Ir al contenido principal

AVENTURAS DE EDMUND ZILLER

por Pedro Ogambide. Abril, 1984. 

Pedro Orgambide nació en Buenos Aires en 1929. Entre 1956 Y 1960 fue director de una de las mas recordadas revistas, La Gaceta Literaria. «Su obra –afirma Alfredo Rubione, en la Historia de la Literatura Argentina (CEAL, 1980) abarca la ensayística, la poesía, una meritoria biografia de Horacio Quiroga, la cuentistica y fundamentalmente sus ficciones de mayor aliento: sus novelas». En 1976 obtuvo el Premio Casa de las Americas por Historias con Tangos y Corridos. Es autor de EI Encuentro (1957), Memorlas de un hombre de bien (1964), La buena gente (1970) y Cuentos con tangos (1998), entre otros Iibros. Residió durante un largo periodo en Mexico, donde, entre otras actividades culturales, integró la dirección colectiva de la prestigiosa revista Cambio. 
La inmigración es un tema muy caro para el, al que vuelve recurrentemente. lo encontramos, por ejemplo, en Aventuras de Edmund Ziller (Editorial Abril, 1984), novela que fue Mención del Premio de Novela Mexico, en la que «Orgambide reúne diferentes géneros literarios y crea .un mosaico, divertido y conmovedor, que es un canto a la Iibertad y la justicia en estas tierras de America». 
En esta obra aparecen muchos inmigrantes. Asi los ve un peculiar extranjero que se refiere a Buenos Aires: «ElIos no sólo hablaban infinidad de idiomas en sus a]deas (que llamaban conventillos) sino que honraban a sus brujos lIevandolos a la gran casa de la Palabra: el Congreso». La realidad es trasladada al escenario, creándose el sainete, del que Orgambide da una personal definición. Dice de el que es la «Narración en forma de teatro, cuento o poesía, que pone enfasis en lo grotesco, lo burdo, lo desgraciado del vivir promiscuo en las casas de inquilinato de Buenos Aires. Esta forma de vivir daba tambien para las disquisiciones filosóficas, como afirma el autor en otro pasaje: «Algunas veces, en el atardecer, Edmund Ziller lIegaba a la Escuela de la Sabiduría fundada en 1947 por mi amigo Tito Ascanio Perrucci en la pieza de un conventillo de La Paternal. Alii vivia Tito, rodeado de sus discipulos (yo entre ellos) adaptando la teoria de Pavlov (reflejos condicionados) a una filosofía general de la vida». 
Además de aparecer como grupo social, varios inmigrantes son retratados como seres únicos, diferentes de los demas. Habla, por ejemplo, del armenio, -al que, corno era corriente, le atribuían la nacionalidad que menos quisiera. tener-, del ingles y del español: «Ziller me citó en un cafe ruidoso, cerca de Canning y Corrientes. El cafe era un larguisimo pasillo, lIeno de mesas en donde los jugadores de dominó golpeteaban sus fichas. Me encontre allí con un boxeador armenio (en el barrio lo lIamábamos el Turco) con quien compartíamos el olvido de la juventud. Creí descubrir, en otra mesa, a mi amigo Jose Jadour, que en su adolescencia escribia extraños relatos y que ahora se dedicaba a la busca de piedras preciosas. Tambien vi (o me pareció ver) a Henry Scofield (el ingles) que había seguido las huellas de su padre, un ex empleado de los ferrocarriles que contrabandeaba en la frontera con el Paraguay. Por un instante no supe que estaba haciendo allí, distraido por esas memorias de la realidad. La voz altiva de un español (el mozo) me indicó que estaba entorpeciendo su paso». 
EI italiano de cierta región es evocado en la novela y el término se hace extensivo a muchos otros inmigrantes que no provienen del mismo pais. Entre las «Voces de la enciclopedia antiimperialista del señor Edmund Ziller» incluida en el volumen, se cuenta la palabra «napolitano», a la que define Orgambide como: «Natural de Napoles que extraña el mar en las cercanías del Riachuelo (Arg./ Forma melancólica y sonora del inmigrante». Triste destino es el que aguarda a un polaco, en la obra. EI relato del secuestro y tortura del hombre agobia a Ziller. «Se adormecía en esa salmodia de sensatez e imaginaba minuciosamente el cuerpo del polaco, las quemaduras, el miedo, el frio, los insultos, la cama de Rosa y el polaco cantando La Cumparsita, bailando en el picnic, ocultándose en cualquier hotel, huyendo con su vergüenza a cuestas». 
En CabaIlito, eI protagonista .encuentra inmigrantes muy distintos: «Edmund Ziller caminó por la avenida hacia la Plaza; iba reconociendo las baldosas, los almacenes, el largo muro del hospital que remedaba un palacio de España, y enfrente al verde de la plaza, el colegio iriandes, el edificio gris, un viejo e ilusorio castillo de Irlanda en Buenos Aires, las monjas caminando por el jardin, rezando en ingles, y mas allá las casas donde habia una quinta que él cruzaba en su infancia como quien atraviesa el Amazonas, la quinta que, misteriosamente, tenia un bote abandonado, derruido por la lIuvia y el tiempo». 
El protagonista tambien “desciende de los barcos”: «Ziller recordaba su infancia de boyero en Gualeguay, en una colonia judia de Entre Rios, donde empezó su historia; aunque esta, según él, había comenzado mucho antes». EI recuerdo de la niñez del narrador, por su parte, trae aparejado el de un ser querido, inmigrante asimismo, del que Ziller fue amigo. Dice el novelista: «Entro a mi casa y sé que está esperándome, arrebujado en un viejo sobretodo que era el mismo que usaba mi abuelo en las calles de Odessa, el mismo que lució en Buenos Aires a comienzos del siglo cuando iba al frente de la columna, con la bandera, como secretario del Socorro Rojo Internacional, el mismo sobretodo que salió indemne a los sablazos de la caballería durante la Semana Trágica». 
«Sólo entonces descubro que Zilller se parece de una manera cruel. a mi propio abuelo, al pobre abuelo loco, al chiflado que vivia en un triste y oscuro cuartito cercano a la terraza, donde, a los cinco años yo lo vi sin comprender la tempestad y el desgarramiento del exilio», «oculto por la enfermedad y la locura del mundo que arrastra a los hombres lejos de su tierra, y que un dia los devuelve, creame, como las olas de la playa». 
Estos son los inmigrantes que evoca Orgambide, los mismos a los que aborrece cada xenófobo, cada «Sujeto de apariencia normal que odia a los extranjeros» y que «Suele creer que los judíos adoran la cabeza de chancho .y que los negros son una raza inferior y que Dios estaba pensando en su pinche pais cuando creaba el Universo».

Comentarios

Entradas populares de este blog

LA LEYENDA DE LA VICUÑA

por Jorge Accame y Marta Prada. Ilustraciones: Oscar Rojas. Plastilina: Luciana Fernández. Buenos Aires, Sudamericana, 2003. 32 páginas.
Jorge Accame nació en Buenos Aires en 1956 y vive en San Salvador de Jujuy desde 1982. Ha publicado, entre otras obras, Diario de un explorador, El jaguar, ¿Quién pidió un vaso de agua?, El dueño de los animales y Cumbia. En 1997 obtuvo una beca de la Fundación Antorchas y participó del Programa Internacional de Escritores de la Universidad de Iowa, EE.UU. En 1998 estrenó Venecia en el Teatro del Pueblo, en Buenos Aires, con la dirección de Helena Tritek. Por Cartas de amor obtuvo el 3° Premio Nacional de Literatura Infantil 1999. Marta Prada, coautora de todos los libros de esta colección, nació en Mar del Plata, provincia de Buenos Aires. Es periodista y profesora en Letras. Fue subdirectora de la revista Billiken hasta el año 2001. Como tal ha recibido los premios Pléyade, Pregonero y Lobo de Mar (Municipalidad de Gral. Pueyrredón). Oscar Rojas nació…

Diploma de Honor y Medalla de Oro

para un cuento de VOLVER A GALICIA
Jurado: José María Castiñeira de Dios, María Esther Vázquez, José Luis Vidaller Nieto
Concurso Literario convocado por la Federación de Sociedades Españolas y la Asociación Patriótica y Cultural Española de Argentina


Dr. José María Vila Alen (Presidente Centro Galicia), Alberto Ianuzzo (Presidente Com. de Cultura Centro Galicia), Pedro Bello Díaz (Presidente FEDESPA), Manuel Cordeiro Monteagudo, Manuel Padorno (Presidente Asociación Patriótica)

Chocolate Patrio en la Asociación Calabresa

Con un exquisito chocolate y la actuación de reconocidos artistas, la Asociacion Calabresa que preside el Cav. Antonio Ferraiuolo festejó el Día de la Independencia Argentina
Luego de que la Subsecretaria de la Mujer Prof. María Teresa Straface y la Vicepresidente Segunda Sra. Alicia Martino dieron la bienvenida a los comensales, se iniciaron las actividades con la proyección de un video alusivo.

Para homenajear a las dos patrias, María D'Alessandro leyó varios poemas. Uno se destacó en especial: el que habla de las sensaciones de su madre en la nueva tierra, a la que emigró con tres  pequeñas. La abruzzesa dedicó este texto a su hermana Italia, quien la escuchaba muy emocionada.

Llegó la hora del tango y la milonga, de la mano de Rosa, integrante de la subsecretaría, y Angel, eximios bailarines que engalanan cada encuentro.

También cantó tango Dora de la Fuente, pero en ritmo de bolero, y un tema de Iva Zanicchi, y Nessun Dorma. Qué voz, qué sencillez en su enorme talento...


Muy …