martes, 27 de diciembre de 1988

APROXIMACION A LA ESTETICA BAROJIANA

El 28 de diciembre de 1872 nacía en el País Vasco don Pío Baroja y Nessi, considerado por la crítica –junto con Unamuno y Machado- uno de “los tres grandes” de la Generación de 1898. Su obra, de una riqueza y variedad inconfundibles, ha abierto caminos a quienes la admiraron; escritores de la talla de Camilo José Cela y Ernest Hemingway, entre otros, se reconocen deudores del gran novelista español.

Taedium vitae

Tanto sus contemporáneos como los críticos actuales analizaron la estética barojiana. Resulta sorprendente comprobar que un novelista distinguido con el lauro académico tenga convicciones tan poco ortodoxas en lo que a arte se refiere. El advenimiento de Baroja a la literatura ha sido fruto de una determinada situación; el mismo autor manifestó haberse volcado a la creación porque la vida le había negado experiencias fascinantes: “Soy un hombre curioso y que se aburre desde la más tierna infancia. Si hubiera sido un hombre rico y hubiera podido pasar la vida alegremente, creo que no hubiera escrito”.
Eugenio Matus, crítico hispanoamericano, sostiene que la literatura es, para Baroja, “un remedio contra el mal de vivir”. Su afirmación se basa en el hecho de que la creación permite al artista soñar otros mundos y protagonizar sucesos que en su propia vida le son ajenos. El arte, ocupación a la que llega por circunstancias fortuitas, tiene para Baroja connotaciones lúdicras; el novelista destaca el aspecto de la literatura como juego, por su carácter desinteresado.

Realismo

Al recorrer la obra de Baroja –ensayística, narrativa o autobiográfica-, la idea que surge con más vigor es la preocupación por el realismo. En Camino de perfección, el narrador expresa su credo artístico: “El arte debe ser la representación de la naturaleza, matizada al reflejarse en un temperamento”.. La postura realista conlleva, sin embargo, cierta consciencia de las limitaciones de la mímesis; Baroja no se deja seducir por la ilusión de la objetividad. Esta afirmación del vasco, puesta en boca de uno de sus personajes, nos recuerda una frase de M. H. Abrahams; en El espejo y la lámpara, Abrahams dice: “Aunque una obra de arte, por ejemplo, se parezca mucho a un espejo, es también, en aspectos importantes, enteramente diferente”.
Pío Baroja ha advertido esta peculiaridad de la imitación; entre los escritores que se autoproclaman realistas podemos encontrar significativas diferencias al encarar un mismo tema. Sin embargo, haciendo esta salvedad, el cuentista insiste en que el arte “no es un conjunto de reglas ni nada; sino que es la vida: el espíritu de las cosas reflejado en el espíritu del hombre”; la forma en que esta realidad es evocada puede ser totalmente diferente, según la psicología y la circunstancia personal de quien la transfigura poéticamente.

Libertad

Otra de las principales preocupaciones de Pío Baroja es la libertad de que debe gozar todo hombre que se aboca a la literatura. No le interesan las reglas, ni la corrección en el uso del idioma; lo único verdaderamente importante es la expresión del yo, de sus propias vivencias y aficiones. Ignorante de todo aquello que a técnica se refiere –pues la niega deliberadamente-, Baroja pide al arte una libertad que no todas las sensibilidades admiten. En uno de sus escritos teóricos sobre la novela, afirma: “haremos todas las extravagancias, y nos permitiremos todas las libertades”. Este ha sido su postulado a través de décadas de incansable producción.
Donald Shaw destaca esta faceta de la concepción artística del vasco: “El creía que la capacidad de crear obras literarias es algo totalmente inexplicable, un don misterioso, al que no puede reemplazar el conocimiento de las doctrinas y técnicas literarias, y que elude constantemente sus dictados”. Esta es –creemos- la única posibilidad estética de un hombre que se destacó por su individualismo y su ansia de independencia.

Concepción artística

En su discurso de ingreso a la Real Academia Española, Baroja definió su concepción artística: “Me considero dentro de la literatura como hombre sin normas, a campo traviesa, un poco a la buena de Dios”; habiendo leído la obra barojiana, nada nos autoriza a pensar que el desconocimiento de reglas y técnicas haya menoscabado sus condiciones literarias. Baroja ha manifestado: “Yo, cuando leo obras excesivamente trabajadas y bien escritas, pienso: Si esto tuviera partes descuidadas y un poco abandonadas a la inspiración, quizá se leyera con más facilidad”; el novelista considera que una obra lograda de acuerdo a rígidos cánones, una obra perfecta, es como el producto de una máquina de hacer tarjetas o chocolates. A pesar de lo irreverente de estas palabras, debemos reconocer que surgen como reacción a la estética imperante en su momento; debemos reconocer, por otra parte, que Baroja está acertado cuando habla del valor afectivo de la incorrección gramatical, de su calidez y espontaneidad.
Estos postulados estéticos son los que destaca Ortega y Gasset, en un artículo de El Espectador: “Leemos páginas tras página y vamos adquiriendo la sensación de que no interesan al autor los personajes, ni lo que hacen, ni el aire que entre ellos se desliza, ni el arte de la novela, ni el arte en general”. Entonces, qué es lo que interesa a Baroja? Nada más ni nada menos que expresarse, que exteriorizar ese espíritu en el que –al decir de Ortega- se evidencia “un desdén de indio nuevo hacia nuestra vieja excelencia literaria”.

Evadirse, entretenerse...

Baroja adhiere a la literatura de entretenimiento; en este aspecto creemos vislumbrar la psicología del lector de folletines, especie de la que sus obras han heredado no pocas características. Raúl H. Castagnino, refiriéndose a la literatura de evasión, sostiene que es “una envoltura que puede aislarnos de la circunstancia oprimente”, ¡cuánto nos recuerda esta afirmación las ideas del mismo Baroja! El novelista vasco decía que el hombre imaginativo, capaz de inventar historias que divirtieran, le parecía un hombre superior; esta concepción del arte tiene sus raíces –suponemos- en el papel desempeñado por la literatura cuando Baroja era médico en Cestona. "En aquella época me dediqué a escribir cuentos e impresiones en el cuaderno donde tenía el registro de los igualados”, pronunció ante sus colegas el flamante académico; la creación literaria había ayudado al joven doctor Baroja a sobrellevar sus tediosos días de médico sin enfermos. La posibilidad de evadirse de la realidad mediante el arte es resaltada por uno de los personajes barojianos; en El mundo es ansí, la contemplación estética produce una sensación de placer: “Parece que se borra la noción de la vida real con sus penalidades y sus tristezas; parece que ya no hay en la vida miseria, enfermedades, trabajo, nada triste ni depresivo, quizá tampoco nada grande”.
Domingo Yndurain comenta esta personal concepción de actividad creadora: “Tenemos, en primer lugar, que para Baroja la literatura ha perdido toda finalidad trascendente. Para él se trata sólo de pasar un buen rato”. Pero no sólo pasa un momento agradable el autor; la distracción también se da en el lector. Así lo considera Juan Valera, el autor de Pepita Jiménez: “me he entretenido y con eso basta para que yo celebre al autor y recomiende la lectura de su libro”. Como vemos, este tipo de obras encontraba más de un adepto entre las personalidades del momento.
Frente a esta postura evasiva encontramos la que se encarna en el academicismo, en los cánones rígidos que coartan las potencias expresivas del artista. De todos modos, el arte era para Baroja uno de los temas fundamentales de la vida humana, y le proporcionaba no pocas inquietudes, por eso hace que Fernando Ossorio decida apartar a su hijo de “ideas perturbadoras, tétricas, de arte y de religión”.
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Este es, a grandes rasgos, el credo estético de una de las figuras descollantes de las letras hispánicas contemporáneas, credo cimentado en tres pilares fundamentales: realismo, libertad y subjetividad. Baroja ha sido, ante todo, un espíritu inquieto, amante de la independencia; este sentimiento se evidencia también en su obra.
Al escribir estas líneas, la imagen el morador de la casa de Itzea acude a nuestra memoria. Pío Baroja, “hombre humilde y errante”, ha señalado un camino.

(EL DIARIO, Paraná, 27 de diciembre de 1988)

domingo, 18 de diciembre de 1988

Carlos Roberto Morán, escritor y periodista

Carlos Roberto Morán nació y vive en Santa Fe. Es periodista, Secretario de Redacción de "Hoy en la Noticia", de dicha ciudad, y tiene a su cargo la sección de crítica literaria que ha titulado "Piedra de Sol", en "La Capital" de Rosario. Colabora también con otros medios de nuestro país y de México -en el Suplemento "Sabado" de "Unomasuno"-, Uruguay, Venezuela, Puerto Rico y Estados Unidos. Sus cuentos han aparecido en estos países y también en España y Alemania Federal; uno de ellos, "Rodeo", se encuentra traducido al polaco en la "Antologfa del nuevo cuento argentino", publicada en Cracovia en este año. Sus volumenes de narrativa, "Territorio Posible" y "Noticias desde el sur" han sido editados en México; antes de fin de año aparecerá "Noticias de Sergio Oberti", su primera obra de edición argentina. Quisimos saber cómo ve la literatura desde la doble perspectiva de escritor y periodista; sobre este tema conversamos para "La Cultura en EL TIEMPO".
- ¿Cuándo comenzó a trabajar como periodista? 
- Fue en 1968, en Santa Fe, en un medio grafico. He seguido en ello hasta el presente, cada vez mas escéptico respecto de los medios de comunicación en la Argentina, convencido de que la "libertad de expresión" se refiere, en el pais, mas que nada a las empresas, antes que a los periodistas. 
- ¿Cómo se siente en esta profesion? 
- No me siento demasiado cómodo, porque no muy seguido contribuye a la creatividad. Es obvio, hablo desde mi experiencia. Soy periodista porque conozco el oficio y lo hago -me dicen- pasablemente bien; en realidad, soy y me siento escritor, pero no stempre es facil admitirlo socialmente, y en general se trata de un segundo oficio que, en los hechos prácticos y como a mi me ocurre, se expresa en forma intermitente. 
- ¿Cuál es, a su criterio, la relación entre sus dos oficios? 
- La relación mas obvia -que a su vez genera amplia confusión- está dada por la palabra, pero el periodista se refiere siempre a la anecdota, y el escritor -lo pueden decir muy bien Joyce, Kafka, Proust, Borges, Nabokov-, a lo que acompaña a la anécdota. El resto es la confusión consumista que hace llamar "escritores" a los fabricautes de best-sellers, a quienes narran como si escribieran revistas de actualidad; pero estos hechos tan poco c1aros no pueden llamar la atención de manera excesiva, porque vivimos en una epoca donde todos son interrogantes y las respuestas brillan por su ausencia. 
- ¿Considera que su labor periodística tiene alguna incidencia en sus creaciones? 
- Mi labor periodistica -lo aclaro- es mi ganapan, tarea que sí trato de hacer con responsabilidad. Cuanto mas se vincula con la literatura, menos rutinaria se vuelve, y tambien se vincula con la creatividad; pero soy fundamentalmente un escritor de ficciones, y ellas "traducen" -por decirlo de algún modo- tristezas, alegrías, cansancios, frustraciones, logros, felicidades y derrotas. En ese sentido puede haber incidencia de lo periodístico. Tambien -lo admito- por ciertas maneras de narrar, pero yo con el periodismo tengo muchos litigios, y albergo, respecto de la creación, muchos temores. La creación -me digo- va por otra parte. Ella tiene que ver 
con la reflexión que trato de hacer, a traves de la palabra, para contarme el mundo. 

El crítico

- Como autor de "Piedra de Sol", ¿qué podría decirnos de la literatura de nuestro país en este momento? 
- Como diría Rabanal, la literatura argentina "nada en aguas bajas" actualmente. Es difícil publicar, no hay estímulos para el escritor, no se propician los encuentros, la confrontación de ideas y proyectos. Se advierten los esfuerzos aislados, los proyectos que naufragan, una y otra vez. Algunos escritores, especialmente en Buenos Aires, hacen libros por encargo o escriben sus textos tomando muy en cuenta los vaivenes del mercado; es una especie de "verdad" (obviamente, una mentira) asumida como tal. Hablo -en general- de los escritores de Buenos Aires que alguna, aunque muy menguada, posibilidad tienen de publicar. 
- ¿Qué autores prefiere usted?
- De los escritores conocidos y vivos me quedo con pocos: Bioy Casares, muy parcialmente Sabato, Blaisten, Puig, Nestor Sanchez, Piglia, Gusman, Castillo, el citado Rabanal.
- ¿Y los escritores de las provincias? 
- En el "interior", palabra reduccionista que no me gusta pero que sirve en la circunstancia, lejos del oportunismo del mercado, con intermitencias y dificuItades, hay quienes elaboran una obra valiosa: el rosarino Lagunas, el santafesino Butti, el cordobes Filloy, el salteño Aparicio, el ahora rionegrino Angelino. Supongo que habrá gente desconocida que tambien hace lo suyo, pero es muy difícil tener noticias de ella, tomar contacto con sus obras de escasa o nula circulaci6n. Es la realidad de un país que no tiene confianza alguna en su cultura, y consecuentemente la anula en base de palabras huecas y concreta indiferencia.

(EL TIEMPO, Azul, 18 de diciembre de 1988)

domingo, 11 de diciembre de 1988

Fernando Sorrentino: la fluidez de un estilo

Fernando Sorrentino es cuentista, antólogo y director de la revista de narrativa Lucanor, junto con Juan José Delaney. Ha publicado sus "trabajos en los diarios La Nación y La Prensa y en la revista Letras de Buenos Aires, que dirige Victoria Pueyrredón. A fines del año en curso aparecerá, publicado por la University of Texas Press, un volumen de relatos de su autoría. Sobre este asunto conversamos para LA CAPITAL. 
- ¿Quién seleccionó los cuentos que integran Sanitary Centennial and Selected Short Stories? 
- La selección la realizó el propio traductor, Thomas C. Meehan, y supongo que quiso mostrar una especie de “mapa” de lo que yo había escrito a lo largo de doce o quince años, como lo indica el hecho de que que ha "picoteado" en uno y otro volumen: hay un cuento de Imperios y servidumbres, dos de El,mejor de los mundos posibles y dos de En defensa propia 
- Entonces, será difícil encontrar un rasgo que los unifique. 
- Aqui ocurre como con los hijos, que, aunque sean muy diferentes, siempre se parecen un poco entre sí y un poco a sus padres. Es decir, de haber una unidad, ella se debe a que yo soy el autor de todos los relatos y, como tal, no puedo evitar parecerme a mí mismo. 
- Imaginamos que estarás muy contento, pero ésta no es tu primera aparicion en ingles, no? 
- Es mi primera aparición en un libro que sea todo de relatos míos. Antes de ahora, aparecieron en diversas revistas literarias de Estados Unidos, tales como Mundus Artium, The Texas Quarterly, Translation, Footprint Magazine, Nomroa, Webster Review' y otras unos cuantos cuentos míos, traducidos por el citado Meehan y por otros estudiosos de las literaturas hispánicas. 
- ¿Recordás los nombres de los traductores? 
- Por supuesto. Los tradujeron Norman Thomas di Giovanni, el traductor de la mayor parte de la obra de Borges; Naomi Lindstrom y Clark M. Zlotchew, entre otros. Zlotchew es, además, quien tradujo al ingles mi libro Siete conversaciones can Jorge Luis Borges, que apareció en Nueva York en 1982. 
- ¿Qué estás escribiendo ahora? 
- Cada vez que me preguntan esto, me invade una especie de vergüenza o de remordimiento. Y es que, por una u otra razón, jamás trabajo sistemáticamente en la creación literaria: llamále desorganización, pereza, falta de tiempo, escepticismo o lo que quieras. Pero, como me conviene buscarme un, pretexto, podría decir (y es cierto) que tengo la maldita costumbre de encarar al mismo tiempo muchas actividades distintas, entre las cuales la literatura es sólo una más: 
- ¿Eso es bueno o es malo? 
- Yo escribo únicamente cuando ya estoy seguro de lo que voy a hacer y cuando la fabricación de la escritura no tropieza con inconvenientes; cuando el texto me opone resistencia, prefiero darme por vencido y abandonarlo. Esto tiene su ventaja, que se traduce en la fluidez de un estilo no afectado por el fastidio del esfuerzo. 
- Hecha esta aclaración, vuelvo a preguntarte en que trabajás actualmente. 
- Me falta redactar el tercero de tres relatos largos (unas cincuenta páginas cada uno), con los que pienso formar un libro que me gusta bastante. Estoy preparando un segundo libro de cuentos, que recopila algunos relatos del agotado Imperios y servidumbres y otros aún no publicados en volumen. 
- Tenés tambien una novela inédita. 
- Sí. Creo que este año aparecerá la: novela que terminé en enero de 1986, que quiere ser fantástica. Se titula La infantina Soledad. 
- ¿Cómo ves tu obra en relación con el público lector? ¿Estás satisfecho con la repercusión que tienen tus cuentos en nuestro país? 
- Con excepción de los Cuentos del mentiroso, de los que la Editorial Plus Ultra vendió ya más de cuarenta mil ejemplares, los otros libros míos han demostrado no tener mas de cinco mil lectores cada uno. Lo cual es razonable, porque no creo que. en la República Argentina, haya mucha mas gente que lea literatura. 
- ¿Qué leen los demás? 
- Lamentablemente, el resto está constituido por ocasionales y burdos lectores de best sellers. 

(LA CAPITAL, Rosario, 11 de diciembre de 1988)