domingo, 28 de junio de 1992

Nené D'Inzeo: "La poesía me habita desde siempre"

Nené D’Inzeo es profesora de Literatura Castellana y de Interpretación Poetica. Entre los numerosos libros que publicó recordamos Zig-Zag (prosa y poesía), Las marionetas vuelven de la guerra (poesía), He buscado la paz (poesía) y Los habitantes del laberinto (novela). Sus obras han sido editadas en Argentina, Peru, Paraguay, Brasil y España. Se ha destacado tambien como prologuista, escribiendo prólogos para las obras de conocidos escritores, entre los que mencionamos a Mané Bernardo y Angela Colombo. Le interesa el ensayo, género en el que abordó temas como Alfonsina y los miedos, Octavio Paz y la palabra, Los mitos y el hombre y El otro espejo en la literatura. En literatura infantil incursionó con La princesa ríe. 
Nos acercamos a Ediciones Tu Llave, la editorial que dirige, para conversar con ella sobre su ultimo libro, Aceptación de la locura, en cuya contratapa leemos estas palabras de Arturo Berenguer Carisomo: "Estamos frente a un volumen revelador de profundas angustias trasmutadas en poesía de cuño muy actual, reveladoras de gran talento, valiente audacia expresiva y densa cultura filosófica y literaria, notablemente atestiguada en las numerosas sentencias y frases de multiples autores, que sirven de compendio a lo ya expuesto poeticamente". 
Este es el diálogo que mantuvimos, para "La Cultura en EL TIEMPO": 
- ¿Por qué eligió este titulo para su nuevo libro? 
- Porque creo que aceptamos sin miedo "esa supuesta locura", germen del hombre, de ese mismo hombre que luego, en los avatares del diario vivir, la abandona, superándola, para diplomarse de cuerdo. Con la aceptación comienza la auténtica lucha por la superación espiritual. 
- ¿Por qué otro libro de poesía? ¿Abandonó la narrativa? 
- De ninguna manera abandoné la narrativa; es mas: hay tres ensayos inéditos y he comenzado otra novela. En cuanto a la poesía, ella me habita desde siempre. Mis tres primeros libros -Zig-Zag, Las marionetas vuelven de la guerra y He buscado la paz- son de poemas. Pienso y dialogo conmigo misma en poesía. La amo profundamente; es más, creo que en todos ella anida, sólo que a veces no la respetamos lo suficiente como para permitirle su libre vuelo, y menos aún nos atrevemos a la búsqueda de la justeza de la palabra. 
- Hablemos de los temas fundamentales de la obra. En primer lugar, lógicamente, la locura. 
- "Locura" es una palabra de origen oscuro, acaso árabe. ¿De qué manera podemos dibujar el límite preciso entre locura y razón? Amamos locamente (pasión), trabajamos locamente (stress), creamos locamente (sublimación). Armonía dentro del Caos. 
- ¿Y el amor? 
- Es la vida, la justificación de mi paso por éste, mi tiempo. Amor a la naturaleza, al hombre a mi costado, amor a mi marioneta cósmica. Sólo desde él, podemos encontrar nuestra ubicación y camino y por ende, gozar de la maravilla de vivir. Aunque esa ubicación no siempre se logra por senderos de felicidad. Amar es poder salirse de sí para regresar: colmada y crecida. 
- También está presente la muerte. 
- Como el comienzo de un misterio que nos acerca a otra dimensión, el ciclo inexorable que repetimos a cada instante de nuestro paso hasta alcanzar y supuestamente definitivo para la mente humana. Prolongación, presencia. 
- Y una posible redención mediante el resurgimiento. 
- El resurgimiento es lucha, superación, búsqueda descarnada de nuestro espíritu, elevación. 
- ¿Es la belleza una forma de comunicarse con los demas? 
- Desde mi ángulo de visión, el oscurantismo, la exagerada síntesis, el pulimiento en pos del goce intelectual, destruyen a la poesía. Dice Huidobro: "pule, pule, te quedas sin nada". El poeta debe "sentir la justeza de su palabra". La poesía debe ser grabada en la mente del lector; cada verso responder sí, a una síntesis, pero síntesis "conceptual". La metáfora al servicio de la auténtica comunicación: la de vibrar. Surco y siembra. 
- ¿Considera que en la lírica hay elementos autobiograficos? 
- No sólo en la poesía, sino en toda creación literaria, el artista plasma vivencias recordadas o no; aún cuando cree estar en el paroxismo de su creación, no hace sino “aprehender" vivencias. Acaso Agatha Christie no era una mujer dulce y pacífica? Sus fantasmas y vivencias caminaron las hojas y quedaron en paz. 

(EL TIEMPO, Azul, 28 de junio de 1992)

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