domingo, 28 de mayo de 1989

A.D. EN EL AÑO DEL SEÑOR

por Kirk Mitchell. Barcelona, Planeta, 1988. 314 paginas. (Colección Contemporánea).

A.D, "fue en principio una serie televisiva, basada en el guión de Anthony Burgess y Vincenzo Labella; la interpretaron Ava Gardner, James Mason y Jennifer O'Neil, entre otros". Partiendo de esta exitosa realización, Kirk Mitchell escribió la novela que conserva, como era de esperar, muchos rasgos de su concepción originaria. El tema no es novedoso, por cierto, pero ha sido tratado con prolijidad y conocimiento por un novelista que se ha brindado por entero en esta colosal tarea. 
Quizas parezca excesivo el calificativo que utilizamos, mas no lo es si pensamos en una narración que enfoca sucesos acaecidos poco después de la Resurrección de Cristo, vistos desde la múltiple perspectiva de romanos, judíos, griegos y nativos de provincias colonizadas por los latinos. Presenta, ademas, a estas nacionalidades interactuando; un logrado cuadro de epoca hará que no dejemos la lectura hasta haberla finalizado. 
Si bien en algunos detalles, cuanto se narra difiere de las tradiciones que han llegado a nuestras manos, "debemos decir que en líneas generales se respetan documentos considerados hoy de capital importancia, como las biografías que escribió Suetonio. Obviamente, se han introducido personajes ficticios alrededor de los cuales girará la acción; ellos servirán como testigos y, a la vez, serán activos participantes en el relato. 
Hay páginas de un patetismo estremecedor, como los ulltimos días de San Pedro, su arrepentimiento por haber negado a Dios y la valentía con que enfrentó la muerte. Merece destacarse tambien la lograda evocación de Pablo de Tarso en su primer tiempo de perseguidor de la nueva fe, y luego, ya decidido defensor de la creencia que abrazó con todas sus energías. 
En otro orden, personalidades abyectas son retratadas con singular maestría; los emperadores Calígula, Tiberio y Nerón nos resultan terribles en su desmesura y su absoluto desprecio por la vida de sus súbditos. Frente a ellos, las enseñanzas de Cristo significarán una nueva y vivificante posibilidad; ante la injusticia y el dolor, los cristianos se alzarán con la unica arma de su amor y su esperanzado silencio. 
La novela puede ser encarada por el lector como un bestseller, pero, a poco de comenzar a internarse en ella, se hará evidente que es mucho mas que eso. Se trata, sin temor a exagerar, de una confrontación entre el Bien y el Mal, entre lo Eterno y lo temporal, que hoy mas que nunca reviste interés para todo ser humano. Tradujo Enrique Hegewicz.

(EL TIEMPO, Azul, 28 de mayo de 1989)