva paternidad del movimiento, radican en el verso y atribuyen a la prosa un papel si no secundario en todo el proceso de renovación literaria, por lo menos posterior y emergente de aquel". 
Pedro Henríquez Ureña define el modernismo con estas palabras: "Este movimiento renovó íntegramente las formas de la prosa y de la poesía: vocabulario, giros, tipos de verso, estructura de los párrafos, temas, ornamentos. El verso tuvo desusada variedad, como nunca la había conocido antes, se emp]earon todas las formas existentes, se crearon formas nuevas y se llegó hasta el verso libre a la manera de Whitman y el verso fluctuante a la manera de la poesía española en los siglos XII y XIII. La prosa perdió sus formas rígidas de narración semijocosa y de oratoria solemne con párrafos largos, adquirió brevedad y soltura". 
Señala Noe Jitrik que "Guillermo Díaz-Plaja incluye a la generación del '98 española en la experiencia, lo cual se justifica en la medida en que el modernismo implica una critica a lo español, considerado por otra parte como algo irrenunciable". 
En este contexto cultural surgió la poesía del mexicano, a quien se lee como "el poeta más renombrado" de su país. 

Elevación

En los últimos años de su vida, la lírica de Nervo refleja la evolución de su personalidad. Dice un critico: "Presintiendo la muerte, el espíritu de Nervo se hizo mas sereno y su reconcentrado pensamiento se refugió en un nirvana estético y religioso, una notable influencia oriental, nacida a través de diversas lecturas, se manifestó en poemas como Elevacion, EI arquero divino y EI estanque de los lotos, que significaron la vertiente negativa de un poeta romántico y callado que no supo adaptarse al vértigo de su tiempo". 
En 1917 aparece Elevación, volumen que incluye poemas escritos entre enero de 1914 y diciembre de 1916. En esta obra, la búsqueda y el hallazgo de Dios es uno de los temas mas importantes. Quizás el mas importante. En el poema titulado “iRenombre!”, dice a la fama que se aparte de él, porgue puede ocasionarle una perdida enorme: "iSi hicieses ruido, se iría de aquí/ Dios, único bien!" 
EI 10 de marzo de 1915 escribió el poema que lleva por titulo "El milagro", en el que evoca la trayectoria recorrida desde Ia duda hasta la fe. Allí exclama: "iSeñor, yo te bendigo, porque tengo esperanza! / Muy pronto mis tinieblas se enjoyarán de luz.../ Hay un presentimiento de sol en lontananza/ ¡me punzan mucho menos los clavos de mi cruz!". 
Del 8 de junio de ese mismo año es el bellísimo poema en el que canta la omnipresencia divina, el que dice: "Señor, Señor, tú antes, tú después, tú en la inmensa/ hondura deI vacío y en la hondura interior /Tú en la aurora que canta y en la noche que piensa / Tú en la flor de los cardos y en los cardos sin flor".
Acerca de la relación entre fe y filosofía se ocupa en un texto escrito un mes después. Exhorta en el al estudioso a buscar al Supremo por otro camino: "iCon el farol de tu filosofia / no hallará nunca a Dios, oh mente esclava, / sino con el amor". A la figura del filósofo opone la del "despreciable iluminado", que "ni pierde el tiempo en discutir, ni duda / ¡ve cara a cara la verdad desnuda, / y se funde con Dios porque lo ha hallado".
"Poco antes de la Navidad de 1915, Nervo escribe una vez mas sobre la muerte relacionada con Dios. En "Me marcharé... " asevera: "Me marcharé Señor, alegre y triste; / más resignado, cuando al fin me hieras, / Si vine al mundo porque tú quisiste,/ ¿no he de partir sumiso cuando quieras?" 
Deja en este libro enseñanzas para los más jóvenes. Les indica qué debe hacerse para vivir rectamente. En "Amable y silencioso", dice: "Haz caridad a todos de esas sonrisas, hijo./ Un rostro siempre adusto es un día nublado/ es un paisaje lleno de hosquedad, es un libro7 en idioma extranjero, Otro poema canta: “¡Si una espina me hiere, me aparto de la espina/ pero no la aborrezco! Cuando la mezquindad/ envidiosa en mí clava los dardos de su inquina/, esquívase en silencio mi planta y se encamina/ hacia el más puro ambiente de amor y caridad”,
“Sécomo la montaña –dice en un texto de julio de 915- que mira al sol primero/ que al valle. ¿Por ventura con la Poesía, el don/ no se te dio más alto, más noble y verdadero, / la ventan escondida por donde el prisionero/ ya se asoma al arcano del mundo, la Intuición?”. En “Como el venero”, exhorta al lector con estas palabras: “Da, pues como el venero cristalino,/ que siempre brinda más, del agua clara/ que le pide el sediento peregrino”. 
El volumen incluye también un espléndido texto, uno de los más conocidos de Nervo, en el que el mexicano hace el balance de su existencia: “Amé, fui amado, el sol acarició mi faz./ ¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!”.
Dios, la juventud y su formación, el pasado y la conciencia de haber vivido momentos buenos y malos, son los principales temas a los que Nervo canta en este libro, al que volvemos para recordar al poeta en este aniversario. 

LA CAPITAL, Mar del Plata

ERNEST HEMINGWAY, EN EL CENTENARIO DE SU NACIMIENTO

Ernest Miller Hemingway nació en Oak Park, Illinois, en 1899. Afirma un biógrafo que, hijo de un médico culto y amante de la naturaleza, la vida del niño transcurrió en las cercanías de Chicago. Entre 1917 y 1918 aparecieron sus primeros ensayos periodísticos en el Kansas City Star; en ellos “brotó el estilo seco y objetivo que constituye una de las características fundamentales de su prosa”. 
Se considera que en los primeros articulos de Hemingway se advierte la influencia de Ring Lardner y de Sherwood Anderson. En 1926, en la novela The torrents of springs (Los torrentes de la primavera), ya expresa “con juvenil audacia su propia personalidad respecto a la de aquellos escritores”. Dos años antes había publicado el libro de cuentos In our time (En nuestro tiempo), en el que los estudiosos “observan algunos temas fundamentales de su futura obra”. 
Es conocido el papel que el escritor tuvo durante la primera guerra mundial. Se alistó como voluntario y fue herido y condecorado en el frente italiano. En 1921, Hemingway reanudó su actividad periodística en el Toronto Star Weekly, y viajó por primera vez a París. Este viaje sería de gran importancia en la formación del joven creador, ya que “allí se encontró con la escritora Gertrude Stein y estableció contacto con el mundo literario que dominaba la vida cultural de la capital francesa en los años ‘20”. Estas vivencias aparecen en The sun also rises (1926, Fiesta) y en A moveable feast. (Fiesta móvil, 1964), libro póstumo. 
En una de sus novelas más conocidas, Adiós a las armas, publicada en 1929, "cuenta la experiencia de la guerra en términos muy personales, confirmando su lograda madurez como escritor". Dice el biógrafo que comienza entonces el período de los largos viajes a España y Africa, "que proporcionarian una nueva y amplia temática a sus narraciones y novelas": Death in the afternoon (1932; Muerte en la tarde) es un autentico tratado de tauromaquia; Green hills of Africa (1935; Verdes colinas de Africa) es el diario de un safari y puede servir de introduccion al tema del valor, desarrollado más tarde en sus dos famosas narraciones, Las nieves de Kilimanjaro y La breve vida feliz de Francis Macomber, recogidas en nueve cuentos). A raiz de su participación en la Guerra de España como enviado especial de los diarios de la North America Newspaper Alliance, H. publicó For whom the bell tolls (1940; Por quién doblan las campanas), que volvia a presentar, sobre el fondo de una guerra civil, el·tema·del amor y de la muerte”. 
Continúa luego con su actividad periodística, “reemprendida en.el curso del segundo confIicto mundial sobre los campos de batalla". En 1950 aparece Across the river and into the trees (1950; A traves del río y entre los árboles), "ambientada en Venecia y que parecía señalar el ocaso de la carrera literaria·de Hemingway. Dos años despues aparece EI viejo y el mar (1952; The old man and the sea), obra que resume lo mejor de su estilo y que contribuyó a que consiguiera el Premio N obel de Literatura en 1954". 
Se estableció por un tiempo en Cuba, hasta que, por razones de salud, se trasladó a Sun Valley, Idaho, donde fue encontrado sin. vida el 2 dejulio de 1961. Un biógrafo cuyo nombre no se menciona, piensa que probablemente se suicidó. 
Dejó varios libros ineditos, los cuales fueron apareciendo postumamente. En 1964 se publicó París era una fiesta; en 1967, Enviado especial reunía sus principales artículos periodísticos. Tres años después se dio a conocer la novela Islas a la deriva, a la que siguió, en 1979, Ochenta y ocho poemas. En 1985 se publicó El verano peligroso y, en 1988, El jardín del Edén. 

La “generación perdida” 

El autor de Adios a las armas fue considerado por Gertrude Stein, miembro de la “generación perdida", llamada asi por la escritora "en el sentido de significar con dicha rotulación a aquellos novelistas cuya expresion literaria estaba realizada en un lenguaje riguroso; violento e impetuoso". A criterio de Stein, integraban esta generación también Scott Fitzgerald, Thomas Wolfe, John Steinbeck y algunos más. 
El prologuista de una edición mexicana de El viejo y el mar sostiene que la denominación puede entenderse en un sentido mas amplio, ya que "dicha generacion de creadores luchó durante la guerra de 1914-1918 en las trincheras europeas y al intentar reingresar a la vida cotidiana en su propio país, se encontró sin fe en todos aquellos valores morales que, desde la niñez, había aceptado sin reservas". 
Dicho prologuista advierte una evolución en el pensamiento del escritor. En un primer momento, "Hemingway muestra una espiritualidad nihilista, o sea una negacion a toda creencia, ya sea religiosa, politica o social. Tuvo la experiencia personal de la primera guerra mundial, con todas las consecuencias fisicas y psicologicas, es decir una completa perdida de la fe en la democracia, una clara nocion de la violencia y de la muerte, y en materia literaria una tendencia hacia el desnudo reportaje, sin ninguna interpretación psicológica, ya se trate de hechos o dialogos". 
Con el correr del tiempo, "el autor irá desarrollando en sus novelas y cuentos, conceptos de solidaridad y de honestidad como únicos valores de aceptación universal y como únicos tambien, que emergen del colapso de antiguas creencias”. 
En El viejo y el mar , una de las ultimas novelas que escribió, evidencia su postura de madurez ante la vida. Santiago,el pescador, "el hombre en toda su magnitud vence. A pesar de todo, el hombre con fe, logra derrotar a la adversidad. Con dificultad llega a destino, no con el trofeo de la victoria, pero sí con la conciencia de haber cumplido consigo mismo". 

Influencias, legado 

Philip Young, autor de Ernest Hemingway, se ocupa en el volumen de las influencias que recibió el escritor laureado. Considera de gran importancia la lectura de Las aventuras de Huckleberry Finn de Mark Twain y de obras de Stephen Crane, encauzadas mas tarde por la relación con Gertrude Stein, Sherwood Anderson y otras personalidades. 
Carlo Izzo, catedratico de la Universidad de Bolonia, analiza en La literatura norteamericana, las obras de Hemingway y Faulkner. "Podría ser una gran tentación presentar a Ernest Hemingway (Illinois,1898-1961) como una especie de anti-Faulkner, pero implicaría dejar de lado por lo menos un hecho innegable: Faulkner, en los cien tonos y aspectos de su estilo; cuenta con páginas que, por mesura y sequedad descriptiva, sencillez de sintaxis, rapidez y concisión del diálogo, no sólo son muy parecidas a las muchas en que Hemingway se afirma como maestro del estilo escueto que Ie es propio, sino que verosímilmente -si bien Faulkner no necesita por cierto pedir prestados expedientes estilísticos- parecen derivadas del más aguerrido de sus competidores en la lucha por el primer puesto en la jerarquía de los narradores norteamericanos contemporáneos”. 
El italiano realiza asimismo una valoración de las personalidades de la literatura norteamericana de este siglo; en dicha valoración, asigna al autor laureado con el Nobel y el Pulitzer un lugar eminente: "Thomas Wolfe y F. Scott Fitzgerald vivieron demasiado poco tiempo para que sus vicisitudes literarias pudieran representar, con su propio desarrollo interior, las fases sucesivas de la narrativa norteamericana de nuestro siglo. En cuanto a William Faulkner y a Ernest Hemingway, personalidades poderosas, capaces de marcar con su propio sello en vez de ser marcados desde el exterior, y fundamentalmente coherentes consigo mismos -:a pesar de desviaciones del tipo de Pylon o de Across the· river and into the trees- deben ser considerados como influjos determinantes antes que como voces destinadas a cambiar en el transcursodel tiempo". 
Un critico afirmó que "su obra, dispar y contradictoria, ha tenido más influencia en Europa que en Estados Unidos": Considera que la misma "está penetrada de una concepcion sumamente individualista de la Vida (el 'deporte de la existencia') como conciencia de la indigencia humana y, al mismo tiempo, como lucha por la mejor realizacion de sí mismo en el cotidiano enfrentamiento con el drama eterno de la muerte". 

Como el viejo en el mar, Hemingway ha vencido. Escribiendo, pudo conjurar la muerte.

LA CAPITAL, Mar del Plata, 1999

CURZIO MALAPARTE: ITALIA EN GUERRA

Curzio Malaparte, cuyo verdadero nombre era Kurt Erich Suckert, nació en Prato en 1898; falleció en Roma en 1957. Fue voluntario durante la Primera Guerra Mundial y luego se destacó en el periodismo, fundando el periodico fascista La conquista dello stato y dirigiendo el prestigioso diario turines La stampa en los años 1929 y 1931. Fue tambien codirector de Fiera letteraria.
Un biografo afirma que "en 1931, despues de un largo viaje por Europa, Africa y Asia, abandonó definitivamente el fascismo para vivir con mas independencia ideologica". Su actividad literaria se inicia con la publicacion de la novela Aventure di un capitano di sventura (1927) y del libelo Don Camaleon (1928), obras que consolidaron su prestigio como escritor, a criterio de este biografo.
Las noticias sobre su vida nos dicen que fue arrestado tras haber publicado en Paris Tecnica del golpe de estado (1931), y debió permanecer durante algún tiempo confinado en las Islas Lipari. Cumplida su condena, se establecio en Roma, donde fue enviado especial del Corriere delIa sera y fundador, en 1939, del periodico de oposicion Prospettive. En 1941 actuó como corresponsal de guerra en el frente aleman contra Rusia, "Y a esta epoca pertenecen sus mejores obras, entre ellas Kaputt (1945) y La pelle (1949), que han que dado como testimonios decisivos de la tragedia de los años 1939-1945". Nos referiremos a la ultima de estas obras.

El testigo

Malaparte se presenta como protagonista en La piel. Junto a él caminaremos por las calles de Napoles, conoceremos sus miserias y los actos aberrantes que el escritor explica en dialogo con extranjeros, recordaremos el pasado y sabremos acerca de su producción literaria. Una contraposicion nos da la idea de la situacion por la que atravesaba Italia en ese momento. "Jack y yo -recuerda- nos encontrabamos limpios, lavados y bien nutridos, en medio de aquella muchedumbre de napolitanos escuálidos, sucios, hambrientos y vestidos de harapos".
Malaparte dice conocer la razon que ha llevado a Europa al estado en que se encuentra en el momento en que sucede la accion. El escritor afirma que no han sido el hambre, los bombardeos, los fusilamientos, las matanzas, la angustia, el terror, los campos de concentración, los que han llevado a los europeos a cometer vilezas. Sostiene que el motivo es otro: es la piel, "nuestra piel, esta maldita piel. No puede usted imaginarse siquiera de cuantas cosas es capaz un hombre, de qué heroismos y de que infamias, para salvar la piel. (...) Un dia se sufria hambre, tortura, sufrimiento, los dolores mas terribles, se mataba y se moria, se sufria y se hacia sufrir, para salvar el alma, para salvar el alma propia y las de los demas. Para salvar el alma se era capaz de todas las grandezas y de todas las infamias. No solamente la propia, sino las de los demas. Hoy se sufre y se hace sufrir, se mata y se muere, se realizan cosas maravillosas y cosas horrendas, no ya para salvar la propia alma sino para salvar la propia piel. Se cree luchar y sufrir por la propia alma, pero, en realidad, se lucha y se sufre por la piel, por la propia piel tan sólo. Todo lo demas no cuenta. Hoy se es heroe por una cosa bien pequeña".
En estas circunstancias, uno de los personajes le pregunta al escritor porqué no se embarca con el hacia America. Malaparte le contesta que no puede abandonar a sus muertos, pues ellos "no pueden pagarse un billete para America, son demasiado pobres. No sabran jamas lo que es la riqueza, la felicidad, la libertad. Han vivido siempre en la esclavitud; han sufrido siempre el hambre y el miedo. lncluso muertos seran siempre esclavos, sufriran hambre y miedo. Es su destino; Jimmy. Si supieses que Cristo yace entre ellos -agrega-, entre estos pobres muertos, ¿lo abandonarias?".
La Piel fue llevada a la pantalla grande; el film se vio en la Argentina. Quienes lean este libro accederan a una vision de la contienda emanada de un espiritu, que desde su personal posicion, refleja momentos tragicos con indudable talento.

DESDE YA Y SIN INTERRUPCIONES

María Esther Podestá. Corregidor, 1985. 

miércoles, 13 de enero de 1999

PERIODISMO Y LITERATURA

En el ensayo “Del pedernal al silicio. Historia de los medios de comunicación masiva” (1), Giovanni Giovannini -estudioso de los medios de comunicación y presidente de ANSA- hace una síntesis de cinco o seis milenios de la cultura humana. En un comienzo se utilizó el pedernal –la piedra sílex- para grabar el signo religioso, artístico o informativo. Luego aparecieron la arcilla mesopotámica, el papiro egipcio, la imprenta y los modernos medios de comunicación. En la actualidad se observa un retorno a as fuentes, ya que es también la piedra sílex –el silicio- la que puede almacenar en una computadora miles de datos valiosos para la Humanidad.
La referencia al signo informativo grabado con pedernal nos demuestra que no es acertado asociar al periodismo con los tiempos modernos, los avances de la técnica y las posibilidades que dichos avances brindan a la transmisión de la palabra, pues sus antecedentes se remontan a la antigüedad. La diferencia fundamental entre los diarios de la actualidad y las actas que César hacía copiar para enviar a los funcionarios que se encontraban lejos de la urbe, es la periodicidad, característica que sí corresponde a nuestra época.
Diversos factores facilitaron el crecimiento de este tipo de comunicación; entre ellos –señala Felipe Torroba (2)- se cuentan la invención de la imprenta, los descubrimientos geográficos, las conquistas, las exploraciones, los viajes, la organización de los correos, los progresos de la navegación, los trenes, el telégrafo y el cable submarino. Debe considerarse, por otra parte, la incidencia de la instrucción pública, que aumenta el número de lectores, y de la democracia, que favorece la libertad y difusión de la prensa.
Los primeros periódicos fueron los almanaques, que se publicaban una vez por año; posteriormente aparecieron las gacetas mensuales y las semanales, de las que se pasó a la hoja diaria. En 1622, Thomas Archer publica en Amsterdam el primer periódico regular, que llevaba títulos diferentes en cada uno de sus números; el primer periódico con un título constante fue el Mercurius Britannicus, que comienza a aparecer cuatro años más tarde, editado por el mismo Archer.
Entre las personalidades que tuvieron que ver con la historia de la comunicación escrita, recordamos a Pullitzer, creador de los enormes titulares destinados a informaciones de carácter sensacional, y a Charles Havas, francés de origen húngaro que organizó la primera oficina de noticias, utilizando palomas mensajeras como método de transmisión.

En la Argentina

Félix Laiño, periodista de vasta trayectoria, nos brinda en Secretos del periodismo (3) la experiencia que atesoró en cincuenta años de labor. No se trata del relato de su vida, sino de un pequeño “curso”, en el que explica, clara y didácticamente, los principios básicos de la profesión. El pasado aflorará, pero no a modo de evocación autobiográfica, sino como la forma más propicia para ilustrar los temas que se desarrollan.
El autor recuerda el periodismo de los primeros años de nuestro país, cuando aún resonaban los ecos de la Independencia. Los primeros diarios fueron fundados por Hombres que “alternaron la pluma con la espada en la defensa de sus ideales cívicos”; con el correr del tiempo, la transformación de la sociedad da lugar a otro tipo de publicaciones.
A comienzos del siglo XX surge el periodismo comercial; los diarios que se destacan en esta época son La Prensa y La Nación –afirma Laiño-, “dos colosos orgullo del país”. Luego aparecerán La Razón, Crítica, El Mundo y, más tardíamente, Clarín. Todos ellos eran escritos por redactores sin formación específica; se los preparaba para la labor mediante las sugerencias del director o de algún compañero más experimentado, mientras desempeñaban las tareas asignadas.
En cuanto a la vocación del periodista, el autor señala que puede detectarse la presencia de un síntoma indudable: la necesidad de escribir por el sólo hecho de aliviar la mente de una acumulación de ideas, escribir sin pensar en otro objetivo que no sea verbalizar temas que preocupan. Es cierto que los noveles profesionales pueden experimentar, también, terror ante la página en blanco, pero éste desaparece con la práctica. Convirtiendo a la hoja en el depositario de las inquietudes que suelen ser comunes a redactor y lector.
Encontraremos en la obra información sobre los más variados aspectos de la profesión, desde las jerarquías en un diario, hasta los tipos de letra que deben emplearse en los títulos, sin olvidar útiles consejos acerca de la diagramación de los mismos. Laíño dedica este libro a los jóvenes que se inician en el periodismo, a los profesionales y al lector en general; su ensayo será apreciado –creemos- en diferente forma por quien lo lea. Mientras que los que se inician en la profesión podrán comprender la estructura y la dinámica de un diario, aquellos que ya las conocen se sentirán reflejados en las preocupaciones del autor. Tanto unos como otros encontrarán en las anécdotas relatadas, ejemplos claros y sumamente interesantes, a los que asoma a veces una nota de humor.
Es en suma, una obra que se cimenta en el deseo “de convertir al diario en una empresa de cultura”, en momentos en que los medios audiovisuales y la merma del poder adquisitivo atentan contra ello.
Néstor Tomás Auza (4) ha estudiado el periodismo escrito por mujeres en nuestro país. Partiendo de las primeras figuras del quehacer periodístico llegamos a la tercera década del presente siglo habiendo recorrido un camino largo y difícil. La sociedad no veía bien que una mujer escribiera; el propio Lucio V. Mansilla, hermano de Eduarda, decía que era mucho mejor para una dama conocer a la perfección, “científicamente”, las tareas propias de su sexo, a saber: coser, planchar y cocinar. Si el sostenía este argumento, ¿qué podía esperarse de personas de menor cultura?
Venciendo prejuicios, quitando horas al sueño, y después de haber atendido a la familia, la mujer podía escribir, y así se las arreglaron muchas personalidades extraordinarias para dividir su tiempo y dejarnos un legado interesantísimo, aunque o siempre fácil de ubicar.
Destaca el autor la actitud de ciertos diarios, entre los que se cuentan La Prensa y La Nación, que no se cerraron a los trabajos escritos por mujeres; esta apertura permite al ensayista inferir que no había más publicaciones femenina por la sencilla y exclusiva razón de que las mujeres hacían llegar pocos artículos a las redacciones.

Periodismo y literatura

Cabe mencionar el destacado lugar que el periodismo otorga a la literatura. Le Siecle inició la publicación de folletines, abriendo al camino de lo popular a Alejandro Dumas y Eugenio Sue, pero, independientemente del éxito del folletín, los diarios siempre contaron entre sus colaboradores a las figuras más importantes de las letras de su nación y de todo el mundo, al tiempo que dan espacio a las nuevas generaciones que buscan expresarse.
Joaquín Roy es el autor de ALA Periodismo y Literatura (5), obra en la que evoca la historia de la agencia fundada en 1948 por Joaquín Maurín Juliá, aragonés exiliado en los Estados Unidos. La idea surgió al comprobar que la mayoría de los diarios latinoamericanos y españoles tenían poco contenido de análisis; los artículos de este tenor que podían encontrarse estaban firmados por autores desconocidos. Estos dos factores diferenciaban a la prensa hispanoparlante de la norteamericana, que Maurín se propuso imitar.
Por falta de recursos –continúa Roy-, Maurín Juliá instaló la agencia en su propio departamento, con vistas al Hudson; cerca de allí vivían importantes intelectuales relacionados con la Universidad de Columbia, como Federico de Onís y García Lorca. Desde el inicio de su labor, Maurín se “desdobló” en dos personas: él mismo, Joaquín Maurín, representante del director, y J.M. Juliá, su jefe. De ese modo, daba una apariencia de organización que distaba mucho de ser verdadera. Pero eso no era todo...
Germán Arciniegas, primer colaborador de ALA, no tardó en advertir que la agencia contaba con sólo cinco columnistas: “un español, un gringo, un latino, un desconocido y yo”. Estos periodistas no eran otros que Maurín con seudónimo; a cada uno de estos personajes corresponden las firmas Maurín, Anderson, Mayo y Roy, respectivamente. Arciniegas fue, sin saberlo, cofundador de la empresa, ya que no se contaba con ninguna otra colaboración.
El aragonés deseaba un estilo definido para las publicaciones, testimonio de ello encontramos en la correspondencia que mantuvo con Juan Antonio Cabezas, periodista que comenzó a colaborar en ALA en 1954. En una carta fechada en julio de 1955, Maurín escribe a Cabezas estas líneas: “Es nuestro interés que usted siga colaborando con nosotros, y por eso, haciéndonos eco de nuestra experiencia, le invitamos a americanizar tanto como sea posible sus correspondencias, que a nosotros, personalmente, nos parecen admirables, pero que tienen que ser sometidas a la dura prueba de un público hecho a una manera especial de considerar el periodismo”.
Maurín buscaba que en cada artículo confluyeran tres características que consideraba básicas: “actualidad”, “basarse en hechos” y “dar la impresión al lector de estar ‘viajando’ a los lugares tratados por el autor”. Junto a este interés por el presente, por la vigencia del hecho, encontramos también la mirada hacia el pasado; en otra carta a su colaborador le aconseja lo siguiente: “De tanto en tanto, hay que buscar un pretexto –no falta nunca- para hacer revivir a las personas venerables del pasado: Galdós, Blasco Ibáñez, Palacio Valdés, Valle Inclán, etc”. En cuanto a los temas a tratar, Maurín rechazaba todos aquellos que parecieran parciales hacia un personaje o hacia una obra. Apreciaba, en cambio, notas sobre cuanto ocurriera en España de interés para el mundo y, especialmente, para Hispanoamérica.
Los colaboradores deseaban escribir para ALA, ya que esta participación les permitía ser más conocidos en el mundo hispánico y redondear sus ingresos. Entre los colaboradores más importantes de esta primera época de la agencia –que abarca hasta 1973, año en que muere su fundador-, encontramos a los españoles Ramón Gómez de la Serna, Salvador de Madariaga y Alejandro Casona y a los latinoamericanos Miguel Angel Asturias, Alfonso Reyes y Pablo Neruda.
Cuando Roy escribió su libro, la nómina de colaboradores incluía a personalidades de la talla de Julián Marías, Dardo Cúneo y Juan Goytisolo. Muchos de ellos no necesitaban la retribución pecuniaria, pero colaboraban con Maurín como una forma de contribuir a la ingente labor que llevaban a cabo. ALA funcionaba en ese entonces en Miami, luego de haber estado establecida en Puerto Rico, y su aporte a la comunicación de nuestro continente seguía siendo relevante; proveía de servicios a más de ciento cincuenta diarios y publicaciones periódicas de América y España.
Relacionado con el de la historia de la agencia, surge otro tema, que Joaquín Roy encara con el mismo interés: el de la literatura y su relación con el periodismo. Afirma Roy que consideramos “ensayo” a todos aquellos trabajos que, editados bajo la forma de volúmenes, podemos encontrar en las bibliotecas de las universidades. Será periodístico, en cambio, todo aquel material que, incluido en medios de comunicación masivos, consultaremos en hemerotecas. Esta distinción, arbitraria, pierde sentido cuando advertimos que ciertas páginas sufren una “transfiguración”; cotidianamente llegan a nuestras manos artículos publicados primitivamente en diarios y periódicos y que se reúnen, tiempo después, en libros.
Esta circunstancia hace que Roy se cuestione las relaciones entre literatura y periodismo. No se trata, obviamente, del periodismo informativo, pero sí del de “interpretación” o “explicación”, del que ALA fue precursora. Para abordar el tema, parte de la distinción aristotélica entre la función “patética” del lenguaje, que transparenta los sentimientos, las vivencias y las emociones, y la “noética”, que representa y comunica. Ambas se encuentran presentes en el periodismo que impulsó Maurín.
El ensayo –presentado en parte como cursillo a los alumnos de la Escuela de Periodismo y de la Facultad de Humanidades de la Universidad de La Plata, en 1984- tiene –a criterio del autor- una doble función. En primer lugar, informa sobre el legado que la Agencia ALA hizo a la Universidad de Miami (todos sus archivos) y, en segunda instancia, aborda el tema de la literatura en relación con el periodismo. A criterio de Miguel Angel Diez, director de la organización en el momento en que se escribe el libro, la obra es un homenaje a la memoria de Maurín, al cumplirse un nuevo aniversario de la fundación de ALA, y honra también a los colaboradores, que tanto contribuyeron a la difusión de la cultura.
Alonso Zamora Vicente nació en Madrid en 1916. Fue lingüista, crítico y narrador, accedió a los claustros de diversas universidades españolas y americanas y miembro de la Real Academia Española. En 1969 obtuvo el Premio Nacional de Ensayo Miguel de Unamuno por su estudio “La realidad esperpéntica”, análisis de una obra de Ramón del Valle-Inclán; once años después, su narrativa fue galardonada con un premio de la misma magnitud, otorgado a su novela Mesa, sobremesa (6).
Su erudición no fue obstáculo para que desempeñara con asiduidad y maestría la tarea de ensayista en un diario porteño, desde tierra americana o desde su amada España. En 1948, Zamora Vicente fue nombrado director del Instituto de Filología de la Universidad de Buenos Aires, cargo que desempeñó hasta 1953, año en que regresó a Europa. Por esa época se dedicó con entusiasmo a los estudios filológicos que tanto había impulsado en nuestro país Amado Alonso; paralelamente, se nutría de la relación con importantes literatos de nuestra tierra, como Mallea, Borges y Julio Cortázar.
Escuchemos, contado por él, cómo se produjo su acercamiento al periodismo: “¿Cómo empecé a escribir? Creo que, aparte de esos ensayitos deliciosamente inocentes de la adolescencia (a mí no me da reparo alguno hablar con lugares comunes), empecé realmente, en realidad de verdad, el día que, siendo profesor extraordinario en la Universidad de Buenos Aires, recibí una amable invitación de Eduardo Mallea para colaborar en el suplemento literario de “La Nación” (Mallea era entonces el director de esa sección). Es un suplemento, todos ustedes o saben, que se publica los domingos. Creo que esto ha condicionado mi trabajo posterior: estoy ya condenado a ser un escritor –o un crítico, me da o mismo- de domingo”.
Esta “condena” fue vivida con singular alegría por el académico, que se prodigó en artículos variados y emotivos. Sus trabajos fueron publicados muchos después, con el título de Suplemento Literario; rendía así homenaje a las páginas que los habían visto nacer y reivindicaba, quizás sin proponérselo, un género tantas veces denostado (7).
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Al alcance de un público mucho más vasto que el que accede a los libros, el periodismo difunde la literatura de los autores consagrados de distintas épocas, al tiempo que permite a quienes son menos conocidos dar a conocer obras que, quizás, hagan historia. 

Notas
1. Giovannini, Giovanni et al: Del pedernal al silicio Historia de los medios de comunicación masiva. Buenos Aires, Eudeba, 1987.
2. Torroba Bernaldo de Quirós, Felipe: La información y el periodismo. Buenos Aires, Eudeba, 1969. 
3. Laíño, Félix H.: Secretos del periodismo. Buenos Aires, Plus Ultra, 1987.
4. Auza, Néstor Tomás: Periodismo y feminismo en la Argentina (1830-1930). Buenos Aires, Emecé, 1988.
5. Varios autores: Enciclopedia Clarín. Buenos Aires, Visor, 1999.
6. Zamora Vicente, Alonso: Suplemento literario. Madrid, Espasa-Calpe, 1988. 
7. Roy, Joaquín: ALA Periodismo y literatura. Madrid, Hijos de E. Minuesa S.L., 1986.