domingo, 13 de enero de 1991

MARTIN GARCIA MEROU, PERIODISTA

En el año 1891 aparece Recuerdos literarios, de Martin Garcia Merou. Julia Elena Sagaseta, prologuista de la edición de Eudeba (1973) dice que el titulo "es exacto". Son recuerdos que van aflorando espontánearnente, como el mismo autor indica en el juicio del Ultimo capitulo, uniéndose por personales asociaciones. Se entronca así, con la literatura de tinte autobiografico, tan cara a los escritores fragmentarios y esta dirigida a un publico minoritario y culto". 
En el ultimo capitulo que menciona la prologuista, el escritor sostiene que el suyo no es "ni un libro de estudios críticos ni la historia de una epoca literaria" y alude a él como a "estas notas ligeras que he escrito con cariño y sinceridad". Critico al fin, evalúa su obra: "Releo estos apuntes, trazados a la carrera, y encuentro deficiencias, olvidos, falta de plan y metodo escrito", y defiende la espontaneidad de los textos: ''Prefiero que ellos queden tal cual han ido acudiendo a mi memoria, sin afeite y sin aderezo". 
En los recuerdos se asiste a la formacion del escritor, desde sus primeros pasos, bajo la mirada aprobadora de Cane, Estrada y Pedro Goyena; la participación en un certamen que le sirvió como estimulo, el periodismo, y la reunión en grupos con diferentes características y objetivos, como la Academia Argentina y el Círculo Cientifico Literario. García Merou evoca agradecido a quienes lo orientaron en el camino de la creación, a quienes posibilitaron que su vocación diera frutos. 
El escritor considera que "es obra de patriotismo y de moral propender al desarrollo del espiritu literario entre nosotros" y observa que dedicarse a la literatura en nuestro pais es "casi ridiculo, a fuerza de ser extraño". Advierte asimismo que la falta de publico que los escuche o comprenda hace callar a Guido, a Coronado y a Obligado y que "Es contado el numero de lectores inteligentes y concienzudos que conocen a fondo las obras de Mitre, Sarmiento y López, estas a1tas personalidades intelectuales que honran a nuestra patria, honrandonos a nosotros mismos", 
"La pasión de las Letras, por eso, se convierte entre nosotros en la mas ingrata de las aficiones" –agrega- y está convencido de que "El que se abandona a ella debe acostumbrarse desde temprano a no encontrar ni buscar otros placeres que los que nacen de la satisfacción intima del trabajo intelectual", En un entorno como el que describe, cobran relevancia los ambitos en los que el novel escritor puede encontrar guia, apoyo e incentivo. Uno de ellos es el periodismo y de el habla con nostalgia. 

Diarios, semanarios 

García Merou recuerda que, sin tener todavia quince años, entró a la literatura por la puerta de la trastienda, como corrector de La Nación, y sintió que esa labor fortalecía en el la tendencia latente que lo impulsaba a la literatura, Era de esperar, ya que se encontraba en compañía de Adolfo Mitre y de Benigno B. Lugones, entre otros, bajo la dirección del general Mitre, cuya "presencia latente o visible, de luchador de treinta años, de escritor infatigable, de erudito sin miedo y sin reproche, hacía de aquella casa un centro genuinamente intelectual”.
Adolfo Mitre hizo publicar por primera vez unas estrofas de Garcia Merou; evocando ese momento, el critico dice: "Las emociones de la primera publicacion no me dejaron dormir tranquilo la vispera de la aparición del diario. Por la mañana temprano tenia ya en mi poder un regular numero de ejemplares, y estaba extasiado de ver mis pobres versos de estudiante en letras de molde y precedidos de una palabra de estimulo", Con Adolfo Mitre hacía "gimnasia de periodistas", escribiendo articulos literarios en un cuarto de hora; "Los que hoy leyeran esos articulos -se ufana-, se sorprenderian de su brillo y variedad". 
Gervasio Mendez, director del semanario El Album del Hogar, tuvo que ver con el nacimiento de "Juan Santos", aquel que propinaría palmetazos a los viejos y jóvenes literatos, alborotando "el cotarro de aquel Parnaso juvenil". Garcia Merou reconoce que en los articulos que llevaban esa firma realizaba una critica "infantil, mediocre y pasaba frecuentemente del objeto (...) propuesto al emprenderlo", aunque atribuye a su juventud, hasta cierto punto, estas deficiencias, y destaca que, aún con sus limitaciones, lo "guiaba un móvil elevado; todas mis observaciones nacían de un ciego amor por el arte literario y no de un mezquino sentimiento de emulacion, que jamás tuvo cabida en mi alma". 
En un estudio sobre la generación del 80, Adolfo Prieto señala que Pedro Goyena, Santiago Estrada, Martin Garcia Merou, Calixto Oyuela y Paul Groussac son los representantes mas destacados de la literatura "y los que merecieron la mayor atencion de sus contemporaneos. Los tres primeros no superaron, a la, verdad, los riesgos del impresionismo -agrega-, esa determinacion que consiste en apoyar un juicio de valor en el dictamen subjetivo del gusto, en el manejo de algunas ideas generales y en la selección espontánea, nunca sistematica, de obras y de autores". 
Con la aparicion de Juan Santos aumentó la venta del semanario, pero -dice Garcia Merou- "tantas refriegas ardorosas, tantas discusiones, llevadas con juvenil entusiasmo, habian destemplado mi energia y no pocas veces amargado mis momentos de reflexion tranquila". Asi fue como, de acuerdo con Mendez, se dejaron de publicar estas notas criticas, y Juan Santos se llamó a silencio por un tiempo, hasta que comenzó a redactar los folletines de La Nación. 
Invitado por Santiago Estrada, el autor de los recuerdos trabaja en el diario La Patagonia, donde conoce a Jose S. Arevalo. Años despues, escribe sobre aquellos periodistas: “La vida ha separado a muchos de los que entonces marchaban juntos. Debilidades y pasiones estrechas, exclusivismos de sectas o de opiniones, han apartado manos que debieron permanecer para siempre unidas". Cuando este diario dejó de aparecer, Garcia Merou paso a dirigir Las Novedades, diario ilustrado de breve vida, que le proporciono una gratificacion: "No me dejó mas provecho ni mas satisfaccion que la de ver mi nombre a su frente, lo que como se sabe constituye la gloria y la ambicion mas acariciada de todo pichon de literato cuando empieza a ensayar las alas para volar". 
En su libro da cuenta tambien de su paso por la Revista Literaria, que, al igual que la Revista de Buenos Aires y la Nueva Revista de Buenos Aires, la Revista del Rio de la Plata, la Revista Argentina, y la Ilustración Argentina, desapareció "a despecho de todos los elementos valiosos del Circulo Cientifico Literario que pugnaban por sostener” dicha publicacion. El recuerdo de las revistas da origen a otra reflexión pesimista; el autor se pregunta: "¿Para qué seguir haciendo la nomina de esta larga serie de cadaveres, que convierte a nuestra historia intelectual en una Morgue de publicaciones literarias?.. ". 

Las paginas de Garcia Merou que nos ocupan demuestran que el periodismo fue mucho mas, para él, que la posibilidad de difundir una obra, de ensalzarla o denostarla; fue el medio para fortalecer una vocación, para pulir un estilo. Por esa razon, lo recuerda en su libro como uno de los factores que contribuyeron a hacer de él un escritor.

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