domingo, 9 de julio de 1989

OLGA BRESSANO DE ALONSO, CUENTISTA SANTAFESINA

Olga Bressano de Alonso vive en Correa, provincia de Santa Fe, desde donde viaja a Rosario para desempeñarse como periodista del diario La Capital. Entre sus libros se destaca El Hijo isleño, destinado a chicos a partir de los once años; esta obra fue distinguida con la Faja de Honor de la SADE en 1986. 
Recientemente, la Editorial Guadalupe ha publicado El tiempo que se fue; sobre sus cuentos conversamos en exclusiva para este, Suplemento. 
- ¿Recuerda cuando escribio su primer cuento? 
- Escribir es fácil, editar es difícil. Escribo desde siempre, pero la primera vez que vi en letras de molde algo mio, se remonta a 1964, cuando la Asociación "Ana Maria Benito" premió mi cuento "EI elefantito que no quería comer", en el Certamen de Cuentos Infantiles del año 60, organizado con inotivo del Cincuentenario de la Escuela Normal N° 2 de Rosario, de avanzada para la epoca y con un Jurado de lujo: Fryda Schultz de Mantovani, Ernesta Robertaccio y Jose Peire. Este cuento, junto con otros siete relatos de diferentes autores, fue editado cuatro años despues en un pequeño volumen ilustrado con dibujos de las alumnas del departamento de aplicación de la la escuela. 
- ¿Cuándo apareció su primer libro? 
- Recién en 1978, y gracias al generosísimo apoyo y a la cálida comprensión de Martha Salotti y Dora Pastoriza de Etchebarne. Se titula La abejita hacendosa y otros cuentos, y fue publicado por la Editorial Guadalupe de Buenos Aires, editorial que se convirtió en la varita magica que me hizo sentir protagonista de un cuento de hadas. 
- Y parece que no se equivocaron, las señoras Salotti y Etchebarne, al elegirlo... 
- Es verdad. EI libro salió en noviembre y ya en marzo del año siguiente tuve la enorme sorpresa de verlo en los programas de las escuelas primarias como "Libro recomendado para la enseñanza de la lengua a partir de quinto grado" por el Ministerio de Educacion de la Provincia de Santa Fe. 
- EI hijo isleño también tuvo sus alegrias, no? 
- Ah, sí. Es una novela juvenil que llegó a laColección Robin Hood gracias a haber ganado el Segundo Premio en el "Certamen Nacional de Novela Juvenil", organizado por la Editorial Acme, de Buenos Aires, con el voto unánime de un Jurado integrado por Syria Poletti, María Granata y Juan Carlos Merlo. Creí tocar el cielo con las manos al ver· mi Iibro encolumnado con otros de tanta jerarquia de esa tradicional colección de tapas amarillas, que fueran lectura predilecta de mis hijos en su adolescencia. 
- -Esa obra está relacionada con su lugar natal. 
-Sí, pues relata los avatares de la vida en la isla frente a Rosario, tan cercana en kilómetros y tan distante, sin embargo, en sufrimiento e incomprensión. En elIa hay romance, aventura, diversión, pero también destrucción y dolor, porque la acción se centra en la "gran crecida" del Parana del año 66 -así la llaman los lugareños-; esta crecida destartaló ranchos y aniquiló vidas sin lograr que se doblegara la tenacidad del isleño, que siempre vuelve y rehace en el mismo sitio, como un canto a la vida, y con un final abierto a la esperanza. Esta novela, editada en 1985, fue distinguida en 1986 con la Faja de Honor de la SADE. 
- Luego apareció Cajita de cuentos, editado en Rosario, y ahora, El tiempo que se fue. ¿Cual es el tema de este ultimo libro? 
- Son catorce relatos que tienen siempre a un adolescente como protagonista y no es autobiografico. aunque nadie puede despojarse totalmente al escribir ni de lo que fue, ni de lo que es, ni de lo que leyó. Las,vivencias se filtran sin que nos demos cuenta, y cada parrafo leído y saboreado, cada pensamiento que ha latido al unísono con el nuestro, todo ese compendio de sentimientos va formando indelebles surcos en nuestro interior. 
- ¿En qué trabaja actualmente? 
- Está por aparecer mi quinto libro, esta vez de poemas para adultos, a través de Editorial Apis, de Rosario; tiene como titulo Las fotos amarillas, nombre.de uno de Ios poemas, que sugiere, indudablemente, el transcurrir de ese tiempo fugaz, inaprensible, pero tirano de nuestras vidas. Ese es un poco el leit motiv de mi creación. 
- ¿Abandonó la prosa? 
- No, de ningún modo. Estoy haciendo las últimas correcciones a mi novela juvenil Mi amigo, el robot, que posiblemente publicará Plus Ultra de Buenos Aires y que, lejos de ser -como parecería por su título- una apología tecnológica, narra los avatares de un chico que quiere construirse su robot propio mientras vive las peleas con su hermano, las alegrias con su familia, las aventuras en la escuela o su romance con una jovencita apenas entrevista. 
- ¿Cómo es vista la ciencia en esta obra? 
- La escribí por elsistema de la propia elección de posibilidades -"senderos que se bifurcan", diria Borges-, que lleva al lector a vivir su propio final. En este caso, hay diecisiete posibilidades. En algunos de los finales, el protagonista deja de lado su frio robot para convencerse de la supremacia de la calida relación de alma a alma con su amigo, o bien olvida la pila de latas y resortes con los que está trabajando, para quedar prendido al milagro de ver un poroto seco que germina en un frasco, como una admirable apuesta a la vida. 

(El Tiempo, 9 de julio de 1989)

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