domingo, 25 de enero de 1987

LA POESIA DEL CAMINANTE

El año 1927 marcó un momento fundamental para un grupo de jóvenes artistas españoles, tanto es así que los conocemos bajo la denominación de “Generación de 1927”. En esa fecha, España conmemoraba, en su tercer centenario, la muerte de don Luis de Góngora y Argote, poeta relegado por los hombres de su tierra en lo que iba del siglo. Los jóvenes se reúnen con el propósito de mostrar a sus compatriotas la real valía del autor de las Soledades y propiciar, de este modo, la difusión y justa apreciación de sus obras. 
Los artistas a quienes nos referimos son Rafael Alberti, Vicente Aleixandre, Dámaso Alonso, Federico García Lorca y León Felipe, entre otros. Los caracteriza un elevado nivel cultural y el haber tenido como guía espiritual a Juan Ramón Jiménez. Recibieron influencias de Machado, Unamuno, Bécquer y -obviamente- de Góngora; la tradición popular los influenció -comentan los críticos Joaquín González Muela y Juan Manuel Rozas- a través de los testimonios orales y mediante la lectura de los Cancioneros. 
Leòn Felipe, nacido en Zamora en 1884, se dedicò desde muy joven al teatro, ocupaciòn que le permitiò recorrer toda España. En 1938, se exilia en Mèxico, donde muere treinta años màs tarde. Guillermo de Torre, autor de numerosos trabajos crìticos sobre el poeta, lo define como “nunista”, calificativo que apunta al carácter de sus creaciones, estrechamente relacionadas con el momento en que surgieron. La poesìa nunista –grequismo derivado de ahora- es una poesìa ìntimamente vinculada a la propia circunstancia vital y a sus infortunios. En Leòn Felipe, el motivo fundamental y recurrente es el del desarraigo, idea que se vincula a su particular condiciòn de desterrado por causas políticas, de exiliado en Amèrica. 
La experiencia personales tan ùtil para el arte como las màs abstractas condiciones metafìsicas; asì nos lo dice en su “Poètica”: “Y todo lo que hay en el mundo es mìo y valedero para entrar en un poema, para alimentar una fogata”. Este fuego supremo de la creaciòn, esta hoguera prometeica y sublime tiene un propòsito: el de lograr que el poeta –que el hombre, en fin- no muera del todo, no desaparezca definitivamente. “La poesìa no es màs que un sistema luminoso de señales –afirma-, de luces que atraeràn la mirada de Dios hacia nuestra desprotegida existencia”. 
Un tema se reitera a lo largo de su producción literaria; la preocupación por el eterno fluir de la vida. Este fluir no implica avance; es sólo un infecundo transcurrir del tiempo. Nada surge de las ruinas del pasado; nada aparta a la humanidad del cauce trazado por la costumbre, por la tradición. Frente a esto, deambular implica la liberación de la angustia infinita, consustancial a la condición humana; supone, quizás, una tregua al dolor. El poeta plantea, por otra parte, una actitud cosmopolita; es lógico, pues para el romero la tierra es un lugar de transición, la verdadera morada no pertenece a este mundo. Entonces, todas las comarcas, son las comarcas del poeta; todas las emociones, las suyas. 
En otros poemas, León Felipe deja de lado al simbólico peregrino para recurrir a la comparación de su persona con un guijarro de la carretera. Como éste, el hombre está sujeto al capricho de las circunstancias; como él, pasa momentos aciagos “en días de tormentas”. Una última semejanza los aproxima aún más: ni la piedra ni el poeta han nacido para destinos solemnes; se encuentran signados por la inquietud, por la inconstancia. Su existencia será cotidiana y fugaz. 
En una de sus composiciones más conocidas, el poeta desarraigado quiere marcharse junto al Caballero de la Triste Figura; le pide, junto a él, ser pastor. Vemos cómo, en la búsqueda de la felicidad, evoca diferentes símbolos -el viento, Don Quijote- y su anhelo está signado por un rasgo constante: el dolor. En sus poemas, León Felipe nos muestra su “ahora”: vaga por la tierra, añorando un lugar donde el sufrimiento no le dé alcance; vagará por el firmamento, una vez que su espíritu abandone la pesada carnadura. Este es su sino: peregrinar aún después de la muerte. 
Los tràgicos momentos vividos por un hombre obligado a ser espectador de luchas fratricidas lo llevan a la convicciòn de que lo ùnico importante –y a veces, la ùnica salida posible- es caminar, aunque tambièn el camino deje amargas huellas en el cuerpo y en el alma: “Hay saìn en la cinta de mi sombrero, / mi bastòn se ha doblado/ y en la suela de mis zapatos llevo sangre,/ llanto y tierra de muchos cementerios”. 

(La Voz del Interior, Córdoba)

jueves, 15 de enero de 1987

COMO DOMINAR EL TIEMPO

por Jean-Louis Servan-Schreiber. Buenos Aires, Editorial Emecé, 1986. 199 páginas.

Servan-Schreiber, periodista, editor de "L'Expansion" -la mas importante revista francesa de actualidad económica- ha reunido en este volumen los planteamientos principales que él mismo se hizo acerca del tema, cuando su exitosa trayectoria le demandó una mejor organización a fin de aprovechar mejor sus propias posibilidades. Al iniciarse en su actividad, comprendió que la correcta programación de sus tareas era un factor de suma importancia que podía acercarlo a las metas anheladas. Fruto de esa reflexion es esta obra, que permaneció durante cuatro meses en las listas de best sellers de Francia. 
El volumen podría dividirse -aunque el autor no lo explicita- en tres grandes temas: la consideracion general acerca del tiempo en si, las razones por las que no sabemos harer buen uso de el y las posibles soluciones a este problema; estos aspectos son acompañados por una "breve antologia de ideas", en la que recoge frases de ilustres personalidades de toda la historia. Ensayando una definición, el autor afirma que "el tiempo es aquello que mide una transformación", idea que, a su criterio, no nos gusta, ya que tiene la connotación de algo que avanza, y ya sabemos cual es el fin de todo ser viviente.
Hay -señala Servan-Schreiber- tres tiempos que se entrecruzan en cada uno de nuestros minutos: el tiempo natural, "el de los quince mil millones de años transcurridos desde el big bang original"; el tiempo social, totalmente externo a nosotros -en una isla desierta, nos seria imposible advertirlo- y el tiempo vivido, que esta ligado al anterior pero no debe confundirse con el, ya que esta constituido por nuestras percepciones, nuestros sentimientos, nuestra biologia. Este ultimo nos parece el mas "real", ya que en el inciden poderosamente nuestras vivencias, transformando los meses en horas y las horas en años, según nuestro particular estado de animo. "El tiempo es la sustancia de que estoy hecho -leemos a Borges en la Antologia-. El tiempo es un río que me arrebata, pero yo soy el rio; es un tigre que me destroza, pero yo soy el tigre; es un fuego que me consume, pero yo soy el fuego". 
Motivos de muy diversa indole hacen que no sepamos manejarnos con desenvoltura en la "cuarta dimensión". El autor los ha agrupado bajo las denominaciones de "ladrones externos" y "ladrones internos"; entre los primeros encontramos las llamadas telefonicas imprevistas o inutilmente largas, los tramites personales o familiares, las reuniones demasiado frecuentes y las interrupciones por parte de los niños -es padre de cuatro- o de los progenitores. Conforman el segundo grupo factores como la confusion y superposición de responsabilidades, la falta de orden, la incapacidad para decir "no" y el detallismo excesivo, entre otros. Denomina internos a estos últimos porque dependen exclusivamente del sujeto y son el producto de su mala organización, no de factores extrinsecos. Pero -advierte- quien sea honesto consigo mismo comprenderá que muchos de los "ladrones externos" no son sino "ladrones internos" disfrazados. A modo de ejemplo, puede observarse que, en muchos de los casos, el factor externo de las llamadas telefonicas o de las reuniones frecuentes surge del factor interno de la incapacidad de negarse a ellas. Dicho de otro modo, estariamos descargando nuestra responsabilidad con la excusa de que la circunstancia no depende de nosotros. Lo mismo sucede, en algunas oportunidades, con los engorrosos trámites, que nos hacen perder horas valiosas y no son mas que el fruto de no saber o no querer delegar.
Una vez analizadas concienzudamente estas cuestiones, nos queda el problema de cómo organizar aquellas obligaciones que son genuinamente de nuestra competencia. 
El autor nos presenta una estrategia para convertir al veloz avance de los minutos en nuestro aliado. Lo primero que debemos hacer, es recurrir a una agenda; "En el Far West -comenta- el cowboy que queria palpar su independencia acariciaba la culata del revolver que llevaba al cinto. Yo llevo mi agenda en el bolsillo de mi corazón y cuando me quito el saco lo dejo a mano". Otro de los recursos utiles es dedicar una parte de la jornada a planificar las tareas a realizar, procedimiento que el autor denomina "dar tiempo al tiempo"; invirtiendo algunos minutos en la planificación, se economizarán muchas horas. 
A mas largo plazo funciona el recurso denominado "Memoria", que es, en realidad, un fichero con treinta y dos divisiones, una para cada dia del mes y otra para el mes siguiente. La "Memoria" permite organizar las actividades con mucho tiempo de anticipacion, ya que la ultima division, correspondiente aI mes proximo, nos permite tener en cuenta informacion y compromisos que sin duda olvidariamos. Como podemos observar, Servan-Schreiber insiste en el uso de papel y lapiz, ya que -afirma- la mente tiene funciones mucho mas importantes que la de ser "playa de estacionamiento de ideas", las que, por otra parte, interfieren nuestra actividad al preocuparnos por no olvidarlas. 
Este es, en resumidas cuentas, el contenido del volumen. Su principal valor radica -a nuestro entender- en el planteamiento de las causas, a menudo subconscientes que nos impiden organizarnos adecuadamente: el deseo de llamar la atencion, el miedo al bienestar, la búsqueda de la apariencia, etc. De ellas depende, en la mayoria de los casos, la ineficiencia. Tradujo Daniel Zadunaisky. 

LA NUEVA PROVINCIA, Bahía Blanca, 15 de enero de 1987

miércoles, 14 de enero de 1987

LA HIPOTENUSA DEL ELEFANTE

por Luigi Malerba. Espasa-Calpe. Madrid, 138 páginas.

Luigi Malerba nació en Parma en 1927, donde estudió Derecho y dirigió una revista cinematográfica. En 1963 publicó su primera novela para adultos y, desde entonces, alterna su actividad de escritor con la de guionista de cine y televisión y autor de relatos para niños. 
En este volumen, destinado a lectores a partir de los once años, reúne historias que podrían tener, a primera vista, cierta simplicidad adecuada para niños de corta edad, pero, si las leemos con detenimiento, esa sensación desaparece, pues los cuentos esconden un trasfondo muchas veces amargo.
Por ejemplo, el texto que da título al libro nos cuenta lo sucedido al pequeño Gasperino, que quería calcular la hipotenusa del animal visto en el zoológico; encerrado en su habitación, se le van los años, desesperado tras un objetivo que no logra alcanzar y, si bien una meta puede dar sentido a la existencia, también puede hundir en el desasosiego al ser humano que no accede a ella. Plantea, asimismo, el insensato afán del protagonista, obsesionado con algo que no beneficia a nadie. Parece un cuento para adultos, más que para chicos…
“Historia del mundo desde los orígenes a nuestros días” narra lo que acontecerá en un futuro cercano, curiosamente similar a lo que aconteció miles de años atrás: una explosión agobiará a los seres vivientes, que ya están buscando un refugio. Se cierra así el ciclo de la vida en la tierra, ciclo en el que –es evidente- nada pudimos aprender.
Pero no se trata de cuentos para grandes, porque el lenguaje y las ilustraciones los hacen interesantes para los adolescentes. Alejándose de temas trillados y de estereotipos, estas páginas demuestran que, con historias breves y sencillas, pueden transmitirse cuestiones fundamentales del ser humano.
Ilustró Carmen Andrada. Tradujo Ana María Viguera.

EL PRINCIPE CANGREJO

por Italo Calvino. Espasa-Calpe, 1986.

En el año 1956, Italo Calvino publicó una recopilación que llevaba por título "Fiabe italiane" (Cuentos italianos); recogía en ella las narraciones que, tomadas por los folkloristas, habian aparecido anteriormente. De ese volumen de tres décadas atrás surge la colección que presenta la editorial.
Se trata de veintinueve relatos agrupados bajo seis temas. Las narraciones provienen de distintas zonas de su pais de origen; las hay de Florencia, Toscana, Monferrato y Abruzzos, entre otras. Todas ellas son relatadas en un lenguaje sumamente coloquial, destinado a niños a partir de los diez años. 
Entre los cuentos que componen el primer grupo, titulado "Cuentos a caballo", se destaca "Los tres castillos", mágico relato protagonizado por un joven que logra matar a una serpiente de tres cabezas: al hacerlo, se vuelve amo de un castillo de cristal, de otro de plata y uno de oro, al mismo tiempo que, montado en un caballo de cristal, vence en un torneo y obtiene la mano de la princesa.
"El Príncipe Cangrejo", historia que da título al volumen, narra lo acontecido a un joven que, por capricho de un hada, se había convertido en un crustáceo. Sin que su audacia fuera advertida, el protagonista explica a la princesa cómo debía hacer para liberarlo. 
Forman parte de este libro también los cuentos de encantamiento, los de animales magicos, de objetos con extraños poderes y los de niñas hechizadas. 
Calvino advierte que, cuando una historia se encontraba registrada en diversas regiones del país, tomó la más rica, a la que completó con elementos provenientes de otras versiones. Otras tradiciones -afirma- son transmitidas en Italia, pero también en el resto de Europa, como el cuento veneciano "El Príncipe Cangrejo" y algunos sicilianos.
Ilustró Vivi Escrivá. Tradujo Esther Benitez.

(LA CAPITAL, Rosario)

CUENTOS PARA LOS CHICOS DE AMERICA.

Selección de Alberto Blasi Brambilla. Ediciones Orión. Buenos Aires, 1986. 183 páginas. 

Veintitrés son los cuentos que Blasi Brambilla eligió para esta antología, destinada al público infantil. Se encuentran presentes, a través de sus letras, los países de todo el continente americano. La selección fue realizada teniendo en cuenta diversos criterios, de muy distinta índole. En primer lugar, el compilador buscó aquellos cuentos significativos de su cultura de origen; otro de los criterios seguidos fue el de buscar relatos que contribuyeran a desarrollar en el niño ciertos valores éticos que no conocen fronteras. Un último aspecto de la selección es el referido al arte en sí: Blasi Brambilla ha seleccionado obras de autores destacados, que escribieron para niños pero que, al mismo tiempo, son figuras relevantes de las literaturas de sus respectivas naciones. 
El volumen reúne, entre otras narraciones de indudable calidad artística, “El árbol matador” de Monteiro Lobato, “Los dos ruiseñores” de José Martí, “La rabona” de Mark Twain y “El árbol caído” de Amado Nervo. Representa a la literatura argentina el cuento “El potrillo roano”, de Benito Lynch. 
Ilustra el libro, reafirmando la idea de unión americana, la reproducción del óleo de Francisco Javier Muñoz titulado “América en el horizonte”. 

(DIARIO DE CUYO, San Juan)

RUBEN DARIO Y LA SOCIEDAD: “El velo de la reina Mab”

En el año 1888 apareció Azul de Ruben Dario. Estaba compuesto por tres partes; en la primera de ellas incluye el cuento titulado “El velo de la reina Mab”, texto en el que cuatro artistas se lamentan, en lo oscuro de su buhardilla, acerca de la suerte que les había deparado su vocación. La reina Mab, compadeciéndose de ellos, los envuelve con su velo.
En esta fantasia encontramos muchos indicios de la opinión que el autor tenía sobre la sociedad de su tiempo, sobre lo limitado de sus ambiciones. Dentro de esa sociedad, el artista se siente solo, incomprendido; ve que a su alrededor todos se interesan por lo material y sólo unos pocos buscan la espiritualidad. Esta idea es un eco de la concepcion modernista del hombre aislado, encerrado en una torre de marfil. El velo que la reina utiliza para envolverlos tiene un significado metafórico: un velo permite mirar a traves de él y, sin embargo, imprime a lo observado un tinte especial. De este modo, el artista ve cuanto lo rodea a traves del "velo" de su arte, que si bien no oculta lo contemplado, transforma su color.
En el prólogo, el autor señala: "el azul era para mí el color del ensueño, el color del arte, un color helenico y homerico, color oceanico y firmamental". Un velo azul alude al arte como un don precioso que diferencia al creador de los demas hombres. El regalo cambió la vida de los personajes, ya que, aunque siguen viviendo en la miseria, no sufren, pues han encontrado algo que da sentido a sus existencias. La realización de la vocación, aun en la soledad de la incomprension, les da fuerza para seguir adelante.
Cada artista representa una actitud posible frente al hecho estético. El escultor simboliza al hombre pronto a trabajar, a realizar a la perfección su tarea. En ese momento es cuando advierte que el entusiasmo no basta para lograr una obra inmortal; también es preciso tener ciertas habilidades naturales. El escultor posee los elementos concretos pero carece de la fuerza espiritual; tiene el cincel, el bloque y el modelo, pero le falta la inspiración. Esto podria interpretarse como una crítica al modo de vida de la epoca; dicha critica se evidencia especialmente cuando el narrador dice que "pasaron los tiempos gloriosos". El pintor, por su parte, se siente limitado por las necesidades carnales; su mayor deseo es desligarse del mundo para poder dar rienda suelta a su entusiasmo, a su sensibilidad. A la actitud bohemia del artista se contrapone la obsesión por el dinero que padece el mundo que lo rodea. El musico simboliza la posibilidad del artista de hallar hermosura en todo, mientras que los demas sólo ven el lado negativo. El poeta es, en cierta medida, la conjunción de los tres anteriores; puede realizar miles de combinaciones con las palabras, hasta alcanzar el efecto deseado, pero la nostalgia lo agobia: "Yo escribiría algo inmortal; mas me abruma un porvenir de miseria y hambre".
En conclusión, el arte es el misterio que permite al hombre evadirse de la realidad que no lo comprende; la actitud estética transporta al creador a mundos diferentes, superiores, donde puede vivir una vida mas valiosa.
Asi pensaba Ruben Dario; asi pensamos nosotros, un siglo despues.

(1987)

UN AUTO DE GIL VICENTE

Pocos son los datos de que disponemos acerca de la vida de Gil Vicente, escritor portugués considerado por la critica el más importante de los prelopistas. Fidelino de Figueiredo ubica su nacimiento entre los años 1470 y 1475. Fue uno de los primeros escritores bilingües nacidos en Portugal; de sus cuarenta obras, doce están escritas en castellano y algunas alternan ambos idiomas. 
Se lo considera el iniciador de la farsa literaria de su nación; de su pluma surgieron, por otra parte, églogas dialogadas y alegorías de tema religioso -Auto·da alma (1517), Auto das barcas- y de asunto profano -Auto da feira (1527). A criterio de la doctora Petrona Rodríguez Pasques, en su obra se advierte la influencia de Juan del Encina, al que supera ampliamente. 

Autos portugueses 

EI surgimiento del teatro europeo se encuentra vinculado al tema religioso. En un principio, la feligresía asistía a la representación de obras cuyos temas eran sugeridos por las festividades litúrgicas y estaban interpretadas por clérigos. Eran estos primeros dramas los misterios o autos, a los que Rodolfo Ragucci define como "amplificaciones dialogadas de relatos evangélicos, acompañadas de algún aparato y movimiento". 
EI drama que nos ocupa se titula Auto de la Sibila Casandra, y es una composición de tema navideño que puede ubicarse entre los años 1512 y 1514. En él encontramos personajes de diferente clase: míticos, bíblicos y cristianos. 
La obra tiene su origen en un versículo del "Magnificat" -anota Maria Rosa Lida- que expresa: Deposuit potentes de sede et exaltauit humiles, frase que podría traducirse como "Depuso a los poderosos y exaltó a los humildes". A partir de este versículo, Gil Vicente crea una obra teatral que lo explica y deja una enseñanza a los espectadores. 
El asunto es sencillo: la sibila Casandra no acepta la proposición matrimonial del rey Salomón, alegando diferentes razones; finalmente, dice rechazarlo por estar convencida de que Cristo nacerá en ella. 
Como podemos observar, el dramaturgo recurre a personajes de diversas tradiciones, a los que adapta en función de su concepción teatral. Casandra es una sibila; las sibilas eran sacerdotisas que transmitían los oráculos en estado de trance. Se las relaciona con el culto al dios Apolo. La protagonista era hija de Príamo -al menos, así lo señala la tradición- y, según Esquilo, había recibido de Apolo el don de la profecía; el dios le había otorgado este poder, enamorado de la joven. Como ella lo rechaza, hace que nadie crea en los vaticinios que pronuncie. 
Casandra es pretendida por el rey Salomón. Es este el tercer rey de Israel, nacido alrededor del año 970 antes de Cristo. A el se le atribuye la composición del "Libro de los Proverbios", el "Eclesiastes" y el "Cantar de los Cantares", en el que se ha visto un símbolo de la unión de Dios con su Iglesia. Salomón protagoniza dos pasajes de la Biblia: el juicio y Ia visita de la Reina de Saba. 
Otros personajes acompañan a los que mencionamos: tres sibilas, tías de Casandra; Isaías, Abraham y Moisés, tíos de Salomón; los ángeles y, en el pesebre, la Virgen y el Niño. Esta fusión de culturas, evidenciada en la inclusión de personajes representativos de cada una de ellas, nos habla de la universalidad que Vicente quiere otorgar a sus palabras. La llegada de Cristo al mundo no conoce diferencias raciales, nacionales ni temporales; es una buena nueva que atañe a la Humanidad en su totalidad. 

Originalidad y ficción 

El personaje de la profetisa soberbia no era nuevo en la época del dramaturgo. Maria Rosa Lida afirma que. pertenece al folklore de Sicilia y los Apeninos. Otro tanto sucede con Salomón, a quien ya conocían sus contemporáneos. Pero el autor encara el asunto con una óptica totalmente original, que otorga a su obra gran interés pasados ya muchos siglos. Figueiredo encuentra en la producción vicentina la supervivencia del medievalismo y su alianza con los aspectos sociales y populares del Renacimiento. Es en esta particularidad en que reside el encanto de su auto: “Es un teatro libérrimo -comenta- que recomienza su vida y su experiencia, ajeno a la vida ya vivida por los antiguos, parte otra vez ab ovo, con la conciencia orgullosa de quien servía a un pueblo exaltado con una fiebre heroica y creadora”. 
Gil Vicente ubica a los personajes en el ámbito y las costumbres de su tiempo. La troyana Casandra aparece vestida de pastora, preguntándose: “¿Quál será pastor nacido/ tan polido/ ahotas que me meresca?”. Salomón responde a este cuestionamiento de la joven, enumerando sus atributos: “Yo soy bien aparentado/ -le dice-, y abastado/ valiente zagal polido,/ y aún estoy medio corrido/ de haver acá llegado”. Nada, ni siquiera la enumeración de las posesiones del pretendiente -entre las que se destacan ¡treinta y dos gallinas!-logra vencer la resistencia de la protagonista; no desea contraer matrimonio. 
La pastora revela finalmente la verdadera razón; Isaías, entonces, le anuncia que el Mesías ya ha nacido y su madre es una humilde joven. La obra concluye cuando los personajes acuden devotamente al pesebre a adorar a la Sagrada Familia. Un villancico sirve de despedida. Tanto este villancico como otras composiciones nos hablan de la ambientación que Vicente quiso para su auto. Luego de hablar con Salomón, la joven canta: “Dicen que me case yo: no quiero marido, no”; cuando entran sus tías, lo hacen bailando una chacota. 
Por su parte, Isaías, Moisés y Abraham ejecutan una folía y cantan la cantiga que precede sus palabras persuasivas. Bailando nuevamente una chacota es como llegan al pesebre, donde escuchan el coro de los ángeles anunciando la Buena Nueva. Una última cantiga, compuesta por el autor, es cantada por todos los personajes y bailada de terreiro, de tres por tres. En ella se alaba la humildad de Maria ya Madre de Dios. 
La inclusión de estos cantos y bailes populares nos habla de una singular adaptación del asunto teatral a su publico. Hoy nos resulta desconcertante pensar en Moisés ejecutando este tipo de danza, pero no lo era para los espectadores del siglo XVI. 
La obra podría haber sido representada de acuerdo a la tradición religiosa, mas otra fue la forma que Vicente eligió para ella. La gracia de su teatro reside -a nuestro criterio- en la variedad de personajes que presenta y la forma en que los adapta a la idiosincrasia de su pueblo. De este modo, el mensaje era captado claramente por los receptores: la Sibila, en su soberbia, se había sentido elegida; dicho con otras palabras: el orgullo no conduce a nada, sólo la humildad distingue a los grandes espíritus. 
Tomando un asunto religioso, Gil Vicente lo traslada al ambiente pastoril y vuelve protagonistas a personajes de diferentes culturas que ya tenían una historia particular. En su poder de innovación radica la fama de que hoy goza; sus obras traslucen la vívida emoción que caracteriza al autentico creador.

martes, 13 de enero de 1987

CUENTOS Y LEYENDAS DE LA BRETAÑA

por Ros García-Lluis (compilador). Miraguano Ediciones. Madrid. 189 paginas.

Ros Garcia-Lluis recogió y tradujo, apoyandose en estudios de conocidos autores, algunos cuentos y leyendas bretones. No se ha propuesto una tarea abarcadora, que incluyera los innumerables relatos de la region, sino que busca introducir al lector en un mundo regido por leyes diferentes, aunque prolijamente establecidas. El hecho de que no sean científicamente comprobables no cambia en nada la situación; en la Bretaña, se las conoce y se las respeta, pues constituyen parte del patrimonio cultural de un pueblo.
La obra se divide en seis partes, presentada cada una de ellas por un breve comentario de la compiladora, donde nos explica las creencias a las que se referiran los relatos.
Las dos primeras se hallan muy relacionadas, ya que se ocupan del "Ankou", obrero de la muerte, y del "Anaon", pueblo de las almas en pena. En Bretaña, la muerte es representada con una figura masculina: "un hombre muy alto y delgado con largos. cabellos blancos y cubierto con un gran sombrero de fieltro negro", aunque tambien se lo puede simbolizar como "un esqueleto envuelto en una capa, cuya cabeza gira sin cesar alrededor de su columna vertebral, para poder divisar con una sola mirada toda la region que debe recorrer".
Los cuentos y leyendas referidos al obrero de la muerte presentan siempre la nocion de justicia ultraterrena. Asi, encontramos el relato titulado "La madre que lloraba demasiado a su hijo", en el que la mujer debe azotar a su hijo muerto, ya que no lo hizo en vida. Tanto le habia tolerado, que el joven no podia gozar del descanso eterno mientras no se saldara esa cuenta; a medida que lo flagelaba, el cuerpo del chico se volvia cada vez mas blanco, hasta que ascendio a los cielos. En la "Historia de Marie-Job Kerguenou" se presenta un planteo similar: un alma vagará hasta que pueda cumplir con la promesa hecha a un amigo.
"Dos viejos arboles" y "La liebre de Coatnizan" son relatos estructurados sobre lo que Angel J. Battistessa llamó "contrapaso", en su traduccion de "La Divina Comedia". En el septimo circulo, el de los violentos contra Dios, por ejemplo, los blasfemos "muestran el rostro vuelto hacia el cielo contra el que se rebelaron cuando vivian en la tierra." La vida en el mas allá, por obra de la Justicia Divina; es la oportunidad para castigar o premiar según se merezca; los infortunios, en la obra de Dante, tendrán siempre relación con el pecado, como hemos visto. Los dos viejos arboles sufrían frío por haber sido avaros; la liebre era un señor que expiaba sus culpas, condenado a sufrir tanto como había castigado a los vasallos que dependian de él.
En cuanto a las leyes que gobiernan este mundo mágico, podemos decir que, para los bretones, la muerte siempre será anunciada por algún augurio; conociendolos, es facil predecir el momento en que se producirá la misma. De la lectura de los cuentos se desprende, tambien, la creencia en que,.si se es compasivo con un alma en pena, ella avisara cuando llegue la hora señalada. El alma, una vez separada del cuerpo, tomara la forma de un raton blanco o una mosca, y correrá o volara a despedirse de los objetos con que estaba en contacto cotidianamente; luego, ya podra descansar en paz. Es importante, de todos modos, dejar cerca del difunto un vaso con leche,· para que pueda purificar su espiritu antes de comparecer ante el Supremo.
El tercer grupo de relatos se refiere a la figura del diablo, un personaje que se caracteriza por prestar ayuda a los hombres bajo la condicion de que lo mantengan ocupado todo el dia. Ello no es tan facil, si se considera lo rápido que puede hacer las tareas un ser sobrenatural. "Magia y Encantamientos" es el grupo de cuentos y leyendas en las que se atribuyen curaciones y hechos maravillosos a seres bienhechores; ellos pueden lograr que una pareja se forme con gran alegria, o que vuelvan a crecer manos cortadas por una mujer cruel.
"La Leyenda y la Historia" es un tema tipicamente breton, el de la corte del Rey Arturo y los Caballeros de la Mesa Redonda. Con estilo sencillo, el informante recuerda las hazañas de Merlin, Viviana, el·Rey Arturo, Ginebra y muchos otros personajes en la busqueda del Santo Grial, "la copa de oro en la que Jose de Arimatea habia recogido la sangre de Jesucristo, cuando, despues de muerto, fue bajado de la cruz." "Los gatos brujos" y "Los duendes de Flaudren" son relatos protagonizados por aquellos que presencian escenas de brujeria y, eventualmente, se benefician o perjudican con los extraños poderes de los gnomos.
Muchas de las narraciones consignan al final la fuente de donde han sido tomadas; en este caso, podemos ver que los informantes las han relatado a fines del siglo pasado o algunos años antes. Muchos campesinos hablan de hermosas doncellas, aunque no las han visto, pero "recuerdan como sus padres o abuelos contaban que habian asistido a sus danzas, o que las habian visto peinando sus hermosos cabellos junto a una fuente. Pero dicen que desde el siglo pasado no las han vuelto a encontrar, que quiza hayan abandonado el pais." ¿A que se debera esta desaparicion de los misteriosos seres? ¿Podra relacionarse con el modo de vida del siglo veinte, tan poco propenso a las narraciones de este tipo? De todas maneras, el espiritu de una tierra pervive, aun en sus mas modestos habitantes, hablandonos de un pasado rico en tradiciones y en imaginacion popular.
En cuanto a este volumen, debemos resaltar el trabajo de Ros Garcia Lluis, quien ha realizado una version que, sin ser para niños, puede adaptarse a ellos, y ha preparado interesantes notas explicativas de tradiciones o frases en lengua bretona. Por otra parte, el "Equipo Miraguano" ha colaborado con la estudiosa realizando ilustraciones sumamente adecuadas, en un papel y una encuadernacion realmente poco comunes. 

(LA NUEVA PROVINCIA, 1987)

LEON FELIPE, MISTICO DEL SIGLO XX

Para León Felipe, el tema del romero es un reflejo de su propia actitud vital. Ha recorrido miles de caminos, ha visto muchos palsajes, y todos ellos se han vuelto poesía. Guillermo de Torre, en un estudio sobre el escritor, esboza su vida andariega: "hombre de vida diversa y curtido por soles y experiencias, ya no joven, que ha sido farandulero y boticario, caminante en Castilla y profesor en las dos Américas: en suma, trotamundos". 
En 1920 aparece el primer Iibro del poeta, titulado Versos y oraciones de caminante; a pesar de que -según el estudioso- León Felipe no alcanza la madurez literaria hasta la época en que lo angustia la tragedia de España, encontramos en este Iibro rasgos que serán ya característicos de su obra posterior. 
Los poemas -dice de Torre- "Proponían con toda deliberación una poesía en voz baja, en tono menor, articulada en versos entrecortados, como respondiendo al flujo desigual de una conferencia íntima". (La retórica del tono menor consiste en el estilo simple, espontáneo, totalmente personal, que busca más la expresión de las vivencias del yo poético que la adecuación a canones académicos. A ella se opone el tono mayor, estilo exterior, no íntimo, poco afín a las efusiones personales; la retórica del tono mayor busca dar solemnidad a los temas tratados, la merezcan o no). 
Desde el comienzo de la obra, la presencia divina es constante; influido por ella vivirá estos primeros momentos y, años después, los atroces Instantes de la guerra. Dios es la meta hacia la que el poeta dirige sus pasos; un camino lo espera, único e individual, que no puede ser transitado por ningún otro ser. La fe en Dios lo ampara ante las desgracias que sobrecogen su alma y aparece como una fuerza vivificante a lo largo de toda su producción Iírica. 
Todo el dolor, toda la angustia del hombre, se hallan presentes en estos versos; el desarraigo cobra importancia fundamental al ser evocado poéticamente. Leon Felipe camina, recorre el mundo; en una de sus composiciones nos explica la razón que lo lIeva a hacerlo: "Qué voy a cantar si soy un paria/ que apenas tiene una capa!". Es éste un poema de añoranza. EI escritor se lamenta de que no puede entonar loas a la patria, puesto que no la tiene; tampoco tiene una tierra provinciana a la que dedicar su canto: pocos son sus recuerdos de infancla, y no han dejado en él más que un sabor amargo. Siguiendo un movimiento desde lo mas amplio hasta lo mas íntimo, nos recuerda que tampoco tiene una casa, "una casa solariega y blasonada", donde guardaría unos pocos muebles y el retrato del abuelo prócer. 
Luego de enumerar las cosas de las que carece, el tono se vuelve por unos instantes mas positivo; posee una mesa de pino, una silla de paja, un libro. EI poeta ha logrado establecerse; mira por el cristal de su ventana el continuo trajinar de la gente. En esta tranquilidad matutina, su alegría consiste en observar a una chiquilla que pasa hacia la escuela, pero esta niña muere. Nada Ie queda entonces, nada que lo consuele, salvo el Hacedor. 
Leon Felipe, desposeído de todo cuanto el hombre puede desear, es dueño, en cambio, de recuerdos tristes. por ello, canta las mínimas cosas cotidianas que lo ayudan a sobrellevar la existencia terrena. Ha hecho un alto en el camino, y en éI se hizo presente la muerte. La oposición entre el deambular -actitud vital- y la ausencia de vida es aquí evidente, como lo es también la imposibilidad de lograr la felicidad. 
En la última estrofa, el nunismo de la poesía encuentra su razón. Nada merece ser cantado, por eso evocará "cosas de poca importancia". Imbuido de un profundo sentido místico de la existencia, Leon Felipe nos presenta un mundo conocido, efímero, que solo puede entenderse a la luz de una realidad que nos trasciende, de un significado ajeno a nuestra humilde condición humana. 

(Pregón, Jujuy)

sábado, 10 de enero de 1987

EL PASADO EN LAS NOVELAS DE MUJICA LAINEZ

Presente y pasado se alternan en la recordación de los sucesos en obras como Los viajeros, Los ídolos y La casa. En la primera, el protagonista narrará hechos relacionados con su infancia y adolescencia. El relato termina con el incendio de “Los Miradores”, acaecido cuatro años antes del momento en que Miguel inicia su narración. 
Lo encontramos en una pieza del hotel del pueblo, desde cuya terraza puede divisar las ruinas de su antiguo hogar. Decidido a evocar los momentos más importantes de su vida, una duda lo asalta: ¿cuál será la forma indicada?, ¿Cuáles los personajes fundamentales? El pasado acude caótico a su encuentro; es -según el narrador- un “puzzle” que debe armar. Entre las incontables piezas que lo formarán se distinguen las relevantes y las que no lo son tanto. El narrador se encuentra ante el problema de desconocer cuáles revisten mayor significación: “Todas las reminiscencias creen que son imprescindibles, y ni yo mismo estoy en condiciones de establecer ahora, al comienzo, cuáles resultarán verdaderamente necesarias, mientras las siento merodear en torno de mi silla, en este cuarto de hotel, como sombras susurrantes” (1). 
Finalmente, su relato comienza con la evocación de un incidente: la noche en que el Tío Baltasar lo hizo entrar, junto a Simón, en el invernáculo. Este hecho quedó indeleblemente marcado en la mente del adolescente y es el que dará lugar a la descripción de personajes y situaciones. A partir de él, como de un abanico que se despliega, surgirán los actores del relato: Baltasar, la mujer con quien estaba, los otros tíos, los padres de Simón. 
Al analizar el papel de la memoria en la expresión autobiográfica, Cassirer indica que nos hallamos ante una “memoria simbólica”, que reconstruye a la vez que recuerda. Mujica Láinez va más allá con su concepción. Asigna a la evocación un carácter fantasioso, similar al de una pintura antigua, llegando a señalar que la aventura del invernáculo, lejos de ser un recuerdo, puede haberse compuesto en su mente. Esta impresión se debe, en parte, a lo extraño del escenario en que se desarrollara el episodio y, también, a lo distante en el tiempo que se encuentra esa época de adolescencia. 
Advertimos contínuamente en las obras una acción del narrador sobre los recuerdos, los analiza y comenta desde su presente. Es así como un mismo incidente puede suscitar diferentes estados de ánimo, en diferentes momentos, en el espíritu del protagonista: “Claro que yo no pensaba precisamente en estas cosas con la melancólica lucidez que ahora me asiste” (2). 
En Los ídolos, el narrador asume idéntica postura frente a su pasado. Es mayor que Miguel en el momento en que inicia el primero de los relatos. Los dos restantes no pertenecen a la misma época; son redactados con algunos años de diferencia entre sí y con respecto al primero. El protagonista, afamado médico e investigador, recuerda su vida desde la infancia hasta su despedida –quizás definitiva- de la familia de Gustavo. 
En un pasaje de la obra, el narrador alude a la imagen que se forjara de Duma cuando adolescente y a la que, ya adulto, le parece más legítima. Vemos nuevamente una oposición entre presente y pasado, el hombre escrutador desmenuza las vivencias del adolescente: “Años después, al evocar esa revelación decepcionante, la juzgué bajo otra luz, movido tal vez por el afán e disculpar a Duma y de recobrar lo que Duma representó para mí en mi adolescencia” (3). 
El presente siempre aparece como un puerto calmo en el que el narrador, aunque melancólico, goza de una serenidad y una lucidez que le permiten comprender qué sucedió y cuáles fueron sus verdaderas causas. El pasado es visto como un momento de dolor, de asimilación de experiencias que decantarán sólo años más tarde. El presente otorga, junto a la tristeza ante lo irrecuperable, una profunda sabiduría. Las manifestaciones de esta peculiar forma de encarar el relato se reiteran: “Pensé así años más tarde, pero el día del descubrimiento no tuve a qué asirme para no zozobrar” (4). “Sentimientos confusos, encontrados, que sólo en parte logro analizar hoy, con la paciencia de un médico que se inclina sobre el recuerdo del muchachito a menudo atormentado que fui, me embargaban” (5). 
En el último relato de Los ídolos, el autor realiza un cuestionamiento sobre la memoria y la autenticidad con que ésta nos brinda las escenas que deseamos actualizar en nuestra mente. ¿No habrá una labor del sujeto sobre el episodio que se está recordando?, ¿seremos objetivos al retrotraernos al pasado? Es indudable, a nuestro criterio, que el individuo opera sobre los recuerdos, que los evoca añadiéndoles, imperceptiblemente, elementos propios de experiencias posteriores. 
En La casa encontramos dos niveles temporales: un pasado lejano –que se extiende desde las primeras épocas de la mansión hasta el momento en que ésta queda abandonada- y un presente, unos pocos meses, lapso en que se efectúa la demolición. La casa, protagonista del relato, sabe que se acerca su fin, y anhela rescatar lo que vio durante sesenta y ocho años de vida. 
Su perspectiva presenta, al igual que en los dos libros antes mencionados, una lucidez y una serenidad ausentes en sus épocas de “juventud”. Estas épocas –que se caracterizaban, en el caso de los protagonistas de Los viajeros y Los ídolos, por la inexperiencia- están signadas por la frivolidad: “Yo era entonces muy joven y -¿por qué negarlo?- bastante frívola. Me encantaba que me adornaran, que me decoraran” (6). 
Pero en otra obra encontramos un elemento novedoso, que no se halla en las mencionadas anteriormente: la protagonista relata sabiendo que morirá en muy poco tiempo. Quizás sea esta circunstancia la que confiere a la narración un tono tan diferente. La casa relata en sus postreros momentos, a medida que su vida se va apagando, y, a menudo, apresurada por terminar de contar antes de que los albañiles terminen con ella. 
El relato, entonces, goza de la clarividencia que surge de la proximidad del fin y, en segundo término, de la distancia que separa a la narradora de los hechos que evoca. La protagonista es consciente de su destino, pero también la abruma su longevidad: ha visto demasiadas cosas, ha encerrado muchos pecados, sólo quiere descansar. El desgaste que agobia a la mansión repercute, también, en la facultad de recordar: “Estoy vieja y fatigada y me voy a morir... Me cuesta recordar en ciertas ocasiones, mientras que en otras las imágenes se alzan de mi pasado, íntegras y vibrantes...” (7). 
Hemos visto, tomando como ejemplo estos pocos fragmentos, cómo el pasado se convierte para Mujica Láinez en materia susceptible de ser examinada, al mismo tiempo que evocada. El narrador se ubica ante los hechos con su visión de madurez. Generalmente, a esta perspectiva adulta la acompaña la evocación del hecho tal como fue vivenciado cuando acaeció; pero es el narrador en el momento presente quien le confiere, con su distante objetividad, verdadera esencia a lo recordado. 

(Publicado en El Tiempo, Azul)

LA OTRA BUENOS AIRES

por Delfin Leocadio Garasa. Buenos Aires, Editorial Sudamericana-Planeta, 1987. 464 páginas.

Numerosos escritores y artistas rindieron su homenaje a las pintorescas calles de Buenos Aires. En un libro escrito a mediados de siglo, Manuel Mujica Láinez decía que las ciudades europeas -que tan bien conocía- aventajaban a la capital en historia y en belleza estética; ellas le despertaban la admiración de algo perfecto, concretado a través de siglos de paciente labor. La urbe, en cambio, presentaba un encanto distinto: el encanto de lo que se está formando, la fuerza de un dinamismo que la extiende a lo ancho y a lo alto.
En este crecimiento, obviamente, algo permanece y mucho desaparece. La piqueta del progreso echa abajo rincones de nuestro pasado, dando lugar a plazas, a importantes avenidas, a poderosos rascacielos. Buenos Aires no fue fundada, como las ciudades del Viejo Continente, con material extraido de las canteras, sino de los pisaderos de barro; éste parece ser su destino: cambiar contínuamente, rehuir los siglos y su tradición.
Frente a la ausencia de elementos físicos que aseguren la perdurabilidad de sus paisajes, Garasa presenta la indudable presencia de un "material" mucho más duradero: los hombres que la amaron y su memoria. Recorriendo sus escenarios -afirma- logra adentrarse en "otra" ciudad, signada por la permanencia. Poetas, narradores y ensayistas, dramaturgos apasionados por la urbe, dejaron en sus obras el fiel testimonio de un pasado que no debe perderse, pues forma parte de nosotros mnismos. Al recomponer este "mapa literario" de Buenos Aires, arriba a una gozosa conclusión: "Comprendí así -nos dice- que aquello que no había podido hacer la piedra recia inexistente, lo hacía la palabra en apariencia tan tenue y etérea y, sin embargo, capaz de aprisionar el suceder y el sentir porteños, en la permanencia de su fugacidad y en la íntima unidad de su proteísmo".
El dinamismo de la ciudad de barro, la fugacidad de sus construcciones, son la contrapartida de un espíritu enamorado que aúna a quienes hicieron transcurrir en ella sus obras más importantes. En una labor de investigación encomiable, el crítico ha reunido los testimonios de literatos ligados a ella por los acontecimientos que la tuvieron por escenario, por la sangre de sus antepasados que, en no pocas oportunidades, contribuyeron a engrandecerla con sus gestas patrióticas.
Veintisiete capítulos se refieren a otras tantas zonas de la urbe. No se restringe Garasa al centro porteño; en su estudio encuentran lugar también La Boca, Barracas, Mataderos y Liniers, entre otros, los cuales son asimismo, objeto de la evocación de los escritores consultados. Con estos testimonios logra elaborar una historia que describe los barrios desde su surgimiento a la actualidad. De modo que al interés literario -que es mucho- , agrega la obra su didactismo histórico, que la hace apta para el público que quiera adentrarse en la historia de una ciudad y, al mismo tiempo, en los hechos más significativos de nuestro surgimiento como nación.
Porque, en verdad, literatura y vida van de la mano; los bellos rincones -a veces señoriales; otras, francamente populares- nos retrotraen a un ayer que nos marca, aún hoy, con sus peculiaridades, a un ayer del que somos herederos. Esta afirmación se encuentra corroborada en capítulos como "Plaza de Mayo"; en las primeras páginas, domina las plaza el imponente Fuerte que, tras sucesivas reformas, "cedió paso al 'rubor suave' de la Casa Rosada, como dice Baldomero Fernández Moreno". La evocación se prolonga, recordando afamadas plumas, hasta llegar a las palabras de Julio Cortázar, quien nos remite a nuestro presente.
La obra de Garasa es sumamente enriquecedora: su labor de investigacion es a todas luces exhaustiva, ya que, además de conocer a la perfección cuanto se escribió sobre el tema, ha realizado un aporte personal al mismo. El lector se encontrará con un relato ágil, pleno de anécdotas, que le permitirá participar de un pasado que nos pertenece, tanto a porteños como a nacidos en otras localidades. Al final del volumen, un índice onomástico -que incluye nombres de la talla de Jorge Luis Borges, Horacio Quiroga y Ernesto Sábato- facilitará la tarea de quienes lo utilicen como libro de consulta.

(LA CAPITAL, Rosario, 5 de julio de 1987)

VALENTIN EL INMIGRANTE

por Alcides J. Bianchi. Santiago de Chile, Ediciòn del autor, 1987. 

En esta obra, el autor relata la vida de su padre, exitoso empresario afincado en Mendoza. Don Valent`ìn naciò en Fasano, Italia, en 1887. Se dedicò a la docencia hasta que una carta de su hermano lo decide a emigrar a la Argentina. Tenìa veintidòs años. Durante la travesìa pasò “muchas noches de insomnio, acostado en la estrecha cucheta del camarote, mientras pensaba en su nuevo destino y en cual serìa la suerte que le depararìa. Las incomodidades del barco carguero en el que viajaba tambièn le producìan desazòn. Tenìa que sobreponerse a las penurias del viaje y a sus interminables noches, cuando, con frecuencia, solìa sentir a las ratas correteando por sobre su cama”. 
En nuestro paìs, el italiano desempeñò distintos oficios, destacàndose por su facilidad para la contabilidad y su excelente caligrafìa, que le valiò el apodo de “el gringo de la letra bonita”. Fue empleado contable y rematador de lotes, hasta llegar a su ocupaciòn definitiva: la de bodeguero. 
Formò familia en San Rafael, donde nacieron sus hijos. La esposa soportò la estrechez de los primeros tiempos haciendo economìa en el hogar. El autor relata que la mujer cazaba pajaritos con su rifle y los hijos –pequeños, en ese entonces- los deshuesaban, para almorzarlos con polenta. 
Cuando llegò el momento de pensar en el futuro de su empresa, hizo que los hijos mayores –una hija y el autor de la biografìa- estudiaran para poder continuar con el emprendimiento paterno. A partir de ese momento, comenzò a viajar periòdicamente a Fasano, donde, ya viudo, pasaba temporadas con su hermana, a quien no habìa visto durante dècadas. Bianchi encontrò la muerte en una ruta de su pueblo, en 1968. 
Alcides Bianchi presenta a su padre como un hombre de carne y hueso, con sus virtudes y sus defectos. Era irascible, pero tambièn sabìa pedir perdòn al màs humilde obrero; se alteraba, pero era porque trabajaba demasiado, siempre deseoso de dar lo mejor a su familia. El autor relata - basàndose en una importante investigaciòn y en la colaboraciòn prestada por aquellos a quienes agradece- còmo el inmigrante llegò, desde la orfandad que signò su infancia, hasta la posiciòn social y econòmica que se forjò en la Argentina. 
Este libro narra la historia de un inmigrante exitoso, que, sin embargo, nunca dejò de sentir nostalgia por su tierra.

OBRA DRAMATICA DE ARMANDO DISCEPOLO

por Osvaldo Pelletieri. Buenos Aires, Eudeba, 1987. 374 pp. 

Osvaldo Pelletieri, profesor de Literatura Argentina, Investigador del CONICET y director teatral, ha reunido en este volumen algunas de las obras de juventud de Armando Discépolo, escritas entre 1910 y 1923. Por esta época, el teatro vivía su momento de mayor esplendor, ya que contaba con los textos de Florencio Sánchez y las interpretaciones de Jose, Jerónimo y Pablo Podestá. 
Un interesante estudio preliminar, a cargo del compilador, nos informa acerca de la importancia de estas breves obras, relegadas por el brillo de creaciones posteriores. “Fundamentalmente –afirma- son el testimonio de una época del dramaturgo argentino más importante de todos los tiempos, la mostración de una búsqueda y el paradigma de un momento del teatro argentino en el que el sistema textual estaba estancado”. Son importantes, también, porque en ellas pueden observarse rasgos que caracterizarán las obras de madurez discepolianas, como la intención de acercarse a la realidad de su tiempo, la recurrencia del “personaje derrotado”, y la inclusión de un ente de ficción destinado a aclarar la tesis realista, con fines didácticos. 
El volumen incluye Entre el hierro, El rincón de los besos, La fragua, El reverso, El vértigo y Mateo. Las notas y el vocabulario, en los que Jorge A. Dubatti y Claudia Sánchez colaboraron con el estudioso, resultan de suma utilidad para comprender estos textos.

INMIGRANTES EN LA PATAGONIA

por Julian Ripa. Buenos Aires, Marymar, 1987. 164 pp. 

Inmigrantes en la Patagonia es la tercera obra de Julian Ripa, maestro y abogado pampeano; al igual que las anteriores, integra la Coleccion Patagonia que dirige Nestor Tomas Auza. Las primeras, tituladas Recuerdos de un maestro patagonico y Recuerdos de un abogado patagonico, recogen sus experiencias durante el ejercicio de sus profesiones; su nuevo libro, en cambio,se ocupa de las historias de aquellos que llegaron a la Argentina en busca de bienestar y prosperidad, aunque tambien encontraremos en estas páginas el relata de lo acontecido a un joven aleman, a quien la inminencia de la primera guerra 
mundial impidió retornar a la patria. 
"Los inmigrantes fueron, y siguen siendo, heroes ignorados -afirma Ripa-, artifices oscuros de este sur lejano"; a ellos dedica su obra, a los vascos, franceses, yugoslavos y nativos de otros paises que intentaron, con la sola ayuda de sus manos, procurarse un futuro mejor. El lector se preguntará si Ripa ha olvidado a los galeses, una comunidad tan importante; no los incluye -explica- ya que las circunstancias en que se instalaron fueron diferentes. Ellos vinieron en comunidad y se ayudaron mutuamente, solucionando entre todos los inconvenientes que se presentaban. Los extranjeros retratados por el autor no gozaron de esta misma ventaja. 
El tema de la inmigracion no es nuevo en nuestras letras: ha sido tratado por autores de singular importancia, desde la generacion del 80 hasta nuestros dias. En tan amplio panorama, sin embargo, la obra de Ripa se destaea por una particularidad: la forma en que esta escrita. No es una novela, tampoco es una serie de reportajes; podriamos decir que comparte los dos generos. Ripa aparece en los relatos como un personaje que nos remite al presente en el recuerdo de hechos acontecidos a principios de siglo. Su relacion con los entrevistados dista mucho de ser una obligación impuesta por su vocación de escritor; en todo momento se percibe la admiracion que profesa por ellos, por la temeraria aventura que emprendieron.

ROJOS Y BLANCOS. UCRANIA

por Rosalía de Flichamnn. Per Abatt, 1987. 

La autora de Rojos y Blancos, Ucrania nació en ese país y vive actualmente en la provincia cuyana. Sus pinturas se exhiben en museos y colecciones privadas de Estados Unidos, Europa y Sudamérica, e ilustran sus memorias. Esta obra transmite al lector las penurias que debieron pasar muchos inmigrantes en su país de origen y habla, a la vez, de las diversas latitudes elegidas para afincarse en la Argentina. No todos se quedaron en Buenos Aires, hacinados en conventillos; muchos se dirigieron al interior, donde prosperaron aun enfrentando a indios y xenófobos. 
La escritora afirma que ella y su familia eran perseguidos en Ucrania por dos motivos: su condición de judíos y de burgueses. Si estas dos causas motivaron la amenaza constante a la que estaban sometidos, también significaron la posibilidad de radicarse en nuestra tierra, ya que la madre se apoyó “en instituciones judías que ayudan a los emigrantes fugitivos que salen de Rusia”, y el hecho de ser pudientes les permitió una salvación que a otros estuvo negada. 
En estas páginas, la escritora evoca su niñez, en la que las amarguras eran una realidad cotidiana. Las persecuciones, la revolución, la guerra civil, las violaciones y los asesinatos –a los que se suman las inundaciones y el tifus- son el cuadro con el que Rosalía debe enfrentarse a muy corta edad: “Los blancos están en la ciudad, persiguen sin cesar a los judíos. Matan a los hombres, se apoderan de las mujeres jóvenes y hasta de las niñas. Estoy cansada de tanto horror. Y los cambios continúan. Hoy los blancos, mañana los rojos. Como somos despreciables burgueses, éstos invaden la casa y nos reducen a dos habitaciones. El hambre se hace sentir, duele”. Más adelante, manifestará una preferencia, en su desgracia: ”Quiero que vuelvan los rojos; cantan la ‘internacional’ y nos asustan, pero que vengan pronto. Los blancos son peores, ignorantes, desalmados, asesinos”. 
La niña recuerda el escondite en el que su abuelo refugiaba a la familia y a algunos vecinos -los ancianos y las madres con hijos- cuando estaban en peligro: “nos situamos en un lugar oscuro, sin aire. Es bajo, menos de un metro de altura. Ya estamos todos acurrucados, en silencio. ¡Cuidado! Que nadie hable, no hacer ruido, dice el abuelo. Algunas mujeres lloran despacio. Un niño pequeño empieza a protestar y llora cada vez más fuerte. ¿Quién grita? ¡Tapen la boca a ese niño! ¡Nos van a descubrir por su culpa! ¡Nos matarán! Pónganle un trapo en la boca”. El anciano es evocado como un verdadero patriarca; él quedará en Ucrania, y aceptará generosamente que su familia marche hacia la libertad. 
La protagonista describe asimismo la desesperación que sentían ante un pogrom. En uno de los capítulos dice: “Nos reunimos todos en un cuarto. Apagamos las luces y vemos entrar por las ventanas enormes piedras que rompen los vidrios y todo cuanto encuentran. (...) Creo que Dios dio vuelta la cara y no mira. ¿No sabe que el abuelo es tan bueno, que rezó mucho en la Sinagoga? ¿Y que la abuela prende dos velas y las bendice?”. Incapaz de comprender tanto fanatismo y codicia, se siente abandonada en su desolación. 
Agobiada por la tristeza, la niña piensa en el padre, al que no ve desde hace años: “Se fue antes de que empezara la guerra, se fue lejos, más allá del cielo y las estrellas y la luna. Por eso no tengo una muñeca. Pero mamá dice que pronto me va a regalar una”. De esa tierra lejana llega la muñeca, y también una canción: “Aprendo a cantar en ruso un tango que llega de la Argentina, ‘El Choclo’. Por cierto, las señoras elegantes usan vestidos color ‘tango’. Mi tía grande tiene un abrigo precioso de ese color, un hermoso anaranjado”. 
Después de muchos trámites, emigran para reencontrarse con el padre que viajó ocho años antes: “Me convenzo de que no sueño, de que terminaron los preparativos. La última noche casi no duermo. Miro todo, quiero recordar la casa que nunca más veré. Miro por la ventana la calle familiar, la gente que pasa. Me levanto despacio, voy al balcón. Recuerdos, risas, lágrimas, sueños”. La niña desea partir, a pesar de que echará de menos su tierra: “Pronto estaré lejos de este país. Esto es lo que quiero. Poner distancia, no volver nunca más ni recordar lo vivido; aunque amo a Rusia, amo a Ucrania, amo la ciudad donde nací. Y cantaré, leeré y escribiré en el idioma que tanto quiero y recordaré siempre. ¿Pero por qué estoy triste? ¿Acaso no voy hacia la felicidad?” 
Luego de un viaje penoso llegan a Buenos Aires, donde tiene lugar el ansiado encuentro con el padre que “sonríe, siempre sonríe”: “Vestidas de blanco, subimos a la parte más alta del barco que ya está atracando al muelle. Abajo se ve un enorme gentío. Miro y no distingo nada ni a nadie. Mamá busca ansiosamente. La veo nerviosa, excitada. ¿Estará papá allá abajo? Ella mira, busca. ¡Es papá! Se tambalea, se desmaya. Nos ayudan a levantarla. Se repone pronto y estamos listas para pisar suelo argentino. (...) papá nos abraza, besa a mamá. ¡Qué alivio, ya no tengo que protegerla! Ya tiene quien la cuide, quien la ame. Me siento liberada, contenta. Yo siempre la quiero mucho; pero desde ahora sin angustias, sin penas”. 
Por fin, llegan a Mendoza. La pequeña se compara con otras niñas de la familia, que no han conocido la guerra: “En la estación nos reciben dos primas algo mayores que nosotras. Al mirarnos se produce el choque de dos mundos reflejados en el aspecto de ellas y de nosotras. Las primas parecen muñecas sonrientes, despreocupadas”. 
Ha comenzado para Rosalía “una larga vida en la Argentina, una vida plena y feliz”.

TEORIA SOBRE EL ARTE Y OTROS ESCRITOS

por Gyula Kósice. Buenos Aires, Eudeba, 1987. 

“Siempre pensé -dice Gyula Kosice- que la obra artística no podía ser separada de cierta forma de reflexión teorética, de cierta 'prosa' conceptual que debía servir, por lo menos, como módulo para mensurar las aproximaciones y los desfasajes, la utopía imaginaria y las dificultades materiales o epocales, que suelen ser las fronteras entre las que vive su existencia ese producto esencial y ontológicamente autárquico que es el objeto, la forma o la creación del arte". 
Fruto de esta convicción es el volumen titulado TEORIA SOBRE EL ARTE y otros escritos, que recientemente ha presentado la Editorial EUDEBA. 
La obra reúne ensayos, manifiestos y otros textos publicados, en su mayor parte, entre 1944 y 1986, en diarios, revistas y catálogos de exposiciones, tanto de nuestro país como del extranjero. 
A través de ellos conoceremos a Kósice como artista plástico y, también, como poeta, faceta esta última que no debe ser olvidada. 
El autor, protagonista de sucesos como la fundación de la revista Arturo y la creación del grupo "Arte-Concreto-Invención", se ocupa de diversos temas. 
Entre ellos, destacamos su definición de las diferentes corrientes estéticas: el Primitivismo -caracterizado por la visión de las cosas en primer plano-, el Cubismo -que presenta una visión idealista, “transportada al arte en formas abstractas", el Surrealismo -transición de lo descriptivo expresionista a la representación onírica- y el Existencialismo -que muestra "El yo y el tú exacerbados, irreductibles a la masa, a lo colectivo, a lo general, aunque le reconoce SER para retraerlo al tú debes". 
Son interesantes, asimismo, sus consideraciones acerca del arte argentino, en cuyo seno percibía, en 1962, la "Escuela del Río de la Plata", formada por artistas que sumaban, a su gran imaginación, el conocimiento del oficio. 
Ilustran el volumen obras de Kosice y Castagnino.