domingo, 24 de julio de 1988

JORGE ISAAC, NOVELISTA DE LA INMIGRACION ARABE

Jorge Isaac, escritor entrerriano, fue distinguido con el premio “Presidente de la Naciòn” por sus cuentos regionales, con el Premio Municipal de Cultura de Concepciòn del Uruguay para obras teatrales, y con el lauro de la fundaciòn Arcien por su novela Antes que termine el siglo... 
En 1988, durante la Feria del Libro, el doctor Renè Baròn le entregò personalmente el premio que lleva su nombre, distinguiendo a Una ciudad junto al rìo (Marymar, 1986) como la mejor novela editada durante los años 1986 y 1987. El jurado que lo otorgò -designado por la Sociedad Argentina de Escritores- estuvo integrado por Luis Ricardo Furlàn, Raùl Larra y Juan Josè Manauta. 
La novela fue presentada en la Uniòn Arabe por el profesor Elio C. Leyes -”escritor y presidente de la Universidad Popular, autor de Voz telùrica de Gerchunoff, editado por el Ateneo Judeo Argentino ‘19 de abril’ de Rosario”-, quien “señalò que el libro bien podìa llamarse ‘Los gauchos àrabes’, en justo parangòn –según dijo-con la celebrada obra de Gerchunoff, en la cual no debe haber escritor que haya profundizado tanto como èl”. 
El Gobierno de Entre Rìos la declarò, por iniciativa del Consejo General de Educaciòn, de lectura complementaria en las escuelas superiores de la provincia, a partir del sèptimo grado, recomendando su utilizaciòn en la enseñanza. 
La obra està dedicada “a los inmigrantes àrabes –sirios y libaneses- y, por natural extensiòn, a españoles, italianos, alemanes, judìos, suizos, rusos, polacos, yugoslavos, y de cuanto otro origen y procedencia màs, que se lanzaron un dìa por los riesgosos caminos del mar a la aventura de ‘hacer la Amèrica’ “.Partiendo de su propia etnia, la mirada de Isaac se vuelve abarcadora, hasta incluir a hombres de diversa procedencia. 
Un 10 de noviembre –nòtese la fecha elegida-, el autor fue, como de costumbre, a pescar. Ese dìa, algo inusual alterò la placidez de su hobby: un objeto centelleaba, entre las ruinas de una vivienda, a la luz del sol. Intrigado, se acercò a èl y vio que era un cofre. Una vez en su casa, lo abriò sin dilaciòn, y comprobò, con gran sorpresa, que era un libro de cuentos escrito en àrabe. Con su tesoro fue en busca de un editor, quien lo enfrentò a un problema: la obra no podìa editarse sin tìtulo, y el mismo debìa surgir de ella, como un resultado lògico. Una vez superado el obstàculo, nos hallamos ya en condiciones de emprender la lectura de estos papeles, a los que Isaac –empleando un recurso literario de larga data- no hizo màs que encontrar. 
La acciòn transcurre durante el año 1925. Cada acontecimiento se detalla prolijamente, ya que estos papeles eran un diario personal. El autor del diario, un joven, cuenta sus andanzas por el puerto, desde donde podìa observar la llegada de los inmigrantes de diferentes nacionalidades, a los que reconocìa por sus costumbres y fisonomìas, aùn cuando ellos no habìan descendido del barco. 
El protagonista evoca el momento en que los extranjeros arriban a la nueva tierra: “Los inmigrantes, aunque vengan en el mismo barco, llegan y descienden aquí de manera diferente según sea su origen que nosotros, con sólo mirarlos y hasta a veces sin oírlos, hemos aprendido a determinar con riesgo escaso de equivocarnos”. Seguidamente, describe el desembarco de italianos, alemanes, españoles, judíos y árabes, señalando las peculiares características de cada grupo. 
Sobre estos ùltimos, comenta: “Los àrabes –siriolibaneses- que disputan el tercer lugar a los alemanes en cuanto al nùmero de los que ingresan en estas regiones, son los màs independientes de todos. Es muy raro que arriben en parejas. Tan raro que nunca vi ninguna. Ellos emprenden el viaje solos y si descienden varios juntos de un barco y se comportan como parientes, es que se han hecho amigos durante el dilatado trayecto. En su mayorìa son cristianos, pertenecientes a la Iglesia Griega Ortodoxa”. 
“Cuando recorren la angosta planchada por la que descienden, muestran el gesto adusto, expresivo de la trascendencia que para ellos asume el primer contacto con la nueva tierra. Siempre observo que lo hacen moviendo los labios. Y aunque en manera alguna puede oìrse màs que un leve murmullo, yo sè que estàn diciendo, con la profunda y religiosa unciòn de un ruego: ‘Ayùdame, Dios mìo...’ “. Luego, solos tambièn, acometeràn la empresa que alentaron en la intimidad de sus mejores sueños”. 
A este pormenorizado relato de costumbres se suman, como hilos paralelos de la acciòn, las narraciones de cuanto sucedìa en Arabia –que el joven conocìa con dos meses de retraso- y en el mundo entero, hacièndose especial hincapiè en los adelantos de la ciencia y la tècnica. 
Este fue el diálogo que mantuvimos para La Capital: 
- ¿Qué aspecto de la inmigración es el más destacado, a su criterio, en la obra premiada? 
- Tiene la novela la misiòn fundamental de ir revelando aspectos poco conocidos de la inmigraciòn àrabe, que ocupa el tercer lugar, a continuaciòn de la española e italiana, entre las que le han proporcionado el fundamento humano que hoy posee el paìs. Destaca el individualismo de sus componentes, su coraje para internarse solos en las regiones menos hospitalarias y màs desoladas, y su decisiòn de insertarse en la nueva tierra sin prevenciòn alguna. Y expone una teorìa, que se apoya en los ocho prodigiosos siglos de dominaciòn en la penìnsula ibèrica, ‘teorìa no carente de sòlido fundamento’, segùn señala en su nota de crìtica literaria La Prensa. 
- ¿Què se propuso al escribir la obra? 
- El libro tiende a reflejar las caracterìsticas de las principales corrientes inmigratorias -especialmente la àrabe- al tiempo que me ocupo de sus costumbres, tradiciones y tendencias en sus actividades laboriosas, y lo hace con un sentido de inocultable admiraciòn hacia esos hombres y mujeres a quienes los unìa un antecedente comùn: su valentìa rayana en la heroicidad, al cortar las amarras sentimentales que los unìan a los lugares que amaban y a los seres queridos que quizàs no volverìan a ver màs. De esta manera desfilan en èl, tambièn, españoles, italianos, alemanes, judìos, polacos, griegos, y de otros orìgenes, y son ellos, con sus diàlogos y acciones, los hacedores de la obra y los constructores del tiempo en que se enmarca la novela. 
- ¿Cuánto tiempo le llevó escribir Una ciudad junto al río 
- Seis o siete meses. No màs. Mi paso por las redacciones de los diarios –de lo cual nunca termino de agradecerle al destino-, me ha proporcionado cierta soltura para expresarme. Me llevò sì, otro tèrmino parecido la inserciòn temporal de la obra. Necesitaba ubicarla entre 1918 y 1930. Aunque los aportes inmigratorios màs numerosos llegaron al paìs a fines del siglo XIX y principios del XX, requerìa algo màs cercano que le proporcionase cierta vital proximidad. Despuès de1918, porque terminada la que se llamò ‘Gran Guerra’ –1914/1918- se reanudò el flujo de inmigrantes. Y antes de 1930, porque en ese año se detuvo, coincidiendo -por motivos que serìa extenso analizar ahora- con el comienzo de la declinaciòn del paìs.
- ¿Recurrió a documentación? 
- Sí, es una obra cuidadosamente documentada. Estuve casi tres meses en los archivos hojeando La Naciòn y La Prensa de aquellos doce años, hasta que, al fin, se me aparecieron dos hechos, en fechas casi coincidentes, cuyo hallazgo justificò con creces el tiempo que me llevò buscarlos; ambos, de gran trascendencia nacional y repercusiòn universal. Uno: la rebeliòn acaudillada por Abd-el-Krim, cuyas primeras acciones resultan victoriosas, conmoviendo al mundo àrabe y, por consiguiente, a los inmigrantes de ese origen, pues nunca claudicarà en aquel el sueño de recuperar su perdida grandeza. Otro: el vuelo del Plus Ultra que emociona hasta el delirio a los españoles y a sus descendientes, pero que asume tambièn la singularidad de extenderse a las otras colectividades, de manera que, al tèrmino del vuelo, el jùbilo alcanza a todas y a todos por igual. No es posible leer los relatos de aquellos dìas sin que cierta emociòn, superando los años transcurridos, nos alcance de alguna manera. En La Naciòn, Leopoldo Lugones volcò su encendida prosa glorificando la hazaña. 
- Hubo, seguramente, otras fuentes. 
- No sòlo de los diarios provino la informaciòn: tambièn hay otro tipo de fuentes, como la vida misma; muchos de los personajes fueron tomados de la vida real, como el alemàn que tenìa esa tremenda cicatriz en el lado izquierdo del rostro, o Don Amìn, quien, sin embargo, puede resultar el menos creìble de los personajes de la obra. 
- La novela tuvo un hermoso destino, pues fue seleccionada para obsequiarla al Papa. 
- Habìa que elegir un regalo para Su Santidad y -como podrà imaginar- no era nada fàcil. Alguien propuso regalarle un libro, un libro dedicado a los inmigrantes, cuyo tìtulo evoca un lugar como el que visitarìa Juan Pablo II. El ilustre visitante pronunciò, en el acto de su arribo, uno de los discursos màs emotivos que se hayan escuchado. Y su tema fue, por pura casualidad, claro... ¡los inmigrantes!”. Luego, el libro partiò de esta tierra, con su ropaje de lujo, en el aviòn papal. Y allà està ahora. En el Vaticano, al que arribò en tan original manera. 
La novela de Isaac es una de las obras màs logradas que leìmos. Nos ha llamado la atenciòn su manejo del idioma -que hace que el lector se demore en cada pàgina para degustarla al màximo-, su ironìa -que muestra un aspecto risueño de la realidad, aunque, en verdad, està ejerciendo un rol crìtico- y su talento para crear un libro cautivante a partir de datos periodìsticos y observaciones cotidianas. 
Pero el genio de Isaac no lo hemos descubierto nosotros; los galardones que recibiò son merecida recompensa a una labor destacable. 

(LA CAPITAL, Rosario, 24 de julio de 1988)

domingo, 10 de julio de 1988

Mistica en America: LUIS DE TEJEDA

Lilia E. de Orduna afirma que la palabra mistica deriva de un vocablo griego que significa cerrar, guardar un secreto, relacionado tambien con el latin "mysterium" (misterioso).
Al definir la naturaleza y funciones de lo poético, Raul H. Castagnino se ocupa de este tema; una de las funciones –señala- es la de posibilitar la evasión de una realidad oprimente. El escape por medio de la literatura puede ser horizontal, entendiendo bajo esta denominación la fuga "de una realidad terrenal. cotidiana, a otra realidad sublimada, de conformación ideal, pero no sobrenatural"; mas existe otro tipo de evasión, que se caracteriza por ser vertical, "trascendente de lo humano y lo terreno en anhelo de aproximación a Dios. Es el éxtasis -aclara el crítico-,la contemplación mística, lograda sólo por aquellos en quienes hasta la ultima fibra del ser vibra estremecido por el amor a Dios".
En la lírica española, a la que tanto deben nuestras letras, se observa una profunda inclinación hacia la poesía religiosa; Fray Luis de León, San Juan de la Cruz, Santa Teresa, son los más altos exponentes de esta poesía devota. En suelo americano, un espíritu preclaro recogió la herencia de estos místicos.
En Córdoba, en 1604, nacia Don Luis de Tejeda y Guzman. Tras haber llevado una vida en la que la destacada actuación publica se alternaba con los frecuentes escandándalos amorosos, se recluyó, orillando los sesenta años, en el convento de los dominicos; ésta fue -comenta Ricardo Figueira- una "especie de conversión despues de la cual se dedica a la vida religiosa y a la creación literaria".
De su pluma surgieron composiciones misticas y profanas; ninguna de estas ultimas se conserva, hecho que puede deberse -a criterio de Bernardo Canal Feijoo- a que Tejeda, al ingresar a la orden religiosa, las haya destruido en razón de la etapa que evocaban. Para el estudioso, la obra profana debia ser de superior calidad, ya que la poesia religiosa -sostiene- se advierte en realidad como algo constreñida por el compromiso mistico asumido por el poeta al ingresar en la orden dominica". Las composiciones que han llegado a nosotros parecen configurar un unico poema dividido en dos partes; esta obra fue hallada por Ricardo Rojas en un códice colonial, que editó en 1916 bajo el titulo de"EI Peregrino en Babilonia".

ltinerario espiritual

La primera parte de esta composición, titulada "Romance sobre su vida"; cuenta el pasado de Tejeda y Guzman hasta llegar al dia de su conversión, que ubica en la festividad de la Natividad de María (8 de septiembre) del año mil seiscientos cincuenta y ocho. En el Romance encontramos, tras un nombre de ficción, a la esposa del autor, madre de sus diez hijos; junto a ella, su amiga intima, con quien el poeta mantuvo una estrecha relación: "Mas quién creera que fue Anfrisa/ ocasión aunque no causa/ de otro mas prolijo incendio/ que al infierno me arrojaba??/ De su misma edad y prendas/ era su amiga del alma./ Lucinda, tan recogida,/ Lucinda tan encerrada".
Prosigue el lírico la narración de su turbulento pasado hasta rememorar el momento en que siente el llamado de Dios; estando frente a un monte, escucha una voz que le dice: "a que este monte que miras/ es de Dios la ciudad Santa,/ lo demas es Babilonia/ que peregrinando andas".
La segunda parte, dedicada a Maria, es totalmente diferente; una combinacion de heptasilabos y endecasilabos sustituye la cadencia del romance. "Tiempo es ya que yo agora llore y cante" comienza este segundo grupo de estrofas en que el poeta continúa su acto de contrición, buscando concretar su anhelo de perfecta unión con el Supremo.
Aunque deudor de una tradición, Luis de Tejeda y Guzman ha cultivado el genero elegido con indudable originalidad; “el primer poeta argentino” recibió una valiosisima herencia peninsular y la adaptó a su modo personal de vivenciar la religión y el arte.
Bernardo Canal Feijóo señala esta peculiaridad del autor de "El Peregrino en Babilonia": "Contrariamente a lo que ocurre en los místicos puros, el suyo es un misticismo que en ningun momento olvida el "Yo", el Yo pecador, desde luego, que en ningun momento renuncia a ninguno de sus recuerdos felices, los del pecado, y hasta se goza en proclamarlos, desde que lo hace bajo el velo poético”.
Siguiendo el sendero marcado por Fray, Luis y por San Juan de la Cruz, Tejeda implora también un acercamiento al Todopoderoso; pero éste no se realizará, como en los grandes místicos españoles, dejando de lado las vivencias terrenales. Luis de Tejeda, cuerpo y alma, presente y pasado, emprende la ascención.

(DIARIO DE CUYO, San Juan)

domingo, 3 de julio de 1988

LA VIDA COTIDIANA EN EL ARTE FUNERARIO EGIPCIO

El arte funerario egipcio tenia una finalidad magica, era un arte destinado a prolongar la existencia en el mas allá. Segun las creencias, nilóticas, el ser humano estaba compuesto por tres elementos: el cuerpo, el alma (Ba) y el doble (Ka); la muerte -afirman los historiadores E. Drioton y J. Vandier- significaba para los egipcios la separación del elemento corporal y los elementos espirituales. El alma necesita del cuerpo para subsistir, aunque separados; para que esto sea posible, el cuerpo debe encontrarse en una postura cómoda, mirando hacia su morada, y debe recibir las ofrendas que le asegurarán el sustento. Las estatuas que se encuentran en las tumbas, con nombre y titulos, tambien tienen la misma finalidad mágica, ya que proporcionarán residencia a la personalidad.
En su obra "La vida religiosa en el Antiguo Egipto", Sainte Fare Garnot señala que para preservar el cuerpo se recurria a la momificación y a la momificaci6n de sustitutos menos codiciables que los despojos del difunto. Estos sustitutos eran las estatuas ocultas en el serdab y las imágenes planas de !os muros y las estelas. Despojos mortales y cuerpos de repuesto se vinculaban entre sí por medio de la apertura de los órganos esenciales, ritual que se efectuaba con los instrumentos apropiados. Aunque las estatuas fueran toscas, era suficiente con que ostentaran las inscripciones de rigor, para que cumplieran su objetivo. En la tumba del señor se representaban, tambien, escenas domesticas; ellas implicaban que el mismo seguiría rodeado, una vez muerto, de las mismas personas y cosas que lo acompañaron durante su vida; significaban, asimismo, que la actividad de estos servidores proporcionaría a su amo el alimento imprescindible para subsistir en la vida ultraterrena. En estas escenas, sencillas y cotidianas, observamos una mayor libertad en la expresión artística, tan ceñida a canones en lo que respecta a personajes de importancia. 
El artista egipcio debía respetar convenciones formales y tonales: la piel debía tener un determinado color según el sexo del personaje, el desnudo se admitía, generalmente, sólo en personajes de condición inferior, la perspectiva, denominada "jerárquica", denotaba la posición social de los personajes representados. Se respetaba, especialmente en la mímesis de los personajes de alcurnia, la "ley de maxima representacion", que prescribía que todos los miembros del cuerpo del difunto debían verse claramente. El trabajo artistico era de tipo artesanal, teniéndose en cuenta la perfección de la técnica antes que la originalidad del pintor. Los artífices, formados en el arte desde edad temprana, trabajaban en grupos, guiados por un artista mas experto. 

EI arte en la historia 

La historia de Egipto se divide en tres periodos; el primero de ellos es el denominado Imperio Antiguo, que abarca -según Drioton y Vandier- el lapso comprendido entre los años 2778 y 2423 antes de Cristo. Le siguen el Primer Periodo Intermedio y el Reino Medio, extendido entre los años 2065 y 1585 -siempre según los historiadores citados-. Luego de un Segundo Periodo Intermedio, encontramos el Imperio Nuevo, que abarca desde 1580 a 1085 antes de Cristo. 
A estos lapsos temporales corresponden las dinastias que rigieron la vida politica, religiosa y cultural; en el Imperio Antiguo gobernaron las dinastias I a VI, las XI a XIII en el Imperio Medio, y las dinastias XVIII a XX en el Imperio Nuevo, época de gran esplendor para las artes. Las dinastias restantes corresponden a los dos periodos intermedios y al periodo de decadencia que, iniciándose luego del Imperio Nuevo, culmina con la dominacion grecorromana. Con la cuarta dinastia, la de Keops, Kefren y Micerino, comienzan a decorarse las tumbas. Las paredes se decoran con relieves, a menudo coloreados, en los que se representan escenas de la vida cotidiana. Estas escenas constituyen un documento muy valioso para el estudio de la vida domestica en Egipto hace miles de años. Hacia fines del Imperio Antiguo, por obra de las influencias provinciales, el arte se vuelve mas libre y vivaz. En el Imperio Medio se reunifica el poder y se restaura el sentido áulico y clásico de las artes figurativas. En relieve y pintura se acentúa lo narrativo y anecdótico -leemos en la Enciclopedia Salvat-, en contraposicion a las genericas escenas del Imperio Antiguo, y se advierte un sentido mas vivo del color. 
El Imperio Nuevo trajo consigo una gran renovación artística. El aumento de las riquezas posibilitó la creación de gran cantidad de obras de gusto refinado, en las que se narran las empresas guerreras de los soberanos, se evocan las fases del viaje de ultratumba o se recuerden escenas de la vida terrenal del difunto. Drioton y Vandier señalan que estas escenas de la vida familiar desaparecen luego del período amarnense. El gusto por las escenas de la vida diaria -comenta Arnold Hauser- obedece a la repulsa del viejo estilo monumental; y el estilo se vuelve libre o ceremonioso según el tema que se esté tratando, al igual -agrega el critico- que el empleo de prosa y verso en los dramas de Shakespeare. 
En el Imperio Antiguo, recuerdan escenas cotidianas obras como "Arponeando hipopotamos", en la Tumba de Mereruka, en Saqara, relieve perteneciente a la quinta dinastia. En la tumba de Antekofer se puede observar una obra del Imperio Medio, denominada "Caceria en un coto cerrado"; al mismo periodo pertenece "Escena de pesca en el Nilo". atribuida a la duodecima dinastia. que se halla en la tumba de Beni-Hasan. EI Imperio Nuevo, por último, nos ha legado relieves como "Seti I atacando una fortaleza en Palestina", en el Templo de Karnak. y "Caza de aves con arpon de madera", obra encontrada en una tumba tebana, atribuida a la decimo octava dinastia y que en la actualidad puede admirarse en el "British Museum". 
Estas son solo algunas de las creaciones en las que pervivió el espiritu domestico y cotidiano de una civilizacion grandiosa. El tema, apasionante de por si, atañe tanto a la historia de la cultura como a la antropología, la arqueologia y la sociología, ciencias que -junto con la Estética- nos brindan una perspectiva cierta de costumbres milenarias.

(DIARIO DE CUYO, San Juan)