domingo, 24 de marzo de 1985

EL CAPITAN DE ULTRAMAR

por Jorge Amado. Editorial Emece. Buenos Aires, 1984. 283 paginas.

Un suceso inesperado perturba, afortunadamente, la tediosa calma de Periperi: ha llegado al pueblo un nuevo habitante, el capitan Vasco Moscoso de Aragao. Desde este momento, la existencia de los vecinos transcurrirá signada por la incognita, ¿es verdadero cuanto el marino relata sobre su pasado, sobre sus andanzas? Dos bandos se perfilan, cada vez con mayor nitidez, llegando a diferenciarse inclusive por sus lugares de reunion; unos creen a pie juntillas todo lo que narra el forastero; otros, en cambio, pregonan la falsedad de estos hechos. 
La novela, escrita en 1961, mantendrá al lector pendiente del asunto; a lo largo del relato, los indicios proporcionados por Jorge Amado contribuyen a afianzar tanto una como otra posibilidad. La narración se vertebra a traves de un narrador protagonista que evoca, junto con la vida del capitan -anterior en el tiempo-, la suya propia. Este narrador, concienzudo estudioso del pasado de su pais, se propone lograr una obra perdurable, digna de los lauros academicos; la historia del marino le dará la oportunidad.
Numerosos rasgos caracteristicos de la narrativa de Jorge Amado se encuentran presentes en esta novela: las descripciones costumbristas, el inagotable caudal humoristico, las digresiones sobre temas risueños, el infaltable encanto de la sensual mulata que comparte su amor. La critica social tambien tiene cabida en estas páginas, atendiéndose principalmente a lo relacionado con la venalidad de los funcionarios y con la deshonesta facilidad con que se consiguen diplomas y condecoraciones. 
El relato se vuelve un poco lento al promediar su desarrollo; esta circunstancia se nos revela como un recurso para lograr un final mucho mas efectista. Cuando el lector comienza a preguntarse si el novelista ha olvidado el problema planteado, dos vertiginosos capitulos finales, plenos de situaciones humoristicas, nos advierten que la morosidad fue buscada a sabiendas. 
La obra es amena, de agil lectura; la habilidad, ya conocida, del autor para presentar una vision comica de la realidad, garantiza un agradable pasatiempo.

(LA NUEVA PROVINCIA, Bahía Blanca, 24 de marzo de 1985)

domingo, 17 de marzo de 1985

EL SEÑOR DE LOS CUATRO VIENTOS

por Oscar Ibáñez. Buenos Aires, Plus Ultra. 287 páginas. 

La novela narra la histora del Incapac de un país imaginario, denominado "La Patria". Como el mismo autor lo señala en las páginas finales, inútil es que busquemos en esta comarca las características de algunos de los países de Hispanoamérica: "La Patria" se parece en algo a cada uno de ellos; se les asemeja, pues fue concebida partiendo de la cruda realidad de un destino aciago y común.
A lo largo de la obra vemos reiterarse la preocupación del autor acerca de la posición de América y España frente al hecho de la conquista, ante el rol que le cupo a esta última, amparada por la argumentación providencialista que esgrimían quienes llegaban al Nuevo Mundo. América es el futuro, la promesa de plenitud; Europa es una tierra decadente, a la que nada ni nadie podrá apartar de su destino inexorable. España es, según Oscar Ibáñez, bendita y maldita, por lo que nos dio y por lo que nos arrebató.
Tres hijos engendró el Incapac en diferentes madres, y ninguno de ellos llegó al final de su período de gestación; sin embargo, un cuarto hijo nacerá, llamado a ser el nuevo gobernante de la nación. La maternidad tiene, en la novela, un hondo contenido simbólico: este hijo ve la luz por ser el hijo de una mestiza que une en sí misma las religiones y las costumbres españolas y aborígenes. El niño, nacido de la fusión de dos culturas, es el que está destinado a sobrevivir.
La acción se desarrolla en un ámbito conmocionado por las luchas fratricidas, por la traición y la falsía. Abundan en la obra las escenas violentas, brutales, destinadas a subrayar la inmensa agresividad que encierra ese pueblo al que es necesario convertir en nación de paz. Los hombres causan inhumanos dolores con sus actos plenos de sadismo; las mujeres, por el contrario, parecen compensar en alguna medida la crueldad de sus maridos, de sus padres. Damas de abolengo se dedican en improvisados hospitales, en los que la viruela causa decenas de muertes, a aliviar los sufrimientos de los enfermos y ofrendan, inclusive, su propia vida.
El señor de los cuatro vientos presenta una nueva nterpretación del tema de la conquista; muestra, también, el itinerario espiritual de un pueblo desgarrado que busca la justicia, guiado por el caudillo amamantado por una tigra. Estos aspectos se corporizan en el seno de una particular concepción del tiempo: el Incapac estudia el pasado, pues a través del mismo podrá conocer el futuro. Esta concepción, de remota tradición griega, nos habla de un tiempo cíclico, en el que todo regresa y vuelve a comenzar. Aun la libertad.

(LA PRENSA, Buenos Aires 17 de marzo de 1985)