domingo, 19 de agosto de 1984

El espíritu itinerante en España

VAGABUNDOS Y ROMEROS

Pocos años antes de la aparición del primer libro de León Felipe, Versos y oraciones de caminante, Jose Orlega y Gasset publicaba un trabajo sobre un renombrado autor; donde trataba el tema del incesante itinerar. En este estudio, referido a la obra de Pío Baroja, el crítico analizaba el tema del vagabundo, constante en la narrativa del autor vasco. Ortega nota que esta predilección por los personajes andariegos no tiene raigambre en la realidad histórica ni en la sociedad en la que surge la obra de Baroja. La existencia era, a! menos en Madrid, de una opacidad, de una monotonía del todo opuestas a lo que el narrador relata. Y considera que ese personaje, Iibre de ataduras, de convencionalismos, tenía por destino, irremediablemente, el fracaso.
EI español, vencido por una catástrofe nacional, la guerra de Cuba, y recibiendo Ias noticias infaustas de la Primera Guerra que flagela al mundo, siente la imperiosa necesdad de una transformación, de un cambio radical que ataña a todas las manifestaciones de la vida humana. El escritor observa con dolor y escepticismo a su país; clama por una renovación en la moral y en las costumbres, brega por autenticidad.
A simple vista –continúa Ortega y Gasset- , la vida errante puede parecernos negativa, poco valiosa para la sociedad y el individuo, pero, en lo que a la esencia se refiere, esta inadaptación cobra un sentido profundo. El trashumante marcha impulsado por un espíritu inquieto, que no acepta las imposiciones del medio, que no renuncia a su destino personal. Este ideal, de vida –el vagabundo en Pío Baroja, el romero en León Felipe- surge casi simultáneamente, y en el poeta tiene un sentido religioso que le confiere un matiz muy distinto.
Si bien es cierto que la obras a las que hace referencia el crítico fueron creadas a principios de siglo, el momento en que está analizándolas –su momento- es el mismo en que se gesta el primer libro del poeta desterrado. Esto nos permite inferir que el tema de la inadaptación, del desarraigo, tenía vigencia mucho tiempo antes de que León Felipe lo cantara con tan singular maestría.

Vagabundos

En Camino de perfección, una de las mejores novelas de Pío Baroja, acompañamos al protagonista en su deambular por todo el país, hasta que, finalmente, se establece. El símbolo de esta transformación, de su aceptación de la vida en sociedad, es el hijo que nace de su matrimonio con Dolores. Pero, mucho antes de que esto sucediera, Fernando Ossoro consideraba la vida sedentaria algo inútil y deplorable.
Silvestre Paradox, personaje típicamente barojiano tomado, como la mayoría de ellos, de la realidad, se siente abrumado por la bajeza de la gente que lo rodea, por lo estéril de su vida, y encuentra en el vagabundeo un remedio eficaz para su irritación.
Esta inclinación del autor hacia el tema responde, obviamente, al deseo de evadirse de una realidad que lo aflige, de alcanzar una existencia ideal. En lo que respecta a Baroja, el desarraigo está motivado por una razón de índole filosófica. Influenciado, entre otros pensadores, por Schopenhauer, considera al hombre como un ser que debe vivir, pero su existencia no tiene, para Baroja, ningún sentido. El ser humano se halla arrojado al mundo, abrumado por el tedio, y su única salvación es la acción por la acción misma, el incesante deambular.
Por otra parte, en el tema del vagabundo, tal como lo trata Baroja, encontramos la influencia de otro filósofo. Heráclito. La convicción de que los acontecimientos pueden darse una única vez provoca en él afición a los hechos irrepetibles. En León Felipe encontramos esta misma temática.
La vida errante es el claro síntoma de una inadaptación a la sociedad y al momento en que el autor (y el personaje) desarrollan su existencia. Es también la manifestación de un ansia de libertad, de marginarse de convencionalismos e hipocresías. Otra de las formas –señala Eugenio Matus- es el trabajo independiente, aunque deban sacrificarse lujos y comodidades. El vagabundo presenta, como tipo literario, una condición que no suele darse en los personajes firmemente ligados a la sociedad: es un individuo que lucha por su independencia.
Pío Baroja, autor de estas historias itinerantes, encarnó en los protagonistas un anhelo, no un reflejo de su vida. Su profesión de médico, su desempeño como dependiente en la panadería de un familiar, la relativa estabilidad de su patria le permitieron, salvo en un corto período, durante la guerra civil de 1936, vivir sin sobresaltos. En general, podemos decir que Baroja no vivió el profundo desarraigo que caracteriza a sus personajes de ficción.

Romeros

Lo sucedido a León Felipe es totalmente diferente. En su existencia se hallan las penurias que cantará en poemas desgarrados. La nostalgia por la patria a la que rememora con profundo pesar da a sus poemas un tono más emotivo y doloroso. No debemos olvidar que se trata de la poesía de un desterrado, mientras que Baroja escribe desde la entraña misma de la madre patria.
Partiendo de un hecho personal –la circunstancia política y el consiguiente exilio-, el poeta se eleva, y nos eleva, a un tema mucho más amplio, más abarcador, que nos tiene por protagonistas: el desarraigo, el destierro de la propia realidad, del momento en que estamos inmersos. El tópico, entonces, deja de ser exclusivo de una época y una nacionalidad para convertirse en la manifestación del estigma que marca nuestra existencia en el mundo.
En León Felipe, esta irremediable angustia encuentra un consuelo: la fe religiosa de la que carecía el novelista vizcaíno. La profunda religiosidad del poeta influye en toda la obra, transformando al vagabundo en romero. El yo poético no deambula sin saber adónde lo llevarán sus pass; busca a Dios, y esta búsqueda convierte el itinerario en peregrinación. Compártase o no esta convicción teológica, es necesario destacar la esperanza que ilumina esta poesía, su fe en una inmanencia, en una bondad del todo ajena al mezquino mundo de los hombres.
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Federico de Onís considera que el personaje itinerante es de la más pura cepa española. Podemos encontrarlo en la literatura peninsular de todas las épocas, pero –señala- prolifera a principios de siglo, por razones políticas: la decadencia nacional y la consiguiente disolución de los ideales colectivos fueron un terreno propicio para este tipo de personajes.

(EL TIEMPO, Azul, 19 de agosto de 1984) 

BIBLIOGRAFIA 
Baeza, Fernando, et al: Baroja y su mundo. Ediciones Arión, Madrid, 1961. 
Baroja, Pío: Camino de perfección 
La caverna del humorismo 
La nave de los locos 
El mundo es ansí 
Benet Goitía, J. Et al.: Barojiana. Madrid, Taurus, 1972. 
Bretz, Mary Lee: La evolución novelística de Pío Baroja. Madrid, Studia humanitatis, 1979. 
Matus, Eugenio: Introducción a Baroja. Santiago de Chile, Ediciones Universitarias de Valparaíso, 1972. 
Ortega y Gasset, José: “Una primera vista sobre Baroja” e “Ideas sobre Pío Baroja”, en Obras completas, Vol. II, Revista de Occidente, Madrid, 1957. 
Rovetta, Carlos: De Unamuno a Ortega y Gasset. Buenos Aires, 1968. 
Shaw, Donald: La generación del 98. Madrid, Cátedra, 1977. 
Yndurain, Domingo: “Teoría de la novela en Baroja”, en Cuadernos Hispanoamericanos, LXVIII, mayo de 1969.