miércoles, 13 de enero de 1993

JORGE GUILLEN, POETA DEL 27

El 18 de enero de 1893 vio la luz en Valladolid el poeta Jorge Guillén, destacada figura de la generación española del 27. Fue catedrático de literatura en las universidades de Murcia y Sevilla, lector en la Sorbona y en Oxford y profesor en Estados Unidos. Esta circunstancia es común a muchos de los escritores de su generación; al igual que Guillén, fueron profesores de literatura Dámaso Alonso, Gerardo Diego, Pedro Salinas y Luis Cernuda. 
Guillén se dedicó a la poesía como estudioso y como creador, y numerosas obras son el fruto de esa inclinación. En 1919 comenzó en Bretaña su Cántico, Fe de Vida, editado en cuatro oportunidades entre 1928 y 1950. En este último año, el poeta lo estructura en cinco partes que comprenden trescientos treinta y cuatro poemas. Los críticos sostienen que el tema central de la obra es el placer entusiasta y biológico de la vida y el mundo con el creador inmerso en él. 
A partir de 1950, Guillén inicia “una nueva etapa de poesía, melancólica y atormentada, un grito emocionado ante los horrores de la humanidad sufriente”; este nuevo ciclo se abre con la publicación de Clamor: Maremagnum (1957). Se considera que la segunda etapa no alcanza las bellezas de la anterior, ni su perfección formal, pero es sincera y pretende denunciar la esclavitud del hombre por el hombre. 
Como crítico, escribió Language and Poetry. Some poets of Spain (1962). Vivió en los Estados Unidos y en Italia, pero –afirman los especialistas en su obra- “no podemos decir que el exilio haya desencantado al poeta, consciente de lo armónico y lo inarmónico y siempre listo a reconocer la esencias entre los accidentes”. 

La generación 

Guillén perteneciò a una generaciòn poètica que recibiò muchos nombres: la generaciòn del 25, la generaciòn de Guillèn-Lorca o la generaciòn de la dictadura, aunque el nombre màs acertado –y el màs difundido- es el de generaciòn de 1927. En 1927 se cumpliò el tercer centenario de la muerte de don Luis de Gòngora, y los jòvenes se reunieron para lograr que se restaurara y considerara al autor de las Soledades. 
Admiraban en èl la tècnica y el oficio. “Alberti fue el que logrò imitarlo mejor –comenta Joaquìn Gonzàlez Muela-, pero haciendo alarde de habilidad formal, como ejercicio literario, màs que con convicciòn o con penetraciòn ideològica”. Guillèn se siente atraido por las descripciones, a las que considera fruto de una visiòn mayor y màs profunda. 
En un trabajo incluido en las Obras completas de Federico García Lorca, el vallisoletano se evoca como miembro de un movimiento literario, del que dice: “Eramos amigos y con una comunidad de afanes y gustos que me ha hecho conocer por vía directa la unidad llamada ‘generación’. Recuerda a los integrantes de este grupo: Pedro Salinas, Gerardo Diego, Federico García Lorca, Dámaso Alonso, Vicente Aleixandre, Rafael Alberti, Pepe Bergamín, Melchor Fernández Almagro, Luis Cernuda, Emilio Prados, Manuel Altolaguirre... 
Dice Guillén que a aquellos escritores “se los veía amigados en unidad de generación, antípoda de escuela: no había programa común. Y destaca que, aunque algunos firmaron la invitación a celebrar el centenario de Góngora, nada tenía ello que ver con un manifiesto. El escribió: “La generación –si creemos a nuestra experiencia y no porque nos lo propongan las teorías- se anuda en comunidad vital, y no se la sistematiza desde dentro. (Esto acaecerá más tarde desde las pizarras pedagógicas)”. 

La opinión de Machado 

Un poeta de otro círculo, Antonio Machado, nos brida su visión de la generación del 27, en una carta publicada en La Gaceta Literaria, en Madrid, el 1º de marzo de 1929. En esta carta sostiene que el grupo de los poetas jóvenes le parece “pobre en promesas de personalidades ingentes”; no cree que de toda ella pueda salir un Unamuno, un Benavente, un Pío Baroja, un Valle-Inclán, un Ortega y Gasset. Pero –concede- “esto también es juvenil: no prometer demasiado, ni destacar prematuramente lo individual sobre lo genérico. El joven es grupo, cuando no rebaño, antes que persona”. 
Sin embargo, en un panorama tan poco feliz, reconoce el talento de algunos de aquellos jóvenes; su elogio se expresa con estas palabras: “Ni un Pedro Salinas, ni un Jorge Guillén, cuyos recientes libros admirables saludo, han de aspirar a ser populares, sino leídos en la intimidad, por los más capaces de atención reflexiva”. Machado sostenía que había en esa generación muchos poetas portentosamente dotados; ente ellos -Salinas, Lorca, Diego, Alonso, Chabás, Alberti, Garfias- se contaba Guillén, el joven creador de Paso a la aurora. 

Valladolid conmemora en estos días el centenario de su nacimiento; lo conmemora también Málaga, la ciudad que lo recibió en sus últimos años. La comunidad hispanoparlante vuelve su mirada hacia el poeta del que dijo García Lorca: “Cada vez se me adentra más tu poesía limpia, hermosa (eso es). Hermosa, llena de una emoción divina, completamente conocida por intacta. Ya te recitaré de memoria tus décimas (...) Yo quisiera poderte expresar toda la admiración que te tengo. Unica admiración redonda que venero entre toda la joven literatura”.

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